lunes, 1 de febrero de 2010

La derecha en el atajo

Controlar lo que piensa la mayoría de los ciudadanos es imposible pero lo que sí se puede controlar es lo que la mayoría piensa que piensa la mayoría. Así se ganan las elecciones. El Partido Popular valenciano lo sabe bien, por eso pese a ser líderes en deuda, en paro, en políticos imputados judicialmente o en parálisis gubernamental arrasan en las urnas. El PP tiene como una de sus prioridades fundamentales, diría que la fundamental, el dominio de los medios de comunicación. A ser posible dominio directo, dictado sin más matices de los contenidos informativos; cuando a eso no alcanza, al menos, dominio de la agenda informativa. Y es conveniente no engañarse, lo que vale para el PP valenciano vale para el PSOE andaluz, extremeño o de Castilla-La Mancha. En este sentido, produce rubor oír al Presidente castellanomanchego, José María Barreda, defender la libertad de expresión y el pluralismo informativo en el caso de los dos periodistas de la SER condenados por ejercer su profesión y comparar esas palabras con el tufo a NO-DO que desprenden los informativos de “su” televisión autonómica. En política quien define la agenda informativa marca el terreno de juego donde se disputa el poder y, obviamente, lo tiene todo a favor para ganar. Dominar la agenda significa poder esconder las limitaciones de un gobierno, camuflar sus errores, tapar sus incompetencias, disimular su inutilidad. En definitiva, señalar que debe saber la gente, sobre que discutir, de que preocuparse.
La política de los populares valencianos es, en realidad, antipolítica. No hay espacio para la duda, ni para la discusión, ni para el acuerdo. Lo suyo es populismo básico de manual: simplificación, negación del debate y constante apelación al pueblo como un todo indiferenciado. Las instituciones no tienen ningún valor en si mismas porque la identificación del ciudadano se hace directamente con Francisco Camps o con Rita Barberà, cosa que permite que el descrédito institucional no solamente no perjudique a sus máximos responsables sino que les refuerce. Situados como intermediarios entre el ciudadano y la realidad, Camps, Barberà y demás son los encargados de aportar la seguridad que reclama el ciudadano y lo hacen despejando cualquier incógnita que se pueda plantear, ellos indican donde esta toda la maldad, la fuente de todos los problemas: Zapatero, y no se hable más. Problema resuelto. Es cuestión de apelar siempre a lo más simple. Huir de toda complejidad, satisfacer (o hacer como que se satisfacen) los intereses concretos del número suficiente de votantes para ganar las siguientes elecciones y olvidarse de proyectos colectivos que resulten de complicada explicación. En este estado de cosas, las fuerzas políticas que pretendan ocupar el poder que hoy monopoliza el PP tiene dos opciones: escoger la misma vía de los populares, modulando su discurso y esperando un error del rival o, por el contrario, buscar un camino diferente, contrario, evidenciar que lo más útil es el beneficio general, que es mejor buscar una síntesis democrática del conjunto de la ciudadanía que limitarse a las satisfacciones individuales.´Los que hoy están en la oposición al PP harían mal en buscar sus recetas en las prácticas de sus compañeros de partido allá donde estos gobiernan. Los atajos le sientan mejor a la derecha.

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