martes, 12 de enero de 2010

Los políticos en su burbuja

Los 21 días que el director de Greenpeace en España, Juan López de Uralde, se ha pasado en una cárcel de Dinamarca (Dinamarca, no Pakistán, ni Perú, ni Birmania) son ejemplo de como es de grande y peligrosa la torre de marfil en la que viven los políticos lejos de la sociedad y, también, de la realidad. Sin entrar en la inutilidad mostrada por los grandes dirigentes mundiales en la "Cumbre de Copenhague", sin detenerme en la comedia inservible puesta en escena en la capital danesa por Obama, por nuestro Zapatero, por Sarkozy, por Merkel, sin reparar en que no han resuelto nada, lo que resulta evidente es que los políticos actúan antes contra los ciudadanos que en representación suya. López de Uralde se pasó 21 días en la cárcel por haberse dirigido a los políticos, por hacerles llegar un mensaje de queja a nuestros representantes, a los que están para escucharnos y trabajar en nuestro nombre. Entró para decirles que, en su opinión, son unos pésimos políticos, que no tienen nivel suficiente, que se están cargando el planeta, que su inacción es una irresponsabilidad. Y sí, lo hizo contraviniendo las leyes vigentes pero es que no hay otra forma de romper la puesta en escena oficial que es una simulación constante a base boato, propaganda y millones de euros invertidos en imagen y comunicación.



Pues bien, por protestar, 21 días de cárcel; más de lo que se pasarán entre rejas, todos sumados, los políticos implicados en el caso "Gürtel", por poner un ejemplo. Y que no digan que se trata de cuestiones de seguridad. Si tan importante fuera la seguridad de nuestros dirigentes, lo primero serían las dimisiones de los responsables policiales daneses. Si en lugar del señor de Greenpeace se les cuela un terrorista, menuda carnicería. Las tres semanas en la cárcel son un mensaje para los ciudadanos disconformes, para los dispuestos a protestar, no para terroristas. Prohibido protestar.
La solución será blindar un poco más la próxima cumbre. Asistimos a la curiosa escena de que nuestros grandes representantes, cuando se reúnen, lo tienen que hacer completamente aislados, rodeados de policías, de medidas de seguridad. Acabarán viéndose en la cámara acorazada de algún gran banco. Eso sí, ninguno de ellos alza la voz de alarma. Todo menos plantearse en serio que algo deben estar haciendo mal, muy mal cuando, ellos, que se reúnen en nuestro nombre, deben protegerse de nosotros con tanto celo. Contemplar una cumbre de jefes de estado y gobierno es la muestra indiscutible de hasta que punto los políticos están lejos del ciudadano.

1 comentario:

natalia_paperblog dijo...

Buenos días,

En primer lugar, quisiera disculparme, pero no he encontrado otra manera de contactarte que a través de los comentarios.

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Natalia
Responsable de Comunicación
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