jueves, 21 de enero de 2010

Si me votas, te empadrono

No, que no, que al Partido Popular no se le puede acusar de xenófobo, ni de querer limitar los derechos de los inmigrantes sin papeles privándoles del empadronamiento; hay pruebas de que no. No importa que Alicia Sánchez Camacho diga que "el padrón no puede ser la puerta de entrada de la inmigración ilegal" y añada "en Catalunya y España no cabemos todos", ni que Soraya Sáenz de Santamaría sentencie que "a España se llega con papeles y con un empleo", ni que el ayuntamiento popular de Torrejón de Ardoz impida el empadronamiento de inmigrantes con requisitos más duros que los apuntados en Vic, ni que a Esperzana Aguirre eso le parezca bien. Nada de eso es significativo porque el verdadero PP se muestra en sus actuaciones. Hechos y no palabras. El Partido Popular, en los ayuntamientos donde gobierna, no solamente no restringe el empadronamiento de extranjeros sino que lo facilita, impulsa y promueve; la ausencia de papeles no es problema pare ellos, sobre todo, eso sí, si son rumanos o búlgaros. Miren si no lo sucedido en un buen número de ayuntamientos de la provincia de Castellón en los meses previos a las elecciones autonómicas y municipales de 2007, pueblos como la Pobla de Benifassà, Toro, San Rafael del Río, Argelita, la Salzadella, Sant Jordi, Santa Magdalena, Vall d'Alba o Cabanes, donde los dirigentes populares empadronaron o intentaron empadronar en bloque a centenares de extranjeros ofreciéndoles, incluso, sus mismas casas como dirección. En que cabeza cabe que un partido con esa ejecutoria pueda plantearse seriamente restringir el empadronamiento de los inmigrantes sin papeles. Luego, cuánta ingratitud, la generosidad de los populares fue contestada con denuncias que apuntaban que los empadronamientos en masa era ilegales, que respondían a intereses electorales, que se trataba de residentes fantasma que solamente aparecían por el pueblo el día de las elecciones para apoyar precisamente a los candidatos del PP. Aseguraban los denunciantes que los dirigentes populares proponían como direcciones de los nuevos residentes en la localidad viviendas deshabitadas, casas derruidas o colocaban hasta cuarenta personas en un mismo domicilio, a veces incluso el suyo propio. Ajenos a la fina sensibilidad que el comportamiento de los munícipes del PP ponía de manifiesto, algunos jueces iniciaron procesos judiciales que todavía están en marcha. Así se lo pagaron.
Recuérdese, pues, lo sucedido en Castellón cuando alguien del PP, llevado de alguna reacción refleja impropia de su profundo respeto por la condición humana, haga alguna declaración que se pueda interpretar como afán por recortar los derechos de los inmigrantes. No, no son así. Y no se hable de doble discurso, ni se diga que por ganar un puñado de votos el Partido Popular es capaz de cualquier cosa. Que esos votos de Castellón pudieran ser decisivos para asegurar la continuidad de Carlos Fabra al frente de la Diputación provincial es pura casualidad, la misma que explica que al mentado Fabra le toque tan a menudo la lotería.

martes, 19 de enero de 2010

Somos homicidas por omisión


El mundo no cambia. O lo hace muy poco. Cambiamos el nombre de las cosas para hacer creer, para creer nosotros mismos, que todo va mejor. Pero no es cierto. Lo fundamental permanece inalterablemente, igual que siempre. O sea, mal. Hemos sustituido cárcel por privación de libertad; despido, por reajuste de plantilla; miseria, por escasez de recursos; crisis, por crecimiento negativo; pobreza, por falta de liquidez. Pura cosmética. El caso es que los pobres son los que pagan las consecuencia de la crisis y , más miserables que nunca y sin trabajo, siguen siendo mayoría en la cárceles. Aunque lo contemos con otras palabras. Ahora dicen que el terremoto de Haití ha provocado una catarata de solidaridad. Otro eufemismo más, llamamos solidaridad a lo que siempre se había dicho caridad. ¡Ay! Esas damas postulantes, esas huchas para los negritos de Abisinia. Ahora son ONGs y transferencias bancarias, pero, respecto a la actitud del grueso de la población, nada ha cambiado.
Podemos descargar nuestra mala conciencia con alguna buena acción; eso es caridad. La solidaridad es otra cosa. Solidaridad es liarse la manta a la cabeza, dejar lo que se tiene e irse allá donde está el sufrimiento. Solidaridad es, como mínimo, renunciar a algo importante y no hacerlo de forma excepcional, sino para siempre, como forma de vida. El primer paso para ser solidario es convertir la austeridad y la generosidad en el camino que nos acerque a un mundo un poco más justo.
Reconozcamos la verdad. No nos importan los que sufren. Somos triunfadores y tenemos prisa. Vivimos con la mirada fija en nuestro ombligo. Cuando nuestras cómodas fortalezas del primer mundo se ven asaltadas por imágenes como las del terremoto de Haití hacemos como si nos enteramos ahora del sufrimientos de toda esa gente, nos incomodamos, incluso soltamos alguna lágrima. Luego rebuscamos en nuestros bolsillos, sacamos alguna moneda y la enviamos a los "pobres". Y seguimos con nuestra vida. Y ellos siguen con su muerte. La miseria de Haití es muy anterior al terremoto de la semana pasada. Su indigencia no es nueva, no nos sorprende, pero hacemos como si sí. (Rescato aquí un completo reportaje que la BBC, en sus páginas en español, publicó con motivo del segundo centenario de la independencia de Haití, en 2004 y, a continuación, unas notas publicadas estos días recordando la historia del país).

El Roto. "El País", 19 de enero de 2010.






Nuestros políticos lo saben, nos conocen bien. Tienen clarísimo que servidores, sus ciudadanos/contribuyentes/electores, preferimos una carrera de Fórmula 1 en una mañana soleada de domingo que enviar 100 millones de euros, lo que cuesta la dichosa competición, allá donde se necesitan. Somos así de miserables. Votamos a quien nos distrae. Si votáramos a quien tuviera como principal objetivo acabar con el hambre en el mundo, se acabaría el hambre en el mundo. Los políticos se organizarían para hacerlo, les iría el cargo en ello y por el cargo, por ganar las siguientes elecciones, incluso serían capaces de hacer un planeta más justo. No lo hacen porque a los habitantes del primer mundo, estos días tan preocupados por el terremoto de Haití, nos importan otras cosas. Hoy, un titular de "El País" aseguraba que el conjunto de la ayuda de la Unión Europea a Haití se eleva a 229 millones de euros. Que curioso, euro arriba euro abajo, la misma cantidad que la Generalitat Valenciana pagará de nuestros impuestos para celebrar cinco carreras de Formula 1 en Valencia. ¿Y todavía hablamos de solidaridad? No, ceguera. Cerramos los ojos para no ver que se mueren porque nosotros nos pegamos la gran vida.

jueves, 14 de enero de 2010

Siglo XXI: Exilio y muerte, perderemos

Igual que el capitalismo le va ganando terreno a la democracia, la derecha le come, devora, el espacio q la izquierda, la arrincona. Tiene más derechos el dinero que el ciudadano. La libertad, de los que pueden, claro, goza de mejor prensa que la igualdad, una antigualla; la competitividad está sacralizada, mientras la solidaridad no va más allá de donde antes iba la caridad; el mercado le puede al parlamento; el individualismo a la generosidad; el yo, al nosotros. Contra el cambio climático parece que no hay más camino que que seguir igual y sobre inmigración, no disponemos, que se sepa, de otra receta que la mano dura. La izquierda anda perdida a la búsqueda de discurso, no lo encuentra, se impacienta y copia a la derecha: sus modos de hacer, su gusto por el fin sin reparar en los medios. Y la política se deteriora, y se desprestigia. Y lo paga la izquierda. Se cumple la profecía de Ferlosio: llegan más años malos y nos hacen más ciegos. Por eso tantos ciudadanos, en muchos casos los mejores, le giran la espalda a la política, a los partidos políticos y a las elecciones. Optan por el exilio, el interior, el más sencillo. Pero, luego, cuando se les llama, obviamente, no están. Es lo que tienen los exilados, es difícil dar con ellos.
Más allá de la teoría que supone, lo dicho hasta aquí explica la realidad política nuestra de cada día. Vista desde fuera, la situación política del País Valenciano, por ejemplo, puede parecer incomprensible. El Partido Popular vive metido en el fango, la corrupción rodea al Presidente autonómico, el gobierno regional está paralizado por sus problemas judiciales y por su bancarrota fruto de años y años de pésima gestión, están Fabra, "El Bigotes", "Terra Mítica", los pagos en paraísos fiscales a Julio Iglesias, tanto, tanto, tanta porquería y nadie, absolutamente nadie, duda que los populares repetirán mayoría absoluta en las elecciones de 2011. La explicación hay que buscarla en la reflexión con la que iniciaba el artículo y, más concretamente, en como eso se refleja en el estado, los comportamientos y los discursos de la oposición valenciana al PP. Y lo que vale para Valencia, vale para Madrid y para tantos otros rincones de España.
En Valencia, el principal grupo de la oposición a Camps, los socialistas, son capaces en un mismo día de criticar al PP por modificar normas por decreto-ley para amparar irregularidades (caso Cabanyal) y, por contra, pedir que se modifique la Ley de Costas para legalizar los incumplimientos que desde hace años se están cometiendo en el litoral (caso chiringuitos con exceso de ocupación de espacio). El primer estadio del drama es: para qué debatir si se puede aplicar la ley a conveniencia. Una vez superado éste llega el segundo, para qué aplicar la ley si se puede cambiar.
Los socialistas valencianos dicen que el PP politiza las cajas de ahorros pero en su cupo colocan como vicepresidente de Bancaixa, la tercera caja más importante de España, a un diputado veterano y combativo, de nombre José Camarasa, sin ninguna experiencia financiera, sin ninguna otra cualificación para el cargo que su militancia partidista.
En el vídeo que sigue se puede escuchar al secretario general PSPV-PSOE, Jorge Alarte, cargar contra la politización de las cajas casi en la víspera del nombramiento de Camarasa.




Claro que el PSPV también denuncia que el PP controla Canal 9 según sus intereses políticos pero ellos designan para el Consejo de Administración de la emisora a militantes socialistas, única y exclusivamente. Igual que el otro grupo opositor, Esquerra Unida, que tiene en el mencionado Consejo de la televisión al presidente del partido en Valencia y último candidato a la alcaldía de la ciudad, Amadeu Sanchis. Lo peor es que antes que Sanchis el representante era la coordinadora de la formación y candidata a la presidencia de la Generalitat, Gloria Marcos. ¿Cómo se puede así criticar al PP por hacer un uso partidista de Canal 9? Pues eso.
El País Valenciano está plagado de ayuntamientos donde el PP ha conseguido alcaldías gracias a tránsfugas. Zaplana, recordemos, empezó así su carrera en Benidorm. Pues bien, en Benidorm, precisamente en Benidorm, los socialistas aprovecharon hace unos meses un tránsfuga del PP para hacerse con la vara de mando de la ciudad. Eso sí, los concejales abandonaron el PSPV. Ahora se descubre que siguen pasando parte de su sueldo al partido. Escándalo. La respuesta de los dirigentes socialistas es que no pasa nada, que todo es legal. No son capaces ni de asegurar que en las próximas elecciones ninguno de los implicados en la moción irá en las listas del PSPV, dicen que todavía no han hablado de listas. Me temo pues que si les preguntan tampoco estarán en condiciones de descartar, por ejemplo, que Luis Roldán vaya a ser candidato. ¿Dónde está la diferencia con los populares?
Para qué seguir enumerando. Así las cosas, si la supuesta alternativa al PP es, en realidad, como el PP, que nadie espere cambio de votos. Si tanto se parecen al PP lo mejor que podrían hacer es afiliarse a ese partido; si lo que pasa es que no son capaces de armar un proyecto distinto, deberían irse a casa, y si es pura táctica para ganar las elecciones, y puesto que van de derrota en derrota, lo aconsejable sería cambiar de táctica. Todo menos seguir como están.

martes, 12 de enero de 2010

Los políticos en su burbuja

Los 21 días que el director de Greenpeace en España, Juan López de Uralde, se ha pasado en una cárcel de Dinamarca (Dinamarca, no Pakistán, ni Perú, ni Birmania) son ejemplo de como es de grande y peligrosa la torre de marfil en la que viven los políticos lejos de la sociedad y, también, de la realidad. Sin entrar en la inutilidad mostrada por los grandes dirigentes mundiales en la "Cumbre de Copenhague", sin detenerme en la comedia inservible puesta en escena en la capital danesa por Obama, por nuestro Zapatero, por Sarkozy, por Merkel, sin reparar en que no han resuelto nada, lo que resulta evidente es que los políticos actúan antes contra los ciudadanos que en representación suya. López de Uralde se pasó 21 días en la cárcel por haberse dirigido a los políticos, por hacerles llegar un mensaje de queja a nuestros representantes, a los que están para escucharnos y trabajar en nuestro nombre. Entró para decirles que, en su opinión, son unos pésimos políticos, que no tienen nivel suficiente, que se están cargando el planeta, que su inacción es una irresponsabilidad. Y sí, lo hizo contraviniendo las leyes vigentes pero es que no hay otra forma de romper la puesta en escena oficial que es una simulación constante a base boato, propaganda y millones de euros invertidos en imagen y comunicación.



Pues bien, por protestar, 21 días de cárcel; más de lo que se pasarán entre rejas, todos sumados, los políticos implicados en el caso "Gürtel", por poner un ejemplo. Y que no digan que se trata de cuestiones de seguridad. Si tan importante fuera la seguridad de nuestros dirigentes, lo primero serían las dimisiones de los responsables policiales daneses. Si en lugar del señor de Greenpeace se les cuela un terrorista, menuda carnicería. Las tres semanas en la cárcel son un mensaje para los ciudadanos disconformes, para los dispuestos a protestar, no para terroristas. Prohibido protestar.
La solución será blindar un poco más la próxima cumbre. Asistimos a la curiosa escena de que nuestros grandes representantes, cuando se reúnen, lo tienen que hacer completamente aislados, rodeados de policías, de medidas de seguridad. Acabarán viéndose en la cámara acorazada de algún gran banco. Eso sí, ninguno de ellos alza la voz de alarma. Todo menos plantearse en serio que algo deben estar haciendo mal, muy mal cuando, ellos, que se reúnen en nuestro nombre, deben protegerse de nosotros con tanto celo. Contemplar una cumbre de jefes de estado y gobierno es la muestra indiscutible de hasta que punto los políticos están lejos del ciudadano.

jueves, 7 de enero de 2010

Sostiene Cebrián


Juan Luis Cebrián es un genio. Los de PRISA, en general, son unos maestros. Al grito de prietas las filas progresistas que delante tenemos a los fascistas de siempre, tienen a media España consumiendo sus productos informativos desde hace treinta años. Han sido, todavía son, un poder mediático de referencia, el mayor de todos. Han ganado, sus directivos, digo, mucho dinero. Su prédica ha sido siempre "democracia y libertad" y sus medios, unos eternos abanderados de la profesionalidad y el rigor. Ahora la torre se tambalea y, me temo, lo peor está por llegar. Resulta indiscutible que sus contenidos informativos siempre han tenido y tienen un nivel de calidad muy superior al que ofrecen sus rivales de trinchera (sean estos la "COPE", "Onda Cero", "El Mundo", "ABC", "Intereconomía", "La Razón" o similares). Gabilondo no es Losantos, son casi lo contrario. Los de PRISA no son cutres (con alguna excepción), no toman por imbéciles a su audiencia (casi nunca), tiene vergüenza (casi siempre) y guardan las formas (o disimulan). Todo esto se agradece, no es poco. Pero, en fin... Cuando el sacrosanto "El País" ha tenido que arrimar el ascua en días de referéndum de la OTAN, de GAL, de corrupción socialista, de guerras del fútbol y demás lo ha hecho sin miramiento alguno. Además, pese a tanta vitola progresista, las condiciones laborales de sus trabajadores dejan mucho que desear, a los trabajadores sin nombre me refiero. La SER paga bien a sus estrellas pero explota a la tropa, y así sigue. En "El País" un periodista se puede pasar 20 años como colaborador a tanto la pieza.
Ahora resulta que PRISA arrastra unas deudas de 5.000 millones de euros, casi un billón de las antiguas pesetas. Tanto tiempo leyendo en "El País", año tras año, que los balances empresariales eran como el cuerno de la abundancia y acaban vendiendo "Cuatro" a Berlusconi. Y cerrando "Localia". Y renunciando a casi la mitad de "Digital Plus". Tanta venta para una recogida de efectivo que no va más allá de un 20 por ciento de todo lo que deben. La herida sigue abierta. Sostiene Cebrián que hace 12 años ya sabía lo que se avecinaba y lo que se tenía que hacer, el caso es que no lo hizo. Su pinchazo como novelista no le impidió acceder a la Real Academia de la Lengua pero ahora la evidente avería en su lámpara maravillosa puede llevar su carrera de triunfos hasta la derrota final.