miércoles, 29 de diciembre de 2010

El problema del PSC es el PSC, no Mascarell

Empiezo justo por el lado contrario: en menudo lío se ha metido Artur Mas colocando a un destacado militante socialista como Ferran Mascarell al frente de la conselleria de Cultura de la Generalitat catalana. La cultura, con el valor que eso tiene para el nacionalismo catalán de rancio abolengo, ese que jamás entendió que no fuera uno de los suyos el que presidiera la Generalitat en los últimos años... Y ahora que vuelven resulta que cultura, nada menos que cultura, se va a manos de un socialista. Si no fuera porque tengo la sensación de que los convergentes estarán bastante tiempo sin rival, diría que la elección de Mascarell le puede explotar a Mas en plena cara. No lo hará. En todo caso no pasará de ser un pequeña e intermitente molestia, que ya veremos como acaba. La sangre no llegará al río porque quien realmente tiene un problema es el PSC, y no me refiero al cambio de orilla de Mascarell. Los socialistas catalanes, huérfanos de apoyo en Madrid y con su perfil nacionalista amortizado, están sin nada a lo que asirse y de esta manera deben empezar su tarea de oposición, si es que son oposición, ya que ni eso está claro. Sin que nadie sepa ni quienes son, ni hacia donde van, el PSC inicia su travesía del desierto que tiene aspecto de ir para largo. Por si fuera poco han demonizado tanto el modelo de gobiernos de pacto que su vuelta, no ya al poder sino simplemente a presentarse como alternativa, parece una empresa hercúlea.
Ahora sí, un par de comentarios sobre Mascarell. Un gobierno no es de nadie, más allá de quien lo elige y del país a quien representa. Resulta inaceptable que a alguien se le niegue, a priori, la posibilidad de pertenecer a un gobierno por no militar en el partido mayoritario que le da apoyo. Un carné de militancia partidista no convierte a su poseedor en un apestado para cualquier otro cometido que no sea el que le encarga su propio partido. Es evidente que resultaría difícil de entender que un militante comunista apoyara un gobierno de extrema derecha. La distancia es muy importante; y la que hay entre CiU i el PSC no será tan grande cuando los segundos han pactado con los primeros la elección de Más. Y otra cosa, en cuestiones culturales, las posiciones del ala más catalanista del PSC, a la que pertenece Mascarell, dista bien poco de lo que puede defender la actual dirección convergente. Ni los convergentes viven a la sombra de la barretina, ni los socialistas son los nuevos apóstoles del punk/siglo XXI. En todo caso, a quien pueden asaltar las dudas es al socialista Mascarell cuando, en las reuniones del Consell Executiu, las decisiones económicas, por ejemplo, tengan de progresistas lo que Rajoy de carismático; pero vamos, ni que las recientes medidas de Zapatero fueran inspiradas directamente por Lenin.

viernes, 24 de diciembre de 2010

La muerte del periodismo y de Gabilondo

Vi anoche a Iñaki Gabilondo lamentando la desaparición de CNN+, su emisora, y me parece que tiene toda la razón: corren malos tiempos para el periodismo y la muerte de un medio siempre es una pésima noticia. Gabilondo es un profesional de referencia y su entrevista de despedida con el juez Baltasar Garzón justifica, por si sola, justifica la necesidad de la cadena y el tremendo valor del periodista vasco.
Dicho todo esto, me parece obligado contextualizar la desaparición de CNN+ en el marco general del estado del periodismo y en algún episodio, solo alguno, de los que nos han llevado hasta aquí.
CNN+ era un canal preocupado por la información y la información es cara, y necesita de periodistas. Una combinación demasiado exigente. Los medios de comunicación llevan años apostando por lo interesante antes que por lo importante, por el espectáculo antes que por las noticias. La información se va haciendo cada día más superficial, porque así salen beneficiados los más poderosos, los que están encantados con tener a la población entretenida en lugar de tenerla informada. Digo poderosos e incluyo igual a los políticos que a los empresarios. Obviamente para lo superfluo sobra el periodismo. Los periodistas, ajenos a toda responsabilidad social, hemos desembocado en un tipo de profesionales muy mercenarios y muy poco exigentes, que en lugar de descubrir noticias se dedican a recogerlas. Se recogen de los múltiples gabinetes de comunicación que proliferan y de los montajes que los propios protagonistas de las informaciones montan para aparecer en los medios. Y nadie se resiste. La barricada contra tales prácticas la deberían haber levantado los propios periodistas, pero no. Los periodistas hemos aceptado hacer un producto cada vez menos comprometido, más simple. Han llegado las ruedas de prensa sin preguntas, los informativos por cuotas en tiempo de elecciones, los videos ya editados emitidos como propios, la entrega de señal de imagen ya realizada... y lo hemos aceptado todo. Peor producto ha llevado a peores sueldos, y tampoco nos hemos plantado. Las redacciones se han llenado de comisarios políticos, y hemos callado. La publicidad se ha colocado por delante de los contenidos, y nosotros mutis. Parece mentira que, con tanto silencio, no hayamos escuchado el estruendo del derrumbe de toda una profesión.
Recuerdo cuando Iñaki Gabilonodo estaba en "Hoy por Hoy" de la Cadena SER y venía a Valencia y entrevistaba al entonces President de la Generalitat, Eduardo Zaplana. Me consta que Gabilondo recibía, por distintas vías, información sobre el estado de manipulación y censura informativa en Canal 9. Jamás se lo planteó en antena a Eduardo Zaplana. Sus entrevistas eran tan obsequiosas (y no será que Gabilondo no sepa hacerlas como corresponde a un periodista) que, luego, en los informativos de Canal 9 se recogían las palabras de Zaplana, con las preguntas y todo... No era cuestión de desaprovechar el tono laudatorio de las preguntas de tan prestigioso periodista.
Como en casi todo, en el periodismo todo está conectado. Cuando sabemos de persecuciones a quien es un periodista independiente, y callamos; cuando sabemos de censuras y manipulaciones, y no las denunciamos; cuando conocemos abusos, y hacemos como si no, estamos cavando nuestra propia tumba. El periodismo no muere de un solo tiro sino que se deshilacha con cada una de las agresiones sin respuesta que sufre, y llega un momento que quien menos se pensaba que iba a ser víctima, también acaba cayendo.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Soy tan liberal que no dejo que te muevas

Muchos políticos muestran su desorientación en pequeños detalles. Algunos partidos prueban la poca confianza que despiertan en asuntos de lo más insignificante. Veamos un ejemplo: los socialistas valencianos, que acumulan más de 15 años en la oposición autonómica, han celebrado hoy en Valencia la presentación de sus candidatos de cara a las futuras elecciones del 22 de mayo, Jorge Alarte y Joan Calabuig. Los socialistas valencianos que llevan meses, años, denunciado los abusos de poder del PP, su falta de transparencia, su infinito talante totalitario y antidemocrático, no han dejado que los periodistas acreditados accedieran a la sala donde se desarrollaba el acto. Los periodistas, si pretendían salir de la sala de prensa donde se recibía señal realizada de la presentación para, por ejemplo, testar el ambiente o hablar con alguno de los dirigentes o militantes del partido, se topaban con unos voluntarios que les impedían el paso. No está mal. Como ejemplo de otra manera de hacer política ante un adversario que se caracteriza por su opacidad informativa, no está mal no dejar que los periodistas se muevan. Hasta aquí lo impresentable del comportamiento de los socialistas valencianos. Ahora lo cutre. Si los periodistas que estaban en la sala de prensa se escondían su credencial en el bolsillo, entonces sí que podían acceder a la sala donde de celebraba el acto. Luego, se la volvían a poner y de nuevo a la sala de prensa. Sí, sí... Otra manera de hacer política... Peor, una peor manera de hacer política.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Bono ataca Toledo

El Presidente del Congreso, José Bono, deformó la realidad (dígase deformar, o mentir, o manipular, o tergiversar...) cuando ayer en la Cadena Cope intentó descalificar personalment al actor Willy Toledo acusándole de una supuesta inhumanidad con respecto a la muerte el pasado febrero del disidente cubano Orlando Zapata Tamayo.
José Bono puso en duda en la Cope que Toledo fuera una persona normal, insinuó que se había alegrado de la muerte de Zapata y que no había sido respetuoso con el fallecido.
Nada de eso es cierto. En su día Willy Toledo, a preguntas sobre la muerte del disidente cubano, lo primero que hizo lamentar tal fallecimiento, después reprochó por dos veces lo sucedido al gobierno cubano y, por último, la referencia a que era un delincuente común no la hizo como descalificación de la persona sino para enmarcar el caso en lo que él considera manipulación política contra el gobierno cubano. Las palabras de Toledo pueden parecer mejores o peores, más o menos acertadas, se puede estar de acuerdo con él o disentir pero lo que ayer hizo Bono fue un intento de descalificación personal a través de una mentira.
Los dos vídeos que vienen a continuación permiten comprobar lo que digo. El primero (con unos textos sobreimpresionados absolutamente prescindibles pero que no impiden entender perfectamente las palabras de Bono) corresponde a las mencionas declaraciones de José Bono en la Cope; el segundo, son las palabras integras de Willy Toledo cuando se produjo la muerte de Orlando Zapata.







Para contextualizar un poco más las falsas imputaciones de Bono, puede ser útil recordar de que manera el exministro de Defensa pidió, el pasado jueves, el desalojo y envio a comisaría del grupo de personas, entre ellas Toledo, que protestaban en favor de la causa saharaui desde las tribunas del Congreso.


jueves, 2 de diciembre de 2010

Wikileaks y el silencio

Nada, todo normal. Ahora parece que el gran problema es Wikileaks y el gran peligro, el señor Julian Assange. Ante las revelaciones que están apareciendo resulta que, si hacemos casos a los políticos y diplomáticos de todo el mundo, tenemos dos opciones: creernos que se trata de documentación sin importancia que se limita a reflejar el trabajo habitual de los embajadores y sus colaboradores o indignarnos porque, con su publicación, se pone en peligro, como mínimo, las relaciones bilaterales entre los distintos países e incluso el futuro del planeta...O nada, no importa, o todo es gravísimo ¡Será por amenazas! A mí me parece que no es ni lo uno, ni lo otro. Que es más simple, que la democracia, empezando por los Estados Unidos y siguiendo por España, está en manos de políticos, o lo que sean, que colonizados por el virus del sentido de Estado acaban poniendo sus particulares intereses por encima del interés general y, por supuesto, muy por encima de la ley.
No me escandaliza que el embajador de Estados Unidos intente presionar a las autoridades políticas españolas y hasta a la justicia para solucionar sus problemas o los de sus nacionales. Dudo que tales actividades sean legales pero no me escandalizan. Lo que me parece inaceptable es que los gobernantes españoles se plieguen a las demandas americanas aunque satisfacerlas suponga vulnerar la ley y perjudicar a ciudadanos españoles, y que mientan, y que utilicen a las personas. Gente como Moratinos, López Aguilar y demás citados deberían dar explicaciones hasta los más ínfimos detalles de todas las dudas que se ciernen sobre ellos. Aunque solo fuera por el asesinado José Couso, y por su familia, deberían poder demostrar que, contra lo que indican los documentos de Wikileaks, jamás se ciscaron en la memoria del fotógrafo, ni jugaron con su imagen con el único objetivo de atacar al gobierno de José María Aznar. El silencio de todos los personalmente aludidos condena, por si algo le faltaba, al propio José Luis Rodríguez Zapatero, aquel que se comprometió a no fallar a los jóvenes que le jaleaban, entre otras cosas, por su supuesta firmeza ante los Estados Unidos.
Sobre Conde-Pumpido no me sale otra cosa que pedirle que se vaya a casa, que el país encontrará a otro para que dirija la Fiscalía y que a él siempre le quedará un despacho desde el que continuar asesorando a los americanos. Un despacho que le sería muy fácil de compartir con el fiscal Zaragoza, hombre que parece más dotado para la defensa que para la denuncia, como se demuestra no solo en el "caso Guantánamo", sino también en como se ha preocupado de que no se continúen investigando los crímenes del franquismo.
Y dicho todo esto, añadir que muy bueno el trabajo de "El País". Como ciudadano, aunque sea su obligación, gracias, muchas gracias.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Decálogo en caliente sobre una Catalunya que toma impulso

Ya han pasado las elecciones catalanas. Ha sucedido lo previsto; con algunos detalles que pueden resultar llamativos (para mí, sobre todo, las dimensiones del ascenso del PP).
El decálogo:
1. Montilla se va. Que menos que eso. Uno puede ser hábil para llegar a la cúpula de un partido, el PSC, pero absolutamente incapaz para presidir un país, Montilla lo ha demostrado. Con su actitud y su oratoria no se puede ser un líder. Sobre su capacidad de gestión, me parece una cuestión de fe. Igual en la Generalitat que en el Ministerio de Industria. Yo no he sabido hallar rastro de tal capacidad de gestión.
2. Puigcercós debería dimitir. Una debacle como la sufrida por ERC no puede salir gratis. Un muy buen portavoz parlamentario que, una vez más, pone de manifiesto que el "Principio de Peter" tiene todo el sentido.
3. Al tripartito le ha podido la marca. La imagen que han dado de nula confianza en si mismos ha sido la mejor plataforma para su descrédito. Si uno no demuestra estar orgulloso de lo que ha hecho y es capaz de defenderlo, ¿como espera convencer a los demás para que le renueven la confianza?
4. El nuevo Estatut ha sido el núcleo de la gran tormenta que ha devastado al Govern. Qué curioso. Un Estatut cuyo contenido, finalmente, quien lo pactó con Zapatero fue Artur Más, Convergència i Unió; un Estatut que ha sido durante muchísimos meses objeto de polémicas descarnadas porque el PP lo llevó al Tribunal Constitucional. Convergència i Unió y el PP, los dos grandes triunfadores de la noche de hoy. Que curioso.
5. Zapatero puede estar contento. Primero se acabó Maragall, ahora el tripartito. Ya ha conseguido que Convergència gobierne en Catalunya y ese le puede ayudar a ganar mejor las votaciones en el Congreso de los Diputados. Que bien.
6. (Mejor, es un 5 bis) Claro que igual le queda tan poco tiempo al PSOE de gobierno en Madrid que para este viaje... Si el PP es capaz de sacar casi 20 escaños en Catalunya y conseguir que los socialistas ya sientan su aliento en el cogote, las perspectivas para España...
7. En plena crisis el partido gobernante (los partidos) sufren un castigo añadido. Por si les faltaba algo, al tripartido también se le ha sumado esta carga... Pero si hasta en Francia puede que Sarkozy acabe perdiendo contra un Partido Socialista que no existe.
8. Mientras las encuestas indican que en Catalunya crece el sentimiento favorable a la independencia, esta noche se han reducido los votos independentistas. En Madrid puede interpretarse que el final del tripartito y la debacle de ERC alejan las tensiones nacionalistas, pero no es cierto. La voluntad de fondo de convertir Catalunya en un Estado independiente permanece inalterable. Si bien es cierto que la suma de escaños de los partidos abiertamente contrarios al nacionalismo catalán, PP y Ciutadans, ha pasado de 17 a 21, también lo es que una parte del retroceso de socialistas y ERC se va a interpretar como producto de una actitud poco combatiente ante el nacionalismo español y, tal interpretación, radicalizará más a ambas formaciones y, sin duda, también a Convergència i Unió. Así que nada está cerrado, sino todo lo contrario. Lo que puede parecer un paso atrás quizás sea simplemente un gesto para tomar impulso.
9. Avanza el populismo: Laporta, diputado.
10. Una buena noticia para acabar: pese al avance del populismo, ni la crisis ha sido suficiente para colar a un partido racista y xenófobo como la Plataforma per Catalunya en el Parlament... Algo es algo.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Televisiones públicas en manos de desvergonzados

Escucho esta mañana en la Cadena Ser las palabras del Presidente del Consejo de Administración de Radiotelevisión Valenciana, de nombre, Emilio Fernández, abogando a favor de la privatización de la cadena que preside. Atendiendo al significado estricto de la palabra se tiene que decir que Fernáqndez no llega a sinvergüenza ya que no es ni "pícaro, ni bribón"; Fernández es simplemente un desvergonzado. Solo un desvergonzado es capaz de llevar más de 20 años en un Consejo de Administración, sí, sí, más de 20 años de reelección en reelección, y apostar ahora por la privatización de la cadena como quien acaba de llegar con nuevos planes; como si los males que aquejan a la empresa le fueran ajenos. Si Fernández no fuera un desvergonzado, al menos reconocería su responsabilidad en la debacle de RTVV e, inmediatamente, presentaría su dimisión y se iría a casa. No lo hará. Las dietas, el despacho, la tarjeta VISA y la fuerza para enchufar afines que le reporta su cargo pueden más que cualquiera otra cosa. Llamarse uno mismo empresario (aunque sea compartiendo negocios con rivales políticos) es sencillo, pero tirar del dinero público para llegar a final de mes ayuda, en el caso de Fernández, ayuda mucho.
Se declara alarmado por los problemas económicos y por el negro futuro de RTVV pero él, justamente él, ha sido la persona que con más ahinco:
1. Ha evitado la puesta en marcha de planes de viabilidad para la empresa, cuando incluso desde la Sindicatura de Cuentas se reclamaban (Aquí un ejemplo de las multiples ocasiones en que, desde el mismo Consejo, le han pedido alguna intervención).
2. Ha bendecido, año tras año, y lleva 15 en la presidencia, los presupuestos de la cadena que, sistemáticamente, se demostraban hinchados e inservibles.
3. Ha mirado hacia otro lado cuando se desviaba dinero vía productoras o viajes del Papa.
4. Ha defendido la calidad de la cadena mientras se apostaba por la telebasura.
5. Ha considerado plurales unos informativos desacaradamente manipulados en los que el PP multiplicaba por 15 las apariciones de la oposición.
6. Ha abogado a favor de un secretario general, Vicente Sanz, que ha desestabilizado laboralmente la empresa, perseguido a sus trabajadores y que ha acabado denunciado por abusos sexuales.
7. Ha propuesto el nombramiento (incluso por vías que la justicia ha declarado ilegales) y ha defendido a los ejecutivos que han hundido las finanzas de la casa.
8. Se ha negado, una vez tras otra, a que el Consejo alzara su voz de alarma ante cualquiera de las mencionadas irregularidades, arbitrariedades o abusos (por ejemplo, las retransmisiones informativas que ahora critica).
El colmo de la falta de vergüenza es decir que el Consejo de Administración de RTVV está excesivamente politizado cuando el ha sido el principal brazo ejecutor de los designios del PP, del que se reconoce "hasta la médula". Si el Consejo no estuviera politizado él nunca habría tenido lugar en sus poltronas, jamás su amigo Eduardo Zaplana lo hubiera puesto al frente de la institución.
Y por último una reflexión que va más allá de Emilio Fernández, que no sería capaz de entenderla, y no solo por falta de voluntad: cuando se habla de la privatización de una cadena pública hay que tener en cuenta el sentido de su creación. Si un medio de comunicación público no tiene sentido lo mejor será cerrarlo; y si lo tiene debe, seguir como medio de comunicación público. La garantía del libre acceso de los ciudadanos a los medios y unas obligaciones en los contenidos es lo que da sentido a estos medios, por tanto eso es lo que se les debe exigir primero y, luego, procurar que tales cometidos se lleven a la práctica con el rigor económico que se exige a uan gestión honesta del dinero de todos. Es una estupidez, o que se ha pensado poco en la cuestión, plantear que la privatización resuelva nada. La privatización no es solución y, mucho menos, solución de lo importante. Se compara con la sanidad y se dice que la gestión privada puede ser mejor en lo económico. Cuando se habla de medios de comunicación públicos con lo que se deberían comparar es con hospitales que en lugar de curar enfermedades las agravaran, porque esto es lo que hace Radiotelevisión Valenciana, agravar los déficis informativos de los valencianos, contaminar su democracia informativa. Por tanto, el primer problema a resolver es el funcionamiento de la cadena en cuanto a a sus contenidos. Claro que esto no es incompatible con una gestión económica responsable, precisamente por eso, si los gestores elegidos fueran los adecuados y no comisarios del estilo de Emilio Fernández, también en lo económico las cosas mejorarían. Sucede que, oh casualidad, los mismos que han llevado a la bancarrota económica a RTVV son los que se han cargado el producto y, más casualidad todavía, son los que hoy hablan de privatizar. Lo dicho, no tienen vergüenza.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Esperanza Aguirre y la obsesión por el sexo

No hay libertades absolutas. La ley siempre supone una limitación de la libertad pero es que no hay mejor camino para hacer posible la convivencia. La ley es, sobre todo, la única forma que tiene la buena gente de protegerse de los abusos de la chusma, de los delincuentes, de los que están dispuestos a todo con tal de obtener algún beneficio. Así que defender las recientes palabras del tertuliano Salvador Sostres en "Telemadrid"como un simple ejercicio de libertad de expresión es un un error o una muestra de mala fe.



Otro ejemplo. Con motivo del terremoto de Haití, Sostres escribió: "Eso de Haití es un drama pero el mundo, a veces, hace limpieza. No podemos vivir todos tanto tiempo y sólo los mejores y los que viven en mejores condiciones perduran. El mundo menstrua, como así tiene que ser. No me alegro, de la tragedia de Haití, pero estas cosas pasan y equilibran el planeta".

Vaya por delante que Sostres, un humorista sin gracia, un friki más de la televisión de nuestros días, no es lo importante. Gente que no respeta a sus semejantes hay muchísima. La cuestión es saber por qué el diario "Avui" le concede una columna de opinión a un señor con estas actitudes como único mérito, o por qué lo hacen "El Mundo" o "Telemadrid", como si no tuvieran donde elegir para encontrar gente dipuesta a culpar a la izquierda y a Zapatero de todos los males del planeta. A mí Sostres no me provoca ni la más tímida de las sonrisas pero podría entender que lo colocaran en las páginas de humor, pero no que lo presenten como un analista serio.
Sus palabras tienen interés público porque un plató de televisión instantes antes de una grabación, con las gradas llenas, con todo a punto para el inicio del programa no es un ámbito privado. Es más, un contertulio televisivo tiene que ser escrupuloso a la hora de hacer comentarios que puedan ofender la dignidad de las personas y, en el supuesto de que tenga un desliz, demostrar que se es consciente de ello y no perseverar en tal conducta. Un contertulio de televisión es un referente social y, por tanto, debe ser tan libre de opinar como respetuoso con los demás.
La libertad de expresión no ampara los excesos que aquí nos ocupan, igual que la libertad de circulación de las personas no permite ir en coche a más de 120 por hora o la libertad de mercado no permite la esclavitud. En este sentido, al gobierno de España se le debe reprochar su dejadez, su indolencia, que no utilice su capacidad legislativa para evitar este tipo de comportamientos en televisión. Legislar no es oprimir, pese a que se puedan rasgar las vestiduras los verdaderos opresores. Aquí y ahora, los dueños de las cadenas de televisión, sean empresarios o políticos, son los poderosos y los espectadores, el eslabón más fragil, los que precisan protección. Robert Lammenais, un sacerdote y pensador católico liberal del siglo XIX, ya advertía que "donde hay fuertes y débiles, la libertad oprime y la ley, libera".
Puestos a defender la libertad de expresión en Telemadrid se me ocurre que antes que la de Sostres para hacer apología del sexo con menores o despreciar a los niños marroquíes se podría proteger la de los periodistas de la cadena pública madrileña frente a la manipulación y censura informativa que, sistemáticamente, aplica Esperanza Aguirre. Por cierto, que casualidad que con lo irreverente, atrevido y temerario que es Sostres en sus comentarios nunca, jamás, roce ni por asomo crítica alguna contra Aguirre. Que casualidad.

martes, 16 de noviembre de 2010

Bloqueos informativos en Marruecos y en España

Resulta que lo de Marruecos, en relación al Sahara Occidental, ya saben, es un "bloqueo informativo" que tiene al periodismo español en pie de guerra. Me quedo corto, es un "bloqueo informativo" que tiene a España en vilo. Me alegra saber que los españoles, y en particular sus periodistas, son tan sensibles a la libertad de expresión y a las limitaciones al derecho ciudadano a recibir información libre y veraz, tan sumamente sensibles y comprometidos que se preocupan por él incluso más allá de nuestras fronteras. En particular, me reconforta que el Partido Popular se muestre tan combativo a la hora de exigir a las autoridades marroquíes que dejen trabajar de una vez a los profesionales de la información.
Dicho todo esto, y en honor a la verdad, me parece hipócrita en grado sumo que estemos hablando de bloqueos informativos en Marruecos, y exigiendo que estos cesen, y no digamos nada de los múltiples bloqueos que se dan en España. Bloqueos protagonizados por autoridades políticas españolas y aceptadas sin más por el periodismo español, en particular por sus empresas más destacadas.
En España, cuando se acercan elecciones, los distintos partidos políticos se reparten los contenidos de información electoral de los noticiarios de las televisiones públicas según la representación parlamentaria, y nadie dice nada. Miento, los periodistas de TV3, convocatoria tras convocatoria, expresan su protesta (justamente ahora están en ello) pero más allá de esto, silencio. En España se han puesto de moda las ruedas de prensa sin preguntas, y no parece que los mismos políticos que se quejan de lo que sucede en Marruecos piensen cambiar su actitud, ni los periodistas negarse en redondo. En España, en Valencia, en Madrid o en Castilla-La Mancha, por citar algunos casos, hay televisiones autonómicas que falsean la realidad, censuran y manipulan las informaciones a mayor gloria de sus representantes y no hay indicios de que las protestas profesionales vayan modificar tales prácticas. Hablando de bloqueo, estaría bien saber como se define lo que la Generalitat Valenciana, tan del ahora reivindicativo PP, hace respecto a los gastos de la visita del Papa a Valencia en 2006 o a las cuentas de la totalidad, digo la totalidad, de sus empresas públicas. Por cierto que, en Valencia, uno de los periódicos que le baila el agua a la Generalitat de Francisco Camps, el hombre que nunca concede entrevistas, es el "ABC", el mismo que ahora lamenta que a su corresponsal en el Sahara no le permitan trabajar.
No debería olvidarse que el periodismo español acepta con total normalidad el "bloqueo informativo" alrededor del funcionamiento de grandes empresas como los bancos más importantes o "El Corte Inglés", supongo que algo tendrá que ver su capacidad como anunciantes. Ni la combativa Cadena SER parece preocupada por como funcionan esos monstruos del capital. Tampoco debería pasarse por alto todos los viajes que hacen los profesionales de la información en España a cuenta de empresas o instituciones que pagan los desplazamientos, obviamente, a cambio de trato preferente o como las empresas informativas aceptan los vídeos producidos por los propios partidos políticos cuando de campañas electorales se trata.
En España se está aprovechando esta crisis económica para echar a la calle a cenetenares y centenares de periodistas, para precarizar las redacciones, para garantizar futuros beneficios económicos empresariales al precio de rebajar la información. Todo esto está pasando en España, y lo tenemos todavía más cerca que Marruecos.
Nada de lo dicho supone una exoneración de responsabilidad de un régimen tan poco democrático como el marroquí, pero estaría bien que las mismas energías que se utilizan para reclamar a nuestros vecinos se utilizaran para la causa doméstica. Para ser más exactos, estaría bien que los que exigen en el caso del Sahara lo hicieran desde el ejemplo, y de eso, nada.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Felipe y PRISA contra el Papa... y el PSOE en "La Noria"

No está mal. Qué bien trabaja "El País". Que bien traído que el diario de Polanco (para entendernos) haya escogido el fin de semana de la venida del Papa a España para contraprogramarlo con una entrevista al "Dios" del PSOE, lo decía Benegas, recuerden. Que bueno Felipe González, ha mejorado nuestro domingo. No voy a entrar en sus recuerdos sobre los tiempos de gobierno, ni en sus dudas sobre la gestión del GAL; eso ya lo hace "El Mundo" y un servidor tiene poco interés en hablar de pasado. Me interesa más la mirada de González hacia el futuro, porque el expresidente dice cosas muy, muy interesantes (quizás no tanto como él cree, pero es que él se quiere mucho). Por supuesto no hay color respecto a las palabras de su competidor el Papa. Entre justificar el golpe de estado de 1936 (si estamos como en los años 30...) y perpetuar el papel de ama de casa de la mujer y la reflexiones de Felipe González, yo me quedo con estas última.
Mezclando política y medios de comunicación me interesó mucho que dijera que "la democracia se ha convertido en mediocracia. En los dos sentidos: democracia mediática y mediocre". Cargó González contra los que van a programas del corazón a mezclar los líos de faldas con los discursos políticos. Dijo que eso es parte de la banalización de la política. Le faltó añadir los nombres de la personas a las que se refería. Lo puedo hacer yo. Limitándome al espacio de telebasura de Tele 5 (telebasura y Tele 5 van camino de ser sinónimos) "La Noria", hay que recordar que han pasado por ella: Tomás Gómez, José Blanco, Trinidad Jiménez, José Bono, José Montilla... Que casualidad, todos del partido de González, todos de izquierdas. ¿De izquierdas? ¿Todos? Que casualidad. La derecha parece que no va a estos escenarios. No le hace falta. Estos escenarios son de derechas, así que para que ir. Lo son en el sentido que despolitizan a la ciudadanía, que convierten el debate político en un ingrediente más de un espacio dedicado a estimular las más bajas pasiones, justo las que difícilmente mueven a votar a la izquierda. Unir política y "telebasura" solo puede desprestigiar la política y, a más desprestigio de la política, peor lo tiene la izquierda para ganar elecciones.
Si de ganar votos se trata, tranquilos, en "La Noria" no hay votos a ganar porque la izquierda gana los votos por el cerebro y, en general, los espectadores de ese programa se sientan ante el televisor sin cerebro (sea porque no lo tienen o porque lo desconectan); las excepciones son personas con el voto tan decidido que tampoco valen la pena. En cambio, de lo que se deberían percatar es de que con su presencia los socialistas legitiman este tipo de programas. Unos programas que van contra todo lo que dice representar la izquierda, contra todos sus valores. Unos programas que alejan a las personas de la razón para llevarlas al campo de las emociones (bajas), los gritos y las falsas creencias. Unos programas que reman en contra de hacia donde rema la modernidad, y las escuelas, y las universidades, y la cultura.
¿A qué van, Felipe? ¿A qué van? Tu que lo sabes todo, ¿a que van?

viernes, 29 de octubre de 2010

El asco es de derechas

Decir que la democracia en la que estamos instalados da asco puede parecer excesivo pero si asco es, entre otras acepciones, "impresión desagradable causada por algo que repugna" hay mucha gente con argumentos para firmar la frase.
Veamos algunos ejemplos:
Digo yo que puede sentirse asqueado aquel a quien se le muere el padre de un infarto mientras desespera en unas listas de espera que supuestamente no existen.
También cualquiera que ve como sus hijos encadenan fracasos en el colegio y se hacen mayores en unos barracones que, en teoría, son clases provisionales con todas las comodidades pero en las que los pobres chiquillos se asan en verano y se hielan en invierno, sin medios, sin profesores de apoyo.
¿A alguien le puede extrañar que se muestre asqueado quien tenga, pongamos, un hermano al que acaban de despedir de una televisión pública, plural y objetiva según la ley, por el grave delito de negarse a decir que lo blanco es negro? No, no es extraño.
¿A que asalariado contribuyente le puede sentar bien ver que mientras él declara todo lo que cobra y está indefenso, los más ricos, políticos incluidos, se dedican a los negocios oscuros y se escapan de la justicia gracias a las legiones de abogados que les rodean? Eso no le puede sentar bien a nadie.
Asco ha de sentir, a la fuerza, todo pequeño empresario que sabe que si quiere acceder a un contrato con una institución pública no tiene otra vía que pagar mordida. Mordida o cierre. Buen dilema.
Vamos, idéntico asquito que el de quien debe pagar una multa por un mal aparcamiento mientras la respetebilísima cúpula judicial echa capotes en casos flagrantes y de mucho dinero a los mismos políticos que, casualmente, han propuesto su nombramiento.
Hay que reconocer que no es de locos sentir asco si tu hija, perfectamente preparada, se queda a las puertas de aprobar una oposición que finalmente se lleva el primo de la concejal que, aunque no reúne las condiciones que se exigían, ha sido considerado el más adecuado por un tribunal del que no se debe dudar, claro.
El mismo asco que puede experimentar un ciudadano que sabe que con dinero público, con su dinero, se ayuda a los bancos, uno de los cuales le acaba de desahuciar, dejándole sin casa y con una deuda añadida que acabarán pagando sus hijos.
Más allá de todo esto, es bastante repugnante que los votos de unos y otros sean tan desiguales que resulte que el de un señor que apoya al PSOE o al PP valga cinco veces más que el de otro que apoye a Izquierda Unida o a UPD.
Podría seguir pero no creo que sea necesario. Lo políticamente correcto está haciendo mucho daño. Todo se toma como “lo que hay”, como si fuera un fatalismo divino y a quien se le escapa algo parecido a “esta democracia me da asco” se le condena con el argumento de que sus palabras contribuyen a cargarse el sistema, como si el sistema no se lo estuviera cargando ya a él. Lo peor es que nada se hace al respecto, que los dirigentes políticos de nuestra democracia miran hacia otro lado, se atusan el flequillo, se colocan bien la corbata, dan una nueva orden al chófer mientras rebuscan en su cartera la "visa" a cargo de la institución de turno y únicamente tienen la cabeza en como lograr estar otra vez en la candidatura de su partido para las próximas elecciones, para seguir tirándose los trastos teatralmente a la cabeza. Los países se cambian con leyes; las leyes, con la política; la política, con valores, y de momento los únicos valores que cotizan al alza son los valores de bolsa, que son tan de derechas como lo que vota la gente cuando está asqueada.

lunes, 25 de octubre de 2010

Leire Pajín protegida por los insultos

Ahora que los ánimos están más en su sitio, ahora que el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, del PP, ya ha quedado públicamente expuesto como el machista, maleducado y poco demócrata que es, ahora, digo, conviene afirmar aquello de que una cosa no quita la otra.
Es decir, León de la Riva tiene todas las culpas que se quiera, su calaña le inhabilita para ser alcalde, Mariano Rajoy ya le tendría que haber pedido la dimisión, pero todo esto no debería evitar el análisis de la carrera de Leire Pajín hasta el ministerio de Sanidad y esto no se ha hecho.
Los insultos del alcalde de Valladolid han escondido el pésimo papel jugado por Pajín como número tres del PSOE, se ha obviado que su encumbramiento orgánico fue una mala decisión unilateral de Zapatero que apostó por una política sin más méritos que los conseguidos gracias a ser mujer y joven, cosa que, igual que no es malo, no garantiza tampoco nada.
Durante todos estos meses el discurso de Pajín ha sido un constante insulto a la inteligencia de las personas de izquierdas, negando la realidad sistemáticamente con el mismo empeño con el que se entregaba al culto a la personalidad de Zapatero hasta caer en ridículos como la triste coincidencia planetaria que anunció.



Ni una sola idea, ni un solo análisis que ayudara a entender lo que está pasando o hacia donde se debe ir. Eso sí, horas y horas de discursos huecos, retóricos y plagados de lugares comunes. En definitiva, un tiempo perdido para el PSOE y un despeje irresponsable hacia el ministerio de Sanidad para no reconocer los errores cometidos.



Sobre su rectitud democrática bien poco dice haber bendecido el caso del tránsfuga de Benidorm, su ciudad, pese a la constante recriminación que se hace de idénticos casos en el PP y a la oposición manifestada por destacados dirigentes del PSOE, incluida la de su Presidente, Manuel Chaves.
Las palabras de León de la Riva deben ser, sin duda, descalificadas por atentar contra la dignidad de una persona pero la misma catarata de reacciones en contra que han provocado demuestra que la sociedad está en el camino de superarlas. En cambio, el mantenimiento y proliferación de jóvenes políticos profesionales, de ambos sexos, acomodaticios, previsibles y portadores de los peores vicios de la gestión política, está siendo aceptado resignadamente por los ciudadanos como si no se pudiera aspirar a un mínimo de excelencia en nuestros representantes. Así que yo creo que lo segundo es todavía más grave que lo primero: la mediocridad general de la clase política perjudica más a la democracia y al servicio a la sociedad que un alcalde machista, deslenguado y faltón que ha sido recriminado abundantemente por ello. El sistema no puede garantizar que no haya ni un impresentable en una institución pero si debería asegurar que, en general, al gobierno llegan los mejores.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Zapatero pasa al ataque

Si los cambios de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero los entendiéramos como un silogismo, a mi me parecen muy evidente las premisas pero, en cambio, entendidas éstas, soy incapaz de dar con la conclusión. Es decir, me parecen muy evidentes todos los cambios de ministros, Rubalcaba y su vicepresidencia incluida, pero no sé como hay que interpretar todo lo sucedido de cara al futuro.
No hay duda de que la crisis de gobierno debe leerse en clave electoral, intentar salvar los muebles en las próximas autonómicas y municipales y recuperar el terreno perdido en las generales de 2012.
Uno de los cambios debe analizarse estrictamente como una cuestión de partido, me refiero a la llegada de Leire Pajín al ministerio de Sanidad. Zapatero tenía el partido a la deriva. En lo orgánico solamente saltaban malas noticias y las perspectivas electorales no presentaban ni un solo brote verde. Pajín, como secretaria de Organización, estaba más que amortizada. Su desgraciada gestión como número tres del PSOE es el ejemplo evidente de que las responsabilidades deben repartirse atendiendo, aunque sea un poco, a la preparación y no a la fidelidad. La defenestración absoluta de Pajín hubiera sido un reconocimiento demasiado evidente del error cometido, así que el aterrizaje en el ministerio de Sanidad, un departamento con poco contenido real que ahora se amplía con Igualdad, es la forma de salir del paso. Catapultada la alicantina, la secretaría de Organización va a manos de Marcelino Iglesias, justo un perfil opuesto al de su antecesora. Iglesias es discreto, experimentado y acostumbra a salir victorioso de los pulsos en que se ve metido.
Trinidad Jiménez deja Sanidad y releva a Moratinos en Exteriores porque la recién derrotada en las primarias de Madrid asegura dos cosas: plena obediencia al Presidente y, además, puede mejorar la imagen del discreto Moratinos sin poner en riesgo la efectividad de la labor.
Los nombramientos de Rosa Aguilar, hasta hace cuatro días el principal valor mediático de Izquierda Unida, y Valeriano Gómez, bien visto por los sindicatos y crítico con la reforma laboral, son dos guiños de carácter progresista. Aguilar y Gómez vienen a taponar la vía de agua detectada a la izquierda que es, según todas las encuestas, el flanco por el que, vía abstención, los socialistas sufren la sangría electoral que les tiene a más de diez puntos del Partido Popular.
Finalmente, los cambios que afectan a Ramón Jáuregui y a Alfredo Pérez Rubalcaba representan poner toda la carne en el asador, sacar al terreno de juego lo mejor que se tiene a mano para apagar el incendio declarado que no tiene visos de amainar. Los dos veteranos políticos que forman parte de la misma maniobra del todo o nada.
Zapatero nos ha presentado a su "Señor Lobo" a Alfredo Pérez Rubalcaba. Vicepresidente, ministro del Interior y Portavoz del Gobierno. Todo en uno para que todos los focos caigan sobre él, el mejor según todos, para ver si puede obrar el milagro. Sólo un pero: si estaba claro que se iba a apostar por Rubalcaba, ¿qué necesidad había de que el santanderino se implicara tanto en el proceso de primarias de Madrid para acabar perdiéndolo?
Hombro con hombro con Rubalcaba, Ramón Jáuregui debe ser su compañero de tarea, pero en la sombra. Nada muy distinto a lo que ya le tocó hacer en el grupo parlamentario hasta 2008. De aquí a las elecciones habrá muchas gaitas que templar. Un año y medio en minoría necesita de un componedor con experiencia y hábil para que la soledad parlamentaria del gobierno no desemboque en un drama cada semana.
Hasta aquí todo me resulta muy evidente pero, con lo trascendente del paso dado por Zapatero, y pese a todas las lecturas que señalan a Rubalcaba como el ungido para suceder al Presidente, no creo que lo sucedido aporte luz sobre la pregunta del millón de dólares: ¿será José Luis Rodríguez Zapatero el próximo candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno? Veo que, en general, hay mucha coincidencia en que el encumbramiento de Rubalcaba asegura el adiós del actual inquilino de la Moncloa. Puede ser. Señalar tan claramente a un número dos apunta a un futuro relevo, pero creo que hay razones para dudar. En los próximos meses, siendo el foco de la atención de todos y de todo, Rubalcaba estará en el centro de la diana, y tantos meses así pueden quemarle mucho más de lo que necesitaría un candidato alternativo al desgastado Zapatero. Es más, el pim-pam-pum que se avecina sobre Rubalcaba puede resultar el mejor escudo para proteger al Presidente y recuperar su imagen. Veremos.

viernes, 15 de octubre de 2010

Ardor guerrero vibra en sus voces

Resulta que el Presdiente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, asiste en Madrid al desfile que conmemora el "Día de las Fuerzas Armadas" y acaba envuelto en insultos y gritos. El hecho ha levantado una gran polémica. Los socialistas, y sus medios cercanos, ponen la lupa en la barbaridad que supone protestar de forma poco educada en un acto tan solemne. En cambio, el Partido Popular y sus palmeros periodísticos, ellos que siempre son tan escrupulosos con las formas y más cuando afectan a cuestiones relacionadas con valores que tienen por supremos, como la patria, miran hacia otro lado y, en todo caso, defienden que el Presidente lo tiene merecido.
Tanto ruido, en mi opinión, pone de manifiesto tres cosas: que los medios de comunicación exageran y dan pábulo a cosas que no tienen ninguna importancia, que la micropolítica es lo que mejor se les da a los dos grandes partidos españoles y que los desfiles de las Fuerzas Armadas deberían irse revisando a fondo.
Los tiempos cambian pero no para todo. Con lo modernos (aunque pobres, ya lo sé) que nos hemos vuelto, parece cuanto menos discutible que sigamos, cada doce de octubre, con esos desfiles militares por la Castellana que saben más a amenaza, ostentación y miedo que a cualquier otra cosa. Comprendo que los estados necesiten chutarse en vena cada cierto tiempo una dosis de autoestima y que, lo más sencillo, pasa por demostrar que se tiene músculo, pero quizás se debería buscar otra forma de ponerlo de manifiesto. Ahora que tanto se habla de "ejércitos de la paz" resultaría pertinente procurar enseñar menos músculo y más cerebro.
Mientras no se haga esto, mientras las ceremonias militares sean las mismas de siempre, en España seguirán copadas por la derecha social. Muchas veces, la derecha más derecha y menos demócrata, esa que sigue considerando a los socialistas "esos putos rojos" y que, a falta de otra cosa, continúa dispuesta a votar al PP y a funcionar como ariete a su servicio. Es decir, menos rasgarse las vestiduras porque en ceremonias con esos ingredientes no puede esperarse otra cosa.


Los incidentes del pasado 12 de octubre se han visto ya en multitud de ocasiones. El que inserto aquí es un diálogo correspondiente al desfile del año 2009, donde también hubo abucheos, entre José Luis Rodríguez Zapatero, el Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, y la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Los dirigentes populares le expresan a Zapatero su disconformidad con lo que está pasando, en especial Gallardón, aunque luego públicamente jamás se han rebelado contra ellos, y menos esta semana.

viernes, 8 de octubre de 2010

Esclavos del banco

Cesar y Cecilia acaban de tener su primer hijo, una niña. En el piso donde la pareja vive de alquiler en un barrio popular de Valencia la pequeña deberá compartir habitación con sus padres, como ellos comparten vivienda con otro matrimonio. Cesar lamenta que la recién nacida no pueda disfrutar de habitación propia en el piso que compraron en 2007. Ya no lo tienen. Fue suyo, o eso pensaban ellos, durante más de dos años pero, después de cinco meses de no pagar la hipoteca, la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) se lo quedó. De esto hace ya casi un año. La CAM les había dado un crédito de 162.000 euros, el cien por cien del valor del piso, a treinta años. La letra mensual empezó siendo de 720 euros, luego 850, más tarde 970. Cesar se quedó sin trabajo en la empresa de alimentación donde trabajaba. No podían pagar. Les ofrecieron un nuevo crédito. Deuda sobre deuda. No aceptaron. Entregaron las llaves. No fue suficiente. Además del piso les exigen 6000 euros que invirtieron en mejoras.
El caso de Cesar y Cecilia no tiene nada de extraordinario. Desde 2007 a finales del 2010 se calcula que serán alrededor de 500.000 las ejecuciones de hipoteca que se habrán producido en España. Medio millón de familias que se habrán quedado sin casa. Un informe presentado el pasado mes de septiembre en Barcelona titulado "El banco me echa de casa" detalla la realidad de las ejecuciones de hipoteca en España. El trabajo recoge como el valor medio de las hipotecas casi se dobló entre 2003 y 2007 (de 111.000 euros a 184.000) y como en junio de 2010 prácticamente volvían a estar en precios de siete años antes. Murcia y la Comunidad Valenciana son las autonomías que más deshaucios acumulan por cada mil viviendas, más de 10. Que suene el interfono y una voz al otro lado diga algo parecido a "somos de la Unidad de Deshaucios, nos abre la puerta, por favor", ha dejado de ser una escena extraña.
Una crisis económica que está multiplicando el número de parados sumada a miles de trabajadores hipotecados que compraron viviendas por encima de sus posibilidades acaba siendo una mezcla explosiva. La cuerda no resiste. Se rompe por el lado más débil. Los bancos, responsables de haber hinchado una burbuja inmobiliaria supuestamente infinita a base a dar todas las facilidades del mundo para otorgar créditos, no están dispuestos a perder y, por tanto, quienes no puede devolver los préstamos en las condiciones establecidas se quedan sin casa. Esto en el mejor de los casos. A menudo con la entrega de las llaves no se resuelve el problema. El drama es que los pisos ya valen menos que las hipotecas, que el patrimonio inmobiliario ya no cubre las deudas contraídas.



Así las cosas, la realidad es que una persona que en 2007 hubiera recibido, por ejemplo, 180.000 euros para comprar un piso tasado en esa misma cantidad, si ahora pasados tres años no puede hacer frente a su letra mensual no será suficiente con que entregue la vivienda. Al producirse el impago, su piso será tasado por segunda vez. Los 180.000 euros de 2007 no pasarán hoy de los 120.000 y, además, el banco acreedor se podrá quedar con el inmueble por la mitad ya que nunca se presenta nadie a las subastas. Al final, el propietario desalojado no recibirá pues más de 60.000 euros con lo que además de quedarse sin vivienda todavía deberá hacer frente a una deuda superior a los 100.000 euros, incluyendo intereses y costas judiciales.
Magí, un tarraconense de 46 años, explicaba en un reportaje del diario "Avui" que acaba de ser deshauciado, que su hipoteca era de 164.000 euros y que le ha quedado una deuda de 38.000 euros que tampoco puede pagar. Magí está en paro, cobra 426 euros mensuales y solo el alquiler ya le cuesta 383.
En España, a diferencia de lo que sucede en la mayoría de países europeos, las garantías hipotecarias son personales y por esta razón no basta con entregar la vivienda para resolver la deuda que se ha contraído por su compra.
El pasado 9 de septiembre diferentes centrales sindicales y entidades de consumidores de Cataluña iniciaron los trámites para desarrollar una Iniciativa Parlamentaria Popular (ILP) que pretende modificar la legislación hipotecaria. Los promotores de la iniciativa quieren conseguir dos cosas: implantar la llamada dación en pago, es decir, que la entrega de la vivienda resuelva completamente la deuda, y que se promulgue una ley de sobreendeudamiento que garantice condiciones especiales para aquellos deudores de buena fe que no pueden hacer frente a sus compromisos. Defienden que es obligado que la ley reconozca de forma diferenciada la deuda por la compra de un bien, la vivienda, que se considera básico y que está contemplado como tal en la propia Constitución de 1978. Para hacer efectiva la ILP precisan 500.000 firmas y tramitarlo a través del Congreso de los Diputados ya que se trata de materias que no han sido transferidas a las comunidades autónomas. Los mismos impulsores de la ILP consideran que previo a las modificaciones legales que se precisan, y puesto que tardarán, se empiece por una inmediata "moratoria en las ejecuciones".
Desde febrero de 2009 funciona en España la "Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH)", una organización que agrupa a personas con dificultades para pagar sus hipotecas. La entidad pretende ser un punto de encuentro y ayuda para afectados y convertirse en una instancia de presión ante la administración para que se cambie la normativa en vigor. La Plataforma, que ya cuenta con delegaciones por toda España, considera que "el marco legal actual está diseñado para garantizar que los bancos cobren las deudas, mientras que deja desprotegidas a las personas hipotecadas que por motivos como el paro o la subida de las cuotas no pueden hacer frente a las letras".










En Barcelona, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) empapela habitualmente fachadas de cajas y bancos para denunciar lo que consideran abusos que esas entidades cometen con la complicidad de las autoridades.



Las asociaciones de consumidores y los sindicatos que están ocupándose de la problemática que afecta a los miles de ciudadanos que se han quedado sin casa o están en pleno proceso de ejecución critican al Banco de España por no haber sido diligente en el control de la política financiera que ha desembocado en la situación actual. La consecuencia es que en estos momentos se producen en España cerca de 600 desalojos diarios.
En plena burbuja inmobiliaria, los bancos y cajas españoles no solamente eran capaces de dar créditos por el 100 % del valor de la vivienda que se pretendía comprar sino que incluso llegaban al 120%. En Europa, según un trabajo de la Unió de Consumidors de Catalunya, se cubre alrededor del 65%.
La petición al gobierno para que reforme la legislación hipotecaria no pasa por alto que las entidades bancarias han recibido estos dos últimos años cuantiosas ayudas de la administración, mientras aquellos ciudadanos que no han podido pagar sus hipotecas se han quedado desamparados.
Tan desamparados como están Alonso y Eva, según explica un reportaje del diario "El País". Tienen 36 y 32 años, respectivamente, son padres de tres hijos y ahora viven en el piso de alquiler de la madre de ella junto a otros dos hermanos suyos que también han tenido que abandonar sus viviendas. Del piso que Alonso y Eva tienen en propiedad en Badalona, y por el que pagan 1400 euros mensuales, ya no les dan ni la mitad de lo que les costó y deben al banco. Lo tienen alquilado, claro, pero también esto se les ha complicado ya que "la inquilina se ha quedado ahora sin trabajo y no me paga los 600 euros de la renta, aunque sabemos que realquila las habitaciones a 400", cuenta Alonso.
Las organizaciones de consumidores denuncian que hay deudores protegidos, los bancos, y otros que no lo están, los ciudadanos de a pie. Así, las mismos entidades financieras que están embargando a aquellos clientes que no pueden pagar sus deudas reciben ayudas en forma de aval del gobierno para hacer frente a las suyas. Bancos y cajas han dispuesto en España en 2008 y 2009 más de 200.000 millones de euros para poder satisfacer a sus obligaciones. En el mismo periodo el total de impagos que han desembocado en embargos (considerando la media del valor de las hipotecas en el periodo 2003-2009) se sitúan en unos 30.000 millones de euro pero en relación a esta cantidad no se han tomado medidas excepcionales y quienes tenían esas deudas se han visto en la calle y, en muchos casos, abocados a la exclusión social.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Huelga, todo huelga

Nuestro capitalismo está en crisis pero la crisis la pagan los que menos cobran. La economía capitalista siempre prefiere que los muchos pobres mantengan a los pocos ricos; es su condición natural. Para evitar tal abuso está la política, democrática, se entiende, que no parte de dar más a quien más tiene sino de procurar que las decisiones se tomen según el interés de la mayoría respetando a las minorías. Así, puesto que en número los menos poderosos son más que los que más tienen, se supone que el peso del dinero se compensa con el peso de los votos.
Tal equilibrio parece haber llegado a un punto de fractura. El capitalismo, que hunde a media humanidad en la miseria para que la otra media pueda nadar en la abundancia, no se resigna a que los más ricos de esa mitad rica vean frenado el crecimiento de sus fortunas y ya le molesta la política. Por eso fuerza a que las cuentas de resultados de los mercados sean el primer objetivo de la gestión gubernamental y pasen por delante de cualquier otra consideración.
El triunfo del mercado frente al estado obliga a la voladura controlada de la política. La política no sirve, este es el mensaje que se pretende hacer llegar a la población. No sirven los sindicatos que organizan huelgas que no sirven para nada; no sirven los gobiernos de izquierdas, como el de Zapatero, que adoptan decisiones de derechas. Luego no sirve la política si, al fin y al cabo, derecha e izquierda hacen prácticamente lo mismo, lo que dicta el dinero. El sistema, moribundo, solo puede extender su supervivencia si consigue que la ciudadanía, o una gran parte de ella, interiorice esta sentencia: ninguna de las garantías, ni de los agentes propios de la democracia son útiles. Luego que vengan los salvadores. Berlusconi, Sarkozy, gente dispuesta a saltar por encima de lo pactado. Populistas. Sobran los sindicatos, sobran los partidos, sobran las protestas, sobran las huelgas. Lo que nadie dice es lo que falta, cual es la alternativa a lo que no funciona, porque algo deberá organizarse para defender a los que no se pueden defender por si solos, ¿no? La derecha calla porque los problemas de la política nunca han sido sus problemas; la izquierda, porque parece no tener dada original que decir. La derecha jamás decepciona, jamás es contradictoria, actúa como un buldózer cargado de razones absolutas; la izquierda, enfrascada en esa perenne batalla-excusa de la ética de la convicción contra la ética de la responsabilidad, va cediendo terreno. El caso es que nadie responde a que si tantas cosas sobran qué es lo que falta.
Ver como a una crisis global como la que padecemos se le intenta poner solución a partir de que cada gobierno local procure la salvación de sus estructuras financieras es como pretender que una gran fuga de agua se resuelve achicándola a cubos a medida que se forman charcos; el rescate de los bancos son los últimos réditos de un sistema que agoniza y, después, que cada cual se apañe como pueda.
El pulso real es entre economía y política. A la primera la representa la derecha; a la segunda, la izquierda. En tanto que los mercados son los que dirigen las medidas de los gobiernos, también de los de izquierdas, no hace falta ser muy perspicaz para ver quien está ganando.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Izquierda de derechas

Hace unos días escuché como un diputado socialista justificaba las decisiones del gobierno Zapatero (reforma laboral, menos gasto social, recortes para los funcionarios, para las pensiones,...) con el argumento de que la mayoría de países europeos han hecho lo mismo que el ejecutivo español. A efectos políticos, el diputado olvidó el pequeño detalle de que en 24 de los 27 países de la Unión Europea los partidos de derechas están en el gobierno.
Si la convicción a la que han llegado los dirigentes del PSOE es que no hay ninguna posibilidad de adoptar una política económica diferente a la que ponen en práctica los partidos de derechas deberían decirlo. Si finalmente son conscientes de que sus decisiones en temas económicos no difieren en lo fundamental de las que tomaría un gobierno del PP están obligados a compartirlo con los ciudadanos. El votante tiene derecho a saber que cuando se enfrenta a las urnas no está ante dos posibles políticas económicas diferenciadas, que los socialistas no transitan un camino que no transiten Rajoy y su partido.
Parece que la izquierda, sumida en ese pozo de no encontrar una respuesta propia a los grandes desafios actuales, alza bandera blanca y apuesta por las mismas recetas que sus supuestos antagonistas ideológicos. Bien, es una decisión aunque no parece la mejor para ganar las elecciones; ni para mejorar la caliadd de vida de los más desfavorecidos, ni para darles esperanza, ni para alimentar la utopía como motor de progreso.
Aceptando que la política económica del PSOE es la que practican todos los gobiernos europeos, de derechas, la conclusión es que la izquierda que ofrecen los socialistas es una política conservadora con los añadidos, por ejemplo, de la retirada de las tropas de Irak, la reforma del aborto, los matrimonios gays y la retirada de símbolos franquistas. Habrá quien lo considere suficiente y quien no, pero es lo que hay.
Zapatero, que llegó a la presidencia del Gobierno con aquella promesa de "no os fallaré", llevaba meses negándose a tomar unas decisiones económicas que, un día de mayo, como quien se cae del caballo camino de Damasco o recibe un ladrillazo en la cabeza, adoptó con entusiasmo y convencido. En su rectificación sin explicación alguna está el reconocimiento de que sí falló, doble fallo. Por una parte ha acabado haciendo lo que aseguraba que nunca haría que es recortar por los más débiles y reducir derechos sociales, pero además, si fuera el político diferente que se suponía, y no pudiendo escabullirse de las presiones recibidas, habría explicado con detalle cómo habían sido éstas, de dónde habían venido y cuales eran las amenazas si no hubiera cedido. Si a la izquierda no se le puede ni pedir que explique porque gobierna como la derecha no hay ninguna posibilidad de que sea izquierda.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Los irresponsables del PP

En un viejo chiste un policía detenía a un conductor que circulaba en dirección prohibida y le preguntaba:
-“¿No ha visto usted la flecha.
Y el otro contestaba:
- “¿Flecha? Pero si no he visto ni a los indios, cómo voy a ver la flecha”.
Cuando observo a los políticos del Partido Popular como desarrollan su actividad, como ejercen sus tareas y como huyen de cualquier responsabilidad política que se les pueda pedir por sus acciones, por sus abusos, por sus corrupciones, cuando los veo en acción, me viene a la memoria ese chiste.
¿Cómo va a asumir alguien responsabilidades políticas si en lo personal tienen todos asumido que no son dueños de sus acciones y se saben irresponsables en tanto que su actuación es siempre al dictado? ¿Cómo van a tener en cuenta el juicio de los ajenos si ellos mismos no se juzgan? ¿Cómo van a respetar a los demás si no se respetan a si mismos? ¿Cómo van a ver la flecha si no ven a los indios?
Francisco Camps, Carlos Fabra, José Joaquín Ripoll y todos los demás imputados que tiene el PP en Valencia no dimiten, entre otras cosas, porque sus cargos son, a la vez, su blindaje pero ya se habrían ido si sus correligionarios sintieran un mínimo bochorno por tanto abuso, tanta trampa, tanta mafia y tanta mierda como ha trascendido. Pero no. La catadura personal de los políticos del PP queda en evidencia cuando hace dos días, en Valencia, con la que les está cayendo, se tragan sin pestañear que su portavoz parlamentario les pase por sorpresa la película “Invictus”. Si en un colectivo de casi cien diputados no hay ni uno que se levante y pregunte qué está pasando y a qué viene tal broma, cómo se puede esperar de ellos que se planten ante un superior por más que haya quedado en evidencia ya sea en el “caso Fabra”, “Gürtel”, “Brugal” o cualquier otro.







En la Generalitat valenciana es norma habitual que cuando Camps tiene una sesión parlamentaria que se espera complicada se toque a rebato y una treintena de altos cargos corran a ocupar las bancadas de público de Les Corts para que ningún extraño pueda sentarse en ellas y, se supone, distraer al President. Nadie, ningún Director General, ningún viceconsejero tiene suficiente valor u orgullo para negarse y explicar que su tarea es de alta responsabilidad, que tiene mucho trabajo, que no está para perder el tiempo y que la ciudadanía no le paga para ser palmero de nadie.
La responsabilidad política es un atributo que debe acompañar a cualquier ciudadano en democracia. En su sentido más amplio, la responsabilidad política de cada cual es el compromiso y la implicación con lo público que cualquier persona debe ejercer en un régimen democrático para que este funcione. Responsabilidad política es interesarse por lo que pasa a nuestro alrededor, responsabilidad política es no defraudar a hacienda, ni tirar papeles al suelo, responsabilidad política es exigir que nuestros derechos se respeten. Esos ciudadanos conscientes son los que después piden explicaciones y son razonadamente críticos con los políticos. Igual que solamente los políticos que se saben servidores públicos y valen más allá del “dedazo” que los nombra serán capaces de pedir responsabilidades en el seno de su propio partido. Por lo visto, políticos de este tipo, en el PP no los hay. Por eso Rajoy, Cospedal o Sáenz de Santamaría esperan “indicios más claros” para tomar una decisión sobre los muchos casos de corrupción que hay en sus filas… Cómo si las pruebas que tienen los jueces en sus manos no fueran evidencia suficiente.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Las primarias como problema

El Partido Popular vive cercado por la corrupción, entre sus dirigentes es mucho más sencillo tropezar con imputados judiciales que con alguien capaz de unir dos argumentos nobles para pedir el voto. Así las cosas, lo razonable sería suponer que tienen complicada la victoria electoral, pero es todo lo contrario. En Méjico, en Venezuela, en Perú, en tantos otros sitios hemos visto siempre ganar desde la corrupción… No nos puede extrañar. Los errores, las contradicciones y la falta de rumbo del PSOE suponen, también, una considerable ayuda a los éxitos populares. Ya se sabe a que quien no tiene claro dónde quiere ir le resulta muy complicado encontrar algún viento favorable. En tales circunstancias incluso las mejores oportunidades se transforman en problemas; por ejemplo, las primarias.
Una iniciativa de participación, de profundización democrática como son la primarias, algo que debería distinguir favorablemente al PSOE del PP es una china constante en el zapato de los socialistas, y ni tan siquiera se preocupan de disimularlo.
Lo estamos viendo en Madrid, lo estamos viendo en Valencia. Los dirigentes socialistas se equivocan cuando resulta tan evidente que no quieren primarias, y José Luis Rodriguez Zapatero, más que nadie. Su culebrón de presiones sobre Tomás Gómez es un espectáculo lamentable.
El PSOE hace el ridículo y, por tanto, sufre desgaste electoral, cuando una decisión tomada en su congreso, como es la puesta en marcha de elecciones primarias para escoger a sus candidatos, es aplicada como si se tratara de ir al dentista para que arranque una muela. No es coherente, no es serio. Y un partido que no es serio no merece confianza, y no se le vota. En un reciente reportaje en el diario "El País" alguien a quien se identificaba como "un veterano dirigente socialista" aseguraba que:"en las primarias sale lo peor de la organización". Parece una broma pero no lo es. ¿Qué confianza puede merecer una organización que pone en marcha una iniciativa que "saca lo peor" de si misma?
Las primarias son una actitud, la de favorecer que los militantes tengan la última palabra a la hora de elegir sus candidatos. Ese es el espíritu que las debe presidir. Todo lo demás es una burla. Si molesta que la cúpula del partido no pueda decidir unilateralmente quien va al frente de la lista, lo mejor es acabar con las primarias. Igual que un congreso las instauró que otro las haga desaparecer. Y si no se quiere acabar con ellas, normalidad y juego limpio.
No puede ser que los distintos aspirantes rivalicen en denuncias a su contrincante, no puede ser que los avalados por la dirección disfruten de todas las facilidades y los demás solo encuentren obstáculos en su camino, no puede ser que se intente con presiones y amenazas que algún candidato no recoja avales suficientes. El intercambio no puede ser de descalificaciones sino de argumentos y todo aquel que quiera participar, con un mínimo de respaldo, debe poder hacerlo. Y, por cierto, si incluso nuestras transacciones bancarias las hacemos por internet, es impresentable que las votaciones de las primarias no se puedan hacer igual y abriéndolas a simpatizantes.
El pasado domingo en una entrevista en "El País", a Antoni Asunción, el ex-ministro que pretende competir con el secretario general del Partido Socialista del País Valenciano (PSPV), Jorge Alarte, para ser candidato a la Generalitat, le preguntaban por cómo le iba la recogida de avales. Asunción contestaba que "hay un placaje, un talante poco democrático internamente". Menudo panorama. ¿Cómo s epuede pedir luego el voto para un partido de “talante poco democrático”? De hecho, Alarte y su gente de confianza, pese a tener ya la bendición de la Ejecutiva para estar en las primarias, se pasan los días recorriendo las agrupaciones para recabar firmas a su nombre y evitar que vayan a quien podría ser su rival. Como decía Asunción "es evidente que no quiere primarias". Claro, como no las quería Zapatero en Madrid. Y si no que se lo pregunten a Tomás Gómez.

lunes, 19 de julio de 2010

Del Bosque y el rey, lo normal y lo anormal

Impresionante: Del Bosque acude a una entrevista en su propio coche, lo aparca él mismo y llega a la cita por su propio pie. ¿Qué les parece? Del Bosque, ya saben, el seleccionador español de fútbol que acaba de ganar el Mundial. ¿A que es impresionante? Tan excepcional resulta tal comportamiento que el diario “El País” lo destaca más que cualquier otra cosa en el reportaje que le dedican en su edición de ayer domingo 18 de julio. Así de mal están las cosas, así de mentira es todo. Como si lo normal no fuera lo que hace Del Bosque, como si lo normal fuera lo que constantemente vemos a nuestro alrededor: cargos públicos rodeadas de asesores, técnicos, chóferes, secretarios, gabinetes de prensa, managers, ayudantes, productores, guardaespaldas, pelotas, chupones e inútiles que lo hacen todo más difícil para justificar la necesidad de su tarea. Se ha construido una casta, una gran burbuja clasista, ridícula y a cuenta del erario público que nace en el rey Juan Carlos y el resto de la familia real y acaba en concejales de tres al cuarto que viven rodeados de un boato indecente. Boato del que también forman parte los periodistas; por eso en los medios se destaca a un seleccionador de fútbol que llega por su propio pie a las entrevistas en lugar de poner el grito en el cielo por todo lo contrario. Por eso no parecen llamar la atención los directivos de empresas públicas que usan el coche oficial con chofer para ir al cine por las noches, los políticos que se sirven de mil gabinetes para evitar el contacto con la prensa, los concejales que comen gratis en todos los restaurantes de más de 80 euros de su ciudad o los reyes que tienen yernos que se dedican hacer negocios con la corona como tarjeta de visita.

miércoles, 14 de julio de 2010

Orihuela: su pueblo y las trampas

Un caso práctico de la diferencia entre responsabilidad política y responsabilidad judicial: Orihuela; un empresario, Ángel Fenoll, se dedica a afiliar al PP de esa localidad a un grupo de sus trabajadores sin que ellos lo sepan; luego les da un día de vacaciones, merienda y autobús para que vayan a la asamblea local de la formación a votar por la candidata, Mónica Lorente, que a él le interesa que controle el partido. Y Mónica Lorente gana. Y Mónica Lorente es hoy la presidenta del PP de Orihuela, y alcaldesa de la población. Las maniobras de Fenoll se conocieron ayer. Pues bien, la justicia dirá si tales maniobras son o no son delito. Toca esperar. No parece, sin embargo, que de lo dicho hasta ahora se pueda deducir alguna responsabilidad judicial que afecte a Mónica Lorente. En el terreno que sí está afectada, y mucho, es en el político. Lorente debería haber salido al paso inmediatamente para aclarar si lo conocido es cierto o no y, si es cierto, decir que le parece y que piensa hacer al respecto. Más allá tendría que explicar por qué cree que Fenoll hizo lo que hizo y cómo encaja eso con los negocios que desde la alcaldía facilitó al citado empresario. Lorente, en la medida que los votos "comprados" por Fenoll fueron decisivos para poder hacerse con el control del partido en Orihuela, está obligada a convocar de inmediato una nueva asamblea, revisar el censo de militantes de su partido y someterse a otra votación, esta vez limpia. Vuelvo al principio, puede que Mónica Lorente no tenga ninguna responsabilidad judicial por los tejemanejes de Ángel Fenoll pero, puesto que sus cargos son fruto de trampas, o actúa en consecuencia o se convierte en la máxima responsable política de las prácticas corruptas de Fenoll. Así de sencillo.

lunes, 12 de julio de 2010

Fútbol contra la España diversa

Con lo bien que juegan esos muchachos de la selección española de fútbol, con la alegría que da cantar gol cuando marca quien tu quieres que marque, con lo que a mi siempre me ha gustado el fútbol, con todo eso, pese a todo eso, me queda la clásica sensación del "sí, pero" mientras veo a Casilla alzar la Copa del Mundo de fútbol y escucho miles de bocinas enloquecidas, banderas al viento, desbordando la calle. Lo que me molesta es la conversión del título mundial en un acto de afirmación nacionalista española absolutamente excluyente, que se use la victoria en un partido de fútbol para mostrar una falsa España. No nos engañemos, la afirmación de una parte siempre supone negar otra y en este caso lo que se afirma y reafirma es la España una y única que, como una pesadilla, nos persigue desde hace tantos años. Lo que se niega es la posibilidad de entender España de cualquier otra forma. Ese es el espíritu que late tras todas las celebraciones porque eso es lo que se fomenta desde todas las instancias de poder, desde los distintos medios de comunicación. El triunfo de la selección española se utiliza como respuesta y negación de las distintas identidades que conviven en España y, por eso mismo, solamente la bandera española simboliza la alegría por el título obtenido. Una única bandera como si resultara impensable poder celebrar el campeonato con una senyera, la verdiblanca andaluza o una ikurriña. Ya sé que a un independentista catalán o vasco eso le parecerá una herejía pero lo que me llama la atención es que al españolismo que ayer salió a la calle o que se puede leer en los periódicos también les resulte impensable.
Que cosas, las únicas banderas diferentes a la española las vi en manos de los jugadores justo acabar el partido. Por cierto que también fueron ellos los únicos que despreciaron, por estúpida, la constante referencia de los periodistas al dichoso pulpo que supuestamente pronosticaba las victorias de "La Roja". Vergüenza les debería dar a las radios y las televisiones españolas la tabarra que han dado con el pulpo: portadas, conexiones en directo, entrevistas, reportajes... Menudo periodismo que transita entre la propaganda y el ridículo.

lunes, 5 de julio de 2010

Quintacolumnismo liberal

La derecha es mucho más ágil que la izquierda, más dúctil, más manejable, más práctica. No me refiero a la derecha como extremidad, se entiende, supongo, sino como corriente ideológica. Por eso, por ejemplo, miles y miles de personas ubicadas en el pensamiento de derechas, defensores de la iniciativa privada, apóstoles del liberalismo y martillo de herejes de todo lo que suene a sector público desempeñan con toda normalidad cargos de máxima responsabilidad en la administración, como si nada. En cambio, que pocos adalides de lo público se pueden encontrar al frente de las grandes empresas privadas.
No hay nada peor para la buena marcha de cualquier tipo de organización, institución o entidad que el hecho de que su dirección esté en manos de personas que no crean en ella. Por eso lo público carga con la rémora insuperable de, las más de las veces, estar regido por gente ideológicamente contraria a su propia razón de ser, gente que no da al sector público ni la importancia que tiene, ni considera su valor social. Tal situación es inseparable de la bochornosa e imperecedera práctica que reclutar los altos cargos de la administración arbitrariamente atendiendo a cuestiones de confianza personal, relación familiar o militancia política. El caso es que los servicios públicos, en los escalones altos que escapan a la carrera funcionarial, están repletos de personas que defienden la iniciativa y la empresa privada como bien supremo mientras denigran lo público como foco de parasitismo social, despilfarro de recursos y perdida de competencia.
Así, por citar algunos casos que puedan ilustrar lo que digo, Juan José Güemes , que a los 23 años ya era asesor del PP a cuenta del erario público, no tuvo empacho en salir de la consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid pidiendo más privatización de la gestión sanitaria porque "la sociedad lo suele hacer mejor que los gobiernos". Igual que José María Aznar, expresidente del gobierno, que defiende la privatización de las Cajas de Ahorros por poco operativas y politizadas después de que su partido haya copado con militantes fieles todas las entidades de ese tipo que han caído en sus manos.
La paradoja está en que resulta que los mayores críticos del sector publico están en él, viven de él. Y no un año, sino cien. Encadenan cargos, responsabilidades, tareas. Pasa el tiempo y allí siguen. Una pregunta deberían contestar a toda prisa: ¿cómo se explica que si tanto defienden la iniciativa privada no trabajen en ella? ¿Cómo han acabado en lo que con tanto ardor descalifican e incluso combaten? ¿Qué les mantiene fuera de aquello que tanto adoran? ¿Cómo puede ser que sean tantos y tantos?
No es extraño que lo público tenga escasos defensores cuando incluso buena parte de sus dirigentes son refractarios a su sentido y valor. Ideológicamente es un autoproclamado liberalismo, muy de derechas, el que personifica la situación que describo, gente que tiene a Milton Friedman en un altar. Será por eso que perseveran y perseveran en su pésima gestión de lo público para dar la razón a su admirado Friedman cuando asegura que nada hay tan ineficaz como la tarea del Estado, que se dedica a gestionar dinero ajeno para prestar servicios también para otros. Vamos, la profecía autocumplida.
La administración está llena de quintacolumnistas que, obviamente, presentan balances de gestión muy negativos. No puede ser de otra forma. Su papel tiene un doble sentido: poner lo público al servicio político de aquel o aquellos a quien le deben el cargo y facilitar el beneficio de la empresa privada descapitalizando los recursos generales. No importa el servicio sino el saqueo. Son los actores del clásico proceso de privatizar las ganancias mientras que se socializan las pérdidas.

martes, 22 de junio de 2010

La Quebrantahuesos y el diluvio

Me veo sobre la bici y no acierto a responderme qué hago dándole a los pedales con la que está cayendo. Hoy no quiero hablar ni de política, ni de periodismo, ni de nada parecido. Hablaré de ciclismo, de deporte, de gente que durante unas horas se erige en protagonista total de su vida, de deportistas que se dan el gustazo de buscar los límites de su voluntad, de su esfuerzo, de su satisfacción, de su orgullo y de su felicidad. Hablo de la Quebrantahuesos que se disputó el sábado pasado en Sabiñánigo. 205 kilómetros en bicicleta superando cuatro puertos pirenáicos. 8500 participantes.
No saben ustedes lo que ocupan 8500 bicicletas juntas. Y todas en marcha a partir de las 7'30 de la mañana. Amenazaba lluvia, la aseguraban todas las previsiones. Daban por hecho que cuando pasáramos a Francia, alrededor del kilómetro 50, nos íbamos a mojar. Se equivocaron, llovió antes, poco después de Jaca ya empezó a caer agua. Y el cielo se cerró. Empezamos a subir el puerto de Somport y la lluvia iba a más. No llevábamos ni 45 kilómetros y ya estábamos empapados.
Los más prudentes, los menos arriesgados, los más sensatos se dieron la vuelta. Bueno, los más no, los más más ya habían decidido no salir y se quedaron en el hotel. Ibas ascendiendo Somport y, en algún momento, eran más los que bajaban que los que subían. Y preguntabas, y te contestaban: "arriba llueve más". Y tu pensabas, "madre mía, dónde nos estamos metiendo". Abandono. Esa era la decisión que tenía tomada, al coronar Somport lo dejo, al fin y al cabo habrá otras Quebranta, otras pruebas, no tiene sentido correr riesgos, sufrir por sufrir. Joan, mi compañero de fatigas, también da por hecho que no seguirá, que no bajará Somport, mejor dicho que lo hará por la misma cara que lo hemos subido. Llegamos arriba, al primer avituallamiento, es el momento clave, urge decidirse, todos son dudas. Joan se vuelve y yo con él. No, no vuelvo, sigo. No se que hacer. No sigo. Sigo. Como en tantos momentos importantes de la vida, como en el amor, por ejemplo, las órdenes del cerebro parecen no llegar a sus órganos de ejecución, y las piernas seguían empeñadas en hacer rodar el eje del pedalier, y las ruedas en seguir avanzando, como si las insensatas, tozudas y obcecadas fueran ellas. Sigo. "Más arriba jarrea", aseguró uno de los que, bandera en mano, alertaba de un desvío. Era cierto, llovía, en la cima de Somport llovía mucho y en la bajada, además, había niebla, y hacía frío, cada vez más (estas son mis fotos). Pese a los guantes, mis manos iban dejando de ser mías. La única referencia que me quedaba de ellas era el dolor de tener que frenar constantemente por culpa de una carretera que parecía un río. Así 20 kilómetros de descenso y, después, quedan otros 30 hasta el cruce del pueblo de Escot. Tengo que abandonar, ¿abandono?, esa el la pregunta que me persigue. Me cruzo con un grupo de unos 15 ciclistas que han decidido dejarlo, pienso que es el momento de regresar, que a rueda de ese grupo vuelvo a Sabiñánigo. Pero mientras dudo se escapan. Sigo. Helado, estaba helado. Y como yo, o peor, mi amigo Fernando (clicando se ven sus fotos) a quien me encontré justo al final de la bajada de Somport. Él no llevaba ni chubasquero. Solo maillot, chaleco y manguitos. Poca defensa. Aunque menos llevaban otros que iban como yo cuando salgo en pleno verano, maillot de manga corta y coullotte; nada más (aquí está una prueba).









Esto son dos versiones del perfil de la Quebrantahuesos, con sus cuatro puertos, con sus 205 kilómetros.



El inicio del puerto de la Marie Blanque fue una bendición. Ya tienen que estar mal las cosas para que diez kilómetros de subida, los últimos cuatro una pared que invita a sacar el piolette, sean una buena noticia. Pero lo fueron. Las rampas significaban ir más despacio y tener que gastar mucha energía para desplazar la bicicleta, es decir, entrabas en calor. Lo dicho, una bendición. El final del Marie Blanque son cuatro kilómetros con una pendiente alrededor del 12 por ciento. Con el frío metido en el cuerpo es difícil sacarle partido a los músculos. Ellos también se resienten, están duros, pesados. A mi alrededor, gente retorciéndose sobre la bicicleta, con todo el desarrollo metido, había quien hacía eses para reducir el desnivel y les tenías que avisar para que se apartaran, para que no se te echaran encima. A 8, 10 o 12 kilómetros por hora cualquier tropiezo te manda al suelo. Había, claro, quien ponía pie a tierra sin necesidad de que nadie le molestara. En realidad, cuando se va tan despacio, la diferencia de tiempo entre subir un par de kilómetros andando o pedaleando no es tan grande.
Corono el Marie Blanque bajo la lluvia y entre la niebla (aquí se pueden ver los videos del paso por el alto). Por supuesto que ya no puedo volver.
He pasado la mitad de la carrera y ya tengo menos distancia por delante que por detrás. Me quito un peso de encima. Ya no hay decisión que tomar. En el fondo, mis piernas la han tomado por mi, no han dejado de pedalear y me han traído hasta aquí. Toca bajar, pero antes avituallamiento. Como, cojo más agua, bebida isotónica, como un poco más: unas pastas con almendra, frutos secos, un bocadillito de jamón. A mi izquierda, dos autobuses llenos de gente envuelta en mantas. Un señor que parece tener 80 años aunque es posible que no pase de 50 se dirige al vehículo. No lo hace solo, no podría. Le acompaña un voluntario que le aguanta una manta oscura con una mano mientras con la otra, apoyada en su espalda, le va dirigiendo. El ciclista, que igual es un madurito atractivo ejecutivo de una empresa multinacional, por decir algo, resulta ahora un remedo de Don Quijote después de enfrentarse a los molinos. Lleva los ojos cerrados, el pelo revuelto. Hipotermia, se llama hipotermia. Parece que fueron unos quinientos los que se vieron en su tesitura. A decir verdad la imagen recuerda a esos refugiados que huyen de la guerra desprovistos de todo e imploran un espacio en el desvencijado autobús que les ha de evacuar del horror.
Me monto en la bicicleta y encaro la bajada. Sigue lloviendo, claro. Jarreando, que decía aquel. Me siento bien. Tengo menos frío y el agua que me golpea ya no la noto. Ya hace rato que ni lo charcos evito. Que más da. Bajo con cuidado. Hay un par de curvas de casi 180 grados que trazo como un bebé con su taca-taca, solo me falta sacar los pies de los pedales. Vienen algunas rectas. Voy superando distintos grupos hasta que enfilo el inicio de la ascensión al Portalet. Me percato que estoy en él cuando un cartel me informa de que me faltan 27 kilómetros de subida para llegar a la cima, ¡¡ veintisiete!! En realidad son 29 largos kilómetros de ascensión pero me parece que los dos primeros ni los he visto. Me pongo a rueda de dos chavales jóvenes que van con maillot negro y con ritmo alegre. Coloco el plato pequeño y me dejo entre tres y cuatro coronas para tener margen cuando las rampas vayan a más. Voy cómodo pero mis guías no aguantan. Tres kilómetros y se van para atrás. Seguiré solo. Sí, por supuesto, sigue lloviendo. Llevamos ya 80 kilómetros con agua, cerca de cuatro horas bajo la lluvia y, se lo avanzo, lo peor está por llegar. En este tipo de pruebas de resistencia uno tiene que saber que lo peor siempre está por llegar, y obrar según esa certeza.
En mi caso me topé con lo peor a falta de siete kilómetros para coronar el Portalet, justo después de superar el tercer avituallamiento, en el que no me detuve. Les cuento como si todavía estuviera allí. Llevo ya todo el desarrollo metido, 39 de plato, 25 de piñón. Me levanto sobre los pedales y, oh sorpresa, la cara externa del muslo izquierdo me avisa. Noto una tensión fuerte, como si el tirón o algún problema de fibras más importante estuviera a punto de producirse. Pongo el culo en el sillín de inmediato. Pasan un par de minutos y vuelvo a probar, segundo aviso, la cosa no marcha. Dejo pasar unos minutos más y, la ansiedad me puede, me levanto de nuevo, me vuelve a asomar el tirón. Lo dejo. Acabaré el puerto sin levantarme. Cansado, helado y con cerca de seis kilómetros de ascensión por delante, soldado al sillín, echo de menos un piñón con algún diente de más. El final de la subida se me hace eterno. Pese a todo sigo adelantando a gente. Rebaso a un conocido y le pregunto, que estupidez, "¿cómo vas?" Él sin mirarme, torciendo la boca, se limita a decirme "mira", alargando la a como quien la exprime. Cuando cruzo el alto del Portalet una mujer me da té caliente, me escaldo la lengua pero da igual, y empiezo a bajar, y me muero de frío, me muero. La tortura continúa. Sobre mis guantes hay una fina película helada. Está parando de llover. Temo que ahora se ponga a nevar. Si no fuera por el frío que hace yo diría que esto es el infierno.
Calado hasta los huesos, tengo una sensación de vacío, de malestar general difícil de concretar. No me siento con fuerzas de llegar a Sabiñánigo. Mis piernas son como dos témpanos; los pies, como corcho, y los brazos parecen de madera. Vamos, un autómata hecho de materiales de derribo. Se supone que el tiempo mejora, pero muy despacio. Espero el sol como puerta hacia la recuperación de fuerzas pero no asoma. Decido parar en el avituallamiento de Formigal, y allí me derrumbo. Bajo de la bicicleta y, cuando apoyo los pies en le suelo, noto pequeñas convulsiones en los gemelos y los cuádriceps. No me caigo de milagro. Necesito tiempo. Así no puedo continuar. Hace muchísimo frío y, mientras cojo unas galletas, un voluntario me dice que dentro hay secadores, ¡¡secadores!! Utilizo las pocas energías que me quedan para llegar hasta ellos. Somos varios ciclistas arremolinando los puños bajo el tubo que emite aire caliente, nuestros dedos luchan por encontrar un suspiro de calor. Después de unos 20 minutos allá dentro salgo a comer algo. Sigue el frío. Tengo una idea: para que comer fuera si puedo hacerlo junto a los secadores. Me cargo de almendras y galletas y vuelvo para adentro, 20 minutos más. El descanso me ha hecho bien. Estoy francamente mejor. Mucho mejor. Arranco. Me voy hacia Hoz de Jaca. A medio camino miro a mi izquierda y me veo la sombra, ¡¡la sombra!! Ha salido el sol. Tímido pero ahí está. Definitivo: voy a acabar. Paso Hoz, bajo, paso Biescas, quedan trece kilómetros a todo trapo. Voy pensando: dejaré el chip y al hotel. El diploma y la placa, para mejor ocasión. No anhelo otra cosa que quitarme la ropa mojada, meterme en el coche y poner la calefacción a tope. Ahí está la meta, paso la recta final a plato, dignidad después de tanto sufrimiento. Ya está. He superado la meta. Si pienso en la bajada de Somport me parece imposible haber acabado, pero lo he hecho. Creo que ha sido una cuestión de fe en mi mismo, si había venido a correr la carrera la tenía que terminar. Al fin y al cabo, como decía uno de Vitoria que me encontré antes de llegar al Marie Blanque, "solo es agua". Pero mucha, eso sí. Además me parece que si abandonas una vez rompes el precinto para nuevas deserciones, y no puede ser. En octubre tengo el Iron de Barcelona-Maresme, el Challange, y el año que viene, en mayo, el Ironman de Lanzarote, y después otra vez la Quebranta y, en noviembre, el maratón de Nueva York. Luego atravesaré a nado el Estrecho de Gibraltar y acabaré yendo a la Luna en globo... Si el sábado acabé la Quebrantahuesos, todo es posible, por qué no.

miércoles, 16 de junio de 2010

De economía y de burros

Pasan los días, se agravan las consecuencias de la crisis económica y no se adivinan medidas más allá de recortes en el gasto público y revisiones a la baja de los derechos de los trabajadores.
Sacrificio. Parece que del sacrificio solamente se sale sacrificando. Sacrificando no a los responsables de la crisis sino a las víctimas: a los que pidieron créditos porque les aseguraban que comprar pisos era un negocio, a los que dejaron sus estudios porque el mercado laboral les esperaba con los brazos abiertos y un buen contrato (basura, claro), a los funcionarios que vieron pasar los años de abundancia sin participar en el festín, a los que se jubilarán en peores condiciones que sus padres, a los que esperaban la aplicación de la Ley de la Dependencia, a esos pobres que se mueren de hambre y sed en África y que se pueden ir olvidando de nuestra ayuda.
Circula por internet una interesante fábula sobre burros y deudas que explica de forma sencilla como hemos acabado en la crisis que nos ahoga y como sus máximos responsables serán quienes menos pagaran por ella.
Cuando se desmoronaba el sistema financiero y los gobiernos se lanzaron prestos a rescatar a los bancos se anunció que era imprescindible reformar los mercados pero resulta que la única reforma que se concreta es la laboral para abaratar los costes empresariales, reducir las indemnizaciones y flexibilizar la negociación colectiva. Que casualidad. Es como si no hubiera otra opción que recortar por abajo, como si las crisis económicas sirvieran únicamente para restringir los derechos de las rentas del trabajo en beneficio de las del capital. Y no hay gobierno que se atreva a oponerse, ni los de izquierdas, claro, que adoptan actitudes que en nada se distinguen de los de derechas. Solamente el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, se ha atrevido a anunciar un plan de reformas financieras destinado a controlar la especulación de los mercados pero a medida que avanza en su tramitación va dejando girones de su exigencia.



El Presidente de los Estado Unidos, Barack Obama, anunció en enero mano dura contra los bancos y la especulación. Ese día, como respuesta, bajó la bolsa. Cinco meses después los planes de Obama han superado el trámite del Senado pero van perdiendo fuerza.



En Europa ni siquiera se ha llegado donde Obama, nada se ha legislado para evitar que las malas prácticas de los bancos acabaran arrastrando la economía continental. En cambio, eso sí, se han decidido curas de caballo para las economías nacionales en problemas. Grecia ha sido el primer país intervenido económicamente, los demás estados han tenido que aplicar drásticas medidas de ajuste, pero nada hace pensar que no se tenga que ir todavía más allá. El fantasma de la intervención pende sobre España, sobre Portugal, los avisos no cesan, las amenazas siguen.




Haciendo honor a aquello de que "quien tuvo, retuvo", Daniel Cohn-Bendit, eurodiputado verde, habla de la crisis económica para denunciar la hipocresía de los políticos, su incapacidad, su supeditación a los intereses económicos y como se pretende hacer pagar los platos rotos a quien menos tiene.




El caso español es un buen ejemplo de la falta de músculo político. Las órdenes de ajuste de la Unión Europea rompen de un día para otro toda una supuesta filosofía de gobierno y no se dan más explicaciones; ni de los errores cometidos, ni de las nuevas decisiones, ni de sus consecuencias. De la posibilidad de resistirse, ni hablamos. Así las cosas, de aquí en adelante, en los programas electorales debería constar que los compromisos son "hasta nueva orden", que los caminos están marcados, que no es la política quien decide el camino sino el camino (económico) el que marca por donde va la política.
No hay recetas mágicas ni nada parecido. Es evidente que ningún gobierno nos pueda sacar de ésta de un día para otro. Lo que es lamentable, empezando por nuestro Rodríguez Zapatero, es que haya tenido que explotar el mundo bajo nuestros pies para que los políticos se dieran por aludidos, para que se percataran de que venía la crisis, de que estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades, de que íbamos a chocar contra un muro. Menudos dirigentes, si no son capaces de detectar la enfermedad, cómo vamos a esperar que sepan curarla. Si no sirven para diagnosticar nuestros males y, luego, se limitan aplicar las medidas que marcan los mercados vía FMI o Unión Europea, ¿no será que estamos gobernados por una banda de inútiles? Es más, ¿no será que nuestros gobernantes son simples títeres cuyos hilos mueve la Mano Invisible de Adam Smith para hacer creer que se regula la economía cuando, en realidad, no se hace otra cosa que desregular?