lunes, 28 de diciembre de 2009

Toros rotos

Dos viñetas de "El Roto" que evidencian las razones por las que las corridas de toros no solamente deberían ser ilegales en Catalunya sino en toda España (haz clic sobre las imágenes):






viernes, 25 de diciembre de 2009

Sobre el 30% de independentistas catalanes

Este 2009 no ha sido un año más en cuanto a la relación entre Catalunya y España. La nueva financiación autonómica, el debate centrado en la constitucionalidad del nuevo Estatut, con todas las circunstancias que lo han rodeado, y la celebración de distintas consultas ciudadanas sobre la independencia de Catalunya han hecho de 2009 un año que deberá revisarse cuando, dentro de un tiempo, se recapitule sobre la realidad territorial de España.
2009 ha demostrado que en Catalunya hay instalada una fuerza independentista que está para quedarse, para crecer, para llegar a la consecución de un estado propio. No son colectivos radicales, ni jóvenes predispuestos a la algarabía callejera, no son partidos menores, ni la ensoñación de gente que está fuera de las instituciones. Tampoco parece haber nadie en Catalunya dispuesto a buscar la independencia por el camino de la violencia. El independentismo en Catalunya no es ni un arrebato ni una improvisación sino la consecuencia del trabajo de una suma de generaciones. Jordi Pujol siempre defendió que el papel de los políticos catalanes de la transición no era conseguir un Estado propio para Catalunya sino desarrollar su autogobierno para que la generación siguiente pudiera, si así lo quisiera, ir hacia la independencia. Hoy un hijo suyo, Oriol Pujol, es un dirigente de CiU que se reconoce abiertamente independentista. El guión se va cumpliendo.
Son mucha gente y es mentir o engañarse resumir las votaciones sobre la independencia del pasado 13 de diciembre diciendo que no votó ni el 30% de los convocados a las urnas.
No es oportuno despreciar lo sucedido en Catalunya; no lo debe hacer Zapatero, no lo debe hacer nadie.
Permítanme un cálculo sencillo en números redondos que demuestra que ese supuesto "menos del 30%" no es un dato insignificante. De un censo de 700.000 posibles votantes, el pasado 13 de diciembre pasaron por las urnas 180.000 personas. Bien. Recuérdese primero las últimas participaciones electorales en Catalunya: un 56% en las Autonómicas de 2006; un 49% en el referéndum del Estatut, también en 2006; un 71% en las Generales de 2008, y un 37% en las Europeas de 2009. Suponiendo, pues, que si hubiera sido un referéndum oficial, y la participación hubiera llegado al 65%, los votantes hubieran sido alrededor de 455.000, es decir, unos 275.000 más de los que hubo el pasado el pasado día 13. Así las cosas, solo que un 18% de esos votantes añadidos se decantaran a favor de la independencia, ésta hubiera sido la ganadora, 230.000 frente a 225.000. Solo con un 18% de independentistas frente a un 82% que doy por supuesto que votarían no a la independencia. Claro, es un cálculo de "política ficción" pero sirve para ver con claridad que despreciar lo sucedido el día 13 es de miopes.
El independentismo catalán no es de pureza de sangre, es un independentismo desde la integración. El nacionalismo español tiene un problema grave, una enfermedad perfectamente diagnosticada en psiquiatría, se ha acabado creyendo sus propias mentiras y, por tanto, no están en la realidad. En Catalunya no peligra el castellano, en Catalunya no se persigue a quien no habla catalán, en Catalunya no hay nada más sencillo que vivir en castellano, en las escuelas catalanas no hay problemas por culpa de los idiomas, la administración catalana no discrimina a los castellanoparlantes. El nacionalismo español, el PP, "El Mundo", la "COPE", el "ABC" podrán engañar a un señor de Córdoba o una señora de Lugo pero no a quien vive en Barcelona, Vic, Tàrrega, Valls o Figueres. Todas las sociedades tiene sus problemas, sus contradicciones y sus sombras pero de eso a la imagen de una Catalunya en permanente estado de excepción nacionalista dista un mundo. Hay periódicos en Madrid que se burlan de que José Montilla sea un President de la Generalitat que habla mal el catalán o de que Johan Cruyff sea un "seleccionador nacional de fútbol de Catalunya" que se expresa en castellano. Ironizan sobre eso cuando tal circunstancia lo que demuestra es el carácter integrador del nacionalismo catalán, justo lo que esos mismos periódicos niegan.
Encajar esta fuerza independentista en España, ser capaces de reconducir la dinámica hacia la conllevancia es, o era, posible pero no es sencillo. Lo sencillo es echarle gasolina al fuego, avivar el incendio de Catalunya para recoger votos en España. Es un cortoplacismo suicida, el paso del tiempo juega contra esta estrategia. La conveniente sería la contrario: explicar desde España y para España la realidad de Catalunya, procurar entenderla. Pero, claro, eso no da votos inmediatos, es más, incluso puede restar. En estas disyuntivas es cuando los políticos se ponen a prueba.
En este momento, la cuestión catalana es, políticamente, mucho más compleja que la vasca.
En Catalunya no hay un polo de división nacionalista, como es el terrorismo en Euskadi, nadie asesina, nadie mata. Desde el propio independentismo vasco se asiste con atención a lo que se podría llamar "independentismo moderado" catalán, pero no moderado por su falta de intensidad independentista sino porque afecta sectores de centro derecha, burgueses, muy lejos de esa caricatura de la "kale borroka" del casco antiguo de Sant Sebastián.
Habíamos quedado que con la palabra se puede reivindicar cualquier cosa, pues ya está aquí la reivindicación, a ver qué hacemos ahora. Aquí no sirven las soluciones policiales, ni las persecuciones. Cuando el vehículo es la palabra, solo se puede vencer convenciendo y, para ello, hay que debatir, ser capaces de entender las razones del otro y hacer entender al otro las propias. Se pedía una vía pacífica, pues bien, ya estamos en ella, por esa vía se acerca un tren a toda máquina y no parece dispuesto a descarrilar.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Los lunes, repaso: PRISA no vende

Que distinto ven nuestros periódicos la boda entre "Tele 5" y "Cuatro". Me voy a detener las ediciones del sábado 19 de diciembre de dos cabeceras con posiciones muy dispares sobre el tema, "El País" y "El Mundo".
"El País", buque insignia de "Prisa", la casa madre de "Cuatro", presenta la noticia como el nacimiento de un gran operador televisivo. El titular de portada es: "Telecinco y Cuatro crean el mayor grupo de televisión en abierto". "El Mundo", por contra, dice en portada: "Prisa vende a su denostado Berlusconi la cadena que le dio Zapatero". Como se ve, planteamientos muy diferentes. "El Mundo" carga las tintas en lo que se podría llamar información complementaria, le añade interpretación en un tono crítico respecto a "Prisa" ya que los presenta como poco coherentes, "vende a su denostado Berlusconi", y cercanos al gobierno, "la cadena que le dio Zapatero". "El País" hace lo contrario, todo asepsia. Nada de juicios. Lo único que aporta son datos que apuntan a la bondad de la operación. Por eso habla de creación de una gran empresa, "crean el mayor grupo", cuando de lo que se trata es de la venta de "Cuatro", cualquier otra cosa es marear. Los dos periódicos solo coinciden en que el tema en portada es un recuadro menor.
"El País" se refiere a la operación como "acuerdo para la integración de actividades" y repite, palabra por palabra, el titular de portada.
Un par de cosas llaman la atención: el artículo, que ocupa una página entera menos un pequeño recuadro, va en la sección de economía cuando "El País" acostumbra a colocar este tipo de temas en "comunicación" y no lleva firma de ningún redactor. Por contra "El Mundo" sí lo ubica en "Comunicación" y la pieza va firmada por Vicente Ruiz, un habitual en estos menesteres.
"El País" dirige el objetivo de su información hacia el futuro. Así destaca que se trata de "el primer gran paso en la consolidación del negocio audiovisual español". Obviamente esto no tiene nada de información ya que puede ser el primer paso o no y puede ser hacia la consolidación o lo contrario. El recuadro que añaden como complemento de la noticia se limita también a especular sobre el futuro; su título es: "Un gigante audiovisual".
El periódico de "Prisa" no aclara en ningún momento que el negocio en cuestión no es otra cosa que la venta de "Cuatro". Se limita explicar que "Telecinco efectuará una ampliación de capital que será suscrita por Sogecable, filial de Prisa, mediante la aportación de su negocio de televisión en abierto". O sea, venta.
"El Mundo" es generoso en la revisión del pasado, cosa que "El País" no hace nio por asomo. Recuerda el diario de Pedro J. Ramírez que "Prisa" ya cerró "Localia" hace un año y que la cadena en abierto que ahora "venden" la obtuvieron hace "solo" cuatro años cuando el gobierno Zapatero se la permutó por la licencia de "Canal+", codificada y de pago. La memoria de "El Mundo" da también para añadir que hace dos meses la directora de Contenidos de "Cuatro", Elena Sánchez, aseguró que "una fusión con T5, en términos televisivos, sería una autentica salvajada".
Sobre la empresa resultante de la compra efectuada por Telecinco, "El País" no va más allá de decir que la participación de "Prisa" será de un 18'4%. "El Mundo" le añade un dato interesante que pone en evidencia que la supuesta fusión o integración es tan desigual que lo pertinente es hablar de venta. Dice "El Mundo" que todos los cargos importantes de la empresa serán decididos por Mediaset, la empresa de Silvio Berlusconi, y que "Prisa" tendrá únicamente dos consejeros, uno de ellos vicepresidente pero sin responsabilidades ejecutivas. También es este periódico el que contextualiza la información en la mala situación económica de "Prisa" que arrastra una deuda de 5.000 millones de euros.
Como datos complementarios lo que añade "El País", en su línea de ofrecer una imagen idílica de la operación, es que se suman la "televisión comercial líder en audiencia y beneficios", por "T5", y "el mejor perfil comercial del mercado", por "Cuatro".
Merece también una mención el editorial que publica "El País". Es sorprendente como se desvía toda la atención de la operación en si hacia el futuro (supuesto) mapa audiovisual español. Abundan las obviedades, las justificaciones y las advertencias: "las fusiones pretenden conformar empresas más fuertes", "era necesaria una reorganización a gran escala", "construir empresas con economías de escala más adecuadas y mayor capacidad para organizar los contenidos". Se permiten el lujo incluso de arremeter contra el gobierno Zapatero por haber concedido una nueva licencia de televisión en abierto a "La Sexta" y nada dicen de la creación de "Cuatro" por decisión del propio gobierno Zapatero hace cuatro años.
Y añaden: "ha quedado claro que no había una plan organizado para ordenar el mercado televisivo. Las fusiones vienen a salvar ese lastre".
En resumen: al margen de algún exceso que "El Mundo" se pemite, cualquiera que quiera saber algo más allá dela información oficial, tipo nota de prensa, de la noticia que nos ocupa es mejor que opte por el periódico de Pedro J. Ramírez. Lo de "El País" es interesante en la medida que explica como se hace para explicar un hecho sin explicarlo de verdad. Es aquello de definir león sin poder utilizar animal, rey, selva y melena. Vamos, un juego.
Se podría mirar lo que hacen otros medios en el tratamiento de la cuestión. Eso se lo dejo a ustedes. Les anuncio que procuraré, semanalmente, detenerme en el tratamiento de la información en los distintos medios. Me molesta que todo el mundo se presente como periodistas profesionales cuando lo habitual es que cada quien arrime el ascua a su sardina, poniendo las más de las veces el negocio por delante de la información. Veremos cómo y cuánto lo hace cada cual. Los matices, las diferencias y las intensidades de las trampas y manipulaciones son muy importantes.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Moderna forma de comprar periodistas

Cuando nadie contesta determinada pregunta es porque la respuesta no nos iba a gustar. Por eso no hay manera de saber cuánto dinero se gastan cada año los poderes públicos en España en ayudas de toda índole a los medios de comunicación: reducciones impositivas, ayudas por papel, por renovación tecnológica, subvenciones por emisiones o publicaciones específicas, patrocinios, publicidad institucional...
Recientemente en Francia, Nicolás Sarkozy anunció que iba a invertir en tres años 600 millones en ayuda a la prensa. Mucho dinero. El proyecto francés, como otros en Europa, es transparente: especifica las condicones para recibir las ayudas y la cuantía de las mismas. En España, ni una cosa ni la otra, el dinero se reparte de forma arbitraria y bajo un manto inescrutable de misterio. Y es mucho dinero.
En tiempos de Pujol, en Catalunya "La Vanguardia" recibía más ayudas que el resto de medios juntos y los datos que lo demostraban no se conocieron hasta que Convergència i Unió perdió el poder. En el País Valenciano, el gobierno del PP de Eduardo Zaplana recibió múltiples sentencias judiciales en contra por discriminar en el reparto de la publicidad institucional a los medios que consideraba hostiles. En Galicia, su Tribunal de Cuentas, en el primer informe que hizo sobre las ayudas que la Xunta daba a los medios, empezó destacando que se habían repartido 14 millones de euros sin ningún criterio específico. Hay mucho más casos. Y simplemente se habla de subvenciones, si a esto se le añade, como en el caso valenciano, publicidad y pago por campañas diversas, las cifras se disparan.
No estamos ante un tema menor. Afecta a la democracia comunicativa, tiene que ver con el derecho de los ciudadanos a recbir una información libre y veraz, gravita sobre la libertad de expresión de los periodistas.
Nuestros días no son los de Alfonso XIII cuando Francesc Cambó cuenta que al entrar como ministro de Hacienda se encontró tal ristra de periodistas a sueldo que "si un día viniesen todos al Ministerio no habría suficiente sillas y mesas". Las cosas han cambiado pero me temo que más en las formas que en el fondo, más en el cómo que en el qué. Es evidente que todo aquel que da algo espera una contraprestación. Entre que los políticos tienen por suyo el dinero de las instituciones que dirigen y lo que menos les gusta son las críticas, que los empresarios de los medios son primero empresarios y luego de medios y que los periodistas suelen entender los negocios de la casa y supeditar a ellos su tarea, el peligro de manipulación informativa es tan claro como que dos y dos suman cuatro. Por eso es tan importante que se haga público cuánto reciben los medios y de quién en cada caso. Hay iniciativas periodísticas que no tienen más sentido que la financiación pública a cambio, claro está, de poner el medio al servicio de quien paga.
El debate sobre si este tipo de ayudas es o no pertinente es grande. Hay quien las niega porque niega toda intervención de la administración en la economía y, sobre todo, están los que interpretan que más subvenciones equivalen a menos independencia de los medios. Por supuesto, desde el lado de los editores las ayudas son constantemente reclamadas y muy bien recibidas. Incluso los medios con una linea editorial más marcadamente liberal, que reclaman el cierre de todas las radio y televisones públicas, hacen una excepción cuando son ellos los que han de recibir dinero de la administración. Al margen de los económicamente interesados, también justifican las ayudas aquellos que consideran que la administración debe velar por el pluralismo informativo y compensar los desequilibrios del mercado. Sea com sea, lo que no tiene debate posible es que los criterios para dar las ayudas han de estar claros y, más allá de esto, saberse muy bien cúanto recibe cada medio y de qué administración.
De la mala salud de nuestra democracia y de nuestro periodismo habla a las claras que ni los gobiernos se ven en la necesidad de hacer públicas todas las ayudas que dan y en base a qué, ni, por su parte, los medios se autoimponen aclarar a sus lectores, oyentes y demás, con pelos y señales, quien les paga y cuánto. ¿ Cuanto recibe "ABC" del gobierno de Murcia? ¿Y "El Mundo", del de Madrid? ¿Y la cadena "SER", del de Andalucía? ¿Y "El País? ¿Y de los ayuntamientos, diputaciones, etc.? Todo, ¿cuánto reciben en total de las administraciones? Si los medios basan su trabajo en la información, si necesitan ser creíbles y si reclaman transparencia a los demás, deberían empezar por ellos mismos. Transparencia, así se entenderían mejor muchas de las informaciones que se publican. Seguro

lunes, 14 de diciembre de 2009

Raimon, de veto en veto

Serán corruptos, pero siguen ganando elecciones. Los indicadores objetivos que describen su gestión son un desastre, pero siguen ganando elecciones. El Partido Popular de la Comunidad Valenciana, con el elegante Francisco Camps al frente, vive inmerso en una ciénaga de corrupción y su tarea gubernamental en la Generalitat está muerta desde que saltó el escándalo "Gürtel"; digo muerta porque lo que es paralizada en la simple oposición al gobierno Zapatero lo está ya desde 2004. Siendo esto así, tengo para mí que cualquier observador mínimamente informado de la realidad política valenciana da por hecho que el PP será el próximo ganador de las elecciones autonómicas en Valencia, tanto si su candidato es Francisco Camps, como si lo es Rita Barberá o lo es el gato de mi vecina. Ganador por mayoría absoluta.
La perpetuación del PP en el poder valenciano no se entiende si no se analiza lo que hay enfrente, si no se revisa el estado de su oposición política. Camps y su gobierno, Camps y su partido tienen delante una oposición inexistente, empeñada en repetir modos y actitudes que se han demostrado inútiles; incapaz de renovar sus caras porque un grupo de 200 profesionales de la política se niegan a irse a casa y buscar algún trabajo lejos del partido; sin estrategia más allá de la crítica improvisada y el lamento permanente; desconfiados hasta el infinito en relación a los que están fuera de sus sedes.
La oposición valenciana tiene un gravísimo déficit de credibilidad porque son, como el PP, maestros en decir una cosa y hacer la contraria, y para eso ya están los que están.
Hoy, el cantante y compositor Raimon, valenciano de Xàtiva, ha recibido la Medalla de la Universitat de València. Ha sido un acto entrañable, con muchas personalidades de todos los ámbitos sociales y culturales entre el público. Raimon es, entre otras muchas cosas, la persona que ha recuperado a los mejores poetas valencianos de los siglos XV: Ausiàs March, Jordi de Sant Jordi, Roís de Corella, Joan de Timoneda... Nadie había del PP, ni como representantes institucionales, ni a título personal. La cultura del PP no va más allá de las fiestas folclóricas, los grandes montajes deportivos y la interpretación del himno regional a cargo de Francisco. En cultura también son zombis.
Ahora viene la otra parte: uno de los que estaba en las primeras filas de butacas era Joan Lerma, hombre fuerte del PSPV-PSOE desde hace 30 años. Lerma fue President de la Generalitat entre 1982 y 1995 y todavía hoy encabeza una familia interna del partido que no se pierde ningún reparto de cargos. Él, de hecho, sigue de senador. Pues bien, durante los años de Lerma al frente de la Generalitat, Raimon, igual que, por ejemplo, Ovidi Monllor, era un cantante vetado en Canal 9, la televisión pública valenciana. El único reportaje y recital de Raimon que ofreció Canal 9 por aquellos años fue a finales de 1994 cuando los socialistas, que ya le veían las orejas al lobo de la derrota electoral, se lanzaron a por el electorado más nacionalistas que ellos creían más sensible a la presencia del cantante. Por eso, que hoy el Canal 9 del PP desprecie a Raimon no es nada nuevo. Y así, todo.

Esto es un ejemplo, para quien pueda no conocerlo, del trabajo de Raimon con los poetas valencianos del Siglo de Oro de las Literatura catalana.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Desinformados pero tranquilos

Una vieja canción de Chicho Sánchez Ferlosio y Joaquín Sabina titulada "Círculos viciosos" se refería a un tal Ramón que, al parecer, estaba pasando un mal momento y decía:

"¿Por qué está tan triste?
Porque está malito
¿Por qué está malito?
Porque está muy flaco
¿Por qué está tan flaco?
Porque tiene anemia
¿Por qué tiene anemia?
Porque come poco
¿Por qué come poco?
Porque está muy triste
Eso mismo fue
lo que yo le pregunté".

Hoy he leído en prensa una noticia ("El Síndic de Greuges respalda de nuevo las críticas a RTVV") que me ha llevado a esa pieza de Ferlosio y Sabina.
Contemplar, como si de una secuencia se tratara, lo que se esconde detrás de la información referida es una lección perfecta de democracia oficial, o sea, virtual, o sea, una broma.
Veamos:
Radiotelevisión Valenciana (RTVV) incumple todos los principios que dieron lugar a su puesta en marcha y no pasa de ser una herramienta de propaganda del PP y del gobierno de la Generalitat de Francisco Camps. Así las cosas, los sindicatos de la casa denuncian el caso al Síndic de Greuges, el Defensor del Pueblo autonómico, un cargo ocupado por un histórico militante del PP, José Cholbi. El Síndic resuelve que es preciso reclamar a la dirección de RTVV el cumplimento de sus principios fundacionales con especial atención al pluralismo informativo. Los sindicatos lo celebran. En breve el Síndic hará llegar a la dirección de RTVV su fallo. Luego, la mencionada dirección, ocupada por una persona puesta a dedo por el propio Francisco Camps, dará acuse de recibo, agradecerá la observación, mostrará interés y asegurará tenerla en cuenta. Punto y final. Todos habrán cumplido con su papel. Todos saldrán satisfechos. Eso sí, en RTVV no cambiará nada, la censura y la manipulación informativa permanecerán inalterables. Como en la canción de Krahe, el final está en el punto de partida: "eso mismo fue lo que yo le pregunté". Continuaremos desinformados pero tranquilos porque las instituciones funcionan.

Les dejo a Sabina cantando "Círculos viciosos". Se trata de una versión en directo en el programa de Televisión Española "Si yo fuera presidente", aquel famoso espacio de los años ochenta, participativo, original, divertido y crítico, imposible en la TV de hoy, que dirigía Fernando G. Tola.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Los políticos no atracan gasolineras

Lo dijo Alfonso Guerra con ocasión de unas excusas que le presentaba el entonces Presidente andaluz José Rodríguez de la Borbolla. El diálogo vino a ser:
Guerra: Ya está bien de reclamar.
Borbolla: Bueno, pues dime dónde está la raya.
Guerra: LA RAYA SE MUEVE.
Ahí está la clave para entender la acción política: "la raya se mueve".
No tienen vergüenza. Piensan nuestros políticos que pueden estar tomándole el pelo a los ciudadanos años y años.
Hoy "día contra la corrupción", eso dicen, como si pudieran existir días que no fueran "contra la corrupción", vuelven a resonar por doquier los compromisos de honradez, ahora les llaman "códigos éticos".
Los códigos éticos son besos de Judas, listados de obviedades que se presentan para encubrir su incumplimiento plenamente cosnciente. Quien no tiene nada que esconder no va a listados, se ajusta la ley y se acabó.
¿Para qué queremos códigos éticos que no son de obligado cumplimiento, si la ley no se cumple?
¿Mariano Rajoy nos toma por tontos a todos cuando nos quiere hacer creer que Carlos Fabra se ajustará a un código ético cuando se pasa la ley por el forro? ¿Y que decir del socialista balear Antich, que pacta su código con aquellos que son perseguidos por la ley? ¿Qué broma es esta?
Para que no exista corrupción política lo más sencillo es que no hubiera políticos corruptos. Algo tan fácil como que todo político que reciba una oferta de compra lo denuncie de inmediato. Una cosa tan simple como que cualquier político que, de la noche a la mañana, haga negocios extraños para el común de los mortales sea apartado por sus propios compañeros de partido. Apelar al sentido común. Dos y dos cuatro. Si hay colillas es que se ha fumado. Y si está mojado es que ha llovido.
Dado que el párrafo anterior es "naif" se precisa pasar a la siguiente fase. Puesto que la política española de hoy está llena de corruptos, puesto que los códigos éticos no sirven para nada, lo que se precisa es legislar. Legislar con dureza. Legislar como legislaría quien no tiene nada que obtener de la corrupción política, ya que aquí está el meollo de la cuestión: los políticos son juez y parte. La leyes que aprueban también les afectan a ellos, luego se las hacen a medida.
En temas de corrupción, imputación debería ser causa inmediata de cese en el cargo y baja en el partido. Cuestiones de aforamiento y tribunales especiales, ni hablar: los políticos con sombra de corrupción quedarían en manos del juez ordinario, así fueran senadores, diputados o presidentes del gobierno. Es más, determinados errores de gestión y perdidas económicas en empresa públicas se debería pagar con la inhabilitación de sus responsables porque tanto despilfarro lo que amaga es latrocinio, puro y duro. Por supuesto, los partidos políticos deberían gastar mucho menos, muchísimo menos.
Se argumenta siempre que hablar de que los políticos son, en general, corruptos es injusto. Yo no estoy de acuerdo. Es posible que no todos metan la mano en la caja, aunque visto lo visto hay muchos que lo hacen, pero eso no puede ser todo. La corrupción política está generalizada porque hay un manto de silencio, de comprensión y de "así son las cosas" que nadie rompe, y eso es también corrupción.
El uso que se hace de las empresas públicas para colocar a los afines, incluso a veces a los contrarios para que se callen; la acumulación de cargos y sueldos; la manipulación de los medios de comunicación afines y los intentos de compra de los contrarios; el reparto de los consejos de administración; las cajas de ahorro como botín de guerra; las sagas familiares enteras con cargo; la organización partidaria por facciones huyendo de todo debate interno; las eternas poltronas y el encadenamiento orgánico de responsabilidades... Todo esto no hay ningún político que se atreva a romperlo y eso es la puerta abierta a la corrupción. Y puesto que lo hacen todos, todos lo esconden. Es simple miseria, son legión los cobardes metidos a políticos, los mediocres que no tienen a donde ir y que callan porque con su silencio compran una nueva legislatura en el Senado, en el ayuntamiento, en la Diputación, en el Congreso o en Estrasburgo. A veces es peor, lo único que defienden es su plaza de asesor del concejal o del diputado, el puesto de trabajo de un hijo o la compra de material en la papelería de la señora. En el mejor de los casos, por tanto, los políticos son cómplices de la corrupción que nos ahoga. Siempre por dinero. Si fueran valientes, atracarían gasolineras. Y acabarían en la cárcel, claro.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Una mierda es una mierda, aunque "El País" se empeñe

No hace ninguna falta que Tomás Delclós aproveche su columna en "El País" para seguir justificándose por haber estado en el jurado que hace unas semanas le concedió a Jorge Javier Vázquez, de "Sálvame" de Telecinco, el premio "Ondas". Ya está. Puede pasar a otra cosa.
Yo no. Yo quiero aprovechar la cuestión, transcurridos ya bastantes días, para hablar, no de Vázquez, sino de quienes le dieron el premio.
En su artículo del pasado martes, Delclós, después de ponernos al día de la cuantiosa y elevada producción intelectual que ha dado de si el análisis de "Los Simpson" arrimó el ascua a su sardina. Delclós llevó su discurso hasta presentar a Vázquez como alguien capaz de conducir un programa banal al nivel que justificaría un estudio erudito. No lo creo. "Sálvame" es telebasura se mire por donde se mire. En "Sálvame", con Vázquez o sin él, no hay ni un milímetro del talento de "Los Simpson". Ni de la capacidad creativa, ni de la originalidad, ni de la intención. "Sálvame" son un grupo de personas sin ningún conocimiento de nada y sin ninguna gracia que no destinan ni un segundo de la emisión a ningún contenido dirigido al cerebro. Todo es víscera; el desparpajo de quien sabe que su éxito depende de huir de todo pensamiento, de todo aquello que pueda mover a la reflexión. Se trabaja con los bajos instintos, con las miserias humanas, se saca punta y se aprovecha toda debilidad que se pone a tiro. Se compran las mentiras para venderlas como verdades. Se insulta, se dramatiza y se exagera, todo como en las riñas callejeras de peor catadura. Esta televisión existe, y tiene su público. De acuerdo, pero que no venga Delclós a decirnos que esta "mierda" es una "ensaimada". Dice que se ríen. También en "Tómbola" se reían.
A los que no les salió carcajada ninguna en su día fue a los directivos de la "Cadena Ser" que tuvieron que recordar al presentador de la gala de los "Ondas", Carles Francino, ante sus reticencias, que era un trabajador de la emisora. "La SER organiza los "Ondas", tú los presentas". Cuestión de leer el contrato. Luego, viendo que Francino se negaba al menos a entregar el premio a Vázquez dejaron la tarea en manos de un actor, Arturo Valls. Desde el periodismo es imposible dar un premio a Vázquez. Lo debería saber Delclós. Estaría bien, por cierto, que aprovechara su columna para contar estas cosas que yo he contado. Lo sabe mucho mejor que nadie.
Tomás Delclós compartió jurado del "Ondas" con un grupo de personas vinculadas al mundo de la comunicación que pasan por ser tan exquisitos y exigentes como él. A saber: Antón Reixa, que estaría bien que explicara como conviven en su interior el látigo de la telebasura que va de bolos a la Menéndez Pelayo y el guante de terciopelo que otorga premios a Vázquez; Francesc Escribano que, visto lo que considera renovador, es una lástima que no se atreviera a renovar en TV3 durante los años que dirigió esa televisión, y Fernando Bovaira, productor de "Mar Adentro" y "Los otros", que parece no distinguir entre "javieres", Bardem o Vázquez, y le de da igual Belén Rueda que Belén Esteban. Bueno, también estaba Daniel Gavela, el director general de "Cuatro". En este caso, nada que decir. Viendo el "Granjero busca esposa" o el "Elígeme" que se emiten en "Cuatro" se entiende que Gavela premie a Vázquez y, por añadidura, a "Sálvame" y a la telebasura.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Ilustrísimos/as diputados/as: ¿jalean o patean?

Hoy que ha habido pleno en el Congreso de los Diputados, el proyecto de ley del gobierno sobre Economía Sostenible ha sido el tema a tratar. Ha sucedido lo de casi siempre, los diputados se han dividido, con algún matiz, entre los que jalean al presidente Zapatero, el grupo mayoritario, los socialistas, que recibían al jefe, y los que pateaban, los demás.
Los partidos políticos se han convertido en una especie de monstruo transversal que hace de la división de poderes un espejismo que ellos mismos se empeñan en alimentar. La sede de la soberanía popular, el parlamento, lo han convertido en una correa de transmisión del poder ejecutivo, del gobierno, que es quien debería ser el controlado. El mundo al revés, y ellos tan campantes, y el ciudadano asintiendo. La máxima responsabilidad tiene nombres: PSOE y PP. A ellos ya les va bien. Unos días son víctimas y los otros verdugos, según estén en el poder o en la oposición en cada caso, pero les funciona. Su balance, atendiendo siempre al partidismo y no al interés general, les da positivo. De cualquier cambio saldrían perdiendo. Por eso no lo hacen, aunque los beneficiados fueran la democracia y el mejor servicio a los ciudadanos. Se diría que la soberanía popular no les importa más allá de que sobre ella edifican su "modus vivendi", sus coches oficiales, sus recepciones reales, sus invitaciones a saraos de tronío, sus palcos en el Bernabeu, sus pasajes gratuitos, sus tratamientos de señor don y sus fotos con Obama, el Papa de Roma o Rafa Nadal.
En distintos artículos recientes me he detenido en lo que me parecen agujeros negros de nuestra democracia: la necesidad de listas abiertas, la falta de democracia interna en los partidos, como promocionan siempre a los peores y el bajo nivel de nuestra clase política.
Anteayer llamaba la atención como, en este caso el PP, presenta un recurso ante un organismo, el Tribunal Constitucional, cuya composición depende de sus votos. Lo peor no es eso. Lo más grave es como han pervertido el papel de los parlamentos. Ningún otro atropello tiene su valor simbólico.
El punto 2 del artículo 66 de la Constitución Española lo dice meridiana claridad: "Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución".
En la práctica algo, tan básico y sencillo, no es cierto. La sacrosanta Constitución, incumplida por quienes más la deberían observar. El espíritu de la soberanía popular no asoma por lugar alguno y el control de los parlamentos lo ejercen quienes deberían ser el objeto de control, los respectivos gobiernos. La democracia de partidos ha desembocado en una partitocracia que lleva a que el grupo parlamentario dominante ejerza de palmero del gobierno. El grupo controla el parlamento y el partido, el mismo que gobierna, controla al grupo. Perfecto. Solamente hay que ver quien está al frente dela bancada socialista, José Antonio Alonso; no debe haber en las filas socialistas nadie más próximo a Zapatero. Y para las minorías no queda otra cosa que el derecho al pataleo. Eso sí, el pataleo lo ejercen, en general, con entusiasmo. Es de lo que mejor les sale, para lo que más dotados parecen. En eso se quedan.
Las minorías parlamentarias tienen una presencia que no va más allá de lo institucional pero ninguna efectividad. Están en los órganos de dirección, pero como si no. Todo se resuelve votando, incluso lo que es puro ejercicio de la necesaria transparencia que se le supone a un parlamento, y la minoría, claro, siempre pierde.
La mayoría parlamentaria puede negar, y de hecho niega reiteradamente, toda la información, datos y documentos que la minoría reclama para poder hacer su tarea de control. No pasa nada. Nuestra democracia lo aguanta.



La distribución de los tiempos de intervención en las sesiones parlamentarias es también desproporcionada hasta la caricatura a favor del gobierno. En las sesiones más importantes, las de más trascendencia pública, el gobierno dispone de turnos de palabra sin límite de tiempo, frete a lo acotado de los grupos parlamentarios.
Además, los debates son falsos ya que todo viene cerrado desde las cúpulas de los distintos partidos. En los escaños, o en las comisiones, se escenifican diálogos de sordos, en el mejor de los casos para disfrute de los periodistas presentes. El colmo del ridículo son las comisiones de investigación que dependen para su puesta en marcha y su funcionamiento de la voluntad del investigado, el propio gobierno. Surrealista pero verdad. Raro es que se ponga una comisión en marcha y, en todo caso, a la que resultan molestas se estacan y se cierran.
Incluso la función legislativa de los parlamentos se ha desplazado hacia el terreno del ejecutivo. En sede parlamentaria el trabajo se limita cada vez más a la ratificación de las iniciativas gubernamentales en detrimento de las proposicione de los grupos. Nadie parece extrañarse de esto, y mucho menos que nadie sus señorías.
Nuestros parlamentarios, por extraño que parezca, son en el ejercicio de su tarea ciudadanos con la libertad de expresión limitada. Su voz está sujeta a la disciplina partidista sin margen ninguno. Hablan los portavoces y los demás se limitan a votar aquello que indican sus respectivos jefes de grupo. Nadie puede tomar la palabra por su cuenta, nadie puede dar su particular versión e aquello que se discute. En las Cortes de Cádiz a esos diputados que se limitan a votar poniéndose en pie y volviéndose a sentar les llamaban “culiparlantes”. Cuentan las crónicas de un diputado de provincias a quien sus votantes recriminaron que no intervenía en las Cortes. Su respuesta fue enseñarles un diario de sesiones y decirles: “miren lo que dice aquí: rumores, gritos, pateos… ¡pues aquí estoy yo!”.
Nada de todo lo dicho se puede justificar con la necesidad de racionalizar el funcionamiento de las cámaras y encauzar el debate. Nada. La creciente complejidad de nuestra sociedad debe reflejarse en la democracia, en sus instituciones y en sus representantes. Para simples y fáciles de gobernar ya están las dictaduras.
A día de hoy, a Zapatero no se le puede exigir que encuentre la salida a la crisis económica en la que estamos metidos pero de aquel del “no nos falles” se podía esperar un intento por “democratizar nuestra democracia”. Al menos un intento. Como diría Carme Chacón, “va a ser que no”.

A continuación unos ejemplos de espíritu parlamentario: