martes, 17 de noviembre de 2009

Un oxímoron real: democracia sin debate








¿Debe cualquier ciudadano español renunciar a su derecho constitucional a la libertad de expresión si quiere militar en un partido político? Oficialmente, no, por supuesto. Esto es una democracia. Claro que se trata de una democracia tan particular que, hace 15 días, la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, salió del Comité Ejecutivo Nacional de su partido con el siguiente discurso:

"Hemos considerado inadmisible que se hagan manifestaciones publicas sobre asuntos internos del partido, o que se haga críticas a compañeros de manera pública o a través de medios de comunicación; que se presione públicamente a órganos del partido y que se impongan las obligaciones que a todos nos imponen los estatutos".

Se puede escuchar de su propia voz con mayor extensión:




Esta negativa a que se haga pública toda crítica u observación al funcionamiento del PP, extensible a cualquier otro de los grandes partidos españoles, no se plantea una vez garantizado el debate interno, sino todo lo contrario.
El debate interno en el si de los partidos no existe desde antiguo. Lo que podía darse hasta ahora es que algún militante o dirigente díscolo utilizara los medios de comunicación para hacerse oír; ahora ya ni eso.
El silencio dentro de los grandes partidos españoles se ha impuesto como una ley ineludible, como única vía si se pretenden cargos, sueldos y demás regalías. Prohibido pensar por uno mismo, prohibido ir por libre, prohibido hablar. Como diría Maquiavelo: los neutrales pierden siempre.
Este es el marco en el que la promoción de los peores, la "selección adversa", que rige en los partidos políticos adquiere sentido. Resulta impensable que dirigentes o militantes de un cierto nivel intelectual y ético se avinieran a cerrar constanmente la boca y mirar hacia otro lado.
Los partidos están instalados en una visión pragmática de la política. Por tanto, cuestiones tan propias de una democracia como discutir, llegar a acuerdos o escuchar a la minoría son un engorro. Claro que es este engorro el que sirve para llegar a mejores conclusiones y, no se olvide, para hacer más transparente la toma de decisiones. La inexistencia de debate lleva a que dentro de los partidos no se exijan responsabilidades ni explicaciones más allá de los resultados electorales. No se discuten las órdenes. El fin, ganar las elecciones, puede llegar a justificarlo todo, a esconder cualquier error o irregularidad. Importa ganar, nada más. Y luego, con la democracia ya de cuerpo presente, la llegada de la corrupción es cuestión de tiempo.
Si los partidos políticos pusieran la lucha contra la corrupción como un de sus verdaderos objetivos, fomentarían la democracia interna, que es justo lo contrario de lo que sucede. Si quisieran enfrentarse a la corrupción, alguna vez serían ellos mismos los que destaparían los casos de comportamiento irregular que les pudieran afectar, pero eso no pasa nunca. Siempre se enteran por la prensa. Los partidos conviven con la corrupción hasta que, principalmente jueces mediante, les explota en la cara. En realidad, dado que lo que importa es ganar elecciones, la corrupción es una buena compañera de viaje pues permite mejores campañas publicitarias y, por tanto, mejores resultados electorales.
Obsérvese los casos de Manuel Cobo o de Ricardo Costa. El PP ha suspendido a ambos de militancia por haber hablado más de la cuenta pero no ha mostrado ningún interés por aclarar nilas denuncias de Cobo, ni los supuestos de corrupción que afectan a Costa. Su delito ha sido decir lo que pensaban. No imagino lo que hubiera pasado si hubieran dicho lo que sabían.






En medio de esta tormenta de corrupción que les afecta, el PP celebró el pasado fin de semana una convención en Barcelona. Parece que de lo único que no se trató en ella fue de corrupción. Los partidos tienen una inmensa capacidad para no hablar de aquello que habla la gente corriente. Al PP solamente le importó salir de la reunión de Barcelona "unidos", como si eso fuera lo que sirve al ciudadano.
Esta alienación respecto a las voces de la calle se puso de manifiesto también en el Comité Federal del PSOE del pasado 19 de septiembre. Allá, mientras por doquier arreciaban las críticas a la política económica de Zapatero, todo fueron aplausos y "prietas las filas". Para evitar sustos, en los días previos al Comité, la dirección socialista advirtió a sus dirigentes regionales que tocaba silencio y unidad.
Sin embargo, no toda la culpa es de los dirigentes que saben que el cargo depende de su obediencia, y a ella se aplican. También los militantes de base tienen una alta responsabilidad cuando aceptan su función limitada a ser "personal de servicio", figurantes y palmeros en mítines y demás saraos.
En cuanto a la ciudadanía de a pie, la que no tiene carnet de afiliado pero si papeleta electoral, se le puede achacar un exceso de conformismo y docilidad. Cuando los partidos hablan de "lavar la ropa sucia en casa" están hurtándole a la sociedad el derecho a la información. ¿Qué quiere decir "en casa"? La ciudadanía no puede quedarse fuera del debate ya sea en el PP, en el PSOE, en CiU o en el PNV porque es quien vota, quien paga, quien da sentido al sistema político. El debate interno de los partidos políticos, suponiendo que existiera, es cosa de sus militantes, de acuerdo, pero su conocimiento es de interés general.
Conocer los partidos por dentro es una necesidad democrática y un derecho irrenunciable, aunque solamente sea para darse cuenta de que están peor de lo que pensamos y poder hacer algo al respecto.

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