miércoles, 25 de noviembre de 2009

Por la izquierda no hay atajos, que le vamos a hacer

Mientras el PP parece convencido de que en la huida hacia adelante encontrará la salida del laberinto de corrupcción en el que vive, el PSOE está nervioso, acojonado, si me permiten. Han perdido la iniciativa. Todo es buscarle fecha al rebrote de los brotes verdes de la economía pero con la mano temblorosa sobre el calendario. Y se les nota. Se les ve el miedo en la cara. Están con un ojo en las encuestas y no pueden tranquilizarse. El acto del pasado fin de semana en Madrid, "Zapatero no estás solo", gritaban entusiastas, fue más en clave interna que hacia fuera. Salió en procesión incluso Felipe González.







Es una cuestión recurrente:la derecha no paga los casos de manipulación en los que se ve implicada y, en cambio, la izquierda sí. Aceptada la máxima no se debería olvidar que la izquierda ofrece una moral, una exigencia ética, mientras que la derecha no lo hace. La derecha promete beneficios, mejoras, avances sin comprometerse a más sometimiento que conseguir lo anunciado. Bien, también se supone que se ajustan a la ley, pero ciertamente si consiguen lo prometido nadie les va a pedir cuentas legales. La derecha no define un camino, simplemente augura un punto de llegada. La izquierda, por contra, además de dirigirse en general a un electorado más exigente a la hora de hacer balance, debe ajustarse a un modo de actuar coherente con su moral general. A la izquierda no solo le vale el qué, cuenta también el cómo. A la izquierda le es propio el espíritu de la democracia; a la derecha, el del capitalismo. Cuando los ideales religiosos que inspiraban la convivencia fueron sustituidos por ideales políticos, la izquierda, de entonces, que era quien los promovía quedó prendida en ellos; la derecha, no.
Ante la realidad de una sociedad plural, la derecha ofrece un discurso único pero con la garantía de que es el bueno . La izquierda no puede hacer lo mismo añadiéndole talante y educación. La pluralidad ha de ser canalizada respetando y fomentando lo diferente porque ahí está lo enriquecedor. Sumar, sumar, sumar.
Un error grave y constante de la izquierda es la cesión del propio terreno. La derecha aprovecha las cartas que tiene, mientras la izquierda, por miedo, las esconde. La izquierda dominaba el lenguaje, ya no. Si la poesía era un arma cargada de futuro, el presente se ha cargado la poesía.
En el reparto de igualdad y libertad, la izquierda se quedó con la igualdad y, luego, esa palabra se ha marginado hacia el terreno de las utopías vanas, de los sueños que acaban generando monstruos de corte soviético. La libertad, para la derecha. Los liberales son de derechas. De libertad, liberal y de liberal, el mercado como solución definitiva. Así estamos. En eso ha quedado la libertad que se proclama a voces. El PSOE ha renunciado a reivindicar la igualdad como si olvidándola se pudiera llegar a una sociedad justa, como si no fuera una prioridad democrática que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades, que nadie se quede en el camino, que el abismo entre ricos y pobres se reduzca. Y, por supuesto, nadie se atreve a decir que ser liberal es mucho más que dejar la economía de un país en manos de sus empresarios. Ser liberal es confiar en el individuo y permitirle que haga lo que quiera con su vida sin persecuciones ni amenazas, sin dogmas, sin la tutela de obispos, capataces o jefes de obra, sin verdades absolutas, que cada uno pueda escoger su manera de estar en el mundo, dejar que el ciudadano esté cerca del poder y pueda participar en él. Todo esto es ser liberal, y todo esto es de izquierdas. Que Esperanza Aguirre, José María Aznar, Eduardo Zaplana o Federico Jiménez Losantos sean los exponentes del liberalismo en España es como para pedir el libro de reclamaciones y que nos devuelvan el dinero.
Este estado de cosas lo debería entender el votante, simpatizante o militante de la izquierda que, con frecuencia, vive con cierta desolación que su contrario ideológico se salga con bien de comportamientos que él jamás consentiría a quien vota. Lo debería entender el votante pero, sobre todo, lo deberían tener muy claro los dirigentes de los partidos de izquierda, y más que nadie, los socialistas. El nudo del problema es que mientras la base de la izquierda sigue con su moral, los dirigentes la han olvidado. En España son los socialistas los que se juegan con la derecha, con el PP, el triunfo electoral, la mayoría de gobiernos en España. Se equivocan de medio a medio cuando creen que pueden derrotar a los populares en su campo. Difuminar las diferencias es un fallo grandioso. La cuenta de resultados solo empeorará: no llegaran nuevos votantes y desertaran una parte de los que se tienen.
La receta para la izquierda es que no hay atajos, que solo lo ético es útil y que lo mejor es más democracia. Si se ofrece trigo se debe dar trigo, si se promete transparencia se debe ser transparente y si honradez, honrado. El camino por la izquierda empieza en esto. Hay que huir como de la peste de los acuerdos secretos y los pactos de caballeros. Explicar los porqués aunque duela. Predicar con el ejemplo. Renovación, autocrítica, tolerancia, cercanía y coherencia. Requiere un poco más de tiempo pero es mil veces más rentable que las trampas. Ya se sabe, entre el original y la fotocopia...


Dejo aquí dos versiones de "La poesía es un arma cargada de futuro", de Gabriel Celaya, cantadas por Paco Ibáñez y Joan Manuel Serrat.




No hay comentarios: