lunes, 30 de noviembre de 2009

En defensa del Tribunal Constitucional, renuncien.

No importa que la ley contemple las anomalías en las que está inmerso el Tribunal Constitucional, es decir, cuatro de sus miembros llevan dos años con su mandato cumplido y un quinto, fallecido hace casi un año y medio, tampoco ha sido sustituido. Estamos ante un tribunal poco más que interino, provisional. Un organismo que, a vueltas con el Estatut de Cataluña, va de boca en boca entre sombras sobre su legitimidad, su sentido, su funcionamiento y su utilización. En estas condiciones lo razonable sería que las decisiones de calado, y el Estatut lo es, quedaran pospuestas hasta que el organismo estuviera en perfecto estado de revista, hasta que se hubiera hecho efectiva la renovación. Así pasaría con la junta directiva de cualquier asociación o, incluso, con un gobierno en funciones. Aquí parece que es justo lo contrario. Los máximos responsables de esta situación son los dos grandes partidos, el PSOE y el PP, que no quieren, no pueden o no saben ponerse de acuerdo sobre los nuevos miembros. Más bien no quieren. Todo lo supeditan a sus intereses partidistas y la renovación del TC, no iba a ser menos.
Bien, la culpa es de los partidos (¡qué cruz!) pero, ¿y los distinguidos señores miembros del TC cuyo mandato caducó hace tres años? ¿Cuándo dirán basta? ¿Hasta cuándo piensan, ellos gente tan prominente, dejarse utilizar de esta burda manera? Llevan dos años en falso, el plazo es más que suficiente, apelar al compromiso o a la razón de Estado ya no cuela, ¿por qué no renuncian y ponen en evidencia y ridiculizan a Zapatero, Rajoy y compañía?
La Ley Orgánica del Tribunal Constitucional contempla en su artículo 23.1 la renuncia como primera posibilidad de cese de los miembros del TC, por tanto no estoy planteando nada que no se contemple en la propia ley. Tiempo y razones suficientes para abandonar, las hay. Yo ya me hubiera ido.
Los ilustres señores Guillermo Jiménez, Vicente Conde, Jorge Rodríguez-Zapata y, a su cabeza, María Emilia Casas, presidenta del Constitucional, amortizados desde diciembre de 2007, no pueden hacer ver que son ajenos a lo que está sucediendo: han pasado de la destacadísima función de evaluar la constitucionalidad de la ley en España a ser los "tontos útiles" de la riña partidista. El bloqueo del TC responde a que el PP piensa que la actual composición del organismo, a efectos de la sentencia del Estatut, es más favorable a sus tesis que la que saldría del proceso de renovación. Sus corifeos también lo saben. El mismo diario "El Mundo", que defiende con tanta vehemencia el valor de la actual composición del Tribunal Constitucional, publicaba en junio de 2007 que la renovación del TC estaba condicionada a la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña.
Que renuncien. No se hundirá el mundo. Si les hubieran dado a los partidos un plazo de, por ejemplo, tres meses y hubieran dimitido en marzo de 2008, hoy el TC estaría compuesto por miembros de pleno derecho, sin su permanencia en entredicho, ni su legitimidad en duda. Su renuncia hubiera beneficiado al Tribunal Constitucional. No pasa nada. Si puede dimitir un presidente del gobierno y la vida sigue, y las instituciones sobreviven, más lo pueden hacer cuatro componentes del Tribunal Constitucional. ¿Qué será lo que les tiene pegados al cargo?

viernes, 27 de noviembre de 2009

La ley del embudo del periodismo

Dos entrevistas. Parecidas voces. En un caso preguntas a favor, en el otro en contra. Así es Canal 9. Lo han dicho todos los comités de la empresa, las asociaciones profesionales, multitud de entidades cívicas que se sienten ignoradas, los muchos que son censurados: los espacios informativos de Canal 9, antes con Pedro García, ahora con José López Jaraba, funcionan como productos desinformativos al servicio de la propaganda del PP. El pasado 15 de octubre estuvo en el espacio informativo matinal de Canal 9 "La Tertúlia" el consejero de Inmigración, y ahora portavoz del grupo parlamentario del PP en Les Corts, Rafael Blasco. Anteayer el entrevistado fue su homólogo del PSPV-PSOE, Ángel Luna, que llevaba dos años como portavoz parlamentario socialista sin haber sido invitado ni una sola vez a los platós de Televisió Valenciana. En el tiempo que estuvo en pantalla, Luna no recibió, ni por casualidad, lo que se entiende como una pregunta amable, de aquellas que facilitan el lucimiento. Bien está, la tarea del periodista no es ponérselo fácil al político. Lo injusto, lo malo, es que con Blasco fue todo lo contrario: ni una pregunta incómoda, todas a mayor gloria de la estrategia de los populares, todas para poder arrearle a los socialistas, todas con la sensación de que quedara claro que no se pretendía molestar. Incluso de fondo podían escucharse los carraspeos aseverativos de los periodistas. ¿Curioso, no? Caña con el que está en la oposición y guante de seda para el que está en el gobierno... valenciano, por supuesto. Sobre los medios representados en ambas entrevistas, es fácil reparar que todos presentan líneas editoriales cercanas al PP y críticas con los socialistas. El día de Rafael Blasco estaban periodistas de los diarios “El Mundo” y Las Provincias” y de la “Cadena Cope”; con Luna, “Las Provincias”, “La Razón” y “Onda Cero”. A continuación pueden una parte de las dos entrevistas, lo que me permite la capacidad de este blog. Contemplarlas deja poco espacio para la excusa.
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Entrevista con Ángel Luna, del PSPV-PSOE.


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Entrevista con Rafael Blasco, del PP.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Aquí cabemos todos o no cabe ni Dios

Nací en Llavaneres,un pueblo de Barcelona, y mi saludo más habitual es decir "bon día". Así me hablaron siempre en casa. Ahora vivo en Bétera, un pueblo de Valencia, y cuando despierto a mi hija le sigo diciendo "bon dia". En la calle todavía se dice "bon dia". Cada vez menos, pero se dice. Yo no hablo en catalán para molestar, sencillamente es que lo hablaban mis padres, y mis abuelos, y mis amigos, y los padres de mis amigos. Casualidades de la vida. Si hubiera nacido en Senegal sería negro, y tampoco serían ganas de molestar. Ser catalán, valenciano, senegalés o chipriota no me parece ni mejor ni peor que ser aragonés, chino o chileno. Me parece igual de respetable, se trate de grupos inmensos o de un puñado de gente. No soy nacionalista. Contemplo el follón del Estatut de Catalunya sin entender por qué le llaman debate. Por la parte catalana creo que la reforma del Estatut no es más que la continuación de una reivindicación nacionalista que ya está en la Constitución de 1978 cuando se habla de nacionalidades y que explica el Estado de las Autonomías existente. ¿O es que alguien duda que existe la Comunidad Autónoma de Murcia, Madrid, Castilla-La Mancha o La Rioja porque los catalanes, aunque no solo, tenían una decidida voluntad de autogobierno emanada de un nacionalismo político con 150 años de historia? Por el lado español, que ese es el otro bando, lo que hay es el firme propósito de ganar la batalla de la unidad nacional que se empezó a perder en la transición posterior a Franco. Si pudieran recuperarían Cuba. Seguro que con ellos en liza el 98 no hubiera acabado igual. El "Santiago y cierra España" que hace treinta años solamente blandieron los nostálgicos del franquismo hoy lo proclama buena parte de la prensa de ámbito nacional. Ver las portadas de "La Razón", "ABC" o "El Mundo" es leer constantes declaraciones de guerra, descalificaciones, juicios de intenciones; siempre mezclándolo todo, siempre tomando la parte por el conjunto, sin que la realidad les impida jamás sacarse de la manga un buen titular.
No soy nacionalista pero, entre el nacionalismo catalán que pretende que su nación sea reconocida y el español que niega tal posibilidad, me resulta imposible quedarme en terreno de nadie. Como los federalistas del XIX, en este terreno me siento liberal. Es paradójico que los que se dedican a dictar comportamientos ajenos también lo hacen bajo el cartel de liberales. Desde Madrid no se puede decir a los demás como se deben sentir. Tampoco vale aceptar que cada uno piense como quiera con la condición de que no se note. Desde el PP, desde sus medios de comunicación afines, lo que se está haciendo es tirar gasolina al fuego. Una irresponsabilidad. Si solo se puede ser español de una forma, sintiendo la españolidad como la sienten aquellos que no se plantean ninguna otra pertenencia que la pertenencia a España, vamos mal, muy mal. El nacionalismo español del futuro no puede ser otra cosa que tolerante, plural, como es España. O integra todos los posible sentimientos de españolidad o están perdidos. No digo nada nuevo, uno de los padres del nacionalismo político catalán, Valentí Almirall, ya defendía estas posiciones cuando alrededor de 1870 editaba un diario en Madrid que se titulaba "El Estado Catalán". Los de "España se rompe" son el abono de los de "puta ESpaña". A quien perjudica todo lo que está pasando es a aquellos que tienen por posible, deseable o bueno poder ser catalán sin renegar de España. Supongo que los de la gasolina esto lo saben perfectamente, como saben que radicalizando las posturas refuerzan su razón de ser: sin amenazas los profetas del apocalipsis se quedarían sin trabajo. Jamás he entendido como desde el españolismo más militante se defiende el nombre de español para el idioma castellano, es justo lo que hacen los nacionalistas catalanes más extremos. El españolismo plural, aquel por el que clamaba Almirall, nunca reduciría el carácter de español a una sola de las lenguas habladas en España; al castellano le llamaría castellano aunque solamente fuera para que quedara claro que el gallego, el catalán o el vasco también eran idiomas españoles. Esos que piensan que los catalanes hablan raro para molestar deberían leer más a Almirall y menos las editoriales de "La Razón", "El Mundo" o el "ABC".

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Por la izquierda no hay atajos, que le vamos a hacer

Mientras el PP parece convencido de que en la huida hacia adelante encontrará la salida del laberinto de corrupcción en el que vive, el PSOE está nervioso, acojonado, si me permiten. Han perdido la iniciativa. Todo es buscarle fecha al rebrote de los brotes verdes de la economía pero con la mano temblorosa sobre el calendario. Y se les nota. Se les ve el miedo en la cara. Están con un ojo en las encuestas y no pueden tranquilizarse. El acto del pasado fin de semana en Madrid, "Zapatero no estás solo", gritaban entusiastas, fue más en clave interna que hacia fuera. Salió en procesión incluso Felipe González.







Es una cuestión recurrente:la derecha no paga los casos de manipulación en los que se ve implicada y, en cambio, la izquierda sí. Aceptada la máxima no se debería olvidar que la izquierda ofrece una moral, una exigencia ética, mientras que la derecha no lo hace. La derecha promete beneficios, mejoras, avances sin comprometerse a más sometimiento que conseguir lo anunciado. Bien, también se supone que se ajustan a la ley, pero ciertamente si consiguen lo prometido nadie les va a pedir cuentas legales. La derecha no define un camino, simplemente augura un punto de llegada. La izquierda, por contra, además de dirigirse en general a un electorado más exigente a la hora de hacer balance, debe ajustarse a un modo de actuar coherente con su moral general. A la izquierda no solo le vale el qué, cuenta también el cómo. A la izquierda le es propio el espíritu de la democracia; a la derecha, el del capitalismo. Cuando los ideales religiosos que inspiraban la convivencia fueron sustituidos por ideales políticos, la izquierda, de entonces, que era quien los promovía quedó prendida en ellos; la derecha, no.
Ante la realidad de una sociedad plural, la derecha ofrece un discurso único pero con la garantía de que es el bueno . La izquierda no puede hacer lo mismo añadiéndole talante y educación. La pluralidad ha de ser canalizada respetando y fomentando lo diferente porque ahí está lo enriquecedor. Sumar, sumar, sumar.
Un error grave y constante de la izquierda es la cesión del propio terreno. La derecha aprovecha las cartas que tiene, mientras la izquierda, por miedo, las esconde. La izquierda dominaba el lenguaje, ya no. Si la poesía era un arma cargada de futuro, el presente se ha cargado la poesía.
En el reparto de igualdad y libertad, la izquierda se quedó con la igualdad y, luego, esa palabra se ha marginado hacia el terreno de las utopías vanas, de los sueños que acaban generando monstruos de corte soviético. La libertad, para la derecha. Los liberales son de derechas. De libertad, liberal y de liberal, el mercado como solución definitiva. Así estamos. En eso ha quedado la libertad que se proclama a voces. El PSOE ha renunciado a reivindicar la igualdad como si olvidándola se pudiera llegar a una sociedad justa, como si no fuera una prioridad democrática que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades, que nadie se quede en el camino, que el abismo entre ricos y pobres se reduzca. Y, por supuesto, nadie se atreve a decir que ser liberal es mucho más que dejar la economía de un país en manos de sus empresarios. Ser liberal es confiar en el individuo y permitirle que haga lo que quiera con su vida sin persecuciones ni amenazas, sin dogmas, sin la tutela de obispos, capataces o jefes de obra, sin verdades absolutas, que cada uno pueda escoger su manera de estar en el mundo, dejar que el ciudadano esté cerca del poder y pueda participar en él. Todo esto es ser liberal, y todo esto es de izquierdas. Que Esperanza Aguirre, José María Aznar, Eduardo Zaplana o Federico Jiménez Losantos sean los exponentes del liberalismo en España es como para pedir el libro de reclamaciones y que nos devuelvan el dinero.
Este estado de cosas lo debería entender el votante, simpatizante o militante de la izquierda que, con frecuencia, vive con cierta desolación que su contrario ideológico se salga con bien de comportamientos que él jamás consentiría a quien vota. Lo debería entender el votante pero, sobre todo, lo deberían tener muy claro los dirigentes de los partidos de izquierda, y más que nadie, los socialistas. El nudo del problema es que mientras la base de la izquierda sigue con su moral, los dirigentes la han olvidado. En España son los socialistas los que se juegan con la derecha, con el PP, el triunfo electoral, la mayoría de gobiernos en España. Se equivocan de medio a medio cuando creen que pueden derrotar a los populares en su campo. Difuminar las diferencias es un fallo grandioso. La cuenta de resultados solo empeorará: no llegaran nuevos votantes y desertaran una parte de los que se tienen.
La receta para la izquierda es que no hay atajos, que solo lo ético es útil y que lo mejor es más democracia. Si se ofrece trigo se debe dar trigo, si se promete transparencia se debe ser transparente y si honradez, honrado. El camino por la izquierda empieza en esto. Hay que huir como de la peste de los acuerdos secretos y los pactos de caballeros. Explicar los porqués aunque duela. Predicar con el ejemplo. Renovación, autocrítica, tolerancia, cercanía y coherencia. Requiere un poco más de tiempo pero es mil veces más rentable que las trampas. Ya se sabe, entre el original y la fotocopia...


Dejo aquí dos versiones de "La poesía es un arma cargada de futuro", de Gabriel Celaya, cantadas por Paco Ibáñez y Joan Manuel Serrat.




martes, 24 de noviembre de 2009

Primero, afeitarse los "Bigotes"

Los partidos políticos no desfallecen. Siempre piensan que pueden hacerle un nuevo requiebro al ciudadano, asegurarle que lo que está viendo no es cierto y que lo que es cierto es lo que no se ve. No se cansan de alimentar el mundo oficial que venden para esconder el real. Mentira sobre mentira, eso sí, con traje y corbata, semblante serio, elocuencia de manual y sin que les tiemble la voz.
El PP hizo público la semana pasada un listado de medidas para evitar la corrupción política, esa que les tiene sitiados. Se trata de un brindis al sol que recoge una ristra de condiciones a cumplir que ellos incumplen de forma constante y contumaz.
Ahora lo que pretenden es forzar a los demás partidos a firmar un pacto anticorrupción a partir de ese listado. Parece una broma pero no lo es. Sucede que los partidos políticos viven en la infancia permanente, son como niños, dicho sea para tomar de ellos sus peores comportamientos, aquellos que se les pueden perdonar porque tiene dos o tres o cuatro años pero que resultan inaceptables y ridículos en un mayor de edad.
El PP vive instalado en el "no lo volveré a hacer más", "el maestro me tiene manía" y tapándose los ojos les da por creer que nadie les ve. Ya basta, un poco de respeto. Si no se comportan como demócratas al menos deberían no ofender la inteligencia de las personas intentando vender gato por liebre, exigiendo además aplausos.
¿Qué diríamos de un ladrón que cuando es pillado "in fraganti", después de ofrecer las excusas más peregrinas, acaba presentado un listado de compromisos de honestidad pero ni reconoce los hechos ni devuelve lo robado? ¿Y si encima le da por pedirle a los demás que cumplan los compromisos que él, con las manos en la masa, ha redactado? Ese ladrón, entre las carcajadas del personal, acabaría esposado y en la trena sin que nadie se lo tomara en serio. En el caso que nos ocupa, el "ladrón" quiere que se olvide todo y, por si fuera poco, aspira a presidir el gobierno del país. Increible.
El PP carece del mínimo de legitimidad necesaria para pedir nada a los otros. Lo que ellos deben hacer si de verdad quieren acabar con la corrupción es explicar de arriba a abajo todos los casos que les afectan a ellos, todas las irregularidades perpetradas por sus militantes y dirigentes. Y luego, inmediatamente, echar del partido a todos sus corruptos. Solamente en el País Valenciano tienen un ejército que sacarse de encima. ¿Cómo pretende Rajoy que alguien se crea que pretende acabar con la corrupción si su última palabra sobre Carlos Fabra fue llamarle "ciudadano y político ejemplar"?
Lo del pacto general contra la corrupción es de vergüenza ajena. Cuesta creer que los demás partidos entren en él. Hacerlo sería la prueba de que está en marcha un nuevo cambalache para engañar al ciudadano, un pacto para, una vez más, taparse las vergüenzas entre cúpulas partidistas. Si el PP quiere algún acuerdo contra la corrupción que empiece por limpiar su casa, limpiarla a fondo. Solamente después de eso estarán en condiciones de llegar a acuerdos. Solamente después de eso merecerán que alguien se acerque a ellos para hablar de medidas anticorrupción.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Señor juez: contra las filtraciones, publicidad

Resulta que el Consejo General del Poder Judicial está a punto de echar por la borda su nuevo reglamento que ha de regular los nombramientos de los altos cargos judiciales: Todo porque algunos de sus miembros no quieren que salga en los periódicos lo que sucede en el interior del organismo. Es decir, la cúpula de los jueces, el gobierno de uno de los tres poderes de la democracia, no quieren que los ciudadanos sepan más de la cuenta. No crea nadie que sobre lo que pretenden levantar un muro de silencio son debates o deliberaciones internas de alto contenido teórico, no. Lo que no quieren algunos miembros del Consejo General del Poder Judicial es que trasciendan las entrevistas que mantienen con los candidatos a presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia de las distintas autonomías. Parece que quienes han puesto el grito en el cielo han sido algunos de los representantes "conservadores". Y todo porque el diario "El País" publicó hace unos días un fragmento de la entrevista a un juez ideológicamente próximo a ellos, Juan Luis de la Rúa, presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, que pretende renovar su cargo.
La actitud del CGPJ representa negar a los ciudadanos un derecho que está en la Constitución, el derecho a la información. ¿Cómo que el contribuynte, el que paga, el justiciable no ha de saber? Lo responsable, lo democrático, sería que las mencionadas entrevistas fueran públicas. Así se evitan filtraciones, informaciones sesgadas, datos intencionados. ¿O es que hay algo que esconder? Parece que algunos de los componentes del Consejo están por la publicidad, pero están en clara minoría.

Juan Luis de la Rúa.











El Consejo General del Poder Judicial debería revisar como hace las cosas. Por lo que a de la Rúa respecta resulta de difícil comprensión que tanto les preocupe que trascienda su entrevista y que, por contra, nada tengan que decir del hecho de que, como máxima autoridad judicial valenciana, acabara exonerando de responsabilidad por estafa a un "más que amigo suyo", el President de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, contra la opinión de la mayoría de jueces que habían tomado parte en el caso.



El grupo parlamentario de Iniciativa en Les Corts Valencianes denunció ante el Fiscal General del Estado las supuestas irregularidades cometidas por Juan Luis de la Rúa en el caso "Gürtel". La portavoz es Mónica Oltra.

Parece que al CGPJ no le llamó la atención tampoco que de la Rúa no se abstuviera de participar en ese proceso que implicaba a alguien a quien le unía "una palabra más allá de la amistad", según dijo el propio Camps. Representa que tan excelsos, previsibles, dudosos y poco fiables miembros del gobierno de los jueces no repararon jamás en como se le llenaba a de la Rúa la boca de elogios siempre que compartía acto con Camps y, en cambio, cargaba sistemáticamente contra el gobierno Zapatero cuando tocaba denunciar los déficits de la justicia.

Los votos valen lo mismo pero no sirven igual












Muchos votantes del PP, seguro, serían felices si pudieran seguir votando al partido de sus amores pero, a la vez, tuvieran la posibilidad de tachar de la lista a Mariano Rajoy por previsible en la inanidad, por timorato o por falta de liderazgo. Lo mismo vale para el votante socialista que quizás tacharía a Zapatero por decir una cosa y hacer la contraria, por rodearse de los peores, por amagar y no dar, por haberle defraudado.
Uno de los espejismos sobre la democracia que ha hecho fortuna es que la participación es indiscutible, que los votos son los votos y no hay más que hablar. Es la “democracia electoral”, esa forma de participación que empieza y acaba con el voto; esa forma de participación que tanto gusta a la clase política porque los hace “monarcas absolutos” de la representación, al menos durante cuatro años. Según esta tesis, no hay discusión sobre el valor cualitativo del voto. Yo discrepo. Mucho. Un mismo individuo puede votar dos veces a una misma formación sin que ni la ilusión, ni la confianza, ni el entusiasmo sea el mismo. Y eso vale la pena que se sepa. Los únicos perjudicados serían los “aparatos” de los partidos. Ya se que discutir sobre el “peso específico” de cada voto puede ser una disquisición eterna, sobre todo si se plantea desde la mala fe o el interés por justificarse.
Sobre el voto de los ciudadanos, más allá de a quien han votado o dejado de votar, se hacen estudios postelectorales. Cosa de universitarios. De sus resultados se pueden obtener muchas claves sobre el estado de opinión exacto de los ciudadanos. Son trabajos valiosos pero insuficientes. A la clase política estos estudios no les importan un bledo más allá de que los puedan usar en beneficio propio, les traen al pairo porque no tienen ninguna influencia sobre el resultado electoral final. Ante ellos, a nuestros dirigentes les basta una mirada de soslayo y ponerlos a disposición de sus especialistas en marketing político para buscar algún atajo para desactivar, distraer o modular el posible malestar detectado.









Por eso las listas abiertas, aquí, también serían de mucho interés. Tanto interés que precisamente por ello los grandes partidos las citan a menudo pero no tienen ni la más mínima intención de hacerlas realidad, llevarlas a la ley.
Muchísimos ciudadanos no harían uso de la posibilidad de, por ejemplo, tachar nombres en la lista de la formación que hubieran elegido votar, eso ya se sabe. Intervenir en la lista que los partidos presentan supone un grado de implicación, pensamiento propio, compromiso y conocimientos que no está al alcance de todo el mundo. Pero habría otra mucha gente que si las utilizarían: personas con mayor nivel intelectual, más formadas, más informadas. Ya se que distinguir entre votantes está mal visto pero, demagogia al margen, me parece que partiendo de que ningún voto puede valer menos que otros, hay votos que valen más porque indican más.
Un votante del PP podría seguir depositando en la urna la papeleta de la gaviota pero, a lo mejor, tacharía a Esteban González Pons por no haberle escuchado jamás una idea propia más allá de ocurrencias, dislates, exageraciones y salidas de tono; o a Esperanza Aguirre, por limitar su liberalismo a la economía, y así, así; o a Trillo, por utilizar sus conocimientos jurídicos para actuar como un trilero; o a Camps, por sus delirios de grandeza por cuenta ajena, por corrupto y por sectario; o a Fabra, por delincuente; o a Cospdedal, por tener siempre a punto unos principios y los contrarios; o a Javier Arenas, para ver si se decide a trabajar en algo que no sean las instituciones; o a Juan Cotino por integrista de la religión y los negocios, todo junto.
Asimismo, un votante del PSOE, podría seguir apostando por los socialistas pero quizás tachaba a Manuel Chaves para que tuviera tiempo de saber si su hija participó o no en la recepción de ayudas dadas por el gobierno que él presidía; o a Ciprià Ciscar y Joan Lerma, a la vez, para que descubrieran que hay otras formas de ganarse la vida más allá de los partidos políticos; o a Leire Pajín, por tener poco más de 30 años y parecer un dinosaurio partidista; o a José Bono, por populista, meapilas, cursi y poco de fiar; o a Rubalcaba, por haber defendido el terrorismo de Estado con la misma fe que hoy defiende al Estado del terrorismo.
El voto es igual para todos. El más rico y el más pobre se acercan a la urna con las mismas fuerzas, con la misma arma: una papeleta. Es éste un principio básico de la democracia, imprescindible, intocable. Pero la democracia puede perfeccionarse, sumando, no restando. En este sentido, aunque todos los votos valgan lo mismo, algunos servirían para más. Listas con intervención del votante serían una expresión añadida de la voluntad popular. Aumentarían la exigencia sobre la clase política, y eso es beneficioso. Beneficioso para quien es capaz de aprovechar las listas abiertas y, también, para quienes sea por falta de información, confianza o desidia no las utiliza. Los únicos que saldrían perdiendo serían la actual casta política, lo cual también sería bueno.

jueves, 19 de noviembre de 2009

La que necesita un ERE es la democracia

De imbéciles sería aceptar que una vez llegados al hospital, ya sea con un brazo colgando o un tumor como una pelota de tenis, los médicos se embarcaran en una discusión sobre el coste económico del tratamiento que precisamos o los problemas financieros que presenta el sistema sanitario en general. Los políticos son nuestros médicos sociales, los que deben diagnosticar, tratar y resolver nuestros problemas cotidianos, mejorar los servicios que recibimos y procurar el progreso general. Por eso resulta incomprensible que, ya sea por impotencia o por ignorancia, aceptemos que se dediquen más a lo circunstancial que a lo necesario, que nunca afronten la raíz de las contrariedades que nos acechan y se dediquen con denuedo, en cambio, a polemizar sobre lo secundario.
El debate sobre los servicios públicos vive permanentemente instalado en esta locura. Todo es discutir sobre lo que valen y olvidar siempre para lo que sirven. La educación o la sanidad no son caras o baratas, son útiles o no lo son, y lo deben ser, cuesten lo que cuesten. Obviamente, la gestión de esos servicios ha de ser austera, no desaprovechar o malgastar el capital del que se dispone, pero antes que eso la sanidad debe curar y la educación, enseñar.
Este error continuo en el debate sobre los servicios públicos es más evidente que en cualquier otro campo en los medios de comunicación públicos. Todo es hablar del mucho dinero que se pierde con ellos, sin discutir previamente si los objetivos para los cuales se crearon tienen vigencia y, sobre todo, si se cumplen o no.
Anteayer compareció en Les Corts Valencianes el nuevo director general de Radiotelevisió Valenciana (RTVV), José López Jaraba. El resumen que se ha hecho de sus palabras ante los diputados ha sido básicamente que va a implantar “una economía de guerra” en la casa y crear la figura del “Defensor de la Audiencia”.




José López Jaraba, director general de RTVV.



La oposición entró al trapo. “Sanee la empresa”, “deje de perder dinero”. La perla la puso el socialista Vicent Sarrià, un "pata negra" de la familia lermista del PSPV, con plaza de ayudante de producción en RTVE y que lleva encadenando cargos desde ni se sabe. Sarrià le pidió al nuevo directo general que si era necesario hiciera “un ERE”. Es difícil ser más torpe. El socialista facilitó a todos los medios próximos al PP el titular que querían: “la oposición apuesta por el despido de trabajadores”.





Vicent Sarrià, diputado del PSPV-PSOE en Les Corts Valencianes.



El principal problema de RTVV, por más que arrastre una deuda superior a los mil doscientos millones de euros, por más que pierda cada año cerca de 200 millones, no es el económico. El drama de RTVV reside en el incumplimiento de todos los objetivos para los que fue creada: no defiende la lengua propia, no informa, no promueve la industria audiovisual, no fomenta los valores democráticos más básicos, no es plural, ni veraz, ni imparcial. Nada. Esta es la cuestión. Lo que toca es revisar si los objetivos mencionados siguen vigentes (cosa que yo no dudo) y, si la respuesta es afirmativa, procurar su cumplimiento. Ahí es donde se han de gastar todas las energías opositoras, hacia ahí es donde el PSPV, que tan fuerte ha sido para obligar al PP a votar la elección como senadora de Leire Pajín, debe orientar sus baterías. Si no se puede conseguir eso, el asunto no es ver como se pierde menos dinero. El dilema entonces es qué hacer con RTVV que cuesta cada año 250 millones de euros a los valencianos y no les da servicio real alguno a cambio. Claro que para discutir de todo esto es preciso tener un modelo de radiotelevisión público alternativo al vigente y para eso se precisan unas luces que, ni de lejos, se distinguen.
En cuanto al “Defensor de la Audiencia”, me parece un desatino entrar en las discusión de las propuestas como si siempre estuviéramos al principio de todo, como si quien la formula no tuviera una trayectoria en la cual encuadrar sus promesas. López Jaraba presentó su “Defensor” como muestra de voluntad de pluralismo y transparencia. Así lo hizo como si sus pocas semanas en el cargo y sus primeros nombramientos no evidenciaran (es cuestión de sentarse en el sofá y poner en marcha la tele) que llega para seguir en el “más de lo mismo”: RTVV al servicio de la propaganda del PP, manipulación informativa, censura sobre los casos de corrupción que afectan a Francisco Camps y entrenados profesionales de la desinformación en los puestos directivos. Pero aquí también hubo otra discusión estéril sobre la nueva figura anunciada. Estéril porque lo que hay que saber es el nombre de la persona que piensa proponer para el cargo, y poco más. El elegido/a debe tener un currículum contrastado que garantice que no se plegará a otros intereses que no sean los de ala audiencia, si no es así, mejor hablar de otra cosa. ¿Piensa López Jaraba pactar el nombre, por ejemplo, con los sindicatos? ¿Está por la labor de que el Consejo de Administración lo escoja por mayoría cualificada? Si no está dispuesto a ninguna de las dos cosas, el “Defensor” será una nueva trampa. Eso es lo que debería tener claro la oposición.
El problema es que con señores como Sarriá, y son legión, hay bien poco que hacer. Son gente que cuando les señalan el sol no es que miren el dedo, es que bajan la vista y se quedan observando los tobillos. Los suyos propios, por supuesto.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

La entrevista (im)posible a Francisco Camps

Si Canal 9 fuera una televisión pública al servicio de los ciudadanos y no de la propaganda del PP, ésta podría ser la entrevista que, cualquier día a eso de la diez de la noche, se le haría al President de la Generalitat, Francisco Camps, sobre las consecuencias políticas del caso “Gürtel”:

(El cuestionario es en valenciano ya que ese es el idioma que se emplea, o se debería emplear en virtud de su Ley de Creación, en Canal 9. Como todo es latín más o menos evolucionado, espero que sea fácil de entender para cualquier castellanohablante).

President, bona nit.

1. Va assistir vosté en març del 2008 a la festa del casament d’Alvaro Pérez, “El Bigotes”?

2. Li va fer Pérez regals a la seua família el Nadal del 2008?

3. Tanta era la seua amistat que li deia “amiguito del alma” i “lo nuestro es muy bonito”?



4. Aleshores per qué va dir després, en les Corts el 12 de febrer de 2009, que no coneixia a “El Bigotes” , que vosté saluda a molta gent però no sempre li queden les cares ?

5. Davant el jutge José Flors va justificar aquella conversa amb Álvaro Pérez, on este li deia que li devia molt, dient que tot el poble valencià li deu molt? Sr. Camps, creu que el poble valencià està en deute amb vosté?

6. Podria contestar a qué es referia concretament Álvaro Pérez quan li deia que li devia molt?

7. Si la direcció estatal del PP va trencar relacions en 2004 amb el grup d’empreses d’Orange Market, per qué vostés van fer just el contrari i van multiplicar els contractes amb ells?

8. Està vosté en condicions de negar que de l'organització del Congrés Regional del PP de 2002, sent vosté secretari general del partit, es van pagar 150.000 euros en diner negre, tal com apunta l’acte del jutge Baltasar Garzón?

9. Per qué creu que en la comptabilitat incautada a la trama “Gürtel” si apareix un pagament en diner negre que ve del PP regional?

10. Qui li va recomanar a vosté José Tomás, com a sastre, per fer-se trajos?

11. Va aprofitar vosté alguns viatges a Madrid per a que José Tomás li prenguera mides en l' Hotel Ritz?

12. Pot explicar exactament com pagava els trajos que li feien en Milano i Forever Young, José Tomás?

13. Li pareix normal pagar quantitats tant altes en efectiu?

14. I vosté no demana factura d’allò que compra quan és de cost elevat?



15. Qualsevol ciutadà quan li falta la factura d’una cosa que ha pagat, la demana i ja està. Per què no demana vosté les factures que li falten?

16. Siga o no delicte, cóm pot ser que el jutge de l’Audiència Nacional, el jutge instructor del TSJCV i la mateixa sala del TSJCV donen per provat que els seus trajos els van pagar les empreses de la xarcia “Gürtel”?

17. Manté, com va dir fa un temps, que la seua relació amb el president del TSJCV, Juan Luis de la Rua, va més enllà de l’amistat?

18. Qué sent quan, parlant del cas "Gürtel" apareix el nom de la seua esposa?

19. Però va ser vosté el primer en referir-se a ella quan va dir que treia els diners per als trajos de la seua farmàcia i, després, ha sigut Álvaro Pérez qui li ha fet regals i ha dit que la visitava en la farmàcia per contactar amb vosté. No és així?

20. Considera que el valencians han rebut de Canal 9 una informació equilibrada, plural i suficient sobre el cas "Gürtel"?






21. Canal 9 va contractar la cobertura de so de la visita del Papa a una empresa constructora sense cap experiència audiovisual que després va subcontractar el servei per la meitat del que havia cobrat, vosté ho sabia? Ha demanat responsabilitats al respecte?

22. Vosté sempre defensa la gestió del seu col.laborador Ricardo Costa com secretari general del PP regional, si la seua tasca ha sigut tant bona, per qué el van retirar del càrrec?

23. Li va dir vosté que si se’n anava ell, vosté també se’n anava?

24. Que sabia o que havia fet ell que vosté, que era el seu superior, no sapiguera?

25. Per qué ha pagat ell i no vosté?



26. Després de la reunió de l’Executiva regional del PP del dia 13 d’octubre, mentre Ricardo Costa va eixir assegurant que seguia en el càrrec, la direcció nacional va fer públic un comunicat dient que vosté els havia comunicat que Costa havia cessat en les seues funcions, pot explicar esta contradicció?

27. Enmig d’esta tempesta vinculada a la corrupció, quines mesures ha endegat voste per fer arribar a la ciutadania el missatge de que està contra la corrupció?

28. Per què continua en el seu càrrec, Carlos Fabra sobre qui pesen múltiples imputacions?



29. Que li pareix que l’alcalde de Torrevieja i diputat autonòmic del PP, Pedro Hernández Mateo, en menys de dos anys compara un terreny per 180.000 euros i el venguera per 5’4 milions d’euros, un benefici del 3000%, a una empresa a qui havia concedit diferents obres en el seu municipi?

30. Dimitirà vosté si el tornen a imputar?



Moltes gràcies President, bona nit.



La entrevista, como se ve limitada estrictamente al caso “Gürtel”, podría acabar aquí, repreguntas al margen. La cuestión sería no sobrepasar los 45 minutos de duración. Hacerlo más largo acarrearía un peligro evidente: una sobredosis repentina de normalidad democrática en Canal 9 podría provocar efectos secundarios en la audiencia.
En serio, teniendo en cuenta que estamos en democracia, que Francisco Camps dice no tener nada que esconder, que Canal 9 es una televisión pública sin otra obediencia que el servicio a los ciudadanos y que, más o menos, las preguntas aquí formuladas son las que se plantea la gente de la calle, ¿qué está fallando para que imaginar una entrevista así en Canal 9 sea pura ciencia ficción?

martes, 17 de noviembre de 2009

Un oxímoron real: democracia sin debate








¿Debe cualquier ciudadano español renunciar a su derecho constitucional a la libertad de expresión si quiere militar en un partido político? Oficialmente, no, por supuesto. Esto es una democracia. Claro que se trata de una democracia tan particular que, hace 15 días, la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, salió del Comité Ejecutivo Nacional de su partido con el siguiente discurso:

"Hemos considerado inadmisible que se hagan manifestaciones publicas sobre asuntos internos del partido, o que se haga críticas a compañeros de manera pública o a través de medios de comunicación; que se presione públicamente a órganos del partido y que se impongan las obligaciones que a todos nos imponen los estatutos".

Se puede escuchar de su propia voz con mayor extensión:




Esta negativa a que se haga pública toda crítica u observación al funcionamiento del PP, extensible a cualquier otro de los grandes partidos españoles, no se plantea una vez garantizado el debate interno, sino todo lo contrario.
El debate interno en el si de los partidos no existe desde antiguo. Lo que podía darse hasta ahora es que algún militante o dirigente díscolo utilizara los medios de comunicación para hacerse oír; ahora ya ni eso.
El silencio dentro de los grandes partidos españoles se ha impuesto como una ley ineludible, como única vía si se pretenden cargos, sueldos y demás regalías. Prohibido pensar por uno mismo, prohibido ir por libre, prohibido hablar. Como diría Maquiavelo: los neutrales pierden siempre.
Este es el marco en el que la promoción de los peores, la "selección adversa", que rige en los partidos políticos adquiere sentido. Resulta impensable que dirigentes o militantes de un cierto nivel intelectual y ético se avinieran a cerrar constanmente la boca y mirar hacia otro lado.
Los partidos están instalados en una visión pragmática de la política. Por tanto, cuestiones tan propias de una democracia como discutir, llegar a acuerdos o escuchar a la minoría son un engorro. Claro que es este engorro el que sirve para llegar a mejores conclusiones y, no se olvide, para hacer más transparente la toma de decisiones. La inexistencia de debate lleva a que dentro de los partidos no se exijan responsabilidades ni explicaciones más allá de los resultados electorales. No se discuten las órdenes. El fin, ganar las elecciones, puede llegar a justificarlo todo, a esconder cualquier error o irregularidad. Importa ganar, nada más. Y luego, con la democracia ya de cuerpo presente, la llegada de la corrupción es cuestión de tiempo.
Si los partidos políticos pusieran la lucha contra la corrupción como un de sus verdaderos objetivos, fomentarían la democracia interna, que es justo lo contrario de lo que sucede. Si quisieran enfrentarse a la corrupción, alguna vez serían ellos mismos los que destaparían los casos de comportamiento irregular que les pudieran afectar, pero eso no pasa nunca. Siempre se enteran por la prensa. Los partidos conviven con la corrupción hasta que, principalmente jueces mediante, les explota en la cara. En realidad, dado que lo que importa es ganar elecciones, la corrupción es una buena compañera de viaje pues permite mejores campañas publicitarias y, por tanto, mejores resultados electorales.
Obsérvese los casos de Manuel Cobo o de Ricardo Costa. El PP ha suspendido a ambos de militancia por haber hablado más de la cuenta pero no ha mostrado ningún interés por aclarar nilas denuncias de Cobo, ni los supuestos de corrupción que afectan a Costa. Su delito ha sido decir lo que pensaban. No imagino lo que hubiera pasado si hubieran dicho lo que sabían.






En medio de esta tormenta de corrupción que les afecta, el PP celebró el pasado fin de semana una convención en Barcelona. Parece que de lo único que no se trató en ella fue de corrupción. Los partidos tienen una inmensa capacidad para no hablar de aquello que habla la gente corriente. Al PP solamente le importó salir de la reunión de Barcelona "unidos", como si eso fuera lo que sirve al ciudadano.
Esta alienación respecto a las voces de la calle se puso de manifiesto también en el Comité Federal del PSOE del pasado 19 de septiembre. Allá, mientras por doquier arreciaban las críticas a la política económica de Zapatero, todo fueron aplausos y "prietas las filas". Para evitar sustos, en los días previos al Comité, la dirección socialista advirtió a sus dirigentes regionales que tocaba silencio y unidad.
Sin embargo, no toda la culpa es de los dirigentes que saben que el cargo depende de su obediencia, y a ella se aplican. También los militantes de base tienen una alta responsabilidad cuando aceptan su función limitada a ser "personal de servicio", figurantes y palmeros en mítines y demás saraos.
En cuanto a la ciudadanía de a pie, la que no tiene carnet de afiliado pero si papeleta electoral, se le puede achacar un exceso de conformismo y docilidad. Cuando los partidos hablan de "lavar la ropa sucia en casa" están hurtándole a la sociedad el derecho a la información. ¿Qué quiere decir "en casa"? La ciudadanía no puede quedarse fuera del debate ya sea en el PP, en el PSOE, en CiU o en el PNV porque es quien vota, quien paga, quien da sentido al sistema político. El debate interno de los partidos políticos, suponiendo que existiera, es cosa de sus militantes, de acuerdo, pero su conocimiento es de interés general.
Conocer los partidos por dentro es una necesidad democrática y un derecho irrenunciable, aunque solamente sea para darse cuenta de que están peor de lo que pensamos y poder hacer algo al respecto.

El falso valiente

El Presindent de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, fue increpado ayer por un hombre en plena calle que lo tachó de corrupto. Camps intentó el dialogo y el otro se negó. Veamos el vídeo y, a continuación, un par de comentarios.




Empezando por el final, a mi no me parece ninguna cobardía la actitud del joven que le dice a Francisco Camps lo que piensa un parte importante de la sociedad valenciana. Que luego no se detenga no creo que sirva para poner en duda su valentía como se oye que hacen algunos acompañantes de Camps. Hay que imaginar la escena completa y pensar que el dirigente del PP iría rodeado de escoltas, agentes de seguridad, compañeros de partido, periodistas y demás; por tanto, la situación no debía ser muy tranquilizadora. Seguro que, como mínimo, imponía. Bastante atrevimiento fue decir lo que le dijo. La actitud de Camps, empeñado en dialogar con quien le increpaba, sería digna de alabar si fuera más allá de ser una chulería fruto de quien se cree en mejores condiciones para discutir. Si Francisco Camps tuviera de verdad algún interés en aclarar las dudas que los ciudadanos puedan tener sobre su honradez lo tendría muy fácil: sería tan sencillo como que los informativos de Canal 9 funcionaran como los informativos de una televisión democrática y, una noche de estas, organizaran una entrevista en la que un par de periodistas poco complacientes le interrogaran. Digo periodistas poco complacientes y no corifeos como los que habitualmente aparecen en la televisión autonómica valenciana. No lo hará. Por cierto, resulta interesante comprobar como el hombre que increpa a Camps justifica su negativa a pararse por la presencia de una cámara de Canal 9 (en realidad era de CNN Plus, al menos quien grababa). En el imaginario popular ya está instalado que junto a Camps siempre hay una cámara de Canal 9 y que no te puedes fiar de ella. Sobre esto Camps también debería reflexionar. Tampoco lo hará. Por lo tanto, si de cobardía hablamos, si nos referimos al miedo al debate, nadie hay más cobarde que el propio Camps que vive escondido tras una televisión pública negándoles la palabra a los que no opinan como él y hurtándoles el derecho a la información al conjunto de los ciudadanos. Eso si que es de cobardes.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Cuando Pajín llegó a ser razón de Estado


En una jugada de prestidigitación política, el PP valenciano dice que ya está dispuesto a dar luz verde a la elección de Leire Pajín como nueva senadora de representación territorial. Francisco Camps, reconvenido por Mariano Rajoy que, a su vez, había sido presionado duramente por José Luis Rodríguez Zapatero, ha dado órdenes a su grupo parlamentario para que Les Corts Valencianes hagan efectiva la elección de Pajín, que ocupará la vacante dejada en la Cámara Alta por Andrés Perelló, ahora eurodiputado. Perelló se marchó al Parlamento Europeo para dejar su plaza en el Senado a la secretaria de Organización del PSOE. Se fue para dejarle el escaño, no al revés. No es que una vez vacante el puesto se pensara en Pajín para ocuparlo. No, esto no funciona así. Perelló se fue porque así se lo ordenaron: la elección de Leire Pajín era cuestión de Estado. El PP lo sabía y por eso ha intentado usarla para presionar al PSOE, para hacerle pagar sus críticas por el caso "Gürtel", la moción de censura en Benidorm, etc.
Al final, el PSOE ha puesto toda la carne en el asador y se ha salido con la suya, el PP valenciano dará trámite a la elección de la número tres socialista para completar la composición del Senado. Los populares han renunciado a hacerle esa especie de "exámen de valencianía" con que amenzaban. La posición del PP era un evidente abuso de su mayoría parlamentaria en Les Corts, un comportamiento abiertamente antidemocrático ya que el bloqueo de la elección no tenía ningún sentido. Por tanto la presión socialista se comprende perfectamente y, al final, les ha dado resultado. Claro que también la primera reacción de Leire Pajín es bastante difícil de entender ya que a quien se ha dirigido para que se convoque el Pleno que la debe elegir es a Mariano Rajoy, como si este tuviera alguna competencia en el parlamento valenciano.
En definitiva: el Senado volverá a estar completo, el grupo socialista recuperará su número, las votaciones volverán a ser lo que eran y aquí paz y allá gloria. Los socialistas apelaban al fraude a la ciudadanía que suponía la actitud del PP. Creo que los ciudadanos, puestos a escoger, querrían resolver antes otros fraudes de los que pueden sentirse víctimas.
Bien, tres preguntas que creo que deberían responder ahora los dirigentes socialistas, de Madrid o de Valencia:
1. ¿Por que esta capacidad de presión que la dirección del PSOE ha empleado en el "caso Pajín" no se utiliza también en relación a otros flagrantes abusos institucionales que comete el PP en Valencia? Por ejemplo, los medios de comunicación públicos.
2. ¿Por que tiene que ser Leire Pajín la sustituta de Andrés Perelló?
3. ¿No tiene suficiente trabajo como secretaria de Organización de un partido político que tiene, entre otras mil responsabilidades, el gobierno de España?

El tocino y la velocidad

Ayer domingo, mientras alrededor de un centenar de personas se reunían en la Plaça de la Verge de Valencia para conmemorar el Día Mundial de las Víctimas de Accidentes de Tráfico, la alcaldesa de la ciudad, Rita Barberá, y el President de la Generalitat, Francisco Camps, daban una vuelta por el Circuito de Xest a bordo de un potente Ferrari y con un par de pilotos de Fórmula 1 encaramados a los asientos posteriores. Iban saludando al público, más de diez mil personas. Si en lugar de ser un centenar escaso de personas hubieran sido cien mil las concentradas para recordar a sus familiares muertos en la carretera, Barberá y Camps hubieran olvidado el "glamour" de la F-1, se hubieran puesto trajes más discretos y hubieran hecho acto de presencia en la Plaça de la Verge con cara de circunstancias. Incluso Canal 9 hubiera dado la noticia como la gran información del día. Y Ferrari, tachado de inoportuno, hubiera quedado en evidencia. Tanto que sus pilotos, e incluso el multimillonario presidente de la escuderia, Luca Cordero de Montezemolo, también hubieran estado en la céntrica y concurrida concentración para depositar un ramo de flores en memorias de los fallecidos.


"Me lo pase bomba con Ferrari", ha dicho hoy la alcaldesa Rita Barberá y, ante las críticas recibidas, ha asegurado que estaba "orgullosa de haber estado con "dos magnates" que apuestan por Valencia y que por ello les debe su mejor acogida". Barberá defiende que esto es la modernización de Valencia, su camino hacia le futuro. A mi, sin embargo, su comportamiento y el de Francisco Camps me recuerdo algo tan antiguo como aquello de Berlanga:


Hoy mismo, Rafael Blasco, el portavoz del Grupo parlamentario del PP en Les Corts Valencianes y consejero de Solidaridad y Ciudadanía del gobierno de la Generalitat que preside Francisco Camps, también se ha referido al paseo de Camps y Barberá con Ferrari en un encuentro digital del diario "El Mundo":
PREGUNTA:¿Cree usted que pasearse en un Ferrari es la mejor manera de mejorar la imagen de un político que ha estado relacionado con problemas de corrupción?
RESPUESTA: En la Comunidad Valenciana no hay ningún político del PP vinculado a la corrupción. Atender a los señores de Ferrari es trabajar en defensa de los intereses valencianos. En nuestra Comunidad más de 400.000 personas trabajan en el turismo; los grandes eventos en los últimos años han hecho posible que más de 50 millones de turistas lleguen a nuestra comunidad; y la inversión productiva para nuestra economía ha superado los 7.000 millones de euros. Está en juego nuestro presente y nuestro futuro y nuestros dirigentes políticos tienen que dedicarle todo el tiempo posible a publicitar y garantizar estas inversiones.
Blasco se ga referido también a la calidad de la información en Canal 9:
PREGUNTA: No le parece que Canal 9 da una informacion muy centrada solo en la cosas positivas del PP. ¿Ve usted sus informativos? Los cuales son solo para sacar lo positivo:
RESPUESTA: Veo los informativos de Canal 9 siempre que puedo, y me parecen muy objetivos y representativos de lo que piensa y opina la mayoría de los valencianos. En cualquier caso, Canal 9 tiene unos excelentes profesionales sobre los que nadie podemos enjuiciar su labor si respetamos la libertad de expresión y de información.

jueves, 12 de noviembre de 2009

"Uno de los nuestros", siempre

Frank Coppola fue un destacado mafioso dedicado al tráfico de drogas entre Italia y Estados Unidos que murió en 1982. El juez Giovanni Falcone cuenta en su libro “Cosas de la Cosa Nostra” que un día de 1980 un juez que estaba interrogando a Coppola le pregunto: “¿Qué es la mafia?”. Coppola, después de reflexionar unos instantes, respondió: “Señor juez, tres magistrados desearían convertirse en Fiscales del Estado. Uno es sumamente inteligente, el segundo goza del respaldo de los partidos y el tercero es un cretino pero será quien obtenga la plaza. Eso es la mafia”. La mafia es colocar siempre a “uno de los nuestros”, de la familia, aunque sea un cretino, casi mejor si es un cretino. Como la mafia, pero sin pistolas, los partidos políticos españoles también funcionan por familias y, por eso, también llegan a los cargos perfectos cretinos.

Ayer pudimos ver en Les Corts Valencianes el nivel de nuestros políticos cuando los diputados del PP celebraron con aplausos fervorosos que el President de la Generalitat, Francisco Camps, acusara al portavoz socialista de quererlo matar como en los tiempos de la Guerra Civil.


Cualquier grupo humano precisa que los mejores de sus miembros ejerzan la función de liderazgo. La palabra líder la encontramos muy a menudo asociada a la política. Cualquier chisgarabís recibe trato de líder político pese a que, visto lo visto, en pocos campos puede resultar más impropio el uso de tal referencia.
La media de los políticos españoles está claramente por debajo de la media de la ciudadanía, son peores. Lo son porque su reclutamiento, su organización y su promoción responde a criterios negativos. Se habla de selección adversa cuando son los peores los que ascienden en el grupo mientras los mejores, los más preparados, quedan por el camino. "Selección adversa" es un término de origen económico pero que es preciso tener en cuenta para entender el funcionamiento de la política partidista, hasta el punto que incluso explica la organización de la administración pública.
Los partidos políticos están en manos de los peores porque nadie que se valore a si mismo puede empeñarse en la descomunal tarea que supone ascender en base a conspiraciones, traiciones, seguidismo, aceptación acrítica de todo aquello que diga el jefe y “esperar que llegue mi momento”. Otro método es inútil.
Nunca hay debate de ideas en los partidos. Todo es lucha por el cargo, por el sueldo público, por un lugar destacado en la lista electoral de turno. No hay debate de ideas, ni de nada. No hay debate. Los medios de comunicación les hacen el juego y los ciudadanos se resignan. El fenómeno está perfectamente teorizado. Un ya viejo artículo de la politóloga Belén Barreiro describía bien como se da la selección adversa y se detenía en el tema de los distintos grupos que se forman dentro de las agrupaciones políticas; grupos cuya existencia públicamente se niega o se dice que responden a distintas “sensibilidades”. No es cierto: son familias, grupos de interés interno. Giovanni Sartori habla de “tendencias” dentro de los partidos y defiende que facciones, que es como se califica en la tradición anglosajona, es un término poco adecuado ya que no expresa la existencia de distintas afinidades ideológicas más concretas. En los partidos españoles no hay tendencias. Son familias, sin más, y cada una de ellas se dedica a presionar al líder para colocar en puestos destacados a alguno de sus miembros con el objetivo de que, después, en cascada, vayan cayendo cargos y prebendas.
No cuenta el nivel de preparación, ni la honestidad del elegido. Importa simplemente que cada jefe de clan pueda confiar en quien coloca, y que sean cuantos más mejor, así la familia gana poder. Resulta evidente que se trata de gente de baja cualificación, personal sumiso, que tiene en el partido la plataforma de colocación profesional, a ser posible hasta el momento de la jubilación. Quiero esto decir que el tropel de colocados se convierte de inmediato en un ejército que hará todos los esfuerzos posibles para evitar que gente distinta a ellos, es decir, preparados y honestos, se incorporen al partido o lleguen a cargos determinantes.
A la política hay quien se acerca por intereses colectivos y quienes lo hacen por intereses selectivos, es decir egoístas. El pulso entre unos y otros es desigual. Los segundos, los que Panebianco llama “los arribistas”, ganan por goleada. Al final, la maraña es tan espesa que los ajenos a los aparatos de los partidos abandonan las guerras internas y dejan el campo expedito para los peores. Los partidos acaban convertidos en coto.
En estas condiciones la función de liderazgo social es una quimera. Los dirigentes políticos viven alejados de la ciudadanía de la que solo tienen noticia a través de las encuestas. El carácter ejemplar de esta casta es, en todo caso, negativo. Lo que consiguen es tirar de la sociedad hacia su propia mediocridad, sacralizando y poniendo en valor comportamientos y usos basados en la búsqueda del propio interés. Son el “Caballo de Troya” de la corrupción, aunque luego se presenten como los guerreros que han de acabar con ella. Los peores, los que por si mismo valen poco, los que no saben ni pueden decir que no a las órdenes recibidas, los que viven en permanente estado de hipoteca moral son mucho más fáciles de corromper. No es casual que la administración española esté tan tomada por la corrupción; no hay otra administración en Europa en la que tantos empleados deban su cargo a que tal o cual partido gane las elecciones.
El juez Giovanni Falcone decía que “el hombre debe hacer aquello que su deber le manda, sean los que sean los obstáculos o los peligros; es una responsabilidad moral”. Los partidos políticos españoles viven absolutamente al margen de esta responsabilidad. Falcone nunca hubiera llegado a nada en el PSOE o en el PP. A Falcone lo asesinó la mafia en 1992. Dicen que fueron mil kilos de explosivos los que destrozaron el coche en el que circulaba cerca del aeropuerto de Palermo.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Los Mengele

Los políticos españoles se están cargando la política.
A la vista de lo que hay, me asalta a menudo aquella expresión aprendida en el bachillerato: “todo para el pueblo pero sin el pueblo”. Es la frase que define el despotismo ilustrado, las reformas que en el siglo XVIII los monarcas europeos introdujeron en su gobierno para mejorar las condiciones de vida del pueblo pero sin ceder nada de su poder absoluto. Muy parecido a la situación a donde han llevado hoy la política los políticos. Claro que aquellos reyes basaban su dominio en el origen supuestamente divino de su poder, mientras que nuestros dirigentes no son más que los representantes de unos ciudadanos a los que aparcan a la que llegan al cargo.
El desprestigio en el que vive sumida la política en España hoy solo la discuten aquellos que viven de ella. A la que se le pregunta a cualquier ciudadano de a pie por su opinión respecto a los políticos y a la política de su boca no sale ni una palabra amable. Una reciente encuesta de la Universidad de Navarra recoge que el 87 por ciento de los españoles considera que los políticos lo sacrifican todo a los intereses de su partido y un 66 por ciento asegura que a diputados, senadores y demás no les preocupa lo que piensen o digan los ciudadanos. En el último trabajo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se detalla que la política y los políticos son el cuarto problema que más preocupa a los españoles. Problema. Por delante incluso del terrorismo. Añade el CIS que tres de cada cuatro ciudadanos desconfían de los dos principales líderes políticos españoles, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. La encuesta indica que los ciudadanos no sienten respeto por los políticos. Resulta complicado esperar otra cosa puesto que constantemente asistimos a como entre ellos tampoco se respetan. Y si no se respetan entre si, ¿cómo les va a respetar nadie? Es más, los políticos no se respetan ni a si mismos, en reflexivo. Nadie que tuviera un mínimo de respeto por si mismo aceptaría los papeles que se ven obligados a desempeñar, ni diría las estupideces que dicen, ni aplaudiría cuando lo que toca es pedir perdón. Han cambiado los argumentos por los gritos, los razonamientos por los pataleos y las explicaciones por los insultos, ¿quién va a respetar eso?
Más allá de sus palmeros de rigor, cómo alguien se va a tomar en serio al expresidente del gobierno José María Aznar exigiendo responsabilidad política ante la corrupción cuando fue él quien invento a Francisco Correa y sus muchachos; qué otra cosa se puede hacer que reír cuando se oye a la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, decir aquello de: “les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y Zapatero presidiendo la UE".
¿Merece una pizca de respeto Mariano Rajoy cuando defiende, con Carlos Fabra a su diestra, que el PP es incompatible con la corrupción? Y de Esperanza Aguirre, tan graciosa, asegurando que “con zapato plano no hago declaraciones", ¿qué decir? Este es el nivel. Lo que no se le escapa a nadie es que la riña, sea dentro de cada partido o entre ellos, nunca versa sobre cuestiones ideológicas o programáticas, nunca van más allá del reparto de cargos, dinero, influencia o poder. Les importa mucho más el quién, ellos, por supuesto, que el qué, y se nota, mucho.
La política en España está bajo mínimos, con unos niveles de desprestigio que ponen en duda que se pueda hablar, en la práctica, de estado democrático. Al menos si nos negamos a llamar democracia a un sistema que rechace la participación ciudadana y la exigencia de responsabilidades a sus políticos. Pero conste que la política no se ha suicidado. Los que han apretado el gatillo han sido los políticos. Ellos que existen para defender la democracia se comportan constantemente de forma antidemocrática. Huyen del pueblo, de los ciudadanos, del debate. Son a la política y a la democracia lo que el doctor Josef Mengele fue a la medicina, traidores.


(Recojo a continuación algunos casos del pésimo ejemplo que dan habitualmente los políticos españoles)


















Etcétera, etcétera, etcétera.

El padre, presidente, y el hijo, prejubilado






Alberto Oliart


Lejos de querer descalificar a nadie por su edad, me resulta de lo más paradójico que PSOE y PP no encuentren a nadie más que a Alberto Oliart, un exministro de 81 años, para presidir una empresa pública, RTVE, que prejubila a sus trabajadores antes de cumplir los 50.

martes, 10 de noviembre de 2009

Los "piratas somalíes", otra visión

Incluso el sufrimiento más comprensible debe ser observado desde "el otro lado", desde la posición contraria a la que marca el consenso general, por más que el culpable señalado lo sea sin lugar a dudas. Es conveniente ofrecer el máximo número de perspectivas posibles de un determinado hecho para facilitar su comprensión.
Estos días los medios de comunicación españoles están dando una cobertura muy amplia al caso del pesquero "Alakrana" secuestrado por "piratas somalíes". El contacto casi permanente vía teléfono móvil con los pescadores españoles retenidos y amenazados de muerte está llevando a una narración en directo del suceso. La consecuencia es que la fuerza del drama se multiplica y la potencia del chantaje se desborda.
Los piratas somalíes son los malos, los culpables de todo. El periodista Carlos Mendo el pasado lunes en la "Cadena Ser" defendió que era preciso liberar a los pescadores españoles dándoles a sus secuestradores aquello que pidieran y una vez conseguida la liberación matar a los piratas. Vamos, un demócrata ejemplar.
Los llamados "piratas somalíes" no se entienden si no partimos de que estamos ante un país inexistente, donde ninguna autoridad es capaz de controlar nada, tampoco sus aguas territoriales. Un país sumido en la miseria más miserable donde la única ley que prevalece es "la del más fuerte". Un país con unas costas esquilmadas por los pesqueros occidentales que impiden que la pesca tradicional de los somalíes se pueda mantener y con unas aguas, por si faltaba algo, que reciben todo tipo de vertidos tóxicos por parte de las embarcaciones de los países desarrollados. Empezaron los propios pescadores somalíes erigiéndose en guardianes de sus costas para poder seguir pescando ellos y ahora los "señores de la guerra", los mismos que por zonas controlan el poder en el país, han asumido el mando de las operaciones que se han hecho más contundentes, más arriesgadas y, por supuesto, más rentables económicamente.
Hay distintos artículos muy interesantes que ilustran y aportan multitud de datos sobre esta realidad que los grandes medios de comunicación españoles no muestran. En España toda la información se centra exclusivamente en el drama de las familias de los pescadores secuestrados y, como no, en el enfrentamiento partidista que el caso ha desencadenado entre el PSOE y el PP, pero hay más.
Dejo aquí, a modo de punto de partida, cuatro documentos: un texto del periodista de "El País", Ramón Lobo, una entrevista de Amy Goodman al analista keniata Mohamed Abshir Waldo, un entrada en su blog del periodista gallego Félix Soria y un breve reportaje televisivo de la productora independiente inglesa "Journeyman Pictures" realizado hace veinte días.



lunes, 9 de noviembre de 2009

El rey desnudo

En el País Valenciano la misma inanidad de los políticos es la que les garantiza su supervivencia. La gente no se los toma en serio. Es tal la falta de rigor en sus comportamientos, la falta de coherencia en sus acciones, la falta de sentido común en sus afirmaciones que hay una amplia sensación ciudadana de desistimiento, a medio camino entre la perplejidad, la broma y la impotencia. Por eso nada cambia.
De otra manera es imposible comprender como Francisco Camps sigue al frente del PP valenciano y del gobierno de la Generalitat. Camps es un político sin otra estrategia de gobierno que mantenerse en él; un gobernante que descuida su responsabilidad y se limita a hacer de oposición de otra instancia gubernamental, el ejecutivo de Zapatero, además, sin éxito; un dirigente que se ha convertido en el hazmerreír de España entera, por frívolo, por tramposo, por pusilánime, por cursi, por pretencioso.





Francisco Camps y sus portavoces siguen empeñados en negar la existencia del caso “Gürtel”. Dice Camps que no dedica demasiado tiempo al asunto, que es una cuestión menor, sin importancia, que no afecta para nada ni al PP valenciano, ni a su gobierno.
Menos mal. Por culpa de esta nadería:

1. Se ha sentado en el banquillo de los acusados por estafa, cosa que jamás le había sucedido a un presidente valenciano.
2. La dirección nacional le ha dejado sin Secretario General regional, su más fiel colaborador, Ricardo Costa, a quien incluso han suspendido de militancia.
3. El primer sustituto que colocó en el cargo vacante fue rechazado.
4. Tuvo que designar un segundo sustituto.
5. Ha convocado en menos de dos semanas dos reuniones extraordinarias del Comité Regional.
6. Ha nombrado un nuevo vicesecretario general, un nuevo coordinador general de la formación y un nuevo coordinador entre el partido y su gobierno.
7. Se quedó, también, sin portavoz parlamentario.
8. El primer relevo del portavoz no le duró ni quince días.
9. Tuvo que nombrar un segundo portavoz.
10. Ha tenido que reorganizar y redistribuir las competencias de diferentes consejerías de su gobierno.
11. Ha tenido que renovar a los miembros del PP en la Mesa del Parlamento valenciano.
12. Se ha visto obligado a cambiar al director general de Radiotelevisión Valenciana.

Por supuesto, Camps miente cuando asegura que todo esto no le altera el pulso. Sus palabras son un ejercicio de irresponsabilidad o burla, o ambas cosas. Sólo a un muerto no le alteraría el pulso una situación como la suya. Aunque, claro, igual ahí reside la explicación de lo que está pasando.
Francisco Camps es un político caducado a punto de acabar en el cubo de la basura, un dirigente en plena cuenta atrás. Que la dirección nacional del PP se haya quedado en el Secretario General Ricardo Costa como cabeza de turco de toda la parte valenciana del caso “Gürtel” simplemente es consecuencia del miedo de Mariano Rajoy a dar una patada en un avispero. Rajoy sabe que mantener a Camps le desgasta, cierto, pero también es consciente de que haber acabado con él a las primeras de cambio hubiera podido dinamitar el partido en Valencia. En estos momentos, Camps es la tapa de una olla a plena presión, de una formación dividida en diferentes banderías. Mantener a Camps es apostar por un equilibrio imperfecto pero equilibrio al fin y al cabo. El presidente valenciano tiene las horas contadas. Ahora ya es un dirigente tutelado desde Madrid pero en las próximas semanas irá a peor: los socialistas se acaban de querellar contra él por diversos cargos, seguirán pasando cosas que le perjudicarán, habrán nuevas revelaciones, más datos del sumario, los procesos judiciales que le afectan seguirán adelante. Todo ello le debilitará todavía más. Será entonces, cuando, como fruta madura, su caída será inevitable. La organización en Valencia habrá tenido tiempo para resolver la situación y no lo habrá hecho. Madrid, pues, estará más fuerte y, por tanto, en mejor situación para imponer sus condiciones. Están convencidos además, las encuestas así lo indican, que la victoria electoral en las próximas autonómicas no peligra. Camps es un rey desnudo, los votos no son suyos, ni mucho menos. Por eso maniobran con tiempo.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Disolver el Partido Popular

Para evitar perder tanto tiempo como perdemos en discusiones, debates y disquisiciones inútiles tendríamos que acordar unos mínimos sobre la realidad que nos rodea y, luego, decidir si ya está bien así o es necesario modificar algo. Vivir engañado, además de triste, puede resultar agotador. Sería muy útil, por ejemplo, partir de que en España los partidos políticos no tienen ni una estructura ni un funcionamiento democrático, pese a que así lo reclama la Constitución Española de 1978 en su artículo 6.
Aclarado esto entenderíamos como lógico y previsible este brote de corrupción política que se está dando en España, donde más de 800 personas están implicadas en distintos casos que abarcan todas las comunidades autónomas y a todos los partidos políticos. Más de 800. Súmese luego a todos aquellos a quienes el juez no ha tomado el nombre pero están alrededor de los implicados, todos aquellos que sin haber metido la mano en la caja han visto como lo hacían otros y han callado, todos aquellos que han asistido desde dentro a los oscuros manejos pero dicen que no sospechaban nada.
La falta de democracia en el funcionamiento de los partidos lleva a la falta de transparencia y eso facilita la corrupción. Mejor dicho, no hay transparencia para poder esconder la corrupción. Quien no es corrupto es transparente. Por tanto si, de verdad, quisiéramos acabar con la corrupción, reforzaríamos los mecanismos democráticos dentro de los partidos. Justo lo contrario de lo que se está haciendo. Justo lo contrario de lo que el Partido Popular ha hecho estos últimos días.
Acosado por los casos de corrupción, consumido por las luchas entre facciones que caracteriza a los grupos políticos delincuenciales, el Partido Popular salió ayer de su Comité Ejecutivo con una orden taxativa para todos sus militantes: “Silencio”. Se acabó airear las diferencias, se expedientará al que hable, no por lo que diga sino simplemente por decir. Ayer fue Ricardo Costa, hoy Manuel Cobo. Nada de depurar responsabilidades políticas, nada de reclamar explicaciones a quienes la corrupción pisa los talones, nada de eso. Silencio. Esperanza Aguirre no es un problema porque montara una red de espías para seguir a cualquier rival que se le ocurra, ni por haber llegado a la presidencia de Madrid gracias a dos tránsfugas comprados al peso, ni por haber tomado Telemadrid como si fuera la TVE del franquismo, ni por todos sus colaboradores imputados en el caso “Gürtel”. Todo esto son cuestiones insignificantes para la cúpula del PP. Lo malo de Aguirre es que le planta cara a Rajoy, que le discute, que parece que le quiere derribar para sustituirle. Igual que Ricardo Costa no cayó como Secretario General del PP de Valencia por sus amistades peligrosas sino por convocar una rueda de prensa para negarse a su papel de cabeza de turco. Robar vale, discutir, no. Bienvenida la corrupción, adiós a la democracia.
El Partido Popular está gestionando su crisis sin ningún respeto a la exigencia de democracia interna que consagra la ley: se modifican los órganos directivos al margen de la militancia, se toman las decisiones sin ofrecer ninguna información que las avale, la acción de la cúpula dirigente se desarrolla en la total opacidad y la situación económica no solamente se les hurta a la militancia o a la ciudadanía sino que judicialmente está bajo sospecha de financiación irregular. Así las cosas, el Partido Popular está plenamente sumido en las causas que, según el artículo 10.2 de la Ley de Partidos en relación al 7, 8 y 9, pueden dar lugar a su disolución.