miércoles, 7 de octubre de 2009

Son los que ensucian el mundo

Miguel Ángel Gómez Martínez es un director de orquesta y compositor español de renombre. Nació en Granada en 1949. Fue un niño prodigio de la música: con cinco años se examinó por primera vez en el Conservatorio de Madrid y a los siete ya dirigió un concierto. Fue precoz y brillante en los estudios que desarrolló en España y luego amplió su formación en Estados Unidos, en Austria, en Suiza, en Alemania. Ha dirigido la Ópera de Viena y también las de París, Ginebra, el Covent Garden, Houston o Chicago, entre otras. Tan destacado expediente no evitó que hace unos días cuando le ordenaron que modificara el texto de la ópera “Roger de Flor” que preparaba con la Orquesta de Valencia y el Cor de la Generalitat, Gómez Martínez cabeceara un obediente “sí señor”. Acto seguido se personó ante los miembros del “Cor” para anunciarles que todas las referencia a “Cataluña y los catalanes” que había en la obra debían sustituirse por “Valencia y los valencianos” y que se trataba de una “orden de los de arriba”. Los ecos del enfado que tal imposición provocó en los cantantes llegaron hasta los medios y la obra se acabó retirando.


Miguel Ángel Gómez Martínez.



¿Qué lleva a una persona de este prestigio, a un director de orquesta de tanto nivel, a un hombre de la música como Miguel Ángel Gómez Mártinez a ser tan mezquino y plegarse a presiones políticas tan burdas? ¿Qué explica que no se plante ante una agresión tan salvaje a la cutlura y al arte como es manipular el texto de una ópera por intereses estrictamente partidistas? ¿Su sensibilidad no da para más? ¿Ni su honradez? ¿Ni su profesionalidad? Lo que está claro es que no se trata de falta de valor porque se necesita valor, y mucho, para encarar a cincuenta cantantes y ordenarles que tergiversen un texto operístico porque cuatro políticos desvergonzados así lo demandan. Hay que ser muy descarado.
El caso de Gómez Martínez es una muestra evidente de como se puede perder el respeto a la propia tarea de uno, es un ejemplo de cómo se olvida la responsabilidad social que cada ciudadano tiene en el desempeño de su profesión.
En periodismo, la desinformación que nos rodea es fruto de idéntica alienación: hay altos dirigentes políticos y empresariales que manipulan a su antojo, es cierto, pero hay un ejército de supuestos profesionales del periodismo que están dispuestos a vender que las botellas de agua sirven para sentarse y las sillas pueden calmar la sed. Véase el siguiente video como ejemplo. La noticia era la reunión que habían mantenido en el Parador de Alarcón el presidente del PP, Mariano Rajoy, y el líder del PP valenciano, Francisco Camps, para, como todos los medios recogieron, discutir de las medidas a tomar por la implicación del mencionado Camps y sus más estrechos colaboradores en el “caso Gürtel”. Fue, como muy bien definía Almudena Grandes en su artículo de “El País”, un cara a cara entre hampones, pero la televisión autonómica Canal 9 recogió, por boca de su presentadora de informativos Maribel Vilaplana, el encuentro como sigue:




Claro, miente Camps y miente la presentadora. Camps, porque es parte de su defensa; la presentadora, simplemente porque, como Gómez Martínez, recibe órdenes desde arriba, que más da que su responsabilidad social sea justamente la contraria a mentir. Cuestión de descaro.
El mismo que gastan jueces como Juan Luís de la Rúa, el presidente del Tribunal Superior de la Comunidad Valenciana, que es capaz de arrastrar la justicia por el barro, retorcer el derecho y hasta hacer el ridículo para salvar a su “más que amigo” Francisco Camps de una acusación de estafa. Le da igual ser el hazmerreír de sus compañeros, le da igual la evidencia general de que tenía que haberse abstenido, le da igual tener que entrar y salir de los actos públicos por la puerta de servicio para evitar preguntas inconvenientes o fotografías incómodas, le da igual.
Van de príncipes pero no llegan ni a ranas. Ensucian allá donde pisan y la gente honrada debe soportar el hedor y limpiarles la mierda. Son los que hacen el mundo peor.

4 comentarios:

Andrés Verdeguer dijo...

La cara de la periodista de detrás de Camps es un poema conforme las va solta el molt honorable.

Y serán muchos los que se sorprenderán de leer eso de la responsabilidad social del periodismo.

Julià, ho has tornat a clavar.

Anónimo dijo...

Eres un crac. Tu no eres del 'si l'encerte l'endevine' sols tindre 'ull clínic'.

Per cert, a banda de bona persona i amb trellat, de hui en avant seràs, si més no per a mi, el Retovato de Llavaneres.

Salut i república.

Anónimo dijo...

Me quito el sombrero ante este post ACERTADISIMO, que refleja la realidad de la socidad actual (valenciana y española)

Nunca se podrá demostrar que se adjudica a dedo algo si hay un técnico detrás que se ha plegado a los deseos de los políticos y ha manipulado las puntuaciones. Y NO SE LE REVUELVEN LAS TRIPAS CUANDO LOS VEN POR LA TELE DECIR LO BUENOS QUE SON Y LO MALOS QUE SON LOS OTROS??

Un saludo

Anónimo dijo...

Magnífic post, Julià. Feia dies que no visitaba el teu blog i m'ha sorprés molt gratament el comentari. Darrere de "la obediencia debida" hi han molts factors: económics, por a perdre el treball o la "jefatura", o simplement pensar que esta situació d'impunitat encara durarà molt de temps. Crec que en aixó, en la percepció de que no hi ha posibilitat de canvi a curt termini, l'esquerra te una part important de responsabilitat. Sense menys valuar el paper dels periodistes sumisos i de Canal 9.