miércoles, 28 de octubre de 2009

No serán todos iguales, pero se parecen

A estas alturas nadie que se dedique a la política en España está libre de sospecha. Es más, incluso los militantes generan ya todo tipo de dudas. Ya está bien de despachar los casos de corrupción política asegurando que se trata de casos aislados. Ya no cuela. La corrupción es un delito participativo que necesita de muchos actores y que, forzosamente, asoma a la luz pública, así que menos presunciones de inocencia, al menos de inocencia política. La sensación es que estamos ante un iceberg: lo que se sabe es poco, muy poco respecto a lo que hay. Haríamos bien en estudiar el caso italiano para entender mejor lo que pasa aquí. Revisar determinado trabajos que se han elaborado en Italia sobre la corrupción es como ver nuestra foto de cuando seamos mayores, como descubrir la estación a la que nos dirigimos. Contemplamos como explotan los casos de corrupción por doquier y como todo el mundo intenta escurrir el bulto. Se organizan redes de espionaje político desde las instituciones, las cada vez más deficitarias empresas públicas pagan sobreprecios que luego son convenientemente repartidos, se fraccionan presupuestos para adjudicarlos a dedo a amigos y conocidos, se utilizan las fundaciones para hincharlas a dinero público y luego repartirlo entre políticos, se trafica con información privilegiada, se multiplican los pelotazos urbanísticos a golpe de recalificaciones. La lista sería interminable. Vemos como la corrupción asoma por Madrid, por Cataluña, por el País Valenciano, por Andalucía, por Castilla-León, por Canarias, por las Baleares. Aparecen implicados del Partido Popular, del socialista, de los grupos minoritarios. Se imputa a presidentes autonómicos, alcaldes, concejales, personal técnico, consejeros, presidentes de cámaras parlamentarias, diputados de nueva aparición y viejas glorias ya retiradas.
Una reciente intervención de Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat catalana, en TV3 evidencia la naturalidad con la que los políticos conviven con la corrupción. El fragmento que se puede ver a continuación es definitivo.





Lo traduzco: "Si entramos aquí nos lastimaremos todos. Yo tendría una respuesta fácil, y como también le podría dar... Escuche mire... Éste dio tanto a tanto, éste tanto a tanto, éste tanto a tanto... Entonces... Todos los casos son distintos, dirá usted pero todos harían un poco de tufillo. No entremos en ello. Bueno, si es necesario entramos. Yo creo que no debo entrar pero si debo entrar también entro...".




Nos enteramos de la corrupción política que aparece en los medios de comunicación, pero está también la que sin salir en ellos sabemos que existe: la que está a nuestro alrededor, la que todos conocemos de nuestro alcalde, de nuestro concejal, de ese conocido que ocupa no-se-que cargo, de la empresa pública donde trabajamos o trabaja nuestro amigo que nos cuenta. Y va sumando. Más y más corrupción, más y más silencio, más y más mierda.


"Caiga quien caiga", en su versión argentina, ofreció esta visión, su particular visión, de la corrupción política.








Lo dicho, nadie que se dedique a la política está libre de sospecha. Los simples militantes del PSOE, del PP o de tantas otras formaciones implicadas en casos de corrupción deberían poder explicar las dudas que se ciernen sobre sus partidos, porque antes deberían haber exigido ellos explicaciones a sus dirigentes. Si no tienen esas explicaciones deberían darse de baja; si no lo hacen es porque también esperan pillar algo.
Más allá de lo que acaba en manos de los jueces, quién se va a creer que junto a un alcalde corrupto había un grupo de concejales que no se enteraban de nada. Cómo es posible que toda la cúpula de un partido esté robando a manos llenas con la ayuda de constructores de toda ralea y los militantes no lo hayan advertido. O todavía peor, cómo se entiende que con el centralismo leninista que caracteriza a los partidos políticos hayan dirigentes medios que se lo llevan crudo mientras sus superiores están en la inopia. Si una empresa pública o una fundación multiplica sus pérdidas a base de desviar dinero, cómo es posible que nadie pregunte al respecto. No descarto que pueda haber alguien tan incompetente y estúpido que cuando oye que a su alrededor hablan de botín se crea que se están refiriendo a un tipo de zapato, pero son los menos. Cuando un determinado gobierno niega información, cuando no rinde cuentas, cuando no aclara jamás las facturas que se le demandan y opta por las tinieblas en lugar de por la transparencia es que algo esconde. Esconde corrupción; al fondo está siempre el dinero. Por tanto, cualquier político de ese partido es un político corrupto; si no lo fuera contaría lo que sabe, desvelaría lo que se esconde o, como mínimo, exigiría luz y todas las explicaciones necesarias. Cuidado, estamos ante una mafia, silencio absoluto.

2 comentarios:

Fátima dijo...

Señor Álvaro, bravo, no había leído nada tan lúcido en toda mi vida. A partir de ahora seguiré su blog. Me pregunto si escribe en algún sitio más.

Lola dijo...

Hay que exigir el pago del precio político. La CONFIANZA POLITICA es un presupuesto muy frágil. Por ello y necesariamente las responsabilidades POLITICAS se pagan al contado, EN SEGUIDA, en cuanto se produce la más mínima imputación o duda o quiebra en la CONFIANZA POLÍTICA, que se paga DE ENTRADA. De lo contrario, se hace IMPOSIBLE VOTAR en lo sucesivo a esos PARTIDOS OPACOS que, con manifiesto desprecio del elector, no exigen dimisiones ni cesan INMEDIATAMENTE, incluso a los responsables IN ELIGENDO e IN VIGILANDO.

Resulta que la presunción de inocencia es un principio que atañe al proceso penal; y el secreto del sumario se refiere a los folios y pliegos del sumario que está en el Juzgado. Nada impide, sino que más bien conviene a la transparencia del sistema, seguir y valorar los hechos en la prensa, en internet o donde sea. El político que SE ESCUDA tras la "presunción de inocencia" (penal) para ELUDIR EL DEBATE sobre su merecimiento de CONFIANZA POLITICA, se está poniendo en evidencia a sí mismo ...