viernes, 30 de octubre de 2009

Periodismo culpable

Lo que sigue no es un anuncio del gobierno de la Generalitat valenciana, ni forma parte de una campaña publicitaria de la Consejería de Economía para "vender" a los ciudadanos sus presupuestos para 2010. Al menos formalmente no es nada de eso. Se trata de la noticia que emitió Canal 9 ayer jueves en su informativo de las 14 horas sobre la presentación de las cuentas públicas para el año que viene. Se supone que es información, como tal se presenta. En realidad es propaganda; la que sistemáticamente hace Canal 9 de la gestión del gobierno del PP, del gobierno de Francisco Camps en la Generalitat, basta con mirar sus emisiones, no es preciso ni estar muy atento.
Esto es lo que hay:



video


Discurso oficial y solamente se da voz al consejero de turno. Ningún representante de los grupos de oposición parlamentaria, ni agente social alguno apareció en pantalla. Cualquier cosa antes que respetar el pluralismo al que, por ley, están obligados los informativos de Canal 9. Cuando se habla de corrupción y se pone el foco sobre los políticos que se venden por dinero, favores en especie o similar se pasa por alto el papel que juegan los medios de comunicación para conseguir que la ciudadanía digiera un abuso tras otro como si de la normalidad se tratara. Así día tras días hasta que, realmente, todo resulte normal. Una normalidad de cloaca que debemos agradecer, en buena medida, a los medios y a los periodistas, o lo que sea, que en ellos toman las decisiones. Cuando a la negativa de los gobernantes a actuar con transparencia se le añade la tarea de los medios públicos empeñados en negar todo debate y actuar como falso decorado de una realidad que no es, el terreno para la corrupción está abonado.
Esta pieza se ofreció en el "Noticies 9" 1a. Edición del jueves día 29 de octubre, siendo director general de RTVV, José López Jaraba; directora de TVV, Lola Johnson, y responsable de los informativos, Maite Fernández.

miércoles, 28 de octubre de 2009

No serán todos iguales, pero se parecen

A estas alturas nadie que se dedique a la política en España está libre de sospecha. Es más, incluso los militantes generan ya todo tipo de dudas. Ya está bien de despachar los casos de corrupción política asegurando que se trata de casos aislados. Ya no cuela. La corrupción es un delito participativo que necesita de muchos actores y que, forzosamente, asoma a la luz pública, así que menos presunciones de inocencia, al menos de inocencia política. La sensación es que estamos ante un iceberg: lo que se sabe es poco, muy poco respecto a lo que hay. Haríamos bien en estudiar el caso italiano para entender mejor lo que pasa aquí. Revisar determinado trabajos que se han elaborado en Italia sobre la corrupción es como ver nuestra foto de cuando seamos mayores, como descubrir la estación a la que nos dirigimos. Contemplamos como explotan los casos de corrupción por doquier y como todo el mundo intenta escurrir el bulto. Se organizan redes de espionaje político desde las instituciones, las cada vez más deficitarias empresas públicas pagan sobreprecios que luego son convenientemente repartidos, se fraccionan presupuestos para adjudicarlos a dedo a amigos y conocidos, se utilizan las fundaciones para hincharlas a dinero público y luego repartirlo entre políticos, se trafica con información privilegiada, se multiplican los pelotazos urbanísticos a golpe de recalificaciones. La lista sería interminable. Vemos como la corrupción asoma por Madrid, por Cataluña, por el País Valenciano, por Andalucía, por Castilla-León, por Canarias, por las Baleares. Aparecen implicados del Partido Popular, del socialista, de los grupos minoritarios. Se imputa a presidentes autonómicos, alcaldes, concejales, personal técnico, consejeros, presidentes de cámaras parlamentarias, diputados de nueva aparición y viejas glorias ya retiradas.
Una reciente intervención de Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat catalana, en TV3 evidencia la naturalidad con la que los políticos conviven con la corrupción. El fragmento que se puede ver a continuación es definitivo.





Lo traduzco: "Si entramos aquí nos lastimaremos todos. Yo tendría una respuesta fácil, y como también le podría dar... Escuche mire... Éste dio tanto a tanto, éste tanto a tanto, éste tanto a tanto... Entonces... Todos los casos son distintos, dirá usted pero todos harían un poco de tufillo. No entremos en ello. Bueno, si es necesario entramos. Yo creo que no debo entrar pero si debo entrar también entro...".




Nos enteramos de la corrupción política que aparece en los medios de comunicación, pero está también la que sin salir en ellos sabemos que existe: la que está a nuestro alrededor, la que todos conocemos de nuestro alcalde, de nuestro concejal, de ese conocido que ocupa no-se-que cargo, de la empresa pública donde trabajamos o trabaja nuestro amigo que nos cuenta. Y va sumando. Más y más corrupción, más y más silencio, más y más mierda.


"Caiga quien caiga", en su versión argentina, ofreció esta visión, su particular visión, de la corrupción política.








Lo dicho, nadie que se dedique a la política está libre de sospecha. Los simples militantes del PSOE, del PP o de tantas otras formaciones implicadas en casos de corrupción deberían poder explicar las dudas que se ciernen sobre sus partidos, porque antes deberían haber exigido ellos explicaciones a sus dirigentes. Si no tienen esas explicaciones deberían darse de baja; si no lo hacen es porque también esperan pillar algo.
Más allá de lo que acaba en manos de los jueces, quién se va a creer que junto a un alcalde corrupto había un grupo de concejales que no se enteraban de nada. Cómo es posible que toda la cúpula de un partido esté robando a manos llenas con la ayuda de constructores de toda ralea y los militantes no lo hayan advertido. O todavía peor, cómo se entiende que con el centralismo leninista que caracteriza a los partidos políticos hayan dirigentes medios que se lo llevan crudo mientras sus superiores están en la inopia. Si una empresa pública o una fundación multiplica sus pérdidas a base de desviar dinero, cómo es posible que nadie pregunte al respecto. No descarto que pueda haber alguien tan incompetente y estúpido que cuando oye que a su alrededor hablan de botín se crea que se están refiriendo a un tipo de zapato, pero son los menos. Cuando un determinado gobierno niega información, cuando no rinde cuentas, cuando no aclara jamás las facturas que se le demandan y opta por las tinieblas en lugar de por la transparencia es que algo esconde. Esconde corrupción; al fondo está siempre el dinero. Por tanto, cualquier político de ese partido es un político corrupto; si no lo fuera contaría lo que sabe, desvelaría lo que se esconde o, como mínimo, exigiría luz y todas las explicaciones necesarias. Cuidado, estamos ante una mafia, silencio absoluto.

martes, 27 de octubre de 2009

Otra de periodismo tramposo: Juan Ramón Lucas y RNE

Hace unos meses era Àngels Barceló, la cadena SER. Ahora es José Ramón Lucas, Radio Nacional. En el programa del pasado 24 de septiembre de "En días como hoy", que dirige Lucas en RNE, se emitió una supuesta entrevista del periodista al presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, que estaba manipulada. Habían sido dos periodistas del programa las que hablaron con Zelaya y grabaron la conversación. Luego Lucas, sobre las preguntas de sus redactoras, puso su voz. Y lo hizo, se puede escuchar, teatralizando al máximo sus intervenciones, como si dudará de los términos a utilizar, como si vacilara. Todo para demostrar una naturalidad totalmente falsa ya que Lucas, en realidad, le está hablando a un micrófono tras el que no hay nadie y teniendo delante el texto que sus colaboradores le habían pasado para que lo leyera.


José Ramón Lucas. (Pinchando aquí se puede escuchar la entrevista que dura poco más de cinco minutos)





Este nuevo caso de chapucera mentira a la audiencia se ha conocido porque el Consejo de Informativos de RTVE y el sindicato Comisiones Obreras lo han denunciado, lo han criticado y han pedido una rectificación y una explicación en antena. La dirección de RNE ha le ha quitado importancia: "estamos ante una práctica habitual", han dicho como toda respuesta. La reacción de Juan Ramón Lucas ha sido la cargar contra quienes le han criticado. Los responsables de "En días como hoy", con Lucas al frente, han utilizado al propio equipo como arma de defensa. Así, las dos periodistas que hablaron con Zelaya, las que de verdad lo entrevistaron, han hecho público un comunicado en que califican de normal la forma como la entrevista ha llegado a la audiencia. Añaden que el espacio es un programa en equipo y que, por tanto, nada tiene de particular que se emitan como si las hubiera hecho Juan Ramón Lucas cosas que él no ha hecho. Para explicar lo que entienden como "trabajo en equipo" dicen que tampoco Lucas contrata los transportes de los invitados al programa.
Las excusas son inaceptables. Se dan explicaciones de aquello que nadie cuestiona y lo que no se justifica es el por qué del engaño. Lo que no se explica es por qué se emite la entrevista con un falso formato y con la voz de una persona que no estaba en la conversación, por mucho que sea el director del programa. Si no había nada raro, se debería haber explicado, tocaba decir algo tan simple como "Juan Ramón Lucas pone voz a la entrevista realizada por tal y cual compañeras de la redacción". O, mucho más simple, dejar el documento en su forma original. Lo que no se puede es presentar una cosa como lo que no es, sin advertirlo. Además el locutor, durante el programa, antes de la entrevista, anunció que estaban a la espera de poder contactar con Zelaya, cuando, en realidad, la conversación ya estaba grabada. Una mentira añadida para dar mayor valor al documento y presentarlo como si de un directo se tratara. Luego, la dramatización de Lucas, con sus dudas impostadas y sus vacilaciones fingidas durante la falsa conversación, ponen de manifiesto la indiscutible voluntad de engañar a la audiencia. En estas circunstancias, no solamente se trata de que se ha colocado un falso entrevistador sino que no hay garantía siquiera de que las preguntas que se oyen sean realmente las mismas, en los mismos términos, que se le formularon en realidad a Zelaya. Puestos a maquillar...
Si no hay mala fe no tiene sentido. Es imposible ser tan torpe. Que luego deban salir dos redactoras a dar la cara por quienes dirigen el programa, toman las decisiones y ganan el dinero, eso ya es vergonzoso.

lunes, 26 de octubre de 2009

La despolítica no puede ser democrática

Es sencillamente desolador. Lo es leer la entrevista al vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, que hoy publica el diario “El País” y lo es contemplar como la eterna renovación del socialismo valenciano pasa ahora por una estación llamada Salvador Broseta.
Manuel Cobo, el hombre de máxima confianza del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón dice de su presidenta regional y compañera de partido, Esperanza Aguirre, palabras que no se cruzan ni los más acérrimos enemigos. Sin ningún pudor, Cobo compara a Aguirre con Hitler y le cuelga una ambición totalitaria tan desmedida que la acusa de querer tomar España. No me resisto a transcribir esa parte de la entrevista. Cobo apela al famoso poema de Niemöller tantas veces atribuido a Brecht y lo “traduce” poniendo a Esperanza Aguirre en lugar de los nazis:

Vinieron a por Pío [García Escudero, ex presidente del PP-Madrid], y yo no hablé porque no era de Pío; vinieron a por la tele y yo no hablé porque no era de la tele; vinieron a por la Cámara y yo no hablé porque no era de la Cámara; vinieron a por Ifema y yo no hablé porque no era de Ifema; vinieron a por la Caja y yo no hablé porque no era de la Caja; vinieron a por Rajoy y yo no hablé porque no era de Rajoy; vinieron a por el PP y yo no hablé porque no era del PP... Vinieron a por España”. (clicando aquí se puede ver la entrevista entera)


El vicealcalde madrileño se desacredita por proferir todas estas descalificaciones por culpa de un nombramiento pero haber callado hasta ahora. Se olvida en su listado de cómo llegó Aguirre a la presidencia de la Comunidad de Madrid, "tamayazo" mediante. Cobo arranca diciendo que “cuando la hipocresía es muy mala es hora de comenzar a decir la verdad”. Claro, pero se referirá solamente a aquella que le interesa a él, y a Gallardón, por supuesto: es el alcalde de Madrid quien habla por boca de Cobo, eso también es hipocresía. Le parece mal a Cobo que Aguirre quiera poner a su número dos, Ignacio González, al frente de Cajamadrid. No se tienen que politizar las cajas, en eso coinciden todos. Por eso no se entiende que Gallardón y Cobo defiendan que sea el propio Mariano Rajoy quien decida quien debe presidir la entidad. Claro que Bancaixa la preside el expresidente del Partido Popular de la Generalitat valenciana José Luis Olivas, y la Caixa de Catalunya, Narcís Serra, ex ministro socialista de Defensa y ex vicepresidente del gobierno con Felipe González. Recuérdese que la Caja de Castilla-La Mancha, hoy ejemplo de pésima gestión, como mínimo, la presidía un tan destacado exdiputado socialista como Juan Pedro Hernández Moltó. Hace unos días, Esperanza Aguirre aseguraba que Rajoy no tenía nada que decir respecto a la presidencia de Cajamadrid ya que eso significaría politizar la entidad; y ella pretende colocar a su vicepresidente. Es una burla. Curioso es también que Cobo deba cargar contra los socialistas madrileños por haber pactado con Aguirre, como han hecho los representantes de los sindicatos en el Consejo de Administración, e incluso los de Izquierda Unida. A todos les parecía bien el candidato de la presidenta madrileña ya que en el pacto llevaban el seguro de su propia permanencia en los principales órganos de control de la entidad de ahorro. La oposición, ahora que hay tormenta, se defiende de haber pactado con Aguirre con la excusa de que ellos no están en condiciones de vetar a quien designe el PP; como si no poder vetar fuera lo mismo que verse obligados a actuar como cómplices. ¿No será que ningún partido quiere renunciar a su puesto en el Consejo de una gran caja? ¿No será que la tajada a sacar es demasiado golosa? ¿No serán que no están dispuestos a renunciar a colocar a algún militante de confianza en tan apetitoso cargo? Preguntas éstas que sirven para todos los partidos y las distintas cajas de las distintas autonomías.
En medio de tamaña desfachatez es perfectamente coherente que la respuesta del Partido Popular a las palabras de Cobo no sea para analizar su contenido sino para amenazarle con represalias por haber aireado un problema interno, como si Cajamadrid formara parte de su patrimonio y lo importante fuera el lío que se ha montado y no el servicio que la entidad presta a la ciudadanía.
La gravedad de la situación, lo que todo esto pone de manifiesto, no es que tal o cual dirigente político sea un sinvergüenza, un mentiroso o un tramposo, lo que resulta letal para la democracia es que los que discrepan con el aludido gobernante defienden los mismos métodos, maneras y prácticas que aquel pero arrimando el ascua a su sardina. Lo malo no es no poder fiarse del que hoy detenta el gobierno, lo terrible es llegar a la conclusión de que los que se postulan como alternativas son, en realidad, casi idénticos.
Sirva esta última frase como bienvenida al nuevo líder del PSPV-PSOE en Valencia ciudad, Salvador Broseta (ir a su blog). Llega con el objetivo de acabar con la hegemonía del Partido Popular y Rita Barberá en la capital. Se presenta como el aire puro, dice, que precisa la política valenciana después de tantos años de abuso y autoritarismo. Amparado en la confianza absoluta del secretario general de los socialistas valencianos, Jorge Alarte, de quien últimamente ha sido responsable de comunicación, llega con la bandera de la renovación pero, como todos sus antecesores en la ciudad desde ni se sabe, desembarca gracias a un pacto entre las distintas familias que controlan el partido en la capital (lermistas, Ábalos, Rubio y, añádase ahora, los fieles a Alarte).




Este es el resumen del discurso de Salvador Broseta defendiendo su candidatura que el propio PSPV-PSOE ha colgado en el portal "Youtube"
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Para allanar el camino a Broseta, en realidad a Jorge Alarte, el Ministerio de Defensa, con dinero público, no se olvide, ha "comprado" a quien se perfilaba como su principal rival, Francesc Romeu, a quien le han dado un cargo en RENFE que no tiene nada que ver ni con su formación, ni con su currículum. Finalmente Salvador Broseta ha tenido enfrente a un candidato, Pepe Reig, con quien ha sido imposible verle en un debate ya que el triunfante nuevo secretario local se ha negado alejando que “ese no representa a nadie”. Conocido esto, Broseta resulta poco creíble cuando apela a la necesidad de escuchar a todos y apostar por la consideración de todas las opiniones como armas para conseguir derrotar a la eterna Rita Barberá. Se desconoce por completo cual es su proyecto. Se sabe, eso sí, que en unas semanas pasará a ser asesor del grupo municipal socialista, con lo cual se garantiza un sueldo de unos 3.000 euros mensuales. Su elección ha llegado sin que exista, más allá de los lugares comúnes de consenso general, ningún documento político que marque su estrategia, que apunte cuales son sus objetivos, sus propuestas. Ni siquiera ha aclarado nada sobre cómo va a organizar el partido para conseguir “abrirlo a la sociedad”. En una entrevista publicada en el diario “El Mundo” el pasado lunes 19 de octubre, Broseta, a la pregunta de “¿Pero usted que piensa hacer?”, respondía: “Vamos a empezar sectorializando más el trabajo para elaborar un documento programático con propuestas muy claras y directas”. Pensaba yo que cuando se accedía a un cargo de esta envergadura ya se venía con el programa preparado, sobre todo si delante hay un rival tan empecinado en el error y la tropelía como denuncian.
Llegamos así al núcleo de la condena: es muy difícil que haya cambio de gobierno cuando la ciudadanía no percibe que los que se postulan para el relevo son distintos de los que gobiernan. Por eso desde el poder, como arma defensiva, siempre propaga la especie de que “todos son iguales”; por eso desde la oposición lo primero sería demostrar lo contrario. No van por ahí las cosas y "Gürtel", como única bala, es poca munición cuando de caza mayor se trata.

jueves, 22 de octubre de 2009

El aforamiento o el permiso para robar

Las leyes desaparecen o se transforman cuando dejan de ser útiles, cuando pierden el sentido. Desaparecen, claro, a no ser que los beneficiados de tales disposiciones legales sean los que las deben derogar; es decir, los políticos. Esto es lo que pasa con la inmunidad parlamentaria y, más concretamente, con el aforamiento judicial del que disfrutan diputados, senadores y otras altas instancias el Estado y les permite burlar al juez ordinario y que sus causas las vean directamente las máximas instancias judiciales. A cuenta del caso "Gürtel" hemos contemplado como distintos diputados y senadores del Partido Popular se han acogido a su privilegio procesal, a su aforamiento, como un naufrago se aferra a la tabla de madera salvadora en alta mar. Es la inmunidad entendida como impunidad. Se trata de una prueba más de hasta que punto la casta política ha perdido el sentido de la realidad. Los políticos utilizan en beneficio propio lo que nació como una garantía finalista para los ciudadanos. Les da igual a nuestros "padres de la patria" conculcar un principio fundamental del sistema democrático como es aquello de que "la ley es igual para todos"; para todos menos para los que tienen la suerte de llegar a un cargo institucional, deberían añadir. Cargo al que, ya lo sabemos, se accede mayormente a base de medrar, arrimarse a la familia política que más interesa y olvidar el servicio al ciudadano para consagrarse en las atenciones al líder supremo.
De lo que huyen senadores, diputados y demás es de que les pueda pillar Garzón o un "garzón" de los que corre por ahí y que no ha llegado al Tribunal Supremo o al Superior de Justicia que corresponda nombrado por los mismos políticos a los que después enjuiciará. Les importa un bledo quedar en evidencia ante el ciudadano, lo que les preocupa es salvar su culo. (Recojo a continuación dos artículos recientes en el diario "El País" alrededor de este tema: el primero es del periodista especializado en tema judiciales Manuel Altozano y el segundo, de Francesc Vallés, profesor de Derecho Constitucional y diputado del PSC-PSOE).
El debate sobre la inmunidad parlamentaria y las garantías que conlleva está planteado en todo el mundo. Lo que preocupa es, precisamente, lo que está sucediendo con estos dirigentes españoles del PP que usan sus privilegios como parlamentarios para escapar de las acusaciones de corrupción que penden sobre ellos por prácticas que nada tienen que ver con su trabajo como cargos electos. Por los abusos y las trampas de "jugadores de ventaja" como Francisco Camps, Luis Barcenas y demás es por lo que está en discusión como se garantiza el ejercicio de la labor parlamentaria sin que eso comporte vías para que los políticos corruptos escapen de la justicia (puede verse al respecto la resolución que sobre el tema de la inmunidad aprobó la Organización Mundial de Parlamentarios contra la Corrupción "GOPAC", en 2006).
La inmunidad parlamentaria, de donde sale el aforamiento, viene de leyes inglesas y francesas de hace más de dos siglos (puede verse aquí un artículo amplio sobre la inmunidad parlamentaria elaborado por un abogado peruano, Derick Latorre). En ese momento se debió legislar para evitar que los organismos judiciales tradicionales y ligados a la nobleza pudieran impedir la actividad de las cámaras legislativas emanadas de la voluntad popular. Debe quedar claro, por consiguiente, que no se protege al político por el hecho de serlo, ni por una cuestión personal, lo que se protege es el cargo, la función que se desempeña. Se trata de evitar que poderes ajenos a la voluntad popular puedan fácilmente condicionar la actividad parlamentaria o dejar fuera de juego a cualquier político que no se pliegue a sus intereses. En el fondo estamos ante una medida para proteger al ciudadano otorgando un privilegio a su representante para que pueda desempeñar su función adecuadamente y con plena libertad. Por eso se sacrifica el principio de la "igualdad ante la ley". Nada más lejos, pues, de lo que hacen los políticos del PP: sacar la bandera de su aforamiento no para defender su actividad como parlamentarios sino para escapar, vía amigos jueces, de sus oscuros negocios económicos y de sus corrupciones varias. Por eso no dimiten así se hunda el mundo. Es más, y puesto que en Valencia los abusos siempre llegan con unos años de antelación, el PP valenciano, con el ahora perseguido Francisco Camps al frente, colocó en las listas de las últimas elecciones autonómicas a dos de sus más destacados alcaldes, Pedro Hernández Mateo, de Torrevieja, y Luis Díaz Alperi, de Alicante, para que pudieran huir del juez que los había imputado por corrupción. Una vez adquirida su condición de diputados, el Tribunal Superior de Justicia tardó un par de meses en archivar la causa contra Alperi, mientras la de Hernández Mateo se mantiene congelada.
Resulta obvio que la legislación alrededor de la inmunidad parlamentaria debería, como poco, revisarse a la baja. Ahora ya no hay un poder judicial deudor de los intereses nobiliarios enfrentados a la voluntad popular representada en los parlamentos. Por tanto, o se acaba con estos aforamientos convertidos en privilegios personales de una casta política absolutamente desvergonzada o, como mínimo, se limita a lo que es estrictamente la actividad parlamentaria. Yo voto por la abolición.

lunes, 19 de octubre de 2009

PRISA, a la basura

En PRISA, bajo una pátina de rigor, de gusto por el trabajo bien hecho, de reconocimiento a sus profesionales, de independencia editorial, de sensibilidad cultural y otras exquisiteces hay una potente empresa dirigida por ejecutivos como los de cualquier otra casa. Gente que pone su producto (radios, televisiones, periódicos,...) al servicio del negocio, desde los contenidos cuando la ocasión lo merece hasta los pobres sueldos y condiciones laborales de sus periodistas de a pie. Juegan a ser referentes de la cultura y el pensamiento en habla hispana y en su nómina están desde Saramago a Vargas Llosa, desde García Márquez a Carlos Fuentes. Tienen "Babelia", y ese "EP3" tan moderno. Disponen de corresponsalías ocupadas por periodistas de tronío y sus informativos de televisión están en manos de gente de tanto peso como Iñaki Gabilondo. Todo esto y mucho más, pero hace un par de días anunciaron que uno de los premios "Ondas" de este año, esos galardones que se venden como lo máximo en periodismo y medios de comunicación, se lo han dado a Jorge Javier Vázquez, el presentador del programa "Sálvame" de Telecinco, seguramente el exponente más brutal de "telebasura" en horario infantil que se hace hoy en España. No quiero pensar que esta sorprendente decisión sea el preámbulo del futuro anuncio de fusión entre Cuatro y Telecinco. Supongo que tampoco tiene nada que ver con todo esto el tono tan amable del reportaje que el pasado viernes "EP3" le dedicó al "Sálvame".
Quien premia la "telebasura" es porque el genero le parece bien. En este sentido, los distintos "realities" que programa Cuatro ya evidencian que el gusto de sus directivos está en la onda de "Gran Hermano" y similares. Por eso, resulta conmovedor que la misma empresa que a través de "El País" alza la voz de alarma sobre los contenidos televisivos de la tarde se dedique, después, a galardonar a los que hacen esos programas que denuncian como un peligro para los niños. Las críticas a este tipo de espacios ha llegado en diferentes ocasiones incluso al programa concreto que ahora premian. Clicando aquí se puede ver.
En PRISA son especialmente hábiles en alardear de algo y hacer, al mismo tiempo, justo al revés. En eso son unos genios. Una mano por el suelo y la otra por el cielo, una cosa y su contraria. Díganme si no como se tiene que digerir que en 2003 otorgaran el "Ondas" a la cobertura informativa que "Telecinco" hizo del hundimiento del "Prestige", destacando el muro de silencio al que se tuvieron que enfrentar, y, a la vez, nombraran presidente de Sogecablea quien era el Comisionado del gobierno de José María Aznar para aquella catástrofe, y por tanto pieza fundamental de la desinformación gubernamental al respecto, me refiero a Rodolfo Martín Villa.
En el colmo de la sinrazón los promotores del "Ondas" explican que el premio a Vázquez se justifica "por renovar con brillantez el papel del presentador en un género controvertido". No entiendo qué valor tiene renovar la presentación de tan pobres contenidos, ni dónde detectan brillantez en un espacio de esas características. Me sorprende que pueda hablarse de "periodista renovador" cuando de los único que se trata es de llevar un poco más allá la falta de escrúpulos en televisión. Es como darle un premio a un cirujano "renovador" porque ha conseguido operar en una discoteca en vez de hacerlo en un quirófano y vestido de lentejuelas y no con bata verde, que resulte que en lugar de curar mata a sus pacientes, eso no tendría ningún valor.
Renovar, para PRISA, es hacer cosas como las que siguen (en "youtube" hay muchos más ejemplos). Vale la pena perder unos minutos viendo estos vídeos ya que se habla mucho de las barbaridades que se hacen bajo la etiqueta de "telebasura" pero todo parece un intangible, y no lo es.













Se está premiando un tipo de televisión dirigida a las vísceras, que huye del cerebro, que no pretende otra cosa que ganar dinero a costa de los instintos más primarios del ser humano, que se burla de los más débiles, de los menos preparados. No es divertido, no es gracioso, no es simple entretenimiento, porque no es inocente. Los "Ondas" están premiando mierda, ponen su nombre al servicio de un tipo de programas que viven de las capas intelectual y culturalmente menos preparadas de la sociedad y que hacen negocio fomentando la incultura. El derecho a la educación es un derecho ciudadano; programas como el que presenta Vázquez son "deseducativos", puede que no sean ilegales pero premiarlos es lo mismo que fomentar que no se lea, que no se piense o que los hijos de familia humilde no vayan a la escuela.
La "telebasura" es un negocio redondo, la televisión más rentable que existe, sus protagonistas se forran; por insultar, por enseñar las bragas o dejarse tocar la goma de los calzoncillos, por gritar y berrear como no se hace ni en los tugurios más infectos se les paga lo que no cobran ni los médicos, ni los ingenieros, ni 20 científicos juntos. No es baladí, la distinción a "Sálvame" significa consagrar ese modelo, enviar un mensaje a los profesionales, presentes o futuros de la televisión y del periodismo en general: el éxito lo justifica todo. El desparpajo se valora más que un master, la desvergüenza se prefiere a un doctorado y los tacos cotizan por encima de los idiomas. Aquí los tenemos, la "telebasura" los hace famosos, los hace ricos y, ahora, también les da prestigio, que era lo único que les faltaba. Por eso están tan contentos y emocionados.





Premio devaluado este de los "Ondas". Tanto que es posible que Belén Esteban suba al escenario a recoger el galardón con Vázquez, o quizás no lo haga esperando que el año que viene pueda ser ella la elegida. En el mejor de los casos estará en la sala aplaudiendo a rabiar y con lágrimas en los ojos embargada por la emoción de ver, pensará ella, como se ha hecho justicia y como se reconoce el trabajo de la gente sencilla. Aplaudirá Belén Esteban como lo harán, estos sí encima del estrado, Carles Francino y Àngels Barceló. Les tocará, supongo, hacer lectura de los méritos del premiado y asegurar sin vacilar que se trata de un premio merecido. Así será salvo que se nieguen a que su nombre, su persona y su prestigio se trasmute por unos minutos en un simple felpudo a los pies de Jorge Javier Vázquez, a los pies de la telebasura y, apelando a la cláusula de conciencia, digan "que presente Rita". Incluso podría pasar que el "Gran Wyoming", que este año también se ha llevado un "Ondas", tampoco acepte compartir galardón con Vázquez, aunque solamente sea por dejar claro que no todo es lo mismo.
Además, si PRISA considera que Vázquez es el mejor presentador de la televisión que se hace en España, es que la televisión en España está peor de lo que se podía imaginar.

viernes, 16 de octubre de 2009

La política desregulada y el voto a delincuentes

Mientras los periódicos no cesan de vomitar detalles y más detalles sobre la corrupción protagonizada por la cúpula del PP, sobre todo el valenciano; mientras la policía persigue a los dirigentes populares y a sus compañeros de mafia atraídos por el insoportable tufo a delincuentes que desprenden; mientras en Valencia tanto la sede del PP como las instituciones que este partido gobierna, o sea todas, se han demostrado centros de planificación de atracos y reparto de botín; mientras los jueces amenazan con meter entre rejas a quienes hoy viajan en coche oficial, mientras todo esto sucede con absoluta publicidad y conocimiento general, no solamente el PP de la Comunidad Valenciana no experimenta ningún desgaste electoral sino que las encuestas apuntan que sus actuales mayorías absolutas tienen tendencia a crecer.
En resumen, los valencianos no tienen ningún problema para votar a delincuentes. Parece mentira, pero así es. No entraré a juzgar la responsabilidad que tiene en este hecho la ausencia de alternativa política, un PSPV secuestrado por las familias que lo habitan y unos grupos más a la izquierda (en el caso del Bloc, lo que sea este trimestre) empeñados en demostrar que todo es divisible por dos. Incluso desde la plena conciencia de la pobreza del paisaje descrito se hace difícil comprender cómo bastante más del 50 por ciento de los votantes valencianos, cerca de 1'5 millones de personas, están dispuestos a votar a mafiosos.
La duda puede plantearse entre si los políticos se convierten en delincuentes porque descubren que la ciudadanía no penaliza tal condición o si son los mafiosos los que moldean al ciudadano consiguiendo que les acabe dando el voto. Es la historia del huevo o la gallina, pero es un dilema totalmente trucado, un nuevo montaje de la mafia que nos gobierna. Me parece evidente que estamos ante la segunda de las opciones planteadas: somos lo que nos han hecho, la oferta ha fabricado la demanda.
Ha sido el comportamiento de los políticos el que ha extendido entre la población la imagen de que todo vale. Llevamos años con ese mensaje; arranca mucho antes de la recuperación de la democracia tras la muerte de Franco y nadie ha roto con él. A la vista de los modos que se gastan nuestros dirigentes ha calado que no hay unos límites a respetar, que lo importante es procurarse la propia salvación aunque sea contraviniendo la ley y jodiendo al prójimo, que el fin justifica los medios, que valen las mentiras, las excusas, el tirar pelotas fueras y no justificar lo que uno ha hecho. Irresponsabilidad absoluta y la culpa al empedrado, o al juez, o a la policía, o al maestro que me tiene manía, que por ahí se empieza. Llevamos años y años haciendo proselitismo, dignificando este terrible "modus operandi" que ha conseguido dar carta de normalidad a que se beneficie a los amigos, a que a nadie extrañe que se arrime el ascua institucional a los intereses del partido que ha ganado unas elecciones, a que se puede decir una cosa, hacer la contraria, y no pase nada.



Francisco Camps y Carlos Fabra son dos de los muchos dirigentes del PP valenciano que se niegan a dar explicaciones sobre las acusaciones de corrupción que les persiguen.






Un remedo del ultraliberalismo más desenfrenado se ha apropiado de la práctica política. Si en lo económico se plantea que el mercado se regula solo y que cada uno debe salvarse por si mismo, en política se utiliza el concepto democracia como la panacea que todo lo resuelve, y las elecciones son el paño milagroso que garantiza al público en general que está al mando de la nave. La receta liberal es "no hay que regular el mercado", la máxima de nuestros dirigentes políticos es "no hay que regular la política", votar cada cuatro años y dejar que los elegidos hagan su trabajo, sin ser molestados; no se les fiscaliza, no se les exigen explicaciones, como si la democracia funcionara sola. Justamente un sistema como el democrático, en cuya base está la desconfianza y la necesidad de controles y equilibrios de poderes, ha acabado en manos de las cúpulas de un par de partidos que constantemente se presentan como juez y parte en los conflictos sociopolíticos que se plantean.
Con el paso de los años se ha consolidado la imagen de que "todos son iguales", de que los comportamientos políticos son de natural egoístas y se mueven por el propio interés y no por el interés general. Por tanto se ha reforzado la política de trincheras y, en ese caso, se dan por buenos los excesos de los propios ya que se supone que de ellos se puede obtener rédito, mientras que si gobiernan "los otros" quienes se beneficiaran serán los "suyos". Ni pensarlo. En el fondo se acepta la corrupción porque todos asumimos que tenemos un corrupto dentro, que estamos dispuestos a aprovechar el primer trato de favor que se nos ponga a tiro aunque el perjudicado directo sea el vecino de toda la vida, "él haría lo mismo".
Así las cosas, cómo se puede esperar que el grueso del electorado le pase factura a sus políticos, en este caso al PP de Francisco Camps, por hacer lo que ellos harían si pudieran. En una sociedad como la valenciana, totalmente huérfana de debate social, sin cauces de discusión política que vayan más allá de una élite electoralmente insignificante, el triunfo del "todo vale" como mensaje más que dominante, hegemónico es indiscutible. Por eso el PP hace lo que le da la gana y cuando llegan elecciones gana. ¿Alguien ofrece otra cosa?

martes, 13 de octubre de 2009

Más cinismo que política

Las cosas van de mal en peor. Acabo de ver una comparecencia ante los periodistas del todavía secretario general del Partido Popular de la Comunidad Valenciana, Ricardo Costa, avanzándose a lo que presumiblemente será su destitución esta tarde a manos de su presidente regional Francisco Camps. El mensaje ha sido claro: “yo cumplía órdenes”, de Camps y de Mariano Rajoy, se entiende. Ha especificado que se trataba de órdenes legales. Claro, decir lo contrario sería autoinculparse pero, es evidente que la responsabilidad la ha lanzado hacia arriba. Cuando he escuchado el discurso de Costa tenía reciente una entrevista que hoy publica “El País” con el cantante Billy Bragg donde este asegura que “el enemigo de todos nosotros no es el conservadurismo sino el cinismo”. Uno cosa me ha llevado a la otra.
Ricardo Costa, cínico atildado, se ha gustado, se le notaba encantado de tener sobre si todos los focos. De cara, de perfil, con gestos medidos, impoluto y sin mácula. Hoy Costa ha hecho lo que él entiende por política y lo ha hecho en su grado máximo: boato, solemnidad, discurso y todos atentos a su persona. Se han sucedido las excusas y las declaraciones de honradez; por eso, ha dicho, no piensa dimitir. Pobre, muy pobre. Seguramente Ricardo Costa ni se lo plantea pero un dirigente político está abocado a dimitir cuando para pasar por honrado debe reconocerse torpe, incapaz, casi estúpido. Cuando ha permanecido indiferente mientras tantos rufianes se infiltraban en su partido, cuando además se ha hecho amigo de ellos, si ha trapicheado con encargos y enchufes diversos, si ha hecho todo tipo de apaños económicos a los tramposos, si no ha detectado todos los delitos que sus próximos estaban cometiendo es que estamos ante un incompetente absoluto, elegante y elocuente pero un inútil total y, en ese caso, su dimisión es obligada.



Ricardo Costa, con Francisco Camps a su derecha, ha dirigido su disgusto en dirección a Mariano Rajoy.



Alega Ricardo Costa que sus conversaciones con los responsables directos de la trama “Gürtel” pertenecen a otros tiempos, cuando nada se sabía de sus componendas. Es éste un argumento infame: él, como dirigente político, como máximo responsable en el día a día del PP valenciano, al margen de lo que estaba obligado a ver, no podía obviar ni lo que denunciaban los medios de comunicación, ni lo que criticaba la oposición. Unos y otros habían alertado en multitud de ocasiones de las oscuras maniobras que rodeaban muchísimas adjudicaciones, tanto las hechas desde el partido como las que salían de la Generalitat. Costa no se enteraba de nada, ¿quién se cree eso? Se supone que tampoco le extrañaba que ante cualquier denuncia los responsables del PP lanzaran cortinas de humo y desplegaran un oscurantismo y una falta de transparencia más propia de una dictadura que de una democracia. Sí, sí todo normal, por eso a Costa nada le llamaba la atención. Ni a él, ni al resto del partido que dirigía, puesto que nadie, ningún dirigente ni alto, ni medio, ni militante de base, alzó la voz de alarma. Ahí tiene Costa otra de las muestras de por qué debe dimitir: porque ha encabezado una organización política donde no hay ni una gota de política, donde todo son intereses, los propios, claro.
Nos podía haber ahorrado también Ricardo Costa la escena de humildad y arrepentimiento que se ha marcado. Cómo que se arrepiente de haberse comprado un “Infiniti” en estos tiempos de crisis que corren, si con lo que llevaba encima en ropa y reloj seguro que comería todo el año una familia normal.
El embrollo es de consideración: Costa pregunta a a la dirección nacional del PP el motivo de su destitución pese a que es Francisco Camps quien en realidad le corta la cabeza; la dirección nacional, Madrid, para entendernos, debe aguantar los reproches que le llegan desde Valencia ya que si cede demuestra una debilidad que sería todavía peor, y Camps se carga a su número dos mientras lo llena de elogios. Nada queda pues queda cerrado. La presión sobre Rajoy, sobre Madrid, seguirá creciendo y, por tanto, el sacrificio de Costa les resultará insuficiente; ver a Camps plegado ante Madrid y, en consecuencia, débil envalentonará a sus enemigos internos, zaplanistas pero no solamente. Camps es el núcleo de la tormenta, el nudo que impide soluciones definitivas, su cabeza está en todos los puntos de mira, no le queda ningún futuro. En el PP valenciano se huela a sangre y eso excita mucho a los tiburones. Puesto que el PP no funciona como partido político sino como sindicato de intereses, hay escualos por todas partes y tienen colmillos muy retorcidos y pocos escrúpulos. Así pues, peligro.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Son los que ensucian el mundo

Miguel Ángel Gómez Martínez es un director de orquesta y compositor español de renombre. Nació en Granada en 1949. Fue un niño prodigio de la música: con cinco años se examinó por primera vez en el Conservatorio de Madrid y a los siete ya dirigió un concierto. Fue precoz y brillante en los estudios que desarrolló en España y luego amplió su formación en Estados Unidos, en Austria, en Suiza, en Alemania. Ha dirigido la Ópera de Viena y también las de París, Ginebra, el Covent Garden, Houston o Chicago, entre otras. Tan destacado expediente no evitó que hace unos días cuando le ordenaron que modificara el texto de la ópera “Roger de Flor” que preparaba con la Orquesta de Valencia y el Cor de la Generalitat, Gómez Martínez cabeceara un obediente “sí señor”. Acto seguido se personó ante los miembros del “Cor” para anunciarles que todas las referencia a “Cataluña y los catalanes” que había en la obra debían sustituirse por “Valencia y los valencianos” y que se trataba de una “orden de los de arriba”. Los ecos del enfado que tal imposición provocó en los cantantes llegaron hasta los medios y la obra se acabó retirando.


Miguel Ángel Gómez Martínez.



¿Qué lleva a una persona de este prestigio, a un director de orquesta de tanto nivel, a un hombre de la música como Miguel Ángel Gómez Mártinez a ser tan mezquino y plegarse a presiones políticas tan burdas? ¿Qué explica que no se plante ante una agresión tan salvaje a la cutlura y al arte como es manipular el texto de una ópera por intereses estrictamente partidistas? ¿Su sensibilidad no da para más? ¿Ni su honradez? ¿Ni su profesionalidad? Lo que está claro es que no se trata de falta de valor porque se necesita valor, y mucho, para encarar a cincuenta cantantes y ordenarles que tergiversen un texto operístico porque cuatro políticos desvergonzados así lo demandan. Hay que ser muy descarado.
El caso de Gómez Martínez es una muestra evidente de como se puede perder el respeto a la propia tarea de uno, es un ejemplo de cómo se olvida la responsabilidad social que cada ciudadano tiene en el desempeño de su profesión.
En periodismo, la desinformación que nos rodea es fruto de idéntica alienación: hay altos dirigentes políticos y empresariales que manipulan a su antojo, es cierto, pero hay un ejército de supuestos profesionales del periodismo que están dispuestos a vender que las botellas de agua sirven para sentarse y las sillas pueden calmar la sed. Véase el siguiente video como ejemplo. La noticia era la reunión que habían mantenido en el Parador de Alarcón el presidente del PP, Mariano Rajoy, y el líder del PP valenciano, Francisco Camps, para, como todos los medios recogieron, discutir de las medidas a tomar por la implicación del mencionado Camps y sus más estrechos colaboradores en el “caso Gürtel”. Fue, como muy bien definía Almudena Grandes en su artículo de “El País”, un cara a cara entre hampones, pero la televisión autonómica Canal 9 recogió, por boca de su presentadora de informativos Maribel Vilaplana, el encuentro como sigue:




Claro, miente Camps y miente la presentadora. Camps, porque es parte de su defensa; la presentadora, simplemente porque, como Gómez Martínez, recibe órdenes desde arriba, que más da que su responsabilidad social sea justamente la contraria a mentir. Cuestión de descaro.
El mismo que gastan jueces como Juan Luís de la Rúa, el presidente del Tribunal Superior de la Comunidad Valenciana, que es capaz de arrastrar la justicia por el barro, retorcer el derecho y hasta hacer el ridículo para salvar a su “más que amigo” Francisco Camps de una acusación de estafa. Le da igual ser el hazmerreír de sus compañeros, le da igual la evidencia general de que tenía que haberse abstenido, le da igual tener que entrar y salir de los actos públicos por la puerta de servicio para evitar preguntas inconvenientes o fotografías incómodas, le da igual.
Van de príncipes pero no llegan ni a ranas. Ensucian allá donde pisan y la gente honrada debe soportar el hedor y limpiarles la mierda. Son los que hacen el mundo peor.

jueves, 1 de octubre de 2009

Votos e impuestos por servicios y explicaciones

Explicaciones, eso es lo que no hay forma de que expliquen los dirigentes del PP valenciano sobre su implicación en el "caso Gürtel". Pero explicaciones las deben dar todos los polñiticos, y las deben dar siempre. Los ciudadanos ofrecen votos y dinero (sus impuestos) y exigen servicios y explicaciones. Así de sencillo. El punto de ruptura es que los primeros siempre cumplen mientras lo segundos, no.


Leire Pajín, Secretaria de Organización del PSOE.




Por ejemplo, en el PSOE está por explicar que necesidad justifica que su secretaria de organización, Leire Pajín, deba ser también senadora dentro del cupo de representación territorial. ¿No tiene suficiente trabajo siendo la responsable máxima del funcionamiento de una empresa, el PSOE, que entre otras cosas ocupa ni más ni menos que el gobierno de España, ocho gobiernos autonómicos y centenarres y centenares de alcaldías? ¿Es cuestión de dinero? ¿Es la necesidad de disfrutar de aforamiento judicial? A ver que día lo explican.



Jorge Alarte, Secretario General del PSPV-PSOE.




También estaría bien que Jorge Alarte, el secretario general del Partido Socialista Valenciano-PSOE, explicará por qué tuvo que viajar ayer hasta Madrid para ser entrevistado por Carles Francino en el programa "Hoy por hoy" de la Cadena Ser. Sobre todo teniendo en cuenta que ayer en el parlamento valenciano, en Les Corts, se estaba haciendo el "Debate de Política General", seguramente el acto político parlamentario más importante del año.
Fue el propio Alarte quien, a pregunta de Francino, contestó que su desplamiento a Madrid no obedecía a otra cosa que a la realización de la entrevista, como si en la ciudad de Valencia, a un kilómetro escaso de su despacho, no tuviera la Cadena Ser unos estudios desde donde podria haber entrado en antena.

Este es el pasaje de la conversación:
C. Francino: "¿Que hace usted en Madrid en un día como hoy?".
J. Alarte: "Venir a verles a ustedes, estar en su programa...".
(pinchar aquí para escuchar la entrevista).

Tanta austeridad como pregonan, tanto despilfarro como denuncian respecto al PP, casa mal con un desplazamiento a Madrid para cinco minutos de entrevista. Los gestos son fundamentales; predicar con el ejemplo, una necesidad, y la coherencia, una obligación. Por cirto, ¿cuántas personas más formaban el séquito?

El cuadro de la vergüenza






Francisco Camps, President de la Generalitat valenciana.




Gürtel, la Comunidad Valenciana, el Partido Popular, Francisco Camps. Estas son las cuatro esquinas del cuadro de la vergüenza que recorre España.
Acabe cuándo y cómo acabe, lo que ya no es inevitable, y a lo mejor tiene incluso su parte positiva, es que se ha puesto en evidencia que la democracia española funciona mal, muy mal, y los ciudadanos no pueden, no saben o no quieren hacer nada al respecto.
Ante las evidencias policiales que muestran como la cúpula del PP valenciano trapicheaba con facturas falsas, comisiones, contratas a dedo y trampas de todo tipo nadie quiere pagar. Nadie da explicaciones. Las urnas no dan patente de democrático a todo lo que hace un gobernante salido de ellas, la ausencia de explicaciones es lo que corresponde a una dictadura, luego nada tiene de democrático lo que están haciendo el President de la Generalitat valenciana, Francisco Camps y sus más directos colaboradores. Se inventan las excusas más peregrinas para desviar las críticas, reproches y acusaciones de que son objeto. Es sorprendente como la sociedad acepta de sus políticos comportamientos que no se aceptarían ni a un alumno de parvulario.
Deberían comportarse de forma ejemplar y, en cambio, hacen justo lo contrario. Aunque solo sea por los privilegios de los que gozan, por ejemplo el aforamiento judicial, están obligados a más pero hacen menos, mucho menos.
Les pillan robando y culpan a la policía, se descubre que metían la mano en la caja y responde que su suegra tiene problemas de salud. Ningún ciudadano de más cinco años utiliza semejantes tretas cuando, por ejemplo, la policía lo multa por exceso de velocidad; pues nuestros gobernantes sí, y les reímos las gracias, y les seguimos pagando, y les seguimos votando.
El País Valenciano vive en un estado de déficit democrático evidente que arranca con la llegada del PP al gobierno de la Generealitat, con Eduardo Zaplana. Antes podía haber, los había, graves errores y abusos inaceptables, pero el PP fue mucho más allá, instauró un régimen. El Partido Popular diseñó y aplicó la toma de las instituciones para ponerlas al servicio de sus intereses partidistas y personales. Lo hizo a partir de la compra de voluntades, de la negación del pluralismo social y el debate público, de la persecución inmisericorde del discrepante, del control total de los medios de comunicación públicos y del abuso de sus mayorías absolutas para impedir, incluso, el control político parlamentario. Se cargaron la democracia porque les molestaba, desactivaron todo aquello que pudiera servir para controlarles porque en su empeño los notarios estaban de más; ellos se presentaban como juez, como parte y como todo, nada había al margen de ellos, ni se necesitaba. No acompañarles en el viaje era sinónimo de traición al país, al pueblo, porque ellos eran el país, el pueblo. Hasta ahora las voces discordantes no lograban ningún eco y hoy los insignes tertulianos madrileños se llevan las manos a la cabeza por lo que en Valencia se sabía, y se denunciaba, desde hace como mínimo diez años. En fin, ya se ha visto en que ha desembocado todo: en una gestión plagada de fracasos y en corrupción.
Estos días la prensa catalana ha publicado que trabajadores del Palau de la Música de Barcelona aseguran que durante la presidencia del recientemente destituido Félix Millet la institución vivía un clima de miedo al "poder absoluto" del mencionado Millet y que, por esta razón, nadie denunciaba, ni criticaba sus comportamiento. El miedo les mantenía en silencio. Félix Millet fue destituido en julio como presidente del Palau encausado y su caso está en los tribunales. El mismo ha reconocido que desvió más de tres millones de euros para su beneficio personal y más de medio millón para viajes de sus familiares. Para esto sirven los "poderes absolutos", para esto se usa el miedo y se limitan las posibilidades de control, para esconder los negocios turbios. Nadie esconde si no tiene nada que esconder. Por eso ahora resulta tan creíble que Camps y los suyos formen parte de una mafia de delincuentes. Han estado tantos años amenazando, obligando a callar, ocultando, y así siguen, que tenemos derechos a pensar lo peor. Si además hay pruebas y ellos no son capaces de ofrecer ni la más mínima explicación será que todo es verdad. Que vergüenza.