miércoles, 23 de septiembre de 2009

Mejor cuanto más simple

Lo sencillo es presentarlo todo a partir de dos únicas posibilidades: blanco o negro. Los matices son una complicación, un lío. Cuanto más compleja se hace la sociedad, de forma más simple se presentan los debates.
La política es blanco o negro: PSOE o PP, esta es la cuestión. Luego, como no, la defensa de la opción elegida debe hacerse con el entusiasmo propio de los fans de los cantantes de moda o con la entrega desaforada de los forofos futboleros.
Me parece ridículo, una tomadura de pelo, un insulto a la inteligencia. Esto no tiene nada que ver con la democracia. Reducirlo todo a solo dos posibilidades es una apuesta para que no haya alternativas, para que siempre sea lo mismo, para que siempre manden los mismos. Vamos camino de que la mala prensa de los años de la Restauración sea convenientemente revisada (ya lo hemos visto con la Guerra Civil) hasta colocar ese periodo en el altar de lo deseable, sea en nombre del pragmatismo, del mal menor o de la cohesión social.
Estos días observo con estupor como se cargan en el debe de José Luis Rodríguez Zapatero todos los males que aquejan a España. Por supuesto, la economía. En cambio, Pedro Solbes, responsable económico gubernamental durante los últimos seis años, ha abandonado la acción política entre el aplauso general.
Sería bueno matizar. Ciertamente Solbes tiene fama de buen gestor, allá donde ha estado ha mostrado sensatez, sabiduría y entrega suficiente. Bien. Lo que no se puede aceptar es que él se vaya de rositas de la situación económica que atraviesa España. Si la gestión del gobierno Zapatero es culpable, supongo que algo tendrá que ver la persona que ha dirigido esa política económica durante todos estos años. Todos. Además me parece del peor estilo aceptar ser cabeza de lista por Alicante en las últimas elecciones generales de 2008 y menos de dos años después abandonar el escaño. Lo mismo sirve para Jordi Sevilla o Cesar Antonio Molina.
Zapatero los colocó en su día de ministros, como hizo con Mercedes Cabrera, con Bernat Soria o Mariano Fernández Bermejo. Luego los relevó. Sin más explicaciones. No se si ellos se las pidieron. Los ciudadanos, pese a no intervenir en ese proceso de nombramientos, merecían algo más. Ahora, Solbes, Sevilla y Molina dejan también su escaño en el Congreso, y en eso si han intervenido los ciudadanos. Es una frivolidad que acepten ser reclamo electoral, que encabecen las candidaturas de Alicante, Castellón y La Coruña, respectivamente, y que luego, cuando quedan en simples diputados, tomen las de Villadiego. Eso es romper un compromiso con los ciudadanos, con quienes confiaron en ellos. Como si ser diputados fuera cualquier cosa. Si pensaban que fuera del ministerio su tarea no tenía sentido, lo pertinente era no encabezar una lista electoral.
Por tanto, las deserciones que se están dando alrededor de Zapatero pueden leerse como la prueba de su talante autoritario y su deriva presidencialista pero, si vamos más allá del "blanco o negro", también sirven como prueba de la falta de rigor democrático de estos destacados ex-ministros. Si no hay causa de fuerza mayor las legislaturas están para completarse, es un pacto con el ciudadano, con el votante, es sagrado. No tienen excusa. Haber esperado dos años más.
Recomiendo un artículo del expresidente de Extremadura Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Lamenta Ibarra la perdida de debate interno en el PSOE y la atribuye no tanto al líder, Zapatero, sino a los demás que para obtener cargos y sueldos no hablan por no molestar. Creo que es un rasgo de comportamiento que va mucho más allá de la política, cosa de estos tiempos. Lo veo también, por ejemplo, en el mundo del periodismo y me parece una terrible vía de agua para el funcionamiento de una sociedad democrática. Nadie ordena silencio, es verdad, pero el hecho cierto es que nadie habla. En el uso de su libertad todos renuncian a su derecho a discrepar. Resultado: no hay discrepancia. Pero bueno, esto sería tema de otro artículo.
Para acabar, al lado de este panorama que observo en el PSOE y en su entorno, me quedo con una entrevista que el pasado domingo publicaba "El País" en su edición de Comunidad Valenciana a la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, del Partido Popular. En una página entera no hay ni atisbo de autocrítica, de duda, de reflexión, de ponerse en el lugar de quien no está de acuerdo. No hay espacio para la política, ni un resquicio que apunte hacia actitudes propias de un dirigente demócrata. Hay una frase, hacia el final, que es la que justifica que mencione aquella esta entrevista aquí. Dice Castedo en referencia a la oposición municipal y a las críticas que recibe: "Al final o te haces una espalda tan grande y ancha que cargas con todo en ella o te vas a casa. Yo la espalda la tengo muy ancha porque desde joven me han hecho sufrir mucho". Vamos, que digan lo que quieran que gobernamos nosotros; un gesto que en 2009 resulta vergonzoso pero que, por ejemplo, en 1940, sería para echarse a temblar. ¿Democracia? Como mucho, democracia instrumental.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Este post es de lo mejor que has hecho. Tocas "la llaga", la madre del cordero. Estamos en una partitocracia que lo abarca todo y la elevación a totem de que "el que se mueva no sale en la foto". Evidentemente se le añade que faltan heroes, estos se retiran de la primera línea al comprobar la falta de solidaridad del resto de compañeros. No hay liderazgo, la democracia se ha convertido en completamente instrumental para ocupara los puestos del poder. ¿Ocupar para que, para transformación de la sociedad? Que va para seguir controlando los resortes del poder, alimentar a las empresas amigas que financian los partidos y así seguir en el poder. Que falta? La revolución o tal vez simplemte la rebeldía de todos y cad uno de nosotros y pedir una puta vez listas abiertas y regneración democratica.

Pedro Garcia Millan dijo...

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