lunes, 28 de septiembre de 2009

La democracia del "vota y calla"

La clase política vive en una especie de limbo democrático en el que parecen sentirse a salvo de cualquier responsabilidad respecto a los ciudadanos, como si sus cargos, sean éstos institucionales u orgánicos, tuvieran sentido al margen de la gente. Es más, nuestros políticos se comportan como si sus cargos fueran anteriores a la existencia de la gente. Semejante estupidez es posible, se da, sucede.
Este fin de semana, en medio del bombardeo del "caso Gürtel", y mientras se descubre que no es que la cúpula del PP valenciano se relacionara con un grupo de mafiosos sino que ellos mismo formaban parte de la banda, dos afirmaciones me han llamado la atención. Se trata de frases que ponen en evidencia a quien las dice, que demuestran la falta de talante democrático, el déficit total de sentido de la responsabilidad.
En una entrevista en el suplemento de "Comunidad Valenciana" de "El País" de ayer domingo, entrevista sorprendentemente amable dada la que está cayendo, Paula Sánchez de León, consejera de Justicia y portavoz del gobierno de la Generalitat, ofrece una curiosa interpretación de la relación entre los gobernantes y los medios de comunicación.




Paula Sánchez de León, Portavoz del gobierno de la Generalitat valenciana.





Sabido es que el President de la Generalitat, Francisco Camps, no concede entrevistas y siempre que convoca a los periodistas no es para someterse él a una rueda de prensa sino para someter a los periodistas a la lectura de un comunicado, sin derecho a preguntas. Pues bien, el redactor de "El País" le pregunta a Sánchez de León lo siguiente:
- ¿Una queja generalizada entre los periodistas es que el presidente Camps se deja preguntar poco ¿le aconsejaría que compareciese con más frecuencia ante los medios de comunicación?
Y Paula Sánchez de León contesta:
- Esto no es una cuestión cuantitativa, es cualitativa. El presidente transmite en cada momento lo que quiere trasladar a los ciudadanos y las políticas y las acciones de las que tiene que dar cuenta. El número de veces no es importante y, en todo caso, incrementar esas comparecencias no aportaría nada a la manera de relacionarse con los ciudadanos y de hacer llegar su mensaje.
Quien así se expresa, debe atenderse a ello, es la "portavoz" del gobierno de la Generalitat. Asegura que la renuencia de Camps a contestar a los periodistas no importa porque él cuando quiere decir algo a los ciudadanos ya lo hace. Muy bien, pero ¿qué tiene que ver esto con contestar a los periodistas? Camps, o cualquier otro político, y más si gobierna, tiene multitud de canales para dirigirse a la ciudadanía. Los ciudadanos, en cambio, solo tienen a los periodistas para pedirles explicaciones a sus gobernantes, no tienen otra vía. Por tanto, un político nunca debería negar el derecho de los periodistas a preguntar, y debería responder a lo que se le pregunta, y debería fomentar y facilitar sus comparecencias ante los periodistas. No por amor a estos, sino porque detrás de ellos quien realmente está preguntando es la sociedad. Luego ya echará mano de sus infinitivos equipos de prensa e inundará las redacciones de comunicados o actos a mayor gloria de uno mismo, pero para cualquier gobernante demócrata pocas cosas hay obligadas que explicarse ante los votantes y, puesto que hacerlo uno por uno es imposible, los periodistas son quienes les representan. Es muy ilustrativa esa preocupación por “hacer llegar su mensaje” (del líder al pueblo) y, todavía más, ese desprecio a que lleguen las peticiones de explicación (del ciudadano al gobernante).



Ricardo Costa, Secretario General del PP de la Comunidad Valenciana.


El segundo pasaje que quiero destacar se refiere al secretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, protagonista destacado de los turbios negocios que su partido mantenía a tres bandas con el entramado de empresas de Francisco Correa y Álvaro Pérez, "El Bigotes" y el grupo de constructores que, según la investigación policial, se dedicaban a pagar facturas de los populares. Ayer domingo, en una rueda de prensa, le preguntaron a Costa si se planteaba dimitir. Su respuesta fue que a él solo le puede cuestionar el presidente del partido y President de la Generalitat, Francico Camps, "y no lo ha hecho". Y añadió: "A los dirigentes del PP no hace falta que nos digan cuándo hay que dimitir".
Claro, lo que opinen los ciudadanos, lo que piense el votante, lo que demuestren las evidencias, que un político esté bajo sospecha por robar a manos llenas, eso no importa. Solamente vale lo que dice el líder, el jefe. Una manda y los demás callan. ¿Dónde está lo democrático de esta filosofía que deja sin valor al ciudadano al segundo siguiente de haber ido a votar?

viernes, 25 de septiembre de 2009

La correa que estrangula a Camps

Tratar sobre políticos tramposos que ganan elecciones resulta complicado. Las trampas, gracias a su poder, las llevan a las más altas instancias, a las últimas consecuencias y eso hace difícil que paguen por ellas. Es el caso de Francisco Camps y el Partido Popular de la Comunidad Valenciano. No se trata de cuatro sinvergüenzas que defraudan la confianza de sus superiores, no. Hablamos de la cúpula del PP valenciano, sus más destacados dirigentes, sus hombres y mujeres con más altas responsabilidades. La investigación del “caso Gürtel” ha puesto en evidencia que, más allá de los trajes regalados, por encima del ofensivo intercambio de dádivas de lujo, está la financiación ilegal del PP. A la vista del último informe policial conocido, no estamos ante un grupo de personas que a título individual se ponen de acuerdo para enriquecerse. Es mucho peor, se trata de una banda de delincuentes organizados, dedicados al robo y a la extorsión. En este marco, el enriquecimiento personal no pasa de ser simplemente una parte. Cuando se decía, con horror, que los altos cargos del PP, con Camps a la cabeza, recibían regalos de un grupo de mafiosos no se acertaba. La realidad es, según lo sabido hoy, que todos forman parte de la misma mafia.
Los documentos conocidos son difíciles de rebatir. Judicialmente el proceso está en marcha, y complicado será que de nuevo les vuelva a sacar las castañas del fuego un juez como el Presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, Juan Luís de la Rúa, más que amigo de Francisco Camps, según dijo él mismo, pero a quien ni su conciencia, ni su vergüenza le llegó para abstenerse. La justicia es, como mínimo, lenta pero bastante segura. Ya se verá.
En lo político, Francisco Camps y el PP valenciano han asumido, de hecho, la culpabilidad, por más que eso no tenga nada que ver ni con dimitir, ni con la certeza de que los electores les vayan a pasar factura. Hoy, una vez más, han usado la descalificación como arma de defensa. Ante las inmensas dudas planteadas, ante las graves acusaciones de que son objeto, no han dado ni una sola explicación, ni un dato para justificar que lo que se dice de ellos no es cierto. Han asegurado que todo es mentira, un montaje, sin más. Lo que sucede es que, políticamente, esta respuesta no vale. Un gobernante no puede estar bajo sospecha porque esa sospecha es una mancha que se extiende por la sociedad y la va desintegrando. En estas condiciones, un President de la Generalitat como Francisco Camps, si no puede desmontar lo que se dice de él, debería ahorrarle a su pueblo tener que pasar tanta vergüenza, aunque hoy le voten; hablo de decencia, aunque sea no más que un fugaz asalto de decencia, ese instante debería ser suficiente para no prolongar semejante estafa.
Además, con su falta total de argumentos, los dirigentes del PP valenciano pretenden que se les crea únicamente en base a su palabra, cuando su trayectoria lo que muestra es que no son de fiar: siempre que les ha interesado han mentido. Basta ver Canal 9, sus informativos: una constante manipulación de la realidad, una falsificación tras otra, para tapar los errores y las tropelías del PP, para engañar a la ciudadanía dándole propaganda como si fuera información. Añádase a esto que ni Juan Luís de la Rúa “el más que amigo” pudo evitar reconocer en su sentencia que los trajes de Camps, pese a que en sede parlamentaria él había dicho lo contrario, eran un regalo de Francisco Correa, Pablo Crespo, Álvaro Pérez “El Bigotes” y compañía.
El PP valenciano siempre responde: “Mentira”, cuando alguien les hace un reproche, y luego, como un resorte, recuerdan que de la cuestión trajes salieron exonerados. Cierto, pero olvidan que también hay unas responsabilidades políticas que asumir. En este sentido, de los trajes, políticamente, salieron condenados ya que los jueces demostraron sus mentiras aunque, añadieron, que esos comportamientos no los consideraban delito, “cohecho impropio”, para ser exactos. Veremos como salen de ésta. Y hasta donde Mariano Rajoy sale salpicado.
Recordar por último que fue el juez Baltasar Garzón quien ya hace ocho meses apuntó a la financiación ilegal del PP como el aspecto clave del "caso Gürtel". Se agradece su labor pero da miedo. Si un día supiera que Garzón me acusa de haber hecho aguas menores en una pared del Kremelin me asaltarían dudas, y eso que yo nunca he estado en Moscú.

Canal 9 y el PP coinciden: la culpa es de Interior

No cabe ninguna duda que la noticia política del día en España es hoy el informe policial que denuncia una trama de financiación ilegal del Partido Popular en la Comunidad Valenciana. Para constatar la importancia de la información basta con decir que con ella abren tanto "El País" como "El Mundo", sin grandes diferencias de enfoque. Los primeros titulan: "La cúpula directiva de Camps montó una trama ilegal para financiar al PP"; y los segundos, "El PP montó una Filesa en Valencia según la policía".
No estamos ante una noticia menor. La denuncia tiene el suficiente calado para remover las estructuras de un partido que lleva 15 años gobernando en la Comunidad Valenciana, para dejar al pie de los caballos a sus principales dirigentes, con el President de la Generalitat, Francisco Camps, a la cabeza. Tampoco a nivel estatal, el líder de los populares, Mariano Rajoy, puede permanecer indiferente; muchas veces el propio Rajoy ha negado la existencia de irregularidades sin abrir ninguna investigación interna, ni dar explicaciones, pese a que las denuncias y los indicios se multiplicaban.
Informativamente no parece que pueda haber otra forma de acercarse a la noticia que no sea empezar por explicar los datos de los que se dispone y, luego, pedir explicaciones a los aludidos, al Partido Popular. Digo que no parece que pueda haber otra forma de hacer las cosas. Digo parece. Pero sí la hay. La televisión pública valenciana, Canal 9, tanto en su tertulia matinal como en su informativo de mediodía, ha presentado la información como un caso de presunta manipulación del Ministerio del Interior y de filtración interesada. Una puesta en escena que coincide con la estrategia que el Partido Popular ha puesto en marcha para defenderse.
Resulta, pues, muy interesante observar como en "Notícies 9-La Tertúlia" se ha tratado el tema, sobre todo teniendo en cuenta que su invitado era el valenciano Esteban González Pons, vicesecretario de Comunicación del PP.



video



El mismo espíritu ha estado presente en el noticiario del mediodía de la cadena: el foco informativo estaba colocado en la posible manipulación y filtración por parte de la policía, la noticia no aparecía en los titulares de la jornada, no se explicaba el contenido de la denuncia, se recogía la cuestión cuarenta minutos después del inicio del espacio y las únicas voces que se han escuchado han sido la del ya mencionado González Pons y la del número dos del PP valenciano, Ricardo Costa, uno de los supuestos organizadores de la financiación ilegal del partido.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Lecciones, las justas

“El País”. Llevamos unas semanas escrutando como “El País” pone la información al servicio de sus intereses económicos. Lo hace, no me cabe ninguna duda. El “Grupo Prisa”, la empresa, pesa más que la redacción del periódico. Dicho esto, debe quedar claro que en el debate mismo, en su reiteración, en todas las voces que participan en él está la medida de lo que se le exige a “El País” y no, ni de lejos, a sus competidores. Los lectores de “El País” son, en general, personas con espíritu crítico, gente preparada y difícil de pastorear. Por eso discuten. Lectores de suficiente calidad como para cuestionar el mismo producto que consumen. Prácticamente ningún otro rotativo español está en condiciones de decir lo mismo.
Quede aquí este preámbulo y sirva como ejemplo de un nivel que otros medios ni se plantean.
La reciente moción de censura de Benidorm ha puesto de manifiesto, por ejemplo, como destacadas cabeceras como “El Mundo” o, en el ámbito valenciano, “Las Provincias” actúan como simples correas de transmisión de los discursos del Partido Popular. Evidentemente porque así les conviene a sus empresas, por intereses estrictamente económicos, porque su proximidad al PP les reporta considerables beneficios y les amplía sus posibilidades de negocio. A diferencia del caso de “El País”, aquí no hay discusión, la clientela consume el producto trucado como material de primera, y lo jalea.
Veamos un ejemplo de lo que digo y ante el que no entiendo como nadie insinúa siquiera un reproche. Una prueba de periodismo de partido, pésimo periodismo.
Ayer miércoles “El Mundo” llevó a su portada, como segundo tema del día, la moción de censura presentada por 12 ex concejales del PSOE en el ayuntamiento de Benidorm que, con el respaldo de un tránsfuga del PP, consiguieron desalojar a los populares de la alcaldía de la localidad. Segundo tema y foto de portada. Luego, en la edición para la Comunidad Valenciana, le dedicaba cinco páginas más. Hoy, dos días después del pleno de la moción, el tema, de nuevo, ocupa tres páginas. Pues bien, hace poco más de un año, concretamente el 7 de julio de 2008, una moción idéntica a la ahora presentada en Benidorm se presentó en Denia. La diferencia radica en que, aquel día, la alcaldesa desalojada era socialista y la moción la presentaba el PP, apoyado por un tránsfuga del PSOE. No hubo portada, ni foto. Entonces “El Mundo” situó el tema como séptima noticia de su edición de la Comunidad Valenciana y, al día siguiente, ya no pasó de ser una nota breve sobre el reparto de competencias en el nuevo consistorio de Denia.
Más o menos lo mismo se puede decir de “Las Provincias”. Hace un año, la moción de Denia no fue más allá de ser considerada la sexta noticia de la jornada. Un día después la única referencia al tema era una entrevista a la nueva alcaldesa del PP, Ana Kringe, en la que ésta negaba a Juan Collado, el tránsfuga, su condición de tal. Ahora, por el contrario, “Las Provincias” ha colocado la moción de Benidorm como primera noticia de portada tanto ayer, con foto, como hoy, sin ella. Además, ayer le dedicó cinco páginas interiores y hoy, tres.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Mejor cuanto más simple

Lo sencillo es presentarlo todo a partir de dos únicas posibilidades: blanco o negro. Los matices son una complicación, un lío. Cuanto más compleja se hace la sociedad, de forma más simple se presentan los debates.
La política es blanco o negro: PSOE o PP, esta es la cuestión. Luego, como no, la defensa de la opción elegida debe hacerse con el entusiasmo propio de los fans de los cantantes de moda o con la entrega desaforada de los forofos futboleros.
Me parece ridículo, una tomadura de pelo, un insulto a la inteligencia. Esto no tiene nada que ver con la democracia. Reducirlo todo a solo dos posibilidades es una apuesta para que no haya alternativas, para que siempre sea lo mismo, para que siempre manden los mismos. Vamos camino de que la mala prensa de los años de la Restauración sea convenientemente revisada (ya lo hemos visto con la Guerra Civil) hasta colocar ese periodo en el altar de lo deseable, sea en nombre del pragmatismo, del mal menor o de la cohesión social.
Estos días observo con estupor como se cargan en el debe de José Luis Rodríguez Zapatero todos los males que aquejan a España. Por supuesto, la economía. En cambio, Pedro Solbes, responsable económico gubernamental durante los últimos seis años, ha abandonado la acción política entre el aplauso general.
Sería bueno matizar. Ciertamente Solbes tiene fama de buen gestor, allá donde ha estado ha mostrado sensatez, sabiduría y entrega suficiente. Bien. Lo que no se puede aceptar es que él se vaya de rositas de la situación económica que atraviesa España. Si la gestión del gobierno Zapatero es culpable, supongo que algo tendrá que ver la persona que ha dirigido esa política económica durante todos estos años. Todos. Además me parece del peor estilo aceptar ser cabeza de lista por Alicante en las últimas elecciones generales de 2008 y menos de dos años después abandonar el escaño. Lo mismo sirve para Jordi Sevilla o Cesar Antonio Molina.
Zapatero los colocó en su día de ministros, como hizo con Mercedes Cabrera, con Bernat Soria o Mariano Fernández Bermejo. Luego los relevó. Sin más explicaciones. No se si ellos se las pidieron. Los ciudadanos, pese a no intervenir en ese proceso de nombramientos, merecían algo más. Ahora, Solbes, Sevilla y Molina dejan también su escaño en el Congreso, y en eso si han intervenido los ciudadanos. Es una frivolidad que acepten ser reclamo electoral, que encabecen las candidaturas de Alicante, Castellón y La Coruña, respectivamente, y que luego, cuando quedan en simples diputados, tomen las de Villadiego. Eso es romper un compromiso con los ciudadanos, con quienes confiaron en ellos. Como si ser diputados fuera cualquier cosa. Si pensaban que fuera del ministerio su tarea no tenía sentido, lo pertinente era no encabezar una lista electoral.
Por tanto, las deserciones que se están dando alrededor de Zapatero pueden leerse como la prueba de su talante autoritario y su deriva presidencialista pero, si vamos más allá del "blanco o negro", también sirven como prueba de la falta de rigor democrático de estos destacados ex-ministros. Si no hay causa de fuerza mayor las legislaturas están para completarse, es un pacto con el ciudadano, con el votante, es sagrado. No tienen excusa. Haber esperado dos años más.
Recomiendo un artículo del expresidente de Extremadura Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Lamenta Ibarra la perdida de debate interno en el PSOE y la atribuye no tanto al líder, Zapatero, sino a los demás que para obtener cargos y sueldos no hablan por no molestar. Creo que es un rasgo de comportamiento que va mucho más allá de la política, cosa de estos tiempos. Lo veo también, por ejemplo, en el mundo del periodismo y me parece una terrible vía de agua para el funcionamiento de una sociedad democrática. Nadie ordena silencio, es verdad, pero el hecho cierto es que nadie habla. En el uso de su libertad todos renuncian a su derecho a discrepar. Resultado: no hay discrepancia. Pero bueno, esto sería tema de otro artículo.
Para acabar, al lado de este panorama que observo en el PSOE y en su entorno, me quedo con una entrevista que el pasado domingo publicaba "El País" en su edición de Comunidad Valenciana a la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, del Partido Popular. En una página entera no hay ni atisbo de autocrítica, de duda, de reflexión, de ponerse en el lugar de quien no está de acuerdo. No hay espacio para la política, ni un resquicio que apunte hacia actitudes propias de un dirigente demócrata. Hay una frase, hacia el final, que es la que justifica que mencione aquella esta entrevista aquí. Dice Castedo en referencia a la oposición municipal y a las críticas que recibe: "Al final o te haces una espalda tan grande y ancha que cargas con todo en ella o te vas a casa. Yo la espalda la tengo muy ancha porque desde joven me han hecho sufrir mucho". Vamos, que digan lo que quieran que gobernamos nosotros; un gesto que en 2009 resulta vergonzoso pero que, por ejemplo, en 1940, sería para echarse a temblar. ¿Democracia? Como mucho, democracia instrumental.

jueves, 17 de septiembre de 2009

No queda periodismo















Los periodistas somos un rebaño, créanme. Gente fiel a la empresa que paga, disciplinada, obediente, comprensiva. Por su parte, las empresas periodísticas a lo que se dedican, no se engañen, es a la política. De la política depende directamente su negocio, de la publicidad institucional, de las concesiones administrativas varias. Por eso manipulan la información acorde a sus intereses y a los de las formaciones políticas a las que, en cada momento, se acercan. Así que cuando la empresa decide dar un golpe de timón y presionar a un gobierno, o congraciarse con él, o dar cera a la oposición, o jalearla, los periodistas, como un solo hombre, se ponen a disparar.
Estos días, por tierra, mar y aire, se ha desencadenado la caza y captura de Zapatero. A las habituales andanadas desde los medios próximos al PP, con "El Mundo" como desaforado y atrabiliario ariete, se ha sumado con generosidad el "Grupo PRISA". Es indudable que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero da argumentos sobrados para que se le critique con dureza, no es complicado airear errores o contradicciones del ejecutivo socialista. Tampoco lo es señalar las meteduras de pata del PSOE, incluso sus déficits democráticos.
Lo que es más difícil de aceptar, lo que evidencia que los medios de "PRISA" han virado de un día para otro, lo que pone de manifiesto que los periodistas escriben al dictado de las decisiones empresariales, es que todo lo que vale ahora, antes parece que pasaba desapercibido. No lo detectaba Javier Moreno, director de “El País”; ni tampoco Daniel Anido, director de la “Cadena SER”, ni su jefe de informativos Rodolfo. No es cuestión de torpeza, en absoluto. El decreto ley sobre TDT de pago, esa decisión que tan mal sentó en "PRISA", les ha abierto los ojos. Por eso cualquier ciudadano un poco razonable e informado lo que puede sentir es que, simplemente, le toman por imbécil. Incluso Iñaki Gabilondo pone su estilo y su prestigio al servicio de la causa.
El núcleo de la operación de acoso a Zapatero es la denuncia de su errático comportamiento para sacarnos de la crisis económica. De golpe se han disparado todas las alarmas y se han desatado los anuncios de grandes desastres. Es como si nos hubiera cogido por sorpresa que España afronte esta crisis en peor situación que los países de su entorno. Parece que los ilustres articulistas, opinantes y periodistas con galones no sabían que la economía española estaba en condiciones más precarias que las que nos rodean, que siempre hemos tenido más paro, mayores desequilibrios, más dependencia del exterior. Siempre ha sido así, por tanto, ¿a qué viene ahora rasgarse las vestiduras? Tan sabios como se declaran y se habían dejado deslumbrar por el espejismo de esa España rica, rica que crecía a golpe de ladrillo pero sin cimientos. Durante un decenio nos hemos desarrollado a un ritmo que duplicaba el crecimiento alemán y casi el francés o el británico pero también el frenazo ha sido mayor. Pese a tanto ditirambo, en los últimos años no hemos avanzado en competitividad, no ha crecido la productividad, no se ha recortado la temporalidad en lo puestos de trabajo, la calidad del empleo tampoco ha mejorado, estamos a la cola de inversión en I+D y en lo único que somos líderes es en fracaso escolar. Un cúmulo de rémoras que, a la vista de lo que asoma en los medios, solamente puede solventarse flexibilizando el mercado laboral, como si lo que interesa a corto plazo a un determinado sector social, el empresariado, fuera de interés general y de efectividad segura y definitiva.
Lo penoso de la gestión de Zapatero es que mientras la construcción nos daba una apariencia de país de millonarios no se hubieran tomado medidas para diversificar nuestra economía, que no se hubieran hecho en aquel momento las reformas modernizadoras necesarias para tener, ahora que llega el frío, otros sectores a los que apelar. Claro, meterse entonces con la construcción no interesaba a las grandes empresas periodísticas: sus accionariados están llenos de quienes se forraban con las obras y sus páginas rebosaban publicidad.
Hoy todos son voces de pasmo y catástrofe. Justo ahora que se plantea subir los impuestos. Cuando de lo que se trataba era de mejorar las cuentas de resultados de los bancos, que por ahí se empezó, hubo mucho menos estruendo. Ahora que el déficit se dispara han desaparecido de los medios las razones que podrían justificar este endeudamiento. Nadie dice que los parados de hoy, los jubilados de hoy, los minusválidos de hoy, los escolares de hoy, los enfermos, los que necesitan con urgencia que el estado de bienestar no retroceda no pueden esperar a que la economía mejore para ver sus mínimos vitales cubiertos.
Pese a tanto ruido en contra, si Zapatero quiere evitar los recortes sociales lo que se le debería reprochar es que no coja el toro por los cuernos, de la cara y, sin titubeos, explique el cómo y el por qué de sus decisiones económicas.
Ciertamente en la gestión de Zapatero hay rasgos de presidencialismo muy básico (otro de los reproches repentinos) pero no más que en anteriores inquilinos de Moncloa. La mejor receta contra el presidencialismo es, como casi siempre, la transparencia, dar explicaciones, muchas, todas. Que Zapatero sea presidencialista, torero o Testigo de Jehová, que sea lo que quiera, pero que aclare por qué le han durado tan poco ministros como Mercedes Cabrera, Bernat Soria o Cesar Antonio Molina, por qué ha utilizado el prestigio de esas personas como bandera y, después, no les ha dejado acabar su labor. Zapatero debería explicar por qué Pedro Solbes se presentó a unas elecciones como el salvavidas económico y un año después no es ni diputado o por qué, con la que está cayendo, Jordi Sevilla ha pasado de ser su profesor particular de economía a quedarse fuera del Congreso. El ciudadano, votante o no del PSOE, tiene derecho a que se le ofrezcan las razones que explican que tantas y tan destacadas personas que encabezaron candidaturas socialistas en mayo de 2008 hoy hayan roto su compromiso electoral y ya no estén ni en política. Zapatero debería contarnos cómo es posible que el PSOE esté en manos de profesionales de la política sin un lugar donde caerse muertos el día que el azar, un mal resultado electoral o el dedo del jefe diga hasta aquí hemos llegado. Tendría que decirnos, por ejemplo, si no hay en todo el partido nadie mejor y más preparado que Leire Pajín para dirigir el PSOE y cómo es posible que la valenciana, a todo lo que es y todo lo que cobra, quiera añadir ahora un escaño de senadora.

martes, 15 de septiembre de 2009

Berlusconi habita entre nosotros

Un día es por la violencia machista que no cesa, otro por el bandalismo callejero, otro por el aumento de la delincuencia, o por como se desatiende a tantos ancianos abandonados en las cunetas de la sociedad, o por cómo se abusa de los propios hijos, o porque vemos que hay quien sigue jaleando el terrorismo etarra, o por los brotes de racismo, o por el maltrato a los animales. Por eso y por más cosas, siempre topamos con motivos para llevarnos las manos a la cabeza, para asustarnos en cuanto abrimos el periódico u oímos los informativos de la radio, para sorprendernos de hasta donde alcanza la condición humana. Que mal está la sociedad, o mejor, a dónde la hemos llevado. Lamentos. Ejercicio de hipocresía.
Tenemos un inmenso problema de valores cívicos, de ética ciudadana. Hemos llevado los modelos sociales a ras de suelo, o peor, a las cloacas. Pensemos en la televisión que vemos, la que se tragan nuestros hijos. Tengamos en cuenta quienes protagonizan los espacios más vistos, los que son referencia en las tertulias matinales de los bares, o en las puertas de los institutos. Observemos como hemos convertido el deporte, más concretamente el fútbol, en un paradigma y espacio de confrontación omnipresente donde todo vale para conseguir la victoria. Todo vale para ganar. Ganar en el campo pero también en la calle, en la escuela, en la oficina, en la pasarela, en el plató. No hagamos como si no nos diéramos cuenta de que todo está mercantilizado, de que solamente nos importa el precio, de que solo cuenta lo que podemos obtener, el beneficio. Pagamos por lo que parece, por lo que se ve, por lo que brilla, aunque detrás no haya nada, ¿quién se preocupa de lo que hay detrás? ¿Por qué perder el tiempo con esos detalles?


El primer ministro italiano Silvio Berlusconi.




Miramos a nuestros dirigentes políticos, a las personas que nos gobiernan, a nuestros líderes y nos los encontramos sistemáticamente inmersos en sus trampas. Maediocre, bien poco admirables, siempre dispuestos a arrimar el ascua a su sardina. El zorro a cuidar de las gallinas. Los que deberían revertir los espacios a la deriva resulta que viven instalados en ellos: lejos de procurar la mejora social aprovechan el deterioro para seguir medrando. Lo que vale para ellos no vale para los demás, todo depende, la raya se mueve. No les importa ni hacer el ridículo, ni dar pena. Ande yo caliente. Mantenga yo mi escaño, mi coche oficial, mi tarjeta VISA. Lamen el culo que les garantiza su cargo. Ofenden nuestra inteligencia. Mentiras. Abren la boca para mentir. Nunca dicen la verdad, a no ser que, por casualidad y por una vez, les interese la verdad. Trampas y más trampas pero, luego, del ciudadano de a pie debemos esperar la correcta observancia de la ley, el rigor, la coherencia, la decencia. Anda ya. Y miramos a Berlusconi, y decimos que un día estaremos como Italia. No es cierto. Ya estamos como Italia. No hay dos realidades idénticas, claro, pero la política española también está llena de putas, de leyes a medida, de periodistas comprados, de periodistas perseguidos, de enchufes y amiguismo, de jueces en el punto de mira, de corrupción, de millones de euros desaparecidos, de pactos con las mafias. Lo malo no es que seamos Italia, lo malo es que ni siquiera intentamos no serlo, ser Noruega, por ejemplo. O simplemente Francia.
Tengo una hija y me parece fundamental explicarle que es mejor estudiar y prepararse que buscar un pelotazo, que conviene no hacer a los demás aquello que no quieres que te hagan a tí, que es necesario tener palabra y no hacer trampas, que la conciencia vale más que la cuenta corriente, que la felicidad está en lo que se es y no en lo que se tiene. No se si al final la acabaré jodiendo más que otra cosa.

viernes, 11 de septiembre de 2009

El partido me enchufará: Francesc Romeu y tantos otros

No es sencillo responder a la recurrente pregunta de por qué el Partido Popular valenciano no paga en las urnas ni sus casos de corrupción, ni sus comportamientos antidemocráticos, ni su mala gestión, ni su despilfarro sin cuenta, ni el cúmulo de ocurrencias que son indiscutibles tomaduras de pelo al electorado. Sin duda la respuesta a tan repetida pregunta está en un cúmulo de elementos. De todos, el que me parece fundamental, con mucha diferencia respecto a los demás, es la ausencia de alternativa, lo que el PP tiene enfrente. El Partido Socialista del País Valencià (PSPV) no ofrece nada distinto a lo que ya hace el PP, por tanto, ¿para qué cambiar? El listado de actuaciones de los socialistas valencianos durante este verano, solo este verano, que podrían servir para argumentar mi posición es largo: un día sale el secretario general del PSPV, Jorge Alarte, y anuncia que piensan retirar una denuncia contra un pelotazo urbanístico montado entre el Valencia CF y el Ayuntamiento tras meses denunciándolo; otro, después que el gobierno de Camps regale 90 millones de euros a la empresa privada que organiza el Gran Premio de Fórmula 1 de Valencia, los socialistas son el único partido que no se pronuncia y Alarte, de nuevo Alarte, mientras ejerce de espectador VIP de la carrera, asegura que “si a la Fórmula 1 pero también lo demás”, como si hubiera dinero para todo; más tarde, bendicen un aval del gobierno a la empresa Valencia CF por más de 70 millones; al día siguiente, arrinconan las siglas PSPV pese a que en el último congreso se decidió su mantenimiento por 107 votos contra 7; luego presentan una moción de censura en Benidorm con el apoyo de un tránsfuga aunque lleven 20 años acusando, y con razón, al PP de ese “modus operandi”.


Francesc Romeu





Un repaso poco atento a la actualidad de los últimos tres meses sería suficiente para ampliar el listado. Yo me quedo con una noticia de hace un par de días: “RENFE ficha a Francesc Romeu como Director Ejecutivo en el área de Planificación Estratégica”. Romeu, un licenciado en derecho que encadena cargos institucionales, orgánicos y administrativos de confianza política desde su más tierna infancia, pasaba por ser la voz crítica más cualificada al actual líder del socialismo valenciano, Jorge Alarte. En el último congreso de la formación presentó su candidatura a la secretaría general. Fue derrotado por poco. Acto seguido, en repetidas ocasiones, alzó su voz ante las decisiones de la nueva dirección: más política, más debate, más ideas, más participación, más compromiso por la izquierda, mayor diferenciación con las políticas de los populares. Este era su discurso. Pese a que su currículum no inspiraba demasiada confianza renovadora, su carrera siempre había estado ligada a los sectores dominantes del aparato del partido, sobre todo a la sombra del ex Secretario de Organización del PSOE Ciprià Císcar, pese a todo, era el único que se había construido una cierta imagen de ilusión y cambio. Su última apuesta fue postularse para dirigir el partido en Valencia frente a los candidatos oficialistas. Pues no. Lo que parecía una apuesta política no era otra cosa que la búsqueda de un puesto de trabajo. Romeu fue concejal en su pueblo, Silla, con poco más de 20 años, ocupó luego diferentes cargos en la cúpula del partido en Valencia, más tarde fue diputado en Madrid y, finalmente, José Blanco, como Secretario de Organización, lo puso a presidir la “Fundación Jaime Vera”. Tuvo que dejar el cargo hace unos meses. Ahora estaba sin oficio, ni beneficio. Hasta el día 8. De nuevo José Blanco lo nombró “Director Ejecutivo en el área de Planificación Estratégica para Innovación y Gestión del Conocimiento y Coordinador de los Planes de Movilidad de RENFE”. Romeu no tiene ninguna cualificación que lo acredite para ese trabajo, nada sabe de trenes. Lo que sabe es que los partidos son perfectas agencias de colocación para los que, como él, fuera de la política, no tienen forma de seguir con el alto nivel de vida (comidas, despachos, viajes, dietas, secretarias…) que se obtiene bajo los paraguas partidistas. Agencias de colocación. Lo es el PP. Lo es el PSPV. Alarte se quería sacar de encima un estrobo, el estrobo no tenía donde ir… Problema solucionado. Paga el erario público. Cuando Blanco y el PSOE abandonen el gobierno y sus militantes desalojen RENFE, Romeu volverá a quedarse sin trabajo. Entonces tocará, otra vez, intrigar en el partido para buscar una nueva ocupación. Es una historia conocida. En la casilla Romeo podríamos poner otros mil nombres, tanto del PP como del PSOE. Cuando los socialistas valencianos hablan de buscar el cambio lo que realmente hacen es seguir dándole vueltas al atajo en el que viven cómodamente instalados.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

El gatillo fácil de "El Mundo"

Las operaciones mediáticas contra un determinado dirigente político están en condiciones de dar resultado cuando, además de las consabidas andanadas que llegan desde la trinchera opositora, arrecia el fuego amigo. Las enmiendas a la totalidad a una gestión política no precisan de mentiras, aunque siempre se cuele alguna; más bien se basan en una visión parcial de la realidad, en destacar lo que interesa y pasar de largo por aquello que puede matizar el discurso. José Luis Rodríguez Zapatero y su gobierno viven hoy en un estado evidente de “pim, pam, pum”. Cuesta encontrar comentaristas que estos días acompañen sus críticas con apuntes a la gestión global del ejecutivo socialista; eso que se llama contextualizar. Se acabaron los elogios, sólo queda sitio para los palos. La balanza ha dado un bandazo este verano con el cambio de actitud del “Grupo Prisa”. Momento clave, artillería pesada que reorienta el punto de mira. El artículo que escribió el pasado 21 de agosto en “El País” el consejero delegado de Prisa, Juan Luis Cebrián, fue su particular “Rubicón” para lanzarse contra el gobierno. Ajeno a favores pasados, Cebrián acusaba a Zapatero de favorecer “los intereses de una empresa cuyos propietarios están ligados por lazos de amistad al poder”, se refería a “Mediapro” y todo el conglomerado empresarial encabezado por Jaume Roures. “Gobernar para los amigos”, decía Cebrián, y, desde ese día, “El País” y “la SER” no han dado tregua.
Prepotente, errático y poco preparado, así dibujan hoy los medios de Prisa a José Luis Rodríguez Zapatero. “El Mundo”, ocupado desde el primer día en abatir al jefe del Ejecutivo, le añade la condición de radical. Y a ella se entrega. Se trata de presentar a Zapatero como muy de izquierdas, o entregado a los independentistas, o muy anticlerical. Un peligro clásico, vamos. En este sentido su edición de ayer es ejemplar. Ejemplar para observar hasta que punto “El Mundo” es capaz de estirar un tema menor y sacarle punta, y punta, y punta. Ejemplar también para entender que a la dirección de este periódico le interesa mucho más ser azote del gobierno, desgastarle y tensar el clima político que cumplir con su deber informativo y ofrecer un producto de calidad, tanto en lo profesional como en lo ético. El negocio es el negocio. La cuestión de ayer era que “el PSOE levanta el puño”. Todo a colación del mitin de fin de semana de la UGT en Rodiezmo donde destacados dirigentes socialistas cantaron “La Internacional” puño en alto. Pues bien, “El Mundo” le dedica la portada, tres páginas y el editorial al asunto de marras. De sustancia e información, muy poca; solamente debate y polémica. Tres páginas, agrupadas bajo un titular genérico: “La polémica de los símbolos”; como si la polémica fuera algo de lo que se hace eco el periódico y no su propia creación.
En portada hacen constar que “El PSOE, último gran partido europeo que levanta el puño”, y dirigen la noticia a la página 5. Yendo a ese punt, el diario se desmiente a si mismo. Pese a reiterar en el titular que “El PSOE, último reducto de un gesto histórico. Sólo los socialistas españoles levantan el puño entre los grandes países europeos”, en el texto detallan que en Italia también se hace aunque de forma “excepcional”, que la líder de los socialistas franceses Martine Aubry “se avino a alzar el puño” el pasado 28 de agosto en un acto en la Universidad de La Rochelle, que los dos partidos socialistas belgas lo “siguen utilizando” y que el líder del PS portugués, José Sócrates, continúa “levantando el puño”. Por tanto, no se entiende que si tantos lo hacen, el títular sea el que fue.
Llama la atención también que en el editorial que le dedican al tema se pregunten si los socialistas españoles con su gesto quieren emular “al PASOK griego de la dinastía Papandreu y, luego, en las páginas de información, destaque que “En Grecia, los integrantes del PSOK, en la oposición desde 2004, han desterrado el puño en alto de sus celebraciones. ¿En qué quedamos?
Parece que su entrega en la búsqueda de las vías de agua del gobierno Zapatero les resta tiempo para releer lo que escriben. También puede ser que en su día tuvieran quien se dedicara a esta tarea de asegurar la coherencia en los contenidos pero que lo hayan tenido que despedir para mejorar su cuenta de resultados.