jueves, 2 de julio de 2009

La política del doble lenguaje

Ya lo sabemos: en política el doble lenguaje es norma; parece de uso obligado entre diputados, senadores, consejeros, alcaldes y cargos parecidos, por más que en la vida "de los normales", en la vida civil, sea una manera de proceder muy mal vista. Pese a su carácter tan extendido en el ámbito político, personalmente creo que es siempre una prueba de poca fiabilidad, pero llevado hasta donde lo arrastra el PP, el doble lenguaje resulta, simplemente, una muestra evidente de falta de vergüenza, burla a la inteligencia de los ciudadanos y carencia absoluta de sentido democrático.
Lo estamos viendo en Benidorm. El gobierno local del PP se ha quedado en el filo de la navaja porque uno de sus concejales, José Bañuls, el que le da la mayoría absoluta, se ha pasado al grupo mixto. El fantasma de una moción de censura ha aparecido y los populares no se resignan. El alcalde Manuel Pérez Fenoll dice que "no hay razones objetivas para presentar una moción de censura", el senador Agustín Almodobar lamenta que "nos haya engañado", Esteban González Pons resumió su opinión con una concluyente apelación a "que devuelva el acta" y el estrambótico número 2 del PP valenciano, Ricardo Costa, dijo estar tranquilo y completamente seguro de que "los socialistas no romperán el pacto antitransfuguismo". Lo dicen ellos y lo dicen en La Marina donde los populares han conseguido gracias a transfugas las alcaldías de Denia, La Vila Joiosa y La Vall de Laguart. Lo dicen ellos y lo dicen en Benidorm donde Maruja Sánchez sigue cobrando del erario público, ella y su familia, desde aquel día de 1991 cuando abandonó el grupo socialista, se pasó al PP y colocó en la alcaldía, y en la rampa de lanzamiento de su carrera hacia el tesoro, a Eduado Zaplana.
Doble lenguaje como el de Rita Barberá que, después de que la Fiscalía Superior de la Comunidad Valenciana haya decidido archivar una causa contra ella por presunta malversación de caudales públicos en una permuta urbanística con el Valencia CF, ha dado rienda suelta a su indignación. Barberá ha reclamado a la oposición socialista que pida disculpas, ha preguntado que quién le va a reconocer el perjuicio y restituir el daño; por su boca han salido rayos y centellas, dice haber visto pisoteados sus derechos y ser objeto de una persecución por parte del Gobierno Zapatero. Por gritar que no quede. La alcaldesa de Valencia parece no reparar en el hecho de que la denuncia en cuestión no era cosa de sus opositores políticos sino de un grupo de vecinos, ni en que precisamente del Gobierno Zapatero depende el órgano que ha decidido archivar la causa, tampoco le merece más atención que los socialistas no hayan llevado sus críticas más allá de pedirle que "aclare las posibles irregularidades ya que la transparencia muchas veces se echa en falta en la ciudad". Y todo con su PP haciéndole el coro. El mismo PP que en el caso del alcalde de Elche, Alejandro Soler, y las facturas del Partido Socialista cargadas al Ayuntamiento, sí fue el partido denunciante, sí acusaron a Soler de meter la mano en la caja y, una vez archivada la causa, siguen pidiendo su dimisión. Afirma Ricardo Costa que "Soler debe dimitir por decencia y dignidad política" y anuncia que habrá recurso ante el Tribunal Supremo pese a que el auto judicial de archivo indica que "no cabe recurso alguno".
Como en la dimisión de Alberto Saiz al frente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Me revuelve las tripas oír a Soraya Sáenz de Santamaría, seria y trascendente como si sus palabras tuvieran algún valor, aplaudiendo el relevo de Saiz, "que se debería haber producido antes para evitar el desgaste y la pérdida de crédito del organismo"; como si a ella, como si al PP, le importara un bledo el prestigio de las instituciones. Hace unos días su gracioso portavoz Esteban González Pons aseguraba que el espionaje español estaba en manos de Mortadelo y Filemón, y a continuación esbozaba esa media sonrisa con la que suele acompañar sus ocurrencias. El desgaste de las instituciones, a los populares les trae al pairo, si no actuarían como actúan, si algo les importara en lugar de gastar tanto doble lenguaje ofrecerían el doble de responsabilidad.

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