jueves, 16 de julio de 2009

Y ahora, ¿quién le pide perdón al sastre?

El pasado mes de febrero el sastre José Tomás fue víctima de un despido improcedente cuando la empresa para la que trabajaba, Forever Young, le dejó de patitas en la calle acusándole de haber cometido irregularidades en la facturación. Tomás se quedó sin trabajo justo después de declarar ante el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón por el asunto de los trajes regalados al President de la Generalitat, dentro de la investigación del "caso Gürtel" de corrupción vinculada al PP. José Tomás explicó al juez, como después lo ha hecho por activa y pasiva en distintos medios de comunicación, así como en posteriores citaciones judiciales, que él le tomaba medidas a Camps, le hacía los trajes, se los entregaba y que de pagar se encargaba Pablo Crespo, uno de las cabezas visibles del entramado "Gürtel", que el President jamás pagaba.
El despido y las acusaciones contra José Tomás fueron recibidos con entusiasmo por los medios de comunicación que, día tras día, se muestran empeñados en limitar, reducir o quitar importancia al caso de los trajes regalados a Camps y todo lo que de ellos, políticamente, se desprende. Obviamente, donde mayores aplausos concitó la decisión de la empresa Forever Young fue en el PP. Los populares vieron en ese trance un clavo al que asirse para desviar la atención de la sombra de corrupción que se iba cerrando sobre ellos. Y se lanzaron a degüello contra José Tomas. Hoy, cuando el juzgado de lo Social número 8 de Madrid ha sentenciado que se trataba de un despido improcedente y ha negado que haya ni la más mínima prueba de que el sastre hubiera cometido ninguna irregularidad contable, vale la pena recordar lo que los portavoces del PP dijeron de Tomás.
La caza y captura la inició el diputado Federico Trillo. El ex ministro de Defensa argumentó que estábamos ante un caso de facturas falsificadas y que Tomás cobró dos veces por los trajes para el presidente de la Generalitat, Francisco Camps: una a la empresa y otra al President de la Generalitat. Trillo se mostró además convencido de que había pruebas que avalaban sus palabras.
Rafael Blasco, consejero de Inmigración del gobierno de Francisco Camps y una de las personas claves de su estrategia de defensa ante el caso de corrupción en el que se ve implicado, no dudó en asegurar que se ponía en evidencia que Tomás era simplemente la punta de lanza en una estrategia "maquiavélica de acoso a Camps". Blasco redondeó con: "es un desastre de sastre que se contradice en sus afirmaciones".
El caso era aprovechar las acusaciones contra Tomás para poner en duda su credibilidad después de que hubiera dicho claramente que Francisco Camps no pagaba los trajes que él le hacía. Por eso el diputado al Congreso Alfonso Alonso lo resumió así: "el presunto sastre, miente se contradice y genera confusión", y el portavoz del PP, Esteban González Pons, "resulta que no es sastre y ha cambiado hasta cinco veces su versión".
La Secretaria General del PP, María Dolores de Cospedal, transitó por la misma senda. Cospedal dijo que la palabra de Tomás no valía nada porque "ha cambiado cinco veces de palabra".
El vicepresidente de la Generalitat valenciana, Juan Cotino, uno de los políticos con más ascendente sobre Camps, fue rotundo en su descalificación: "es un señor que trapichea con facturas de ropa". Subiendo un poco el volumen de la acusación, el presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, aseguro que Tomás era "una persona que pasaba por allí, que dice que le ha llevado unops trajes y que está condenado por otros delitos similares".
Con lo de misa que son y recordando, que yo lo recuerdo, aquello de no levantar falsos testimonios y aquello otro de querer al prójimo como a uno mismo, después de la decisión judicial favorable a José Tomás, en el PP habrá cola en los confesionarios. Claro que en el caso de Federico Trillo, tan del Opus, ni dios se va a creer que tiene propósito de enmienda.

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