miércoles, 29 de julio de 2009

Matar la información dejándola a los becarios

Sigo con atención lo que estos días se está diciendo sobre la enfermera que, con su error, provocó la muerte del niño Rayán en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Hay coincidencia sobre que fue una equivocación que se debe achacar a la falta de experiencia de la mujer en cuestión. Le suministró la alimentación por vía intravenosa, en lugar de por la sonda. Los sindicatos, que empiezan por lamentar lo sucedido y por pedir que no se carguen las tintas sobre la profesional causante de la desgracia, culpan a la organización del Hospital de que una persona sin la preparación suficiente estuviera ejerciendo una labor que debería haber recaído en un trabajador más cualificado. Dicen textualmente en las últimas notas que han emitido que "carecía de la competencia y capacitación necesarias" para la labor que se le encomendó. Mientras los directivos y políticos responsables callan y disimulan a la espera de que escampe, las centrales sindicales aportan más datos: la enfermera era personal contratado para cubrir una suplencia, en la Unidad de Cuidados Intensivos del Gregorio Marañón la mitad del personal es eventual y diariamente se cambia a profesionales de unas unidades a otras sin tener en cuenta el nivel de especialización que cada destino exige. "Un caos", así definen la situación laboral del Hospital Gregorio Marañón.
Parece claro que estamos ante un caso, no ya la muerte del niño sino el modelo organizativo del Hospital, que exigiría depurar responsabilidades en los estamentos directivos y políticos implicados. Más allá de esto, aterra pensar en qué manos está nuestra salud.
Dicho esto, sobre un tema que no domino como es el mundo de la sanidad, aprovecho para asegurar que lo que laboralmente pasa en los hospitales se queda en nada si se compara con lo que sucede en los medios de comunicación. Y más ahora que la crisis exige recortes. Al ser la "salud democrática" de una sociedad un concepto mucho menos concreto que la "salud a secas" de las personas, en el periodismo todo vale. Es preciso saber que, al margen de abusos de otro origen y características a los que en multitud de ocasiones me he referido, los medios y las noticias que estos dan están, también, en manos de personal "sin la competencia y capacitación" que se precisa para informar a la ciudadanía. Las redacciones están llenas de becarios que, pese a disponer de contratos de simple aprendizaje sin sueldo, ocupan el puesto de profesionales de vacaciones, o despedidos porque "hay que apretarse el cinturón y los que me envía la Universidad son gratis", o aparcados por ahí por su falta de docilidad. Con suerte, puede que las noticias vayan a parar a personal eventual, que igual están para un roto económico que para un zurcido político. También es posible que sea alguna productora ajena, en el caso de las televisiones, quien se encargue del trabajo. Sí, puede ser, pero lo más probable es que sea un becario, "éste, que parece espabilado", el que se haga cargo de la noticia. Al margen de lo barato que resulta, semejante operario siempre aceptará las consignas que reciba con menos reservas (por no decir, ninguna) que cualquier otro. Miel sobre hojuelas.
Ya se que la vida de un niño no es comparable a una noticia, por importante que ésta pueda ser, pero es bueno que quede claro que lo de "los periodistas especializados", que saben más que nadie de los temas de los que hablan y que disponen de todos los datos y todas las fuentes, es más raro que una nevada por San Juan a los pies de la Giralda.
De todo esto, nadie habla.

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