martes, 21 de julio de 2009

Los políticos no aceptarán regalos, punto final

Es muy simple, y quien no esté de acuerdo que se dedique a otra cosa, que nadie va obligado: los políticos no deben recibir regalos, ninguno, nada. Y si alguien se los hace llegar, que los devuelvan. Ya está bien. Si son regalos muy caros, porque la voluntad de “compra” es evidente y si son menores, porque para lo poco que valen no compensa discutir dónde hay que poner el límite. Los políticos y los regalos van demasiadas veces de la mano, con excesiva naturalidad. Los políticos reciben presentes de todo tipo, trato privilegiado allá donde van. Les obsequian con relojes, con viajes. Ellos, las instituciones que representan, regalan a los periodistas, a los empresarios amigos, a los visitantes ilustres, en Navidad, en la fiesta local, con motivo de cualquier inauguración. No lo pagan ellos, por supuesto, todo corre a cargo del presupuesto público. Incluso entre ellos son de lo más generoso. No hay institución, desde los parlamentos a los consejos de administración de cualquier empresa pública, que cuando llega una fecha señalada no reparta entre sus miembros dádivas de todo tipo: un ordenador por cabeza, o una televisión de plasma, o un reloj de marca, o una cartera de piel. Y les parece normal, pero no lo es. Estos días se habla mucho, demasiado, de regalos, se habla de corrupción, se habla de mentiras: de todo esto se habla hoy cuando de lo que se habla es de política; a este nivel han llevado nuestros políticos la política. Ellos tienen la culpa, que quede claro. Claro que hay gente que corrompe, gente que ensucia, gente que hace trampas, claro que la hay. Lo que sucede es que los políticos deberían ser el muro de contención a todas estas malsanas voluntades y la realidad es que, por el contrario, son sus cómplices necesarios, sus caballos de Troya. Suena a broma, a burla, a tomadura de pelo, oír a los dirigentes del PP enredando todo lo que pueden para escapar a las sospechas que les acechan, para que no se note que están íntimamente ligados a una red de mafiosos a quienes, desde las instituciones, otorgaban generosos contratos a costa del erario público. El President de la Generalitat, Francisco Camps, niega que la “trama Gürtel” le regalara trajes y nos asegura que los pagaba en efectivo, miles de euros, y que no guarda las facturas. Junto a él, pretenden que comulguemos con la misma rueda de molino sus colaboradores: el pintoresco Ricardo Costa, Víctor Campos y Rafael Betoret.
Ahora es la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, la que, tras las palabras de Álvaro Pérez asegurando que llevaba cuatro años regalándole bolsos de Louis Vuitton, no se le ocurre otra forma de defenderse que diciendo que “todos los políticos reciben regalos”. ¿Todos? ¿De redes mafiosas? ¿De redes mafiosas que después reciben contratas públicas? Pues si es así, estamos peor que pésimo. Si es así mejor sería que todos los políticos nos dejaran en paz y se marcharan a casa. Primero fue su teoría de las anchoas y ahora sale con que "me da la impresión, sospecho, imagino" que Zapatero será quien reciba mayores regalos. ¿Impresión? ¿Sospecha? ¿Imaginación? ¿Ahora se pude soltar cualquier suposición que a uno se le pase por la cabeza? Entonces, ¿se puede afirmar “sospecho que Barberá está vinculada al narcotráfico” y que no pase nada? No, esto no se puede afirmar si no se dispone de pruebas y se tiene, en cambio, un mínimo de vergüenza. Puesto que Barberá no presenta pruebas de los grandes regalos de Zapatero, o no tiene vergüenza o está dispuesta a que la inculpen a ella de cualquier ocurrencia que alguien pueda tener. Me decanto por la primera posibilidad ya que ante la acusación de haber recibido los bolsos, la alcaldesa de Valencia ha reaccionado con amenazas y anuncio de querellas. Lo que no ha hecho es dar explicaciones, que es lo que se espera de un cargo público de convicciones mínimamente democráticas cuando su nombre se ve envuelto en un asunto oscuro. Lo resuelven (es un clásico) con aquello de que son objeto de una campaña de difamación ante la que están indefensos. ¿Indefensos? Que enseñen las facturas, y se acabó.

3 comentarios:

Óscar Pardo de la Salud. dijo...

Yo creo que esos regalos había que inventariarlos en la administración y entregarlos a entidades, ong, asociaciones sin ánimo de lucro y que buscan mejoras sociales, medio ambientales, etc...

Fonoteca de radio dijo...

Un regalo en sí no es el problema.
Es el señuelo para distraernos.

El límite y/o criterio es muy claro. En una importante empresa de la Comunidad Valenciana se hizo un comunicado en el que se señalaba que los regalos navideños debían guardar relación con el detalle de las fechas y evitar regalos tales como embarcaciones, apartamentos o viajes de importes desmesurados.

Insisto el límite es y está muy claro.

La finalidad de quien la regala, también. Aunque quien lo reciba lo disimule "un huevo".

Apoyo la propuesta de Oscar pero exige tanta transparencia...

Anónimo dijo...

Yo estoy con Alvaro. Regalos, ni uno. Una cosa son recuerdos, merchandinsing, o presentes institucionales pero regalos, dádivas ni una todas llevan aparejadas el trato de favor. El problema que está extendido y solo nos hemos enterado de este por que hay pruebas, las cintas.

Escéptico.