martes, 7 de julio de 2009

Bastaría un segundo de dignidad

Quiero hablar únicamente de política. No de tribunales. Me referiré al "caso Gürtel" y al President de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, aunque pretendo ir un poco más allá. Gürtel y Camps no son más que dos ejemplos de la deriva de nuestra política y nuestros políticos. Gürtel y Camps, juntos, nos señalan el mal camino que transita hoy la democracia incapaz de plantar cara a la presión que de forma coordinada y torticera ejercen sobre ella los poderes económicos, los aparatos de los partidos políticos dominantes y los medios de comunicación.
Al margen de como acabe el proceso contra Camps en los tribunales, el proceder del President valenciano es totalmente impropio de un dirigente político democrático. Con su resistencia, sus silencios, su abuso de la televisión pública, sus acusaciones "urbi et orbi" como armas de defensa, Camps está violando las instituciones que representa, está obligando a la gente a posicionarse a favor o en contra como si de una guerra se tratara, está tensionando a la ciudadanía solo porque cree poder salir personalmente beneficiado de ello. Camps ofrece un pésimo ejemplo y eso es de las peores cosas que puede hacer un dirigente político. Con su empecinamiento, colocándose detrás de las urnas como si fueran su trinchera, pervierte cualquier elección, aunque la gane, y fuerza a los votantes a rebuscar en su interior lo peor de si mismos, lo más irracional, lo más simple, su parte menos demócrata. Ese será su legado.
Una vez estalló el "caso Gürtel" Francisco Camps tenía que haber dado necesariamente explicaciones inmediatas y públicas de todo de lo que se le acusaba: explicarse o dimitir, esa es la senda de un político responsable y respetable. Solo el hecho de verse mezclado con con un grupo de gente dedicado a trapichear con sus influencias, que sobornaban, extorsionaban y se lucraban gracias a su cercanía al PP, solo eso, ya obligaba a Camps a explicarse y pedir disculpas. Pedir perdón al menos por haber puesto en tan malas manos tanta confianza y tanto dinero público. Miren las conversaciones que tenían, lo que tramaban, los tonos que utilizaban y las características de sus negocios. Mafia, tan cutre como se quiera pero mafia. No son los contactos que se esperan de un político honrado. Nadie vota para eso.
Lo grave es que las cosas no han quedado ahí ya que ha resultado que además de contactos Camps tenía con esta gente amistad y roce suficiente como para recibir de ellos cuantiosos regalos. En tales circunstancias las explicaciones pasan de necesarias a imprescindibles; pero no. De aclaraciones, ni una. Todo cortinas de humo, excusas y casualidades. Si, como juraba, había pagado él los trajes que otros decían haberle regalado, debía presentarse con las facturas por delante. Tan simple como esto. ¿Quién puede creerse que una persona como Camps circula por el mundo pagando en efectivo ropa por valor de miles de euros? ¿Billetes sacados de la caja de la farmacia de su señora? ¿Y no guarda facturas? ¿Ni las puede pedir? Cualquier mortal que no conserva un determinado justificante de pago lo necesita posteriormente lo pide a la empresa en cuestión y lo tiene en tres días; un President de la Generalitat, en tres minutos. Camps parece que no. ¿Cómo puede gobernar un país una persona tan desastre? Incluso en una comunidad de vecinos se le exige a su presidente mayor rigor.


Álvaro Pérez y Francisco Camps.








El culebrón de Francisco Camps con Álvaro Pérez, "El Bigotes", es suficiente para dar por amortizada cualquier carrera política. Al principio, ante los primeros olores a corrupción, Camps despejó sus posibles contactos con Pérez asegurando casi ni conocerle, "tengo la suerte de saludar a muchas personas a lo largo del año", aseveró. Pocos días más tarde aparece una conversación entre ambos en la cual el mandatario valenciano llama a "El Bigotes" "amiguito del alma", le añade "te quiero un huevo" porque "lo nuestro es muy bonito" y se acababa descubriendo que toda la familia de Camps, toda, recibía regalos de Álvaro Pérez.
Haya o no delito, no se puede aceptar que un dirigente democrático, ayer, con la que está cayendo, haga como hizo Camps y, cuando los periodistas le preguntan por unas nuevas conversaciones divulgadas y que amplían la gravedad de las evidencias que le afectan, conteste que "ni lo conozco, ni me interesa, ni tengo nada que decir". ¿Cómo? ¿Cómo que ni le interesa aquello por lo que miles y miles de ciudadanos le exigen una explicación? Aunque solo fuera una persona la que le pidiera una respuesta, el político está obligado a darla, es la base de la democracia, es un derecho, conviene no olvidarlo.
El "caso Gürtel" condena políticamente a Francisco Camps pero no por lo que puede haber hecho ante de que estallara la trama de corrupción, que eso lo decidirá la justicia, sino por su actuación posterior. Cuando está rodeado de dudas y sospechas un dirigente político ha de querer y poder dar explicaciones, y darlas. Su silencio es el reconocimiento de su culpa, y eso solo se arregla dimitiendo. Lo sabe Camps y lo saben sus colaboradores más directos. Saben que está haciendo el ridículo, que son el hazmerreir de España. Puede que el President tenga el ego desbordado a base de baños de masas traídas y llevadas a toque de pito y pago de bocadillo, quizás a Camps esas trabillas que le enviaban desde Italia para que los pantalones le ajustaran mejor han acabado apretándole más de lo preciso, impidiéndole la correcta circulación de la sangre y nublándole la razón pero no puede ser que sus colaboradores también hayan perdido el juicio. Aunque solamente sea por respeto a las instituciones, o por no envilecer más a la gente, o por no seguir empozoñando el mundo que deberán heredar nuestros hijos, o por dejar de arrastrar la democracia por el barro, si tuvieran un segundo de dignidad, un instante de grandeza, le deberían decir al President que no da para más, que nadie merece tanto descrédito, que ha llegado el momento de dejarlo. Adiós.

2 comentarios:

Fonoteca de radio dijo...

La Comunidad Valencia siempre ha sido pionera: el primer presidente electo acabó sus estudios desde la presidencia de Generalitat, el siguiente fue el primer presidente autonómico no nacido en la comunidad que presidía y el tercero ¿acabará ante un jurado popular acusado de cohecho impropio?

Recordemos que Bill Clinton se reconoció también como autor de un "comportamiento físico impropio" en el «Caso Lewinsky»

¿Y que decir del enigmático personaje en que se ha convertido el presidente de la Generalidad Valenciana?

Textualmente: ".. estic convençut que la veritat está més aprop que mai. Per això hui també estic molt content. Del procés que varem començar fa uns mesos al moment que estem vivint en este mateix instant, la veritat està cada dia mes a prop. Queden uno o dos escalonets i entonces tota esta questió tan estranya tan absurda i tan estrafalaria habrá passat al passat de la nostra realitat." (aplaudiments)

Afirmar que la verdad está cerca no quiere decir que sea inocente. ¿O sí? ¿La esfinge nos desvelará su secreto algún día?.

Rafael del Barco Carreras dijo...

SASTRE O CHOFER.


Rafael del Barco Carreras



Lo atribuyen al General De Gaulle, y a otros, “los peores enemigos de los poderosos son el chofer, el ayuda de cámara y la amante”. El sastre de los “trajes de Camps” me recuerda el chofer del Consorcio de la Zona Franca de Barcelona. Siempre he ignorado porqué tenían un chofer en Madrid, pero ahora sé seguro que le amenazaron con el despido si no colaboraba en el guión montado por Javier de la Rosa y Narcís Serra, acusador particular por Alcalde de Barcelona.

El chofer declaró que Serena, Del Barco y Antonio de la Rosa eran íntimos puesto que salían con amiguitas y les hacían regalos. Y si al chofer lo amenazaron con el despido, a dos de sus amantes o amiguitas con algo peor. Éramos íntimos. Unas cenas se convirtieron en ORGÍAS (a la Prensa le encantan las orgías) y en la sentencia en VICIOS. ¡Claro que al juez instructor hubo que regalarle un PISO!... y a otros, Prensa incluída...más, mucho más...

www.lagrancorrupcion,com