lunes, 8 de junio de 2009

La barrera de lo indigno

Ya han pasado las elecciones europeas. Ayer. El PP ha ganado en España; el PSOE ha salvado los muebles. Todos contentos, de eso se trataba. No ha ido a votar el 54% del censo, y más de 210.000 de los que han votado lo han hecho en blanco. Cuestiones menores. La vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega dijo que era una participación más que digna. Cabría preguntarle a la vicepresidenta donde establece la línea de la indignidad y, sobre todo, superado el límite de una abstención inaceptable, a quién piensa culpar, quién será el indigno. Pero, de momento, el problema no existe. No existirá mientras los políticos, y los periodistas, puedan esconderlo. Un 54% de abstención es hoy una cifra que el sistema digiere bien, que permite que todo siga como está. Todos ganan porque todos continúan. Que nadie se preocupe.
En esto está hoy la política, en que nadie se preocupe. Evitarle preocupaciones al ciudadano no deja de ser un loable objetivo si su consecución pasara por la solución de los problemas, pero no es el caso. El actual sistema político le intenta evitar las preocupaciones al ciudadano escondiéndole los problemas, disfrazando la realidad. Y el ciudadano traga, compra la mercancía averiada que le ofrecen y, encima, aplaude. Se acepta lo virtual como real, y adelante. La política se ofrece hoy como el escaparate de los milagros, un mundo donde todo es posible, donde se engaña sin que existan engañados; donde se incumple la palabra sin que nadie se quede con la miel en los labios; donde se roba sin que nadie se sienta robado; donde dos y dos suman seis y la ciudadanía da por buena la operación.
Un pilar del contrato democrático entre representante y representado ha volado por los aires, me refiero al concepto de responsabilidad. Los políticos no son responsables de nada, no lo son ellos, quiero decir, siempre lo es el rival, siempre. Una vez se consigue no tener que responder por lo que uno hace, por como cada cual ajusta sus acciones a sus palabras, la política entra en una deriva donde no hay debate, ni reflexión, ni razones, ni motivos: solamente hay trinchera, ruido, la antipolítica. O la fe o la abstención, sin más. Aristóteles hablaba de la degeneración de la democracia y se refería a la tiranía, a la oligarquía y a la oclocracia. Hoy tenemos una ensalada de las tres variantes pasadas por el tamiz de las nuevas tecnologías, o sea, las cúpulas partidistas, el capital y la demagogia.
La no exigencia de responsabilidades a nuestros representantes supone, de hecho, una ventaja, ya que también la ciudadanía se instala en un estadio de irresponsabilidad absoluta. Hasta que todo se desmorona. Por ejemplo, ayer vimos como en la Comunidad Valenciana los escándalos de corrupción no solamente no le han pasado factura (sí, factura) al Partido Popular de Francisco Camps sino que han actuado como elementos de movilización a favor. La “trinchera” del PP se ha unido alrededor del “caso Gürtel” como si se tratara de una agresión, una campaña en contra, una caza y captura, cuando no es otra cosa que un proceso judicial con todas las garantías que afecta a unos dirigentes políticos salpicados de corrupción por todas partes y que no son capaces de dar ninguna explicación coherente. El PP volvió a arrasar en Valencia. Al margen de sus propios méritos y de los que cabe apuntar en el debe de los partidos de izquierda, principalmente el socialista, tema al que me pienso dedicar mañana, las victorias encadenadas de los populares valencianos responden a esta irresponsabilidad de la ciudadanía, a esta tendencia a aceptar que dos y dos sumen seis y, además, aplaudir. En tierras valencianas está más que demostrado que las operaciones que se presentan llegan trucadas pero la potencia de fuego de la mentira sigue siendo mayor que las débiles defensas democráticas de los ciudadanos. Se ha visto como la especulación urbanística acababa en denuncias desde la Unión Europea, como las bicocas inmobiliarias se convertían en ruinas en forma de hipoteca, como el trasvase del Ebro no iba más allá de ser una arma propagandística, como el supuesto gobierno de referencia no pasaba de ser un desgobierno asfixiado por las deudas, como la prometida austeridad se transmutaba en contratos y obras faraónicas para enriquecer a los allegados, como las recalificaciones y negocios del Valencia CF desembocaban prácticamente en la suspensión de pagos, como Terra Mítica se abocaba a la bancarrota, como los grandes proyectos de Castellón se quedaban sin empresas para construirlos, como el pleno empleo pasaba a ser el reino del paro. Nada ha sido suficiente. La bandera del “van a por nosotros” ha bastado para seguir ganando, para ganar por todavía más. El PP vive en una perenne huida hacia delante y la ciudadanía, irresponsable hasta el infinito, le acompaña y le empuja. Ya llegaran los llantos. Volviendo a la actualización de Aristóteles, la oclocracia, en lugar de ser el gobierno de la mayoría inculta que arrastra a los gobernantes, se ha disfrazado de un populismo político que consigue que las mayorías “de trinchera” jaleen los mismos abusos de que son víctimas. Cosa de los nuevos tiempos.

6 comentarios:

Benet dijo...

Suscribo tus palabras, me empieza a asustar el "meninfotiste" de los ciudadanos.

Anónimo dijo...

Que podemos hacer?aparte de coger úlcera de estómago,y no porque no sea democrático que en la variedad y el acuerdo parlamentario está tambien la coherencia; no se que hacer para el que sea LADRÓN y EMBUSTERO se vaya a casa.

Hiroshi Ikeda dijo...

Hola, he leido muchos artículos tuyos y por fin me he decidido a comentar algo. Quiero darte la enhorabuena, y darte ánimos porque expresas de una forma, que yo ni siquiera sueño a componer y que ya quisiera para mí, el terrible desaguisado político que vivimos.
Por favor, no dejes NUNCA de escribir, personas como tu nos hacéis que nos demos cuenta, de golpe, de la terrible realidad que nos ha tocado vivir. Tu labor hace mella, si bien de manera lenta, pero inexorable, como la erosión del viento y del agua, de ahí que no dejes nunca de escribir estas verdades como puños.
Un saludo y, de nuevo, muchísimas gracias.

Anónimo dijo...

¿No os dais cuenta que el caso valenciano no es una cuestión de méritos del PP ni de meninfotisme?

Para mi es una cuestión de demérito de la alternativa. O simplemente que no existe alternativa, a saber:

- PSPV lo hizo muy mal en su día, o al menos eso es lo que ha calado en la gente y además se diluye en luchas internas
- IU son Comunistas y republicanos, cosas "muy malas" para los tiempos que corren
- Bloc son catalanistas, aun peor
- Otros?

Es sencillo, pero el mérito del PP consiste en haber calado en la sociedad esas "consignas"

Un abrazo

Anónimo dijo...

Estoy algo de acuerdo con anonimo. Es una cuestion de identidad que tanto gusta a los nacionalistas. Lo que ocurre es que su identidad no tiene nada que ver con lo que promueven los nacionalistas dels Deu d'Alaquas, la Universitat (Joan Romero, Azagra, Vicent Soler, Honorat Ros, Ciscar etc... y demás fusterianos), los Ximo Puig, Vicent Sarriá i lermistas, el Bloc y demás pro- movidas pre-autonómicos. Se identifican como dice el CIS con una ideologia entrs socialdemocracia europea de Felipe Gonzalez y centro liberal con uan autonomia Comunidad Valenciana con la señera y per ofrenar noves glorias a España que no gusta a la élite cultureta progre que domina en el PSPV aislando a las bases obreristas y socialistas clasicos, hijos de emigrantes de otras latitudes de España que predominan en los alrededores de la metrópoli. Jorge Alarte en Blanquerias no deja de ser un grano en el culo de esas elites que siguen dominando en todas las cupulas de las organizaciones civico-sociales de la izquierda con su nacionalismo transversal. El problema es que ya han pasado 35 años de democracia y esos hijos de esos obreros que vinieron hemos abierto los ojos y hemos descubierto que esa izquierda nos desprecia a no ser que nos valencianicemos el nombre, y tengamos el curs de capacitació en valencià. De Jorge solo quieren convertirlo en el Montilla valenciano y s no es así al carrer. Fer pais ante todo, las clases desarrapadas se las traen al pairo, ellos no pertenecen ni han pertenecido nunca a ellas.
escéptico

Anónimo dijo...

Em fa molta gràcia com l'anònim de dalt comença denunciant el "nacionalisme identitari" i acaba amollant una proclama etnicista de l'hòstia...