martes, 30 de junio de 2009

¿Es razonable esperar que la zorra resuelva la matanza de gallinas?

Estamos en tiempos de crisis, sobre todo para aquellos que más justitos andan y ven como cada día que pasa van a menos. Las noticias que les afectan, invariablemente, empeoran. De los políticos escuchan buenas palabras, mejores intenciones, pero la realidad es que sus puestos de trabajo están en peligro, cuando no desaparecen, sus hipotecas, esas sí, se mantienen y los servicios sociales que reciben empeoran. Así las cosas, el capitalismo vive sumido en un inmenso agujero negro y esos millones de ciudadanos europeos que están pagando las consecuencias de la actual catástrofe económica, dicen que la mayor desde 1929, parece que a quien señalan como esperanza para solucionar sus problemas es a los partidos de derechas. Interesante. Eso indican las recientes elecciones europeas. Cuando se hundió la URSS y sus satélites nadie dudo de la culpabilidad de quienes personificaban ese modelo, los partidos comunistas. Esta vez parece, a pesar de la coincidencia general que hay respecto a que estamos como estamos por culpa de la falta de control de los mercados, que quienes nos tienen que sacar del atolladero son los que siempre defendieron que en los mercados no se debía intervenir. Los platos rotos de la caída del comunismo los pagaron los partidos de izquierdas. Se vivió entonces un rearme de las posiciones liberales. Ahora, cuando lo que se tambalea es el modelo capitalista de finales del siglo XX, no da la sensación de que eso aumente las posibilidades electorales de la izquierda europea. Buscar las razones que explican esta aparente contradicción no es sencillo: sí, hay un cierto voto que oscila de la derecha a la izquierda y, por tanto, puede ser mínimamente previsible, pero luego hay una mayoría de ciudadanos que nunca saltará de una acera ideológica a la contraria, aunque si pueden dejar de votar o cambiar de opción dentro de su mismo espectro. Además, y esto es lo más importante, derecha e izquierda no votan de la misma manera, ni se rigen por idénticas motivaciones, unos y otros no coinciden ni en motivos, ni en impulsos. Quien no entienda eso, no entiende nada, y me temo que en la izquierda no se acaba de entender. El voto de izquierda es mucho más exigente, es más caro. Si la práctica política se sitúa en el terreno del humo, en la discusión y no en el debate, lejos de los argumentos, la derecha tiene todas las de ganar. Hoy, con la colaboración suicida de la propia izquierda, la política se disputa en un erial de ideas, por eso la derecha se impone. No pretendo que estas líneas sean otra cosa que mi prólogo a unos artículos muy interesantes que he leído alrededor del estado y el papel de la izquierda de nuestros días. Por ejemplo, el del profesor Daniel Innearity, "Ideas para la izquierda"; el de Carlos Mulas, "Progresistas: una mayoría en minoría", y el de Sami Naïr, "De qué es síntoma Berlusconi" .
El campo de la propaganda y la desinformación es de atención imprescindible para entender los comportamientos electorales y la dificultad de la izquierda para avanzar. En este sentido, vale la pena revisar dos piezas recientes de Vicenç Navarro y Paul Krugman.
Estos días, el gobierno Zapatero ha anunciado que suben los impuestos que afectan a los hidrocarburos y al tabaco. La medida ha topado con críticas de todo tipo. Desde el PP y su entorno se ha puesto el grito en el cielo, han dicho que es un error, una mentira más de los socialistas que se habían comprometido a no tocar la fiscalidad. La derecha sataniza cualquier subida impositiva, no quieren que se pague más, de ninguna manera. Desde la izquierda, también desde las cercanías del PSOE, la discrepancia ha sido muy diferente, contraria. El reproche, en este caso, es que resulta bien poco progresista tirar de los impuestos indirectos cuando vienen mal dadas. Los impuestos indirectos, se le ha recordado al gobierno, perjudican a las rentas más bajas ya que los pagan de igual forma ricos y pobres. Si en estos tiempos de zozobra es preciso que el Estado disponga de más dinero se supone que será para salir en auxilio de aquellos que peor lo están pasando, no parece entonces lógico que el aumento recaudatorio salga también de sus bolsillos. Por tanto, los impuesto que toca subir son los directos, los que se pagan según lo que se tiene: más tienes, más pagas.No parece nada revolucionario. El artículo 31 de nuestra, tantas veces sacralizada Constitución de 1978, dice textualmente: "Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio". Quede claro.
Dejo aquí también un artículo, "Impuestos indirectos: qué son y porqué te afectan (sobre todo en tiempos de crisis)", muy didáctico sobre fiscalidad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Un interesante artículo de Josep Izquierdo entorno a esta cuestión:

http://xiki.to/skp

Julià Álvaro Prat dijo...

Cierto, invito a leer el artículo de Izquierdo. Gracias.