miércoles, 24 de junio de 2009

El PP o la muerte por empacho

El Partido Popular de la Comunidad Valenciana ha elegido Alaquàs para, el venidero 7 de julio, homenajear por todo lo alto a los concejales de aquellos municipios donde, pese a no gobernar, consiguieron ganar en las pasadas elecciones generales del 7 de junio. De Alaquàs es alcalde Jorge Alarte, actual secretario general del PSPV y, si no hay sorpresas, próximo rival de Francisco Camps, siempre que a éste la justicia no le impida la candidatura, en las elecciones autonómicas que deberían celebrarse en mayo de 2011. Así pues, la fiesta organizada por los populares para el próximo día de San Fermín lo que pretende, más allá de sacar pecho y “prietas las filas”, es echar en cara, restregar, a los socialistas valencianos su pésimo presente electoral, advertirles de que lo peor está por venir y hacer ver a la ciudadanía que van a por todas.
Me parece que estos populares valencianos, en su carrera desbocada hacia el absolutismo político urnas mediante, harían bien en no olvidar donde están los frenos. Es cierto que sus éxitos electorales son continuos, que en los últimos años no saben qué es un paso atrás y que el crecimiento lo han cimentado en aquella máxima que Eduardo Zaplana tanto usaba de “sin complejos”. Todo esto es incuestionable pero siempre hay un límite y, a veces, esa fina línea entre lo máximo y lo excesivo se acaba traspasando por una voracidad que, después, mirado con perspectiva, se demuestra innecesaria.
Sacan pecho ante los problemas judiciales, se dedican a cargar contra los jueces a la que algo no va como esperan, la culpa siempre es de otros si hay algún problema, se niegan a dar cualquier explicación que se les solicite, ponen las instituciones a su servicio como si formaran parte de su patrimonio, compran voluntades al más puro estilo caciquil, a quien no está con ellos le niegan la condición efectiva de ciudadano, su gestión (a falta de datos reales) la defienden a gritos y descalificaciones y sus medios afines les ríen las gracias y les tapan las culpas a base ditirambos y exageraciones tal cual el ciudadano fuera imbécil. El PP hace mucho tiempo que tiene decidido que su apisonadora electoral pase por encima de los principios democráticos básicos. Se trata de un comportamiento que les ha funcionado y les funciona; es posible que, sin él, no estuvieran donde están. Es posible; pero es seguro que, al final, tal actitud se volverá contra ellos, les explotará en plena cara, será su tumba.
El PP valenciano, a fuerza de encadenar excesos, se está convirtiendo en un partido desmesurado que puede acabar resultado antipático, generar desconfianza, dar miedo, a los mismos que hoy le votan. Recuérdese aquel macro- mitin que con motivo de las elecciones generales de 1993 le organizaron a José María Aznar en el campo de fútbol de Mestalla. Las gradas estuvieron a rebosar, una inmensa cantidad de gente enloquecida blandiendo sus banderas, un despliegue por todo lo alto que mostraba un partido fuerte, muy fuerte. Tan fuerte que atemorizaba. Aznar perdió las elecciones y los analistas, los propios “gurús” del PP, incluidos, llegaron a la conclusión de que aquel acto multitudinario no les ayudo en nada, es más, evidenciar tanto poder, les perjudicó, quizás lo suficiente para no ganar los comicios.
Sobrepasar las dimensiones humanas no es conveniente. La confianza en uno mismo es virtud, seguro que el electorado lo valora, pero se trata de una ola que va creciendo y cuando rompe se convierte en prepotencia. El PP valenciano trabaja con la inmensa suerte de no tener nadie delante, pero nada es eterno. Las desmesuras se van acumulando y, poco a poco, irán (van) llevando al PP a los límites de la realidad, al borde del acantilado. En tales circunstancias, pese a que pueda parecer que el partido está más fuerte que nunca será justo al revés. Simplemente faltará alguien que, en vez de lanzarse él mismo al vacío, les de el empujón definitivo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fas poca referència al paper dels mitjans de comunicació. El ssocialistes tenen molt difícil presentar-se com una alternativa sòlida si els mitjans només parlen de les seues mancances.
La conclusió a la que jo arribe, i no vull que això parega defendre al PSPV, és que el "joc" de les eleccions està trucat. Uns mitjans perqué estan comprats i escriuen al dictat, altres per poc consistens, altres per marginals i altres pel menyspreu que regalen al que passa al Pais Valencià, el cas és que no hi ha dicurs alternatiu, el cas és que no arriba al espai comunicatiu altra cosa que l'agenda del PP. Te mala soluci´´o.

Anónimo dijo...

Estupendo artículo. Es como si me hubieramos coincidido telepáticamente ja,ja,ja. No todo está perdido el PP puede morir de éxito. Ójala. En cuanto lo del Pais Valencià eso no moviliza votantes socialistas, la mayoría de ellos obreristas e hijos de emigrantes. Eso lo dice hasta el CIS si los culturetas progres nacionalistas estan tan en la pomada que analicen el posicionamiento de los valencianos con respecto a su identidad de una vez. Por que hance más daño a la izquierda que todo el PP junto.
escéptico