lunes, 29 de junio de 2009

Al cargo se llega con proyecto

Hay situaciones políticas realmente inverosímiles vistas desde fuera. Resulta, por ejemplo, complicado comprender desde España como Italia, seguramente el país que mayores aportaciones ha hecho a la historia de la humanidad, está en manos de un personaje como Silvio Berlusconi. Si su puesto de primer ministro fuera consecuencia de un golpe militar, de un sorteo o hereditario todo estaría explicado, pero no. Berlusconi gobierna en Italia porque le votan. Los ciudadanos italianos, la mayoría de ellos, gente normal, responsables cabezas de familia, médicos en los que se puede confiar en caso de enfermedad, albañiles competentes, jóvenes cargados de ilusión, venerables jubilados de vuelta de todo, votan a Berlusconi. Hombres y mujeres, ricos y pobres, con estudios y sin ellos, con trabajo y sin trabajo, cuando llegan elecciones hacen el esfuerzo de acercarse a un colegio electoral y escoger la papeleta de Berlusconi, esas candidaturas con nombre de manual de autoayuda. Pese a sus desplantes, sus injertos capilares, sus casos de corrupción, sus líos con la mafia, sus salidas de tono, sus leyes para salvarse a si mismo de los jueces que le persiguen, le votan.
Los resultados electorales siempre se leen en términos absolutos. Si gana Berlusconi, se dirá, es porque los italianos quieren a Berlusconi. Yo no creo que ese planteamiento sea el correcto. Se tiene que matizar mucho más. Para resumir, me parece que lo pertinente es, como mínimo, decir que los italianos prefieren a Berlusconi antes que a sus rivales. Prefieren. Uno siempre escoge entre lo que hay. Una victoria electoral no tiene valor total. El ciudadano vota entre lo que se le ofrece, que, dicho sea de paso, es cada vez menos diverso y más parecido. Frente a Berlusconi, su populismo y su control de los medios de comunicación hay muy poca cosa. La izquierda italiana vive sumida en el caos, sin ideas, sin líderes, sin discurso. Lo único que se sabe de sus candidatos, que cambian a ritmo de record, es la lucha que mantienen entre ellos por cuotas de poder interno. Ese es el marco en el que gana Berlusconi, por eso los ciudadanos le votan.
En España, la gobernanza estatal ha pasado bastantes veces de unas manos a otras desde 1977. En cambio, a nivel autonómico, y también local, hay feudos donde socialistas o populares parecen instalados sin posibilidad de pasar nunca a la oposición: Andalucía, Extremadura, la Comunidad de Madrid, Murcia, la Comunidad Valenciana o muchos ayuntamientos importantes podrían ser ejemplo de gobiernos que casi parecen regímenes, algunos hasta hereditarios. En muchos de los casos que se podrían comentar nos enfrentamos a realidades marcadas por actitudes poco transparentes, poco democráticas e, incluso, con gestiones objetivamente negativas. Pero los gobiernos se mantienen. Como en el caso italiano, hay muchas claves pero no se puede entender lo que sucede si no se hecha un vistazo al comportamiento y estado de las oposiciones respectivas.
Me detengo en el caso valenciano aunque seguramente el análisis puede servir para otros territorios.
El pasado sábado el Partido Socialista del País Valenciano-PSOE reunió a su Comité Nacional, era la puesta de largo de Jorge Alarte después de ser escogido hace 9 meses como Secretario General de la formación. Con su discurso procuró inyectar moral a sus compañeros. Alarte destacó la necesidad de conectar con la ciudadanía, sumergirse en la realidad como mejor manera de llegar a la victoria electoral. Así anunció reuniones sectoriales, contactos personales, consultas, petición de opiniones, aprovechamiento del caudal de gente competente, preparada y valiente dispuesta a colaborar. Todo dentro del llamado “Foro por el Cambio", un proceso de participación social que se desarrollará durante 2010 y de donde ha de salir el programa electoral de las elecciones autonómicas de 2011. La coordinación de tamaña empresa se la dejó al secretario de Ideas y Proyectos de su Ejecutiva, Joan Calabuig, uno de los miembros más distinguidos del grupo de seguidores de Joan Lerma, dicho de otra forma: un representante destacado de la familia lermista. Calabuig es un hombre siempre bien colocado dentro de la estructura interna del partido socialista y que ha pasado por multitud de cargos institucionales, sin ninguna titulación académica ni oficio conocido más allá de la política.
Coincido con el análisis de Alarte de que es preciso abrirse a la ciudadanía, mezclarse con ella. Claro, ¿quién puede estar en contra de semejante formulación? Lo que sucede es que el PP lleva gobernando la Comunidad Valenciana va para 16 años y en este tiempo en la cúpula del socialismo valenciano ha habido muchos cambios, de todo tipo, de distintas formas. Y sistemáticamente el ciudadano ha oído esos cantos de sirena sobre el protagonismo que se le iba a dar. Y nunca ha sido cierto. En las filas socialistas se ha combinado siempre el discurso de escuchar a muchos con la acción de no hacer caso a nadie. Sólo a la camarilla de despacho, al círculo de elegidos que, “esta vez si”, sabían lo que se hacían. Y, a la hora de la verdad, dale con los equilibrios, la desconfianza respecto a todo lo externo, las cuotas y las puñaladas entre compañeros.
Alarte reclamó tiempo, paciencia, un margen. No lo tiene. No porque sus propios compañeros de partido no se lo den, no porque "esos columnistas”, a los que se refirió y que tanto parecen preocuparle, se lo nieguen. Es la ciudadanía, esa masa indeterminada de personas, ese grupo que está a sus cosas pero que no es ajeno a las vibraciones del espacio político, la que ya no le va a prestar atención sino pasa de las palabras a los hechos. Hechos son abandonar el sectarismo, salir de la campana de cristal en la que viven, ir más allá del aparato, sumar opiniones diferentes, proyectos diversos, las ideas de otros, y liderar todo esto a partir de un proyecto claro, y dar ejemplo, y ser coherente en los comportamientos, y no arrugarse. Integrar es pertinente si lo que se pone en común son discursos y proyectos. Si el PSPV sigue integrando a su forma, es decir, repartiendo cargos, prebendas y nóminas por cuotas entre familias, mejor que no integren. Se precisa modestia, oír a muchos, discutir con muchos y quedarse con la mejor opción, aunque no sea la del círculo más estrecho de colaboradores, eso es abrirse a la sociedad. El tiempo de pedir cheques en blanco a la gente ha pasado. Sobran los jefes de comunicación que no son capaces de aceptar las críticas (Véase el artículo “Me rindo” de Salvador Broseta en respuesta a otro que había escrito el periodista Cruz Sierra, titulado "240 días en blanco en la calle Blanquerías", en el que ponía de manifiesto lo que él consideraba errores de la dirección socialista). Cuesta creer que vayan a ser los profesionales del aparato partidista lo que se conviertan en puertas abiertas al análisis y la participación, lo digo por Calabuig. No se puede comulgar con supuestas pretensiones participativas cuando no se organiza el partido en Valencia ciudad por miedo a perder su control. Es difícil aceptar que se buscará la excelencia cuando los cargos más importantes están ocupados por personas de dudosa capacidad profesional. No es sencillo digerir que quien acusa al PP de falta de transparencia, me refiero a Alarte, se niege a hacer público lo que cobra.
No es de recibo, tampoco, que pasen los días y los meses y no se explique lo que se quiere hacer, a donde se quiere ir, no se ofrezcan las ideas con las que se transita. No se hizo en el Congreso de septiembre y, nueve meses después, sigue virgen el compromiso de ofrecer el proyecto que se defiende. La responsabilidad de un líder político es llegar a los cargos con un proyecto y, luego, abrirlo a la sociedad y convertirlo en un programa de aplicación posible. Lo que no se puede es disfrazar la ausencia proyecto de plan para confeccionarlo con la gente. Al cargo se llega con proyecto.
El mismo día que el PSPV reunía a su Comité Nacional, el PP celebró en Valencia, como si de un gran acto político se tratara, una fiesta multitudinaria por el primer aniversario del XVI Congreso del PP donde Mariano Rajoy resultó reelegido presidente del partido. Hubo discursos, aplausos, gritos, mucha sonrisa y, claro, “tiro al Zapatero”, su deporte preferido que nada tiene que ver con hacer oposición política. De lo dicho en el acto de lospopulares lo que más me llamó la atención fue una frase del propio Rajoy que muestra como se puede gobernar, en su caso, aspirar a gobernar, desde la burla a la inteligencia del ciudadano. Dijo Rajoy, refiriéndose al acto que estaban celebrando, “esto no ocurre en ningún otro rincón del planeta”. Es verdad, en ningún otro rincón del planeta, rincón democrático, al menos, un partido político se atreve a montar una fiesta multitudinaria de esas características para celebrar, sin más, que un año antes hicieron un congreso. Igual, por Berlusconi, digo, que sólo en Italia disponen de un primer ministro que organiza fiestas llenas de jovencitas de pago que le llaman papi y, se supone, que llegado el caso, le limpiarán las babas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Seguramente el proyecto lo tiene Romeu: mandar él. Es el colmo que ahora pida adelanto electoral a Camps. Su única intención es que Alarte pierda lo antes posible para ocupar su puesto... Podría disimular un poquito.