viernes, 29 de mayo de 2009

La misma mercancia averiada de siempre

Estamos en campaña electoral. Sí, de las elecciones europeas. La ciudadanía no parece muy dispuesta. Todo suena ajeno, distante. Resulta de dudosa rentabilidad eso de ir a votar para dar forma al Parlamento Europeo; en realidad, no queda claro que pinta el Parlamento Europeo; es más, lo que pasa es que resulta de dudosa rentabilidad eso de ir a votar, a secas. Entre los que no se sienten concernidos y los que se notan estafados, el listado de quienes no se acercarán a las urnas el día 7 me temo, no digo nada nuevo, que será alto. No me extraña. Es tan sencillo pronosticar que la abstención será alta, como que, luego, nuestros dirigentes políticos no se darán por aludidos, con lo cual seguirán cargando de razones a los que pasan de votar.
Los políticos se comportan como quien se cree el más listo del barrio; como si los demás fuéramos bobos, tuviéramos el juicio averiado o padeciéramos amnesia severa. Ajenos a su trayectoria, cuando llega el periodo electoral, los candidatos consultan a sus especialistas, beben de fuentes de máxima prestancia y solvencia, se dejan aconsejar por sus brujos de la demoscopia y creen que con eso hay bastante. Atacan con un par eslóganes, desempolvan sus armas de seducción, recuperan los tópicos que les son propios, gritan eso de “prietas las filas que el enemigo está enfrente” y, sin más, a la caza del votante. Nada resulta menos atrayente que asistir a una campaña en la que, unos y otros, se limitan a pedir el voto en negativo; es bochornoso que ningún discurso vaya más allá de los lugares comunes y de presentar al rival como el paradigma de todos los males. ¿No tienen otra cosa que ofrecer? ¿Tan averiada tienen la propia mercancía?


Jaime Mayor Oreja, número 1 de la lista del PP en las elecciones europeas del 7 de junio.



Resulta que el PP quiere el voto (que importa que sean elecciones europeas) para, entre otras cosas, ir a una reforma laboral de la que solamente cuentan que ha de servir para acabar con la temporalidad ¿acabar con la temporalidad? ¿Para eso la reforma? Menuda broma. Dicen que tienen la receta para acabar con la crisis económica: pues que se la digan a su amigo Sarkozy, o a Berlusconi, o a Merkel, se lo agradecerán. Por cierto, si el PP tiene la solución a la crisis, ¿por qué no la aplican allá donde gobiernan? ¿Por qué no la ponen en marcha, por ejemplo, en la Comunidad Valenciana donde los datos económicos son los peores de toda España? Los populares viven con Zapatero en su diana: un día el fin del mundo nos llega en forma de gripe; al siguiente, en avión oficial; el otro, porque la familia se rompe. Que más da. Nada sustantivo, su reino es el adjetivo. Piden el voto en nombre del rigor en la gestión pública pero les crecen los casos de corrupción por todos lados y, lo que es más grave, no solamente los esconden sino que buscan en los privilegios judiciales de que disfrutan la vía para huir de sus responsabilidades políticas. Predican para los demás unas exigencias que ellos se saltan, incumplen sus propios códigos internos y buscan en las elecciones la exoneración de todas sus fechorías. Lo de Europa se lo creen tan poco que se limitan a ofrecer que defenderán con uñas y dientes los intereses de España. Vamos, que llevan años asegurando que los nacionalistas vascos o catalanes solo se preocupan de sus territorios y no creen en España y, ahora, ellos se plantean ir a Europa a barrer para casa, a ver que sacamos.


Juan Fernando López Aguilar, número 1 de la lista del PSOE en las elecciones europeas del 7 de junio.


Enfrente, agota ver como los socialistas, a la que huelen urnas, se envuelven en la bandera de la izquierda para recabar apoyos. La política de trincheras, la Internacional, los obreros, la lucha de clases: hay que aprovecharlo todo. La libertad, la paz, la tolerancia, los derechos sociales. Parece un chiste que los socialistas culpen de la crisis a la derecha, sin más, como si ellos no llevaran cinco años gobernando, como si ellos no hubieran colocado también el ladrillo en un altar. No es serio que apelen al miedo para que se les vote. Miedo, ¿a qué? El Partido Popular gobernó en España ocho años, lo lleva haciendo muchos más en diferentes comunidades autónomas, y el mundo sigue, las pensiones se mantienen, los hospitales siguen abiertos, los trenes continúan en marcha. Está feo chantajear al voto progresista haciéndole responsable de un posible triunfo de la derecha. Además, acabará por no colar. Si el PSOE no tiene más argumentos que ponerse el traje de “profetas del desastre”, que diría el propio Zapatero, mal van. Mejor sería que explicaran lo que ofrecen, el balance de su gestión. Resultaría de lo más conveniente que fuera con el ejemplo como se diferenciaran de aquellos a quienes descalifican y no solamente señalandoles como el demonio que viene. Siguen dando muestra de que no entienden que a ellos se les exige más pero que, si son capaces de ofrecer razones, se les entiende mejor.
Visto desde Valencia, si a todo lo dicho se le añade que Esquerra Unida y su entorno siguen en la cruzada para demostrar que todo puede dividirse por dos hasta el infinito y que el Bloc, supuestamente de izquierdas, está en una coalición con partidos de derechas, puede uno darse cuenta de lo fino que se ha de hilar para encontrarle sentido al voto.
Seguimos escarbando.

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