martes, 3 de marzo de 2009

Sin diferencias no hay alternativas

En estas horas de resaca después de unas elecciones como las vividas en Euskadi y Galicia siempre hay más interrogantes que respuestas. Observar como Mariano Rajoy, presidente del PP, ha pasado de ser poco más que un muerto viviente a convertirse en el gran triunfador de la jornada invita a pensar que los especialistas saben menos de lo que aparentan; que los grandes temas de actualidad son unos, sí, pero que la decisión final de los votantes se fundamenta en multitud de imágenes y sensaciones que se escapan al diseño simple de los partidos.
Estos días, el País Valenciano, versión política, quiero decir, vive sacudido por el “caso Gürtel” y la implicación que el president de la Generalitat, Francisco Camps, acabe teniendo en él. La corrupción alrededor de los órganos de poder gobernados por el PP, alrededor del propio PP, en definitiva, se extiende como una mancha de aceite. Sombras, dudas, misterio, ocultación, documentos que se esconden, descalificaciones como armas de defensa en lugar de argumentos… Así están contestando los populares a las sospechas que se ciernen sobre ellos. Todo menos dar sensación de honradez, de fiabilidad, de sentido de la democracia. Al PP valenciano se le nota preocupado, y mucho, por las posibles consecuencias penales de las investigaciones en marcha pero, por extraño que parezca, no asoma por ningún lado la posibilidad de que puedan sufrir una derrota electoral.
Creo que esta paradoja sólo se puede entender si se analiza como está el partido por el que tendría que pasar una derrota del PP, el Partido Socialista del País Valenciano (PSPV).
El caso de la mayor ciudad que en estos momentos gobierna el PSPV, Elche, da una idea de cómo funciona la formación que, supuestamente, es la alternativa al PP.
En Elche, el alcalde Alejandro Soler no sabe como salvarse de la última acusación que le ha llovido: cargó a las arcas municipales diversas facturas por trabajos publicitarios para el PSPV local. Argumenta que se trató de un error administrativo y el secretario general de la formación, Jorge Alarte, le respalda porque, dice, no hay imputación judicial al respecto.
Resulta que Soler es vicesecretario general de los socialistas valencianos y uno de los fieles de la secretaria de organización del PSOE, Leire Pajín. Soler es, pues, uno de los referentes del nuevo PSPV.
Su reciente trayectoria política mueve al recelo. En septiembre de 2008, Soler destituyó a dos cargos de confianza del Ayuntamiento de Elche, militantes socialistas, por haberle llevado la contraria durante una asamblea local de la formación. Eran Ivan Aranda, antiguo jefe de prensa del municipio, y Juan Caballero, que había sido chofer del anterior alcalde, el también socialista Diego Macia. Caballero está casado con la concejal de Hacienda de la población, Mari Ángeles Avilés. Eso complicó rápidamente la situación. Dado que Soler ocupa la alcaldía ilicitana con los 13 votos de su grupo y uno de Iniciativa, frente a los 13 del PP, el apoyo de Avilés era, y es, imprescindible. Así que Avilés inmediatamente amagó con apoyar una moción de censura que el PP ya tenía preparada. Finalmente la moción no se hizo realidad porque el propio PP renunció a presentarla.


Mari Ángeles Avilés.











Soler se había salvado por los pelos pero Avilés, amenazante, seguía siendo un peligro... hasta que se encontró una solución: Alejandro Soler propuso a la dirección del PSPV que, de cara a las próximas elecciones europeas, la concejal Avilés ocupara un puesto en la lista de elección segura. Los eurodiputados cobran mucho dinero, tienen muchos privilegios y la posibilidad de escoger asesores a su antojo. Alarte aceptó la propuesta de Soler. Avilés irá en las listas del PSOE a la Eurocámara. Abandonará el ayuntamiento. Se acabó la amenaza. Todos contentos. Se pasa página.
Cuando recientemente, en enero, en una entrevista en “El País”, le preguntaron a Alarte por la presencia de Avilés en las futuras listas europeas sin ningún currículum que la avalase, el líder de los socialistas valencianos contestó: “Me parece razonable que si el alcalde de Elche hace una propuesta se considere. Entre otras cosas porque es la tercera ciudad de esta comunidad y creo que es una buena referencia”. Manzanas traigo.
Ya se sabe que cualquier cosa se puede defender, que hay argumentos para todo, pero a mi, a la vista de este detalle sobre el funcionamiento del Partido Socialista, la sensación que queda es que de “saez y tamayos” hay muchos más de los que acaban explotando.

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