sábado, 14 de febrero de 2009

La mejor defensa nunca es un mal ataque

El “caso Correa”, o Gürtel, o Orange Market, o como quiera llamársele, no creo que se deba presentar como un supuesto caso de corrupción en los aledaños del PP, en torno al PP y, mucho menos, donde el PP es la víctima. El “caso Correa” es un caso de corrupción “del” PP. La magnitud de los delitos está por ver. Claro que no de todo el PP, ni de todos sus militantes, ni todos sus cargos institucionales, pero el PP no puede presentarse como el perjudicado, ni siquiera como un actor secundario, el PP es el protagonista principal. Sin el Partido Popular, sin sus ayuntamientos, sus gobiernos autonómicos, sus contactos, sus influencias, sus mayorías absolutas, nada hubiera sucedido, todo sería imposible.
El Partido Popular, tanto su dirección nacional, como sus mandamases en Valencia o en Madrid, sabían lo que se estaba cociendo. Los tribunales ya habían dado las primeras señales de alarma en forma de investigaciones y dudas razonables sobre las empresas de la trama ahora destapada, distintos organismos de control detectaron en su día numerosas irregularidades y los grupos de oposición se desgañitaban pidiendo documentos que los gobiernos populares negaban de forma contumaz.
¿A qué viene ahora tanto disimulo y tanto rasgarse las vestiduras? Mal que bien las distintas instituciones cumplieron su papel. Todas menos las más importantes, los gobiernos a la sombra de los cuales Correa, Pérez, Crespo y demás engominados iban tejiendo su tela de estafas, abusos y chanchullos varios; y esos gobiernos, sin excepción, son del PP. Como lo son quienes se iban de fiesta con los mafiosos, quienes participaban en sus bodas o los invitaban a las propias, quienes apadrinan a sus hijos. No nos deberíamos confundir, el núcleo de la trama es el PP, su forma de entender la democracia, su manera de gestionar las mayorías y su modo de gobernar. Insisto, porque ya lo he escrito en otros artículos: miren un informativo de Canal 9 y entenderán a lo que me refiero.
Dicho todo esto, y añadido que ya resulta esperpéntica y burda la sobreactuación que el PP y sus medios cercanos están haciendo sobre la cacería compartida por el ministro Bermejo y el juez Garzón, es preciso detenerse en este aspecto marginal de la historia que nos ocupa.


La comparecencia de Rajoy con toda su Ejecutiva a la espalda me recordó aquella otra de la víspera de las generales de 2004 que empezó: "Hola, soy Mariano Rajoy, candidato del Partido Popular..."





La cacería, si, la cacería. Si tal contacto entre el ministro Bermejo y el juez Garzón ha contaminado el proceso se deberían aportar argumentos, la justicia tiene vías para resolver estas cuestiones. Si, como parece, no hay más que descalificaciones genéricas y maledicencias de barra de bar, quien las hace, lejos de defenderse, se está poniendo en evidencia. Pero esto no empece que se nos deba una explicación. ¿Cuánto cuesta formar parte de una cacería de estas características? ¿Cómo se hace para participar en ellas? Algún conocido mío que sabe bastante más que yo de estos temas me dice que por menos de 3.000 euros no hay nada que hacer. Bien. ¿Se lo pagó de su bolsillo el ministro Bermejo? ¿En cuantas cacerías de estas participa cada año? ¿Lo invitaron? ¿Quién? Si así fuera, ¿al gobierno le parecen razonables este tipo de invitaciones? Y Garzón, ¿abonó él mismo el precio de la cacería? ¿Lo invitaron? ¿Puede un juez aceptar regalos así? Igual que cuando investigaba los GAL a Garzón le tocó poco menos que explicar la minuta de su viaje de bodas, ahora también debería justificarse. Sobre el ministro, ¿qué decir? Su silencio clama al cielo.

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