jueves, 19 de febrero de 2009

La ciénaga o la democracia relativa

¿Por qué se han de ver los ciudadanos en medio de esta ciénaga? ¿Por qué sabemos más de nuestros políticos por sus juicios que por sus propuestas?
Los casos de corrupción, las sospechas, las imputaciones, las redes oscuras, los informes filtrados, los espionajes, las acusaciones, las dudas, los secretos, los silencios, las trampas… Parece que no haya nada más. En una democracia, la inmensa mayoría de las personas honradas, la gente normal, no se topa con la puerta de los juzgados cada dos por tres. Los más pasan por la vida sin vérselas nunca delante de un juez. Entre los dirigentes políticos, en cambio, parece que estar bajo sospecha sea lo más habitual, que observar su nombre en cualquier investigación judicial no tenga nada de particular. Se ha extendido ya la máxima, defendida por ellos mismos, de “si quieren algo que vayan al juzgado”. Como si la ley fuera el único límite de su gestión, como si no supiéramos que nada mejor que ser de los que hacen las leyes para conocer las trampas para esquivarlas, como si no existieran zonas de sombra a donde la legislación no llega, como si no hubiera unos mínimos éticos de obligado cumplimento digan lo que digan las leyes. Asistimos diariamente a la aparición de denuncias sobre comportamientos irregulares de aquellos en quienes el ciudadano ha depositado la gestión de los asuntos públicos. Estos días, a vueltas con el “caso Gürtel”, Madrid o Valencia se llevan la palma, pero hace nada fueron las Baleares, Andalucía, Canarias, Cataluña, Murcia, Euskadi.... Es constante. Por todas partes. Eso sí, solemnemente se nos repite que son hechos aislados, excepcionales. No lo creo, es un modo de hacer y sus consecuencias. Cuando en un territorio, la Comunidad Valenciana por ejemplo, los casos aparecen como hongos, desde Fabra a Luís Fernando Cartagena, desde Naseiro a Julio Iglesias, desde Blasco a Castellano, desde Alperi a Hernández Mateo, desde censos artificiales a mociones de censura inexplicables, desde Terra Mítica a Aguas de Valencia, desde Torrevieja a Vall d’Alba, desde Benidorm a Orihuela, desde Catral a Sant Jordi, desde Pego a Castellón, desde la Televisión Autonómica a los Grandes Proyectos, desde el Urbanismo a la Sanidad, desde Cultura a Educación, cuando allá donde mires aparecen sombras, dudas e interrogantes, es que no estamos hablando de nada aislado, es que estamos ante una epidemia, una situación estructural. ¿Alguien conoce a alguien que tenga más de 90 cuentas corrientes? Pues el presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, las tenía. ¿Alguien sabe de alguna empresa cuyos accionistas sean a su vez otras empresas con participación mayoritaria de unas terceras empresas radicadas en paraísos fiscales como Isla de las Nieves, Islas del Canal, Senegal o Azerbaiyán? Pues la Generalitat valenciana contrataba sistemáticamente con compañías de estas características. Se mire por donde se mire esto no es normal. Es difícil creer que si tiras mil veces una moneda al aire las mil te saldrá cara, por más que sea posible. Tantas casualidades resultan increíbles, obligan a dudar.
Dudas que se ciernen sobre todo tipo de responsables públicos. Son alcaldes, concejales, presidentes provinciales, autonómicos, consejeros, altos cargos de toda índole… Forman una casta en la que todos se protegen entre si. Nadie alza la voz en público. Sabemos de sus negocios, de las destacadas colocaciones de sus familiares, de sus círculos de amigos compuestos por los mismos que reciben contratos de las administraciones que ellos controlan. Eso sí, debemos creer que todo es pura coincidencia, que no hay nada por lo que temer. Cuestión de fe. No es sencillo. La credibilidad no se gana por decreto sino en base a la actuación de cada uno y, precisamente, son sus obras las multiplican las dudas alrededor de nuestros políticos. Si no hay nada que temer, ¿por qué su respuesta es siempre la descalificación de quien denuncia? ¿Por qué no responden nunca a lo que se les pregunta? ¿Por qué ni dejan que se les pregunte? ¿Por qué esconden siempre los papeles?¿Por qué tanta opacidad? ¿Por qué tan poca transparencia?
Así las cosas, a lo que asistimos, como espectadores pero también como víctimas, es a la degradación de la democracia. Una sensación inmensa de impotencia recorre el tejido social. Domina la impresión de que lo que se ve no gusta, de que lo que tenemos no merece confianza ninguna, de que estamos mal, muy mal, pero de que no hay nada que hacer. Se extiende una sensación de impotencia que lleva a la falta de atención y, en definitiva, a la despreocupación respecto a la gestión de lo público. Llegan las elecciones y la abstención es alta, cada vez más ciudadanos van a las urnas con la nariz tapada o votan simplemente a la contra, con menos entusiasmo, con menos convicción. Nos dirán –hay teorías para justificar cualquier cosa-- que eso es lo común en las democracias maduras. A mi me parece que es lo propio de las democracias relativas.

1 comentario:

Rafael del Barco Carreras dijo...

II. JOSÉ MARTÍ GÓMEZ, Premio Nacional de Periodismo de Cataluña 2008,
LA VANGUARDIA, Y JAVIER DE LA ROSA.

Rafael del Barco Carreras

Abril 2009. Del libro “La Catalunya mes fosca” de Victor Saura, periodista catalanista de izquierdas, recién editado, releo traduciendo del catalán… “Los periodistas, y en general las personas, tenemos esta manía de creernos lo que leemos. Uno escribe una cosa porque una supuesta buena fuente se lo ha explicado (y los De la Rosa, Piqué Vidal, Estevill, Aguilera, Oubiña y compañía eran grandísimas fuentes para muchos periodistas encantados de tenerlos) y a partir de aquí el resto lo vamos repitiendo acríticamente, como si hubiéramos presenciado el crimen en directo. No he visto nunca a ningún periodista admitir un error así. Admitir que con un artículo inspirado por alguno que le parecía de confianza y que años después se ha comprobado que era un auténtico pirata malparido hundió la reputación de algún otro que posiblemente no tenía ninguna culpa”… y amplío mi escrito del 26-10-08, cuando a Martí Gómez le otorgan el gran galardón en el teatro Kursal de Manresa.

José Martí Gómez inició el linchamiento y juicio paralelo en el caso Consorcio de la Zona Franca de Barcelona, 1980. Insisto, ni se le ocurrió hablar conmigo, ¿para qué? ¡yo no le pagaría tanto como De la Rosa! Durante 30 años me he preguntado cuánto. Ver las imágenes adjuntas en www.lagrancorrupcion.blogspot.com. Dice investigó, no investigó nada, porque la patraña es falsa. NO EXISTÍAN ESOS SUPUESTOS FINANCIEROS DE DUDOSA REPUTACIÓN, apenas unos socios menores de los varios con quienes Antonio de la Rosa realizaba sus negocios (preferencia y a dúo con su hijo Javier), y en cuanto a las señoritas, ese SAN ANTONIO, arrastraba una doble vida al igual que tantos otros de los adinerados y corrompidos franquistas.

Los De la Rosa le proporcionaron las claves del guión. La más rentable de sus novelas. Victor Saura confunde ERROR por CORRUPCIÓN. Hasta los jueces dictarán en la sentencia; dinero parte GASTADO EN VICIOS. Tengo 68 años (a estas alturas de la vida no debo justificarme ante nadie) jamás he tenido un VICIO (ni fumo) como demostraría el más profundo e imaginable examen médico, añadiendo de paso que nunca he estado enfermo con un solo día de cama, jamás una baja en mis trabajos o negocios, y demostrable en el expediente carcelario o en los archivos de todo el Sistema Sanitario. Por no tomar, ni aspirinas... la antítesis de Javier de la Rosa.

La portada y primera página de CAMBIO 16 del 18-11-79 inicia en la Prensa la consolidación del primer gran desfalco de los De la Rosa y su corte, o de quienes se añadirían al engaño, Serra, Maragall… la Prensa…abogados, jueces, policías…