miércoles, 4 de febrero de 2009

El termómetro no tiene la culpa de la fiebre. Nunca.

A finales de la semana pasada, el Gran Wyoming montó en su programa de “La Sexta” una broma para poner en evidencia el “modus operandi” de otra cadena de televisión, “Intereconomía”. Le salió bien. Picaron. Era un video en el que el humorista increpaba a una supuesta becaria: un montaje, un engaño, una mentira. Fue el propio equipo de Wyoming quien grabó el material y quien lo hizo llegar a “Intereconomía” como si de una filtración se tratara. Estos se lanzaron a hacer público el video recibido, “para mostrar la verdad del Wyoming ese”, dijeron. Lo emitieron sin preguntar, sin contrastar, sin confirmar; lo cual demuestra que o su periodismo no pasa de ser “periodismo-basura” o que, en este caso, la supuesta voluntad de informar escondía el simple intento de desprestigiar a un competidor; o las dos cosas. Yo creo que son las dos cosas. Incluso hubo quien lo colgó en “Youtube”.


Así justificó Xavier Horcajo, director de "Intereconomía", la emisión del falso video de Wyoming


No comprendo a los que ahora cargan contra Wyoming. Me sorprenden reacciones como las de Fernando González Urbaneja, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, que dice que el montaje desprestigia al periodismo. No. El montaje lo que demuestra es la situación de desprestigio estructural en el que está sumida la profesión. A Wyoming, y al “Follonero” que en su día se inventó un décimo de lotería premiado que había acabado en la lavadora, se les tendría que agradecer que con sus bromas hayan evidenciado la perdida de una condición básica del periodismo, previa a la necesidad de contrastar, me refiero a la desconfianza. El periodismo se ha vuelto cómodo, confiado, da por buena sin más cualquier cosa que le caiga en suerte, siempre que le encaje, que le interese. La confianza ciega es contraria al periodismo, sea confianza obligada por órdenes superiores o confianza por inercia. Quizás con estas polémicas vuelve a las redacciones aquello de “¿pero seguro que esto es verdad?”, una frase que ha desaparecido del periodismo. En realidad lo grave, no es creerse el video de Wyoming o el décimo de lotería del “Follonero”, lo patético es que las notas de prensa de las instituciones, organismos oficiales y grandes empresas entran como un cuchillo en la mantequilla en los medios, se publican como si fueran dogmas de fe, las declaraciones de unos y otros se rebotan sin más consideraciones. En esto tampoco hay contraste, ni seguimiento. Las mentiras que se diseñan en los gabinetes de prensa llegan hasta los ciudadanos como misiles y la supuesta información esconde simple propaganda. Hablo de todos los medios, cada día, cada hora, cada instante. Dos bromas tienen poca capacidad de desprestigio. El mal está en las rutinas cotidianas cada vez más alejadas de los principios del periodismo.
No recuerdo a Urbaneja comentar nada de la falsa entrevista exclusiva de Angels Barceló a Mahmud Abbas, en “Hora 25” de la Cadena Ser; no en un programa de humor sino en un informativo de referencia. Eso también fue un montaje, la pieza estaba trucada. Ni era una entrevista exclusiva, TVE también entrevistó al líder palestino, ni Àngels Barceló estuvo allí. La directora de "Hora 25" se limitó a poner su voz encima de las preguntas que había hecho otro compañero de la emisora. Nadie lo advirtió a los oyentes. Cuando el tema se destapó la Ser no dio explicaciones. Es más, al jefe de informativos de la Cadena Ser, Daniel Anido, no se le ocurrió otra cosa que comentar “no se de que se quejan, esto lo hace todo el mundo”. Para que luego le carguen el muerto a Wyoming, como si el termómetro fuera el responsable de la fiebre.
La mentira preocupante no es la que montó Wyoming sino todo el periodismo de hoy, la información que llega al ciudadano. Lo grave no son las bromas de un programa de humor sino las malas prácticas, los abusos, los silencios, las manipulaciones de los periódicos o de los espacios que se presentan como programas de información. En fin, como siempre, lo que espanta es lo que lo que no sabemos, lo que no conocemos pero sabemos que está ahí. Que curioso: toda la desconfianza que le falta hoy al periodismo la tienen los ciudadanos respecto a él.

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