domingo, 22 de febrero de 2009

Jueces al margen, ¿cuándo empiezan las dimisiones?

A los políticos valencianos del PP los imagino estos días como aquellos malos alumnos que no han estudiado y que no saben donde meterse cuando el maestro empieza a preguntar la lección. Que no me toque, que no me toque; que el maestro ni me mire. Aquí el maestro es el juez Garzón.
En el PP valenciano el gran miedo, el único, es salir señalado como delincuente. Nadie parece preocupado por el estigma de duda y sospecha que se les ha pegado al traje como una mancha indeleble, ni, mucho menos, por la incompetencia para la gestión pública que todo lo conocido pone de manifiesto. Son cuestiones menores que no impiden seguir en la carrera política. De eso viven, de eso se trata.
Veremos quien acaba en la cárcel. Eso es futuro. Lo que resulta inaudito es como se da por descontado que quien escape de la responsabilidad judicial escapará de toda responsabilidad. ¿Qué clase de democracia es esta? ¿Dónde queda la responsabilidad política? Una administración que se ha rodeado de delincuentes, de estafadores, de blanqueadores de dinero; un partido que ha abierto sus puertas a lo peor de cada casa; unas instituciones que han dejado el dinero público en manos de ladrones de distinto pelaje; unos administraciones públicos que poco menos que se han encamado con ellos… Todo esto no puede salir gratis. ¿Se debe conformar el ciudadano con, en el mejor de los supuestos, gestores honrados pero incompetentes e incapaces hasta el ridículo?¿Esta es la nueva y miserable doctrina que sale de todo este episodio? Y la responsabilidad eligiendo, ¿dónde queda? ¿Quién paga por haber confiado en quien se ha confiado?
Dando por hecho que no haya delito, tanta incompetencia, tan mal ojo clínico, tanta contumacia en el error ha de traducirse en ceses. Como mínimo se ha puesto ya de manifiesto que durante años hemos tenido distintos responsables políticos de alto rango que se han puesto en manos de gente que ha resultado no ser honrada. A ellos ha ido nuestro dinero. Que dimitan, que se les cese ya… ¿Cómo es posible que con lo que sabemos nadie haya abandonado su cargo? No destino a prisión, esto ya se verá, sino a casa, a casa. Tan propio de la democracia es que a las seis de la mañana sólo el lechero pueda llamar a la puerta, según recordó Francisco Camps, el presidente valenciano, citando a Churchill hace unos días, como asumir las responsabilidades políticas al margen de las condenas judiciales. De eso no dijo nada.

Álvaro Pérez y Francisco Correa eran íntimos del PP. La intimidad supone un alto nivel de conocimiento






El President de la Generalitat, Francisco Camps, y, a su derecha, uno de los imputados, José Luís Ulibarri, el empresario que se llevó el "gordo" en la concesión de televisiones digitales, 13, y acaparador de obra pública y recalificaciones urbanísticas de gran rentabilidad.




Álvaro Pérez mostrando su carísima moto al productor de televisión Miguel Perello. La discreción no era rasgo que adornara su personalidad.

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