viernes, 27 de febrero de 2009

De Rosa de rositas y Bermejo de marrón

Fernando de Rosa, vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), se reunió en dos ocasiones con Francisco Camps, presidente de la Generalitat valenciana, y con consellers y diversos altos cargos del gobierno autonómico, coincidiendo con distintas iniciativas del juez Garzón que relacionaban a Camps con el “caso Gürtel”. La primera reunión fue en el propio domicilio del número 2 del CGPJ ; la segunda, en el Palau de la Generalitat. En medio, de Rosa, vicepresidente del órgano encargado de velar y proteger la independencia judicial, declaró en televisión que Garzón estaba en el límite de la prevaricación. Preguntado sobre las reuniones, Fernando de Rosa ha respondido: “No voy a contar lo que hago en mi vida privada”. Claro, claro, dicen en el PP. Vaya, si a Mariano Fernández Bermejo se le hubiera ocurrido contestar esto como toda explicación a su cacería todavía sería ministro de Justicia.


Mariano Fernández Bermejo. Poco tacto y demasiadas situaciones inoportunas en el momento más inoportuno




Fernando de Rosa. Siendo alto cargo en la Generalitat intentó colocar en la administración a una amiga de su mujer con el argumento de que era del PP. (pinchar aquí).

jueves, 26 de febrero de 2009

Si nos pudiéramos dar de baja...

Desde Aristóteles y su “hombre político”, la preocupación por las cuestiones de interés público se tiene por actitud noble y valiosa. La participación política, desde militar en un partido a simplemente debatir y mostrar interés por los temas de actualidad, pasa por ser un ejemplo de compromiso social. Lo contrario se considera propio de quien ha renunciado a ejercer de ciudadano de primera, ciudadano protagonista de su vida, consciente de sus derechos y sus obligaciones sociales.
Lo que sucede es que la vida dura lo que dura, que los días tienen 24 horas, que el mundo está lleno de cosas bonitas como para perder el tiempo en obras de teatro donde el ciudadano, pese a creerse protagonista, no pasa de figurante, simple palmero en el mejor de los casos.
Estos días acercarse a la actualidad produce arcadas. Sin entrar en el núcleo de los casos de corrupción que nos martillean por doquier que, evidentemente, son de mucha gravedad, ver a nuestros políticos desbocados intentado mantenerse cada cual en su machito, como si no hubiera vida más allá de su cargo, agota.
Los corruptos, por supuesto, deberían dimitir y, si no, ser cesados de inmediato, sin demora y bajo la premisa de que es mejor pasarse que quedarse corto. A tiempo de volver siempre se está. Pero no sólo eso. La política de la que hablaba Aristóteles no merece miembros que, lejos de servir a la comunidad, lo que hacen es reírse de ella, tomar a los ciudadanos por imbéciles, envilecerles. Decir lo contrario de lo que se piensa, hacer lo contrario de lo que se dice, invalida a quien así actúa. Por más que, sumergidos en esa hermética clase política en la que viven no se den cuentan, nuestros políticos habitan un inframundo patético que, más allá del interés científico, sólo se toman en serio los que comen de él.
Lo estamos viendo: niegan las evidencias, retuerzan los argumentos, exageran o disimulan según convenga, aseveran una cosa y la contraria, lo que vale para ellos no sirve para los demás. Como si cobraran para esto, como si nadie se diera cuenta de su impostura. Es imposible que todos estos señores y señoras no conozcan una forma más noble de ganarse la vida, es triste verlos chapotear en el barro y tener que reconocerles como representantes públicos.
Hoy, en relación a la comisión de investigación que la Asamblea de Madrid ha puesto en marcha para esclarecer distintos casos de espionaje político, se ha conocido que el Partido Popular niega determinados testigos solicitados por la oposición. No quieren, por ejemplo, que comparezcan los que han denunciado haber sido espiados. En cambio, reclaman la presencia de antiguos miembros del gobierno socialista de Joaquín Leguina, gente que está fuera del gobierno desde hace 14 años. La explicación al respecto del portavoz del PP en la Asamblea de Madrid, David Pérez, es una de estas afirmaciones que descalifican a quien las hace. No se puede ser un político honrado y afirmar que “llamamos a quienes pueden contribuir a esclarecer si hubo espionajes, nosotros estamos convencidos de que no los hubo”. Perfecto. Se le entiende todo. Claro, puesto que no creen que haya espionajes, no llaman a quienes pueden evidenciar que lo hay. Y se queda tan ancho. Y el contribuyente de a pie, con cara de tonto. O cara de tonto o pensar que todo es una broma. Siempre se puede aceptar como si de un chiste se tratara, y reír, y no tomar en serio la política, y no perder el tiempo con ella.

David Pérez, portavoz del PP en la Asamblea de Madrid. Tiene 36 años. Es licenciado en Periodismo. A los 24 años entró como asesor en el Ayuntamiento de Madrid.

martes, 24 de febrero de 2009

Canal 9: quien controla el medio, controla el mensaje

El PSPV viene encadenando errores estratégicos desde que perdió el poder autonómico allá por 1995. Antes, también, pero no es el caso. La concatenación de equivocaciones a la que me refiero es un hecho claro para cualquier observador medio; como lo es que la democracia valenciana tiene evidentes agujeros negros que, lejos de irse resolviendo, crecen. Unas lagunas que a los socialistas les deberían preocupar doblemente; en primer lugar, por lo suponen de recorte de los derechos de los ciudadanos, pero también, ya con carácter más particular, por lo que representan de barrera a su recuperación electoral.
La política del gobierno de la Generalitat en relación a los medios de comunicación y, principalmente, la referida a Canal 9 es uno de los temas a las que me refiero. Y no de los menores. Ayer con Eduardo Zaplana, hoy con Francisco Camps. El PSPV debería tener esta cuestión en el frontispicio de sus tribulaciones, más allá de cuatro titulares de prensa y bravuconadas diversas que aburren y que ya no se creen ni ellos mismos.
La utilización propagandística que el PP lleva haciendo de Televisión Valenciana desde hace 14 años supone una evidente limitación del derecho de los ciudadanos a recibir una información libre y veraz, así como también una constante amputación del derecho a la libertad de expresión; conceptos que, recuerdo, están en la Constitución Española. Siendo criticables, como son, muchos otros aspectos del funcionamiento de la televisión autonómica, por ejemplo, la nula promoción de valenciano o la desastrosa y oscura gestión económica de la cadena, desde la perspectiva democrática, nada hay más grave que la conversión consciente de Canal 9 en herramienta de desinformación para beneficio exclusivo de los intereses electorales del PP. A efectos políticos, sin información libre no hay ciudadanos sino súbditos; sin comunicación democrática no hay democracia.
El funcionamiento de los informativos de Canal 9 no tiene nada de casual, están diseñados para mostrar al espectador una realidad unidimensional, sin matices, donde todas las bondades recaen en la gestión del gobierno autonómico del PP y todas las maldades corresponden a sus rivales políticos, básicamente los socialistas. Todo lo que escapa al discurso oficial, simplemente no existe.




Pinchando aquí
, una de las tres noticias más destacadas del "Noticies 9 1a. Edició" de hoy. Un gabinete de comunicación e imagen no lo haría distinto.






Frente a ello, el PSPV no ha presentado nunca otra estrategia que la simple queja sobre su ausencia en pantalla. Sin más. Como si todo quedara resuelto con algún socialista añadido en los informativos.
Los dirigentes socialistas han sido capaces de bloquear la renovación de la Sindicatura de Greuges durante dos años por la falta de unas facturas pero jamás se han planteado huir del pasteleo en la composición partidista del Consejo de Administración de RTVV, como si la lucha por una comunicación democrática no lo valiera. Ni un solo gesto de contrariedad se les ha visto tampoco por el hecho de que todavía no exista el Consejo del Audiovisual, pese a que su puesta en marcha consta en el nuevo Estatuto de Autonomía que se aprobó hace casi tres años. Tres años. Silencio.
La falta de preocupación de los socialistas valencianos por la regeneración democrática en el terreno de la comunicación pública queda también en evidencia ante su actitud respecto al circuito autonómico de RTVE. Desde la llegada de Zapatero al gobierno en 2004 no se les conoce ninguna iniciativa tendente a reforzar las emisiones de RTVE en la Comunidad Valenciana, no para hacer lo mismo que en Canal 9 pero al revés, sino para apostar por una información comprometida y profesional que sirviera de contrapunto a lo que hace la televisión autonómica y demostrara que las cosas se pueden hacer de otro modo, mejor.
Ni siquiera se sabe que desarrollen una tarea de seguimiento sistemático sobre los contenidos de Canal 9, ni, mucho menos, que dispongan de un modelo alternativo. Nunca se han preocupado de buscar en instancias judiciales el amparo que siempre se les ha negado en el ámbito político. No han aprendido nada. No han conseguido jamás ningún tipo de movilización social respecto a Canal 9 porque ellos, en el fondo, no han dado ninguna señal de tomarse el tema en serio. No se han atrevido a utilizar sus apariciones en la televisión autonómica para denunciar los abusos que se cometen en la cadena y han participado siempre, como si todo fuera normal, tanto en el reparto de bloques de información política antes de las elecciones que en los supuestos de debates electorales donde estaba prohibido debatir.
Canal 9 son las arenas movedizas del PSPV, el terreno de juego trucado, tomando prestada la idea de Manuel Castells, donde los socialistas se hunden. Mientras no logren convertir la tele-trampa en algo parecido a un medio de comunicación público, sus posibilidades electorales no pasarán de ser una entelequia; la alternancia política se limitará a presentarse como teoría y, por tanto, la democracia, se quedará en continente sin contenido. Y usted que lo sufra. Gracias.

lunes, 23 de febrero de 2009

Fuera dudas: Rajoy fija los límites

Ya está. Queda definida la raya donde el líder del PP, Mariano Rajoy, sitúa los límites del comportamiento de los representantes políticos. Lo ha dicho este mediodía. Ha sido al hilo de la dimisión de ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo. Rajoy ha asegurado que ya era hora, que era una dimisión obligada y que "en política se deben tener comportamientos acordes con lo que dice la razón, la ética y su propia condición de político". Vale la pena repetirlo y destacarlo "en política se deben tener comportamientos acordes con lo que dice la razón, la ética y su propia condición de político". La sentencia Rajoy. Dicha queda. Escrita. Es de esperar que se considere de aplicación general y no sólo para "los otros". Ahora, como si del zapatito de cristal de Cenicienta se tratara, es el momento de probar cuantos compañeros de partido de Mariano Rajoy no aguantan tan clara sentencia.

No es de Brecht, es de Niemöller

Hace unos días, con toda solemnidad, el President de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, citó a Bertolt Brecht para defenderse de una imputación judicial. Al margen de que apelar a la persecución nazi para presentarse como víctima resulta, dado el caso de que se trata, de gusto discutible, es obligado recordar, una vez más, que el poema en cuestión nada tiene que ver con Brecht.
Dijo Camps: "Como Bertolt Brecht, ayer un concejal, hoy un alcalde. Mañana el presidente de una Comunidad Autónoma..." Se refería a aquello de: primero los comunistas, luego los socialdemócratas... No es de Brecht, por más que la confusión esté muy extendida. Es del pastor protestante Martin Niemöller. Casi no es ni un poema ya que, en realidad, surge de un sermón, por eso hay incluso debate sobre su literalidad.

Martin Niemöller (1892-1984)



Bertolt Brecht (1898-1956)

domingo, 22 de febrero de 2009

Jueces al margen, ¿cuándo empiezan las dimisiones?

A los políticos valencianos del PP los imagino estos días como aquellos malos alumnos que no han estudiado y que no saben donde meterse cuando el maestro empieza a preguntar la lección. Que no me toque, que no me toque; que el maestro ni me mire. Aquí el maestro es el juez Garzón.
En el PP valenciano el gran miedo, el único, es salir señalado como delincuente. Nadie parece preocupado por el estigma de duda y sospecha que se les ha pegado al traje como una mancha indeleble, ni, mucho menos, por la incompetencia para la gestión pública que todo lo conocido pone de manifiesto. Son cuestiones menores que no impiden seguir en la carrera política. De eso viven, de eso se trata.
Veremos quien acaba en la cárcel. Eso es futuro. Lo que resulta inaudito es como se da por descontado que quien escape de la responsabilidad judicial escapará de toda responsabilidad. ¿Qué clase de democracia es esta? ¿Dónde queda la responsabilidad política? Una administración que se ha rodeado de delincuentes, de estafadores, de blanqueadores de dinero; un partido que ha abierto sus puertas a lo peor de cada casa; unas instituciones que han dejado el dinero público en manos de ladrones de distinto pelaje; unos administraciones públicos que poco menos que se han encamado con ellos… Todo esto no puede salir gratis. ¿Se debe conformar el ciudadano con, en el mejor de los supuestos, gestores honrados pero incompetentes e incapaces hasta el ridículo?¿Esta es la nueva y miserable doctrina que sale de todo este episodio? Y la responsabilidad eligiendo, ¿dónde queda? ¿Quién paga por haber confiado en quien se ha confiado?
Dando por hecho que no haya delito, tanta incompetencia, tan mal ojo clínico, tanta contumacia en el error ha de traducirse en ceses. Como mínimo se ha puesto ya de manifiesto que durante años hemos tenido distintos responsables políticos de alto rango que se han puesto en manos de gente que ha resultado no ser honrada. A ellos ha ido nuestro dinero. Que dimitan, que se les cese ya… ¿Cómo es posible que con lo que sabemos nadie haya abandonado su cargo? No destino a prisión, esto ya se verá, sino a casa, a casa. Tan propio de la democracia es que a las seis de la mañana sólo el lechero pueda llamar a la puerta, según recordó Francisco Camps, el presidente valenciano, citando a Churchill hace unos días, como asumir las responsabilidades políticas al margen de las condenas judiciales. De eso no dijo nada.

Álvaro Pérez y Francisco Correa eran íntimos del PP. La intimidad supone un alto nivel de conocimiento






El President de la Generalitat, Francisco Camps, y, a su derecha, uno de los imputados, José Luís Ulibarri, el empresario que se llevó el "gordo" en la concesión de televisiones digitales, 13, y acaparador de obra pública y recalificaciones urbanísticas de gran rentabilidad.




Álvaro Pérez mostrando su carísima moto al productor de televisión Miguel Perello. La discreción no era rasgo que adornara su personalidad.

viernes, 20 de febrero de 2009

El negativo de la información


Canal 9, la televisión en la que trabajo y en cuyo Comité de Redacción de Informativos he estado mucho tiempo (ya no existe), es digna de mucha más atención de la que recibe. Sostengo que la sociedad valenciana, en su inmensa mayoría, no la valora en su justa medida. En el pecado llevan la penitencia. No la valoran los que no la miran, como si obviándola la pudieran borrar de la realidad. No la valoran las fuerzas sindicales, centradas como están, ahora y siempre, en las cuestiones estrictamente laborales. No la valoran los partidos políticos de la oposición incapaces de ir más allá del "no nos sacan". No la valoran las instancias académicas como si no tuvieran en ella un objeto de alto interés científico que, además, condiciona enormemente el mercado de trabajo en el que han de acabar sus estudiantes. No la valoran las asociaciones profesionales de periodistas, débiles como están. Sólo el Partido Popular y algunas empresas de producción audiovisual demuestren entender adecuadamente lo que vale Canal 9; los primeros como herramienta de formación de opiniones sociales dominantes en sectores ciudadanos de interés electoral, los segundos como vía de negocios rápidos y seguros.
Las lecciones que ofrecen diariamente los informativos de Canal 9 conforman un manual imprescindible para la práctica del periodismo. Conocer el negativo siempre aporta muchas pistas, saber lo que se tiene que evitar es un buen camino para entender lo que es preciso hacer; nada mejor que tocar el agua para saber donde está el borde de la piscina. Estos días, a vueltas con el "caso Gürtel", los informativos de Canal 9 están dispensando un capítulo de mucho interés: las distintas variaciones que puede utilizar un medio informativo para hablar de las reacciones a un determinado tema sobre el que no se ha ofrecido ni se ofrece explicación alguna. Parece imposible pero no lo es. No lo es cuando la voluntad no es informativa sino propagandística. Dar todos los datos es imprescindible si se pretende que el receptor entienda lo que se le está contando, pero si no , no. Si lo que se busca en simplemente conseguir que ese receptor se lleve una determinada impresión basta con ofrecer aquella parte de la realidad que interesa. Las informaciones van al cerebro; las impresiones, a las vísceras.
Canal 9 está dando una presencia enorme en sus informativos a todas las iniciativas que está emprendiendo el PP, sea en Valencia o en Madrid, para defenderse de las acusaciones de corrupción que, vinculadas al "caso Gúrtel", les afectan pero jamás se explica ni cuales son esas acusaciones, ni quien las hace. En Canal 9 nada se sabe de detenidos, ni de registros de empresas o sedes administrativas, ni de dimisiones. Nada se dice de contrataciones bajo sospecha, ni de empresas en paraísos fiscales, ni de teléfonos pinchados. Se obvia la relación de los máximos responsables de la trama con la cúpula del PP valenciano, como no se dice nada ni de recalificaciones de terrenos, ni acaparamiento en las concesiones de televisión. En realidad, Canal 9 todavía no ha hablado del "caso Gürtel".
Entonces, ¿cómo es posible llenar informativos a su costa? Se puede. Una vez libres de escrúpulos profesionales es sencillo. Se trata de aprovechar el ruido que los ciudadanos perciben fruto de lo publicado por otros medios o en la propia calle y descargar toda la carga de la culpa sobre los socialistas (Zapatero, en definitiva) como responsables de prácticas antidemocráticas e, incluso, delictivas. La receta sirve también para los posibles espectadores que pueden no saber ni remotamente de que se les está hablando: el mensaje que les llega es la maldad socialista. Suficiente. En general de lo que se trata es de una práctica destinada a reforzar en el espectador opiniones ya formadas, evitar fuga de votos para decirlo más claramente. El destinatario de esta forma de presentar la información es, en el caso de Canal 9, el votante del PP, recuérdese: el 50% de los que habitualmente van a votar.
El encabezamiento de las distintas noticias que sobre el tema referido se han dado hoy en el informativo matinal de Canal 9 demuestran la forma de proceder:

SESSIÓ DE CONTROL A LES CORTS
El ple del Consell aprovarà un decret llei per a fer arribar el crèdit a les pimes. Una mesura més perquè la Comunitat Valenciana isca de la crisi. Ho va anunciar ahir el president Camps en la sessió de control a les Corts Valencianes, on ha ratificat la transparència i la correcta gestió del seu govern.

- Una sesión de control sobre corrupción convertida en el marco de un alud de iniciativas económicas.

DECLARACIÓ INSTITUCIONAL DE FRANCISCO CAMPS
Abans de la sessió de control, el president de la Generalitat, en una declaració institucional, negava i desmentia totes les informacions que el vinculen amb el ''cas Gürtel''. Francisco Camps afirma que este procés és una persecució judicial al Partit Popular i anuncia accions legals, en defensa del seu honor i el del govern valencià.

- Todo menos explicar en que consisten las posibles vinculaciones.

RAMBLA EXPLICA A LES CORTS CONTRACTES DE LA GENERALITAT
A les Corts, el vicepresident del Consell ha lliurat tots els contractes de la Societat Gestora per a la Imatge Estratègica de la Comunitat Valenciana. Vicent Rambla vol refermar així la transparència de les accions de l'administració valenciana. L'oposició considera que és insuficient i demanen la dissolució d'esta societat, que gestiona els grans esdeveniments de la Comunitat. La resta de consellers també compareixeran a petició pròpia, per a demostrar que tots els contractes de la Generalitat es fan amb transparència i responsabilitat.

- Nada se dice de a que viene, qué motiva, esta presentación de contratos.

REUNIÓ DE LA JUNTA DIRECTIVA REGIONAL DEL PP
Unitat, transparència i defensa dels interessos de la Comunitat Valenciana. Són els missatges que ha traslladat Francisco Camps al seu partit. Ha sigut durant la Junta Directiva Regional que ha presidit i que l'ha rebut amb una tancada ovació de més de 5 minuts. El líder dels populars valencians ha reiterat que el seu únic objectiu és treballar per a garantir el creixement constant de la Comunitat Valenciana i el benestar dels cinc milions de ciutadans.

- La mejor. No tiene ningún contenido, cero información, ninguna noticia. Simplemente aplausos.

jueves, 19 de febrero de 2009

La ciénaga o la democracia relativa

¿Por qué se han de ver los ciudadanos en medio de esta ciénaga? ¿Por qué sabemos más de nuestros políticos por sus juicios que por sus propuestas?
Los casos de corrupción, las sospechas, las imputaciones, las redes oscuras, los informes filtrados, los espionajes, las acusaciones, las dudas, los secretos, los silencios, las trampas… Parece que no haya nada más. En una democracia, la inmensa mayoría de las personas honradas, la gente normal, no se topa con la puerta de los juzgados cada dos por tres. Los más pasan por la vida sin vérselas nunca delante de un juez. Entre los dirigentes políticos, en cambio, parece que estar bajo sospecha sea lo más habitual, que observar su nombre en cualquier investigación judicial no tenga nada de particular. Se ha extendido ya la máxima, defendida por ellos mismos, de “si quieren algo que vayan al juzgado”. Como si la ley fuera el único límite de su gestión, como si no supiéramos que nada mejor que ser de los que hacen las leyes para conocer las trampas para esquivarlas, como si no existieran zonas de sombra a donde la legislación no llega, como si no hubiera unos mínimos éticos de obligado cumplimento digan lo que digan las leyes. Asistimos diariamente a la aparición de denuncias sobre comportamientos irregulares de aquellos en quienes el ciudadano ha depositado la gestión de los asuntos públicos. Estos días, a vueltas con el “caso Gürtel”, Madrid o Valencia se llevan la palma, pero hace nada fueron las Baleares, Andalucía, Canarias, Cataluña, Murcia, Euskadi.... Es constante. Por todas partes. Eso sí, solemnemente se nos repite que son hechos aislados, excepcionales. No lo creo, es un modo de hacer y sus consecuencias. Cuando en un territorio, la Comunidad Valenciana por ejemplo, los casos aparecen como hongos, desde Fabra a Luís Fernando Cartagena, desde Naseiro a Julio Iglesias, desde Blasco a Castellano, desde Alperi a Hernández Mateo, desde censos artificiales a mociones de censura inexplicables, desde Terra Mítica a Aguas de Valencia, desde Torrevieja a Vall d’Alba, desde Benidorm a Orihuela, desde Catral a Sant Jordi, desde Pego a Castellón, desde la Televisión Autonómica a los Grandes Proyectos, desde el Urbanismo a la Sanidad, desde Cultura a Educación, cuando allá donde mires aparecen sombras, dudas e interrogantes, es que no estamos hablando de nada aislado, es que estamos ante una epidemia, una situación estructural. ¿Alguien conoce a alguien que tenga más de 90 cuentas corrientes? Pues el presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, las tenía. ¿Alguien sabe de alguna empresa cuyos accionistas sean a su vez otras empresas con participación mayoritaria de unas terceras empresas radicadas en paraísos fiscales como Isla de las Nieves, Islas del Canal, Senegal o Azerbaiyán? Pues la Generalitat valenciana contrataba sistemáticamente con compañías de estas características. Se mire por donde se mire esto no es normal. Es difícil creer que si tiras mil veces una moneda al aire las mil te saldrá cara, por más que sea posible. Tantas casualidades resultan increíbles, obligan a dudar.
Dudas que se ciernen sobre todo tipo de responsables públicos. Son alcaldes, concejales, presidentes provinciales, autonómicos, consejeros, altos cargos de toda índole… Forman una casta en la que todos se protegen entre si. Nadie alza la voz en público. Sabemos de sus negocios, de las destacadas colocaciones de sus familiares, de sus círculos de amigos compuestos por los mismos que reciben contratos de las administraciones que ellos controlan. Eso sí, debemos creer que todo es pura coincidencia, que no hay nada por lo que temer. Cuestión de fe. No es sencillo. La credibilidad no se gana por decreto sino en base a la actuación de cada uno y, precisamente, son sus obras las multiplican las dudas alrededor de nuestros políticos. Si no hay nada que temer, ¿por qué su respuesta es siempre la descalificación de quien denuncia? ¿Por qué no responden nunca a lo que se les pregunta? ¿Por qué ni dejan que se les pregunte? ¿Por qué esconden siempre los papeles?¿Por qué tanta opacidad? ¿Por qué tan poca transparencia?
Así las cosas, a lo que asistimos, como espectadores pero también como víctimas, es a la degradación de la democracia. Una sensación inmensa de impotencia recorre el tejido social. Domina la impresión de que lo que se ve no gusta, de que lo que tenemos no merece confianza ninguna, de que estamos mal, muy mal, pero de que no hay nada que hacer. Se extiende una sensación de impotencia que lleva a la falta de atención y, en definitiva, a la despreocupación respecto a la gestión de lo público. Llegan las elecciones y la abstención es alta, cada vez más ciudadanos van a las urnas con la nariz tapada o votan simplemente a la contra, con menos entusiasmo, con menos convicción. Nos dirán –hay teorías para justificar cualquier cosa-- que eso es lo común en las democracias maduras. A mi me parece que es lo propio de las democracias relativas.

martes, 17 de febrero de 2009

El extraño criterio informativo de Canal 9



En las fotos que encabezan este artículo hay una "montonera" de periodistas cubriendo la visita que dos diputados autonómicos valencianos hicieron a la sede del organismo público, la Sociedad Gestora de la Imagen Estaratégica de la Comunidad, que firmó mil y un contratos con "Orange Market", una empresa vinculada a la "operación Gürtel". La imágenes son pequeñas pero suficientes para ver que están todos los medios. Todos, menos uno claro. ¿Cual? Canal 9 por supuesto. La televisión autonómica valenciana no considero noticioso el hecho.
Esto era ayer. Hoy nuevo capítulo. Se ha conocido que Serafín Castellano, conseller de Gobernación de la Generalitat valenciana ha adjudicado durante diez años obras a una empresa de unos amigos íntimos, tan íntimos que incluso comparten créditos. Hoy Castellano ha convocado una rueda de prensa para dar explicaciones. Canal 9 lo ha ignorado, no ha dicho ni palabra del caso. Eso sí, ha recogido y emitido el discurso que ha hecho sobre como se deben usar los petardos. Es lo que estaba en la agenda del conseller. Cuestión de criterio.

sábado, 14 de febrero de 2009

La mejor defensa nunca es un mal ataque

El “caso Correa”, o Gürtel, o Orange Market, o como quiera llamársele, no creo que se deba presentar como un supuesto caso de corrupción en los aledaños del PP, en torno al PP y, mucho menos, donde el PP es la víctima. El “caso Correa” es un caso de corrupción “del” PP. La magnitud de los delitos está por ver. Claro que no de todo el PP, ni de todos sus militantes, ni todos sus cargos institucionales, pero el PP no puede presentarse como el perjudicado, ni siquiera como un actor secundario, el PP es el protagonista principal. Sin el Partido Popular, sin sus ayuntamientos, sus gobiernos autonómicos, sus contactos, sus influencias, sus mayorías absolutas, nada hubiera sucedido, todo sería imposible.
El Partido Popular, tanto su dirección nacional, como sus mandamases en Valencia o en Madrid, sabían lo que se estaba cociendo. Los tribunales ya habían dado las primeras señales de alarma en forma de investigaciones y dudas razonables sobre las empresas de la trama ahora destapada, distintos organismos de control detectaron en su día numerosas irregularidades y los grupos de oposición se desgañitaban pidiendo documentos que los gobiernos populares negaban de forma contumaz.
¿A qué viene ahora tanto disimulo y tanto rasgarse las vestiduras? Mal que bien las distintas instituciones cumplieron su papel. Todas menos las más importantes, los gobiernos a la sombra de los cuales Correa, Pérez, Crespo y demás engominados iban tejiendo su tela de estafas, abusos y chanchullos varios; y esos gobiernos, sin excepción, son del PP. Como lo son quienes se iban de fiesta con los mafiosos, quienes participaban en sus bodas o los invitaban a las propias, quienes apadrinan a sus hijos. No nos deberíamos confundir, el núcleo de la trama es el PP, su forma de entender la democracia, su manera de gestionar las mayorías y su modo de gobernar. Insisto, porque ya lo he escrito en otros artículos: miren un informativo de Canal 9 y entenderán a lo que me refiero.
Dicho todo esto, y añadido que ya resulta esperpéntica y burda la sobreactuación que el PP y sus medios cercanos están haciendo sobre la cacería compartida por el ministro Bermejo y el juez Garzón, es preciso detenerse en este aspecto marginal de la historia que nos ocupa.


La comparecencia de Rajoy con toda su Ejecutiva a la espalda me recordó aquella otra de la víspera de las generales de 2004 que empezó: "Hola, soy Mariano Rajoy, candidato del Partido Popular..."





La cacería, si, la cacería. Si tal contacto entre el ministro Bermejo y el juez Garzón ha contaminado el proceso se deberían aportar argumentos, la justicia tiene vías para resolver estas cuestiones. Si, como parece, no hay más que descalificaciones genéricas y maledicencias de barra de bar, quien las hace, lejos de defenderse, se está poniendo en evidencia. Pero esto no empece que se nos deba una explicación. ¿Cuánto cuesta formar parte de una cacería de estas características? ¿Cómo se hace para participar en ellas? Algún conocido mío que sabe bastante más que yo de estos temas me dice que por menos de 3.000 euros no hay nada que hacer. Bien. ¿Se lo pagó de su bolsillo el ministro Bermejo? ¿En cuantas cacerías de estas participa cada año? ¿Lo invitaron? ¿Quién? Si así fuera, ¿al gobierno le parecen razonables este tipo de invitaciones? Y Garzón, ¿abonó él mismo el precio de la cacería? ¿Lo invitaron? ¿Puede un juez aceptar regalos así? Igual que cuando investigaba los GAL a Garzón le tocó poco menos que explicar la minuta de su viaje de bodas, ahora también debería justificarse. Sobre el ministro, ¿qué decir? Su silencio clama al cielo.

jueves, 12 de febrero de 2009

Honrados no son; ¿delincuentes?, ya veremos

Miren Canal 9, un informativo, sólo uno. Asistirán a la falsa realidad que el PP valenciano, Francisco Camps en definitiva, hace llegar a los hogares valencianos para confundirles, para hacerles creer que lo que pasa no pasa, que sus errores no existen, que sus abusos no son. Todo con el único interés de seguir ganando elecciones, para seguir manipulando la tele, para seguir ganado elecciones… y así hasta donde sea posible, hasta donde permita el dinero de los impuestos, que con eso se paga la farsa. Canal 9 es el termómetro definitivo, no hace falta más: si a quienes nos gobiernan les interesara el servicio al ciudadano no usarían la televisión que controlan para mentirle. La información es un servicio fundamental, un derecho de primer orden. No hay democracia con ciudadanos desinformados. Lo saben y por eso mienten, manipulan y censuran. Saben que todo lo que se avance en democracia lo retrocederán ellos en votos. Si esto hacen con la información, por qué se debe pensar que hacen cosa distinta en otros campos como hacienda, sanidad, urbanismo o educación.
En medio de la tormenta desatada por la operación “Correa”, el silencio que mantiene Canal 9 (nada ha dicho al respecto, como si no existiera) es un estrépito de culpa. Canal 9, sus informativos, sus cuentas opacas, sus déficits son la prueba de que quienes la gestionan, Francisco Camps y aquellos a quien él ha colocado, son indiscutiblemente tramposos. Si no lo fueran no estarían escondiendo el caso, como no habrían escondido la trama de espías de Madrid, los datos del paro en Valencia o el avance de las obras del AVE; por citar sólo tres, y recientes, de los centenares y centenares de informaciones que se han hurtado a los ciudadanos en los últimos años. Es verdad que los responsables de informativos de Canal 9 han sido durante todo este tiempo gente de muy poco nivel profesional pero, si no hubiera un diseño preconcebido de mentir, alguna vez, aunque sólo fuera por casualidad, habrían acertado con las informaciones que tocaba dar, las que, por otra parte, estaban en todos los medios.
Casualidad, casualidades. Casualidades son las que hoy acechan al PP valenciano y a su líder incontestado. Casualidades que han llevado al partido y al gobierno de la Generalitat a rodearse de arrebatacapas engominados, trileros de alto standing y ladrones de guante blanco. No uno, ciento. No ahora, viene de lejos. Resulta que ahora son los primeros sorprendidos. Con lo estrictos que son para controlar aquello que les interesa y los laxos y confiados que han resultado en esta ocasión. Casualidad.
Casi diez años de desprecio a todas las peticiones de transparencia en las cuentas con la cantinela de que no se podía hablar de los contratos de la administración con empresas privadas, y llegan un día que precisamente esos contratos explotan.
El “caso Correa - Orange Market” ha evidenciado que el oscurantismo es un mal camino. Ahora se anuncia que se han roto todos los lazos con las empresas en el ojo del huracán. Faltaría más. Eso no tiene ningún valor. Significativo sería que se llamara a los grupos de la oposición para decirles que pueden pedir cuantos contratos quieran de cualquier conselleria, departamento o empresa pública que consideren. No lo verán sus ojos.
Lo que si se puede ver, insisto, es Canal 9 y mientras en pantalla siga el mismo producto que hasta ahora, duden, sospechen, échense la mano a la carta. Mientras los informativos continúen igual den por hecho que nos gobiernan personas que no son ni demócratas, ni honradas. Así que… Si son o no delincuentes, eso queda para más adelante.

Como prueba del "modus operandi" al que me refiero, sirva la pieza que hoy mismo ha emitido Canal 9 en su informativo del mediodía. No se la pierdan. El redactor que la ha elaborado ha sido Pep Ramada, de la sección de política que dirige Ana Juan. El director del informativo en cuestión es Josep Magraner, siendo las dos principales responsables del Departamento de Informativos, Lola Johnson, directora, y Maite Fernández.

miércoles, 4 de febrero de 2009

El termómetro no tiene la culpa de la fiebre. Nunca.

A finales de la semana pasada, el Gran Wyoming montó en su programa de “La Sexta” una broma para poner en evidencia el “modus operandi” de otra cadena de televisión, “Intereconomía”. Le salió bien. Picaron. Era un video en el que el humorista increpaba a una supuesta becaria: un montaje, un engaño, una mentira. Fue el propio equipo de Wyoming quien grabó el material y quien lo hizo llegar a “Intereconomía” como si de una filtración se tratara. Estos se lanzaron a hacer público el video recibido, “para mostrar la verdad del Wyoming ese”, dijeron. Lo emitieron sin preguntar, sin contrastar, sin confirmar; lo cual demuestra que o su periodismo no pasa de ser “periodismo-basura” o que, en este caso, la supuesta voluntad de informar escondía el simple intento de desprestigiar a un competidor; o las dos cosas. Yo creo que son las dos cosas. Incluso hubo quien lo colgó en “Youtube”.


Así justificó Xavier Horcajo, director de "Intereconomía", la emisión del falso video de Wyoming


No comprendo a los que ahora cargan contra Wyoming. Me sorprenden reacciones como las de Fernando González Urbaneja, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, que dice que el montaje desprestigia al periodismo. No. El montaje lo que demuestra es la situación de desprestigio estructural en el que está sumida la profesión. A Wyoming, y al “Follonero” que en su día se inventó un décimo de lotería premiado que había acabado en la lavadora, se les tendría que agradecer que con sus bromas hayan evidenciado la perdida de una condición básica del periodismo, previa a la necesidad de contrastar, me refiero a la desconfianza. El periodismo se ha vuelto cómodo, confiado, da por buena sin más cualquier cosa que le caiga en suerte, siempre que le encaje, que le interese. La confianza ciega es contraria al periodismo, sea confianza obligada por órdenes superiores o confianza por inercia. Quizás con estas polémicas vuelve a las redacciones aquello de “¿pero seguro que esto es verdad?”, una frase que ha desaparecido del periodismo. En realidad lo grave, no es creerse el video de Wyoming o el décimo de lotería del “Follonero”, lo patético es que las notas de prensa de las instituciones, organismos oficiales y grandes empresas entran como un cuchillo en la mantequilla en los medios, se publican como si fueran dogmas de fe, las declaraciones de unos y otros se rebotan sin más consideraciones. En esto tampoco hay contraste, ni seguimiento. Las mentiras que se diseñan en los gabinetes de prensa llegan hasta los ciudadanos como misiles y la supuesta información esconde simple propaganda. Hablo de todos los medios, cada día, cada hora, cada instante. Dos bromas tienen poca capacidad de desprestigio. El mal está en las rutinas cotidianas cada vez más alejadas de los principios del periodismo.
No recuerdo a Urbaneja comentar nada de la falsa entrevista exclusiva de Angels Barceló a Mahmud Abbas, en “Hora 25” de la Cadena Ser; no en un programa de humor sino en un informativo de referencia. Eso también fue un montaje, la pieza estaba trucada. Ni era una entrevista exclusiva, TVE también entrevistó al líder palestino, ni Àngels Barceló estuvo allí. La directora de "Hora 25" se limitó a poner su voz encima de las preguntas que había hecho otro compañero de la emisora. Nadie lo advirtió a los oyentes. Cuando el tema se destapó la Ser no dio explicaciones. Es más, al jefe de informativos de la Cadena Ser, Daniel Anido, no se le ocurrió otra cosa que comentar “no se de que se quejan, esto lo hace todo el mundo”. Para que luego le carguen el muerto a Wyoming, como si el termómetro fuera el responsable de la fiebre.
La mentira preocupante no es la que montó Wyoming sino todo el periodismo de hoy, la información que llega al ciudadano. Lo grave no son las bromas de un programa de humor sino las malas prácticas, los abusos, los silencios, las manipulaciones de los periódicos o de los espacios que se presentan como programas de información. En fin, como siempre, lo que espanta es lo que lo que no sabemos, lo que no conocemos pero sabemos que está ahí. Que curioso: toda la desconfianza que le falta hoy al periodismo la tienen los ciudadanos respecto a él.