martes, 27 de enero de 2009

Sr. Zapatero, tengo una mina para usted





“Tengo una pregunta para usted” es un programa interesante. Ayer, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, salió airoso de su paso por el espacio que conduce Lorenzo Milá. El cuerpo a cuerpo con un grupo de ciudadanos, en directo y sin red, aporta momentos valiosos para calibrar los reflejos, los conocimientos, el bagaje cultural y la habilidad discursiva del dirigente político de turno. Proporciona pistas del tipo de persona que es cada cual. No da para más, no debe esperarse más pero con eso basta. En “Tengo una pregunta…” resulta muy complicado escuchar un discurso político de cierta altura, se aportan pocas novedades. Es una hora y media, noventa minutos a la espera de la anécdota que sirva de guinda a un pastel que, de normal, va falto de sustancia. Todo se reduce a la presentación de casos concretos, humanos, cercanos, “que hay de lo mío”. En ese terreno, un presidente del gobierno no puede hacer mucho más que combinar buenas palabras con generalizaciones. Zapatero se aferró a esta fórmula. Ante cada problema individual, ante cada caso particular, echó mano de la gastada, gastadísima táctica, de decir que ese tema le parecía fundamental (sea el paro, la situación de los autónomos, la violencia machista, el precio de la vivienda, la incorporación de discapacitados al mercado laboral, la educación, las jubilaciones…lo que sea), que lo consideraba de importancia capital. Como si fuera un mantra, como si se tratara de una invocación. Luego llega el momento de tirar de guión para ir toreando cada tema con las respuestas que sus asesores (dijo que dispone de 77) le han preparada con anterioridad sabedores de por dónde podían ir las preguntas. Esa es la dinámica. Eso fue lo que hizo Zapatero. Hasta que llegó un traductor de Granada, Rafael Lafuente Blanco, y le planteó al presidente el Gobierno una cuestión que no tenía prevista.



Le dijo Rafael: “No se si sabe que España está entre los diez primeros países exportadores de armas, no se si sabe que en los dos últimos años su gobierno ha multiplicado por dos la exportación de armas. Vendemos armas a África, a países que no respetan los derechos humanos como Colombia, como Israel. A mi me parece muy hipócrita que un gobierno que habla de derechos humanos, de compromiso con la paz, de alianza de civilizaciones y que se dedica a vender guerra, muerte, destrucción. A mi me gustaría que nos explicara esta incongruencia. No con palabras bonitas, porque usted habla muy bien, me gusta mucho su discurso, es un discurso muy ético pero, como en el amor, las palabras bonitas se tienen que apoyar en hechos, en acciones bonitas”. Y Zapatero balbuceó, se encharcó en obviedades, se equivocó, no supo salir, no contestó a lo que le preguntaba Rafael. Quedó en evidencia. Empezó Zapatero con “nosotros tenemos una industria de armamento que exporta armamento”. Siguió con que lo que vendemos a Israel es “insignificante”. Le replicó Lafuente que “¿cómo de insignificante?”. Más o menos un millón de euros, dijo Zapatero. Dato equivocado. Las exportaciones de armas de España a Israel, sólo en el primer semestre de este años, es de casi 1’6 millones de euros; más que durante todo 2007 y tres veces lo de 2006. Entonces, el traductor granadino volvió a la carga: “Para mostrar la insignificancia, ¿sabe usted a cuántos civiles palestinos habrán matado con nuestras armas?”. “Estoy convencido que nuestros componentes o con el armamento que nosotros vendemos no se han utilizado para esto”. Un poco más de presión: “¿Seguro?”. Dudas, requiebros, huida por la tangente: “Somos líderes y pioneros en desactivación de las bombas de racimo”. Como si alguien le hubiera preguntado por ellas. Tuvo que salir al quite Lorenzo Milá para recordarle a Rafael que había más gente que quería preguntar. Zapatero respiró. Pudo volver al guión. Nos quedamos sin saber si el presidente notaba o no algún punto de incongruencia en la acción de su gobierno al respecto de la exportación de armas.



El fotógrafo Gervasio Sánchez (a cuya obra "Vidas minadas" pertenecen las imágenes que acompañan este artículo) ya hizo un alegato muy parecido al del traductor granadino cuando recibió el premio “Ortega y Gasset” de periodismo en mayo de 2008, precisamente por la última de estas fotos. Sánchez, ante la vicepresidenta del gobierno María Teresa Fernández de la Vega, entre otros miembros del gabinete, acabó su parlamento con estas palabras: Yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte”.
Volveremos a escuchar la pregunta. Seguramente en ese momento Zapatero ya tendrá la respuesta a punto. Veremos.

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