lunes, 28 de diciembre de 2009

Toros rotos

Dos viñetas de "El Roto" que evidencian las razones por las que las corridas de toros no solamente deberían ser ilegales en Catalunya sino en toda España (haz clic sobre las imágenes):






viernes, 25 de diciembre de 2009

Sobre el 30% de independentistas catalanes

Este 2009 no ha sido un año más en cuanto a la relación entre Catalunya y España. La nueva financiación autonómica, el debate centrado en la constitucionalidad del nuevo Estatut, con todas las circunstancias que lo han rodeado, y la celebración de distintas consultas ciudadanas sobre la independencia de Catalunya han hecho de 2009 un año que deberá revisarse cuando, dentro de un tiempo, se recapitule sobre la realidad territorial de España.
2009 ha demostrado que en Catalunya hay instalada una fuerza independentista que está para quedarse, para crecer, para llegar a la consecución de un estado propio. No son colectivos radicales, ni jóvenes predispuestos a la algarabía callejera, no son partidos menores, ni la ensoñación de gente que está fuera de las instituciones. Tampoco parece haber nadie en Catalunya dispuesto a buscar la independencia por el camino de la violencia. El independentismo en Catalunya no es ni un arrebato ni una improvisación sino la consecuencia del trabajo de una suma de generaciones. Jordi Pujol siempre defendió que el papel de los políticos catalanes de la transición no era conseguir un Estado propio para Catalunya sino desarrollar su autogobierno para que la generación siguiente pudiera, si así lo quisiera, ir hacia la independencia. Hoy un hijo suyo, Oriol Pujol, es un dirigente de CiU que se reconoce abiertamente independentista. El guión se va cumpliendo.
Son mucha gente y es mentir o engañarse resumir las votaciones sobre la independencia del pasado 13 de diciembre diciendo que no votó ni el 30% de los convocados a las urnas.
No es oportuno despreciar lo sucedido en Catalunya; no lo debe hacer Zapatero, no lo debe hacer nadie.
Permítanme un cálculo sencillo en números redondos que demuestra que ese supuesto "menos del 30%" no es un dato insignificante. De un censo de 700.000 posibles votantes, el pasado 13 de diciembre pasaron por las urnas 180.000 personas. Bien. Recuérdese primero las últimas participaciones electorales en Catalunya: un 56% en las Autonómicas de 2006; un 49% en el referéndum del Estatut, también en 2006; un 71% en las Generales de 2008, y un 37% en las Europeas de 2009. Suponiendo, pues, que si hubiera sido un referéndum oficial, y la participación hubiera llegado al 65%, los votantes hubieran sido alrededor de 455.000, es decir, unos 275.000 más de los que hubo el pasado el pasado día 13. Así las cosas, solo que un 18% de esos votantes añadidos se decantaran a favor de la independencia, ésta hubiera sido la ganadora, 230.000 frente a 225.000. Solo con un 18% de independentistas frente a un 82% que doy por supuesto que votarían no a la independencia. Claro, es un cálculo de "política ficción" pero sirve para ver con claridad que despreciar lo sucedido el día 13 es de miopes.
El independentismo catalán no es de pureza de sangre, es un independentismo desde la integración. El nacionalismo español tiene un problema grave, una enfermedad perfectamente diagnosticada en psiquiatría, se ha acabado creyendo sus propias mentiras y, por tanto, no están en la realidad. En Catalunya no peligra el castellano, en Catalunya no se persigue a quien no habla catalán, en Catalunya no hay nada más sencillo que vivir en castellano, en las escuelas catalanas no hay problemas por culpa de los idiomas, la administración catalana no discrimina a los castellanoparlantes. El nacionalismo español, el PP, "El Mundo", la "COPE", el "ABC" podrán engañar a un señor de Córdoba o una señora de Lugo pero no a quien vive en Barcelona, Vic, Tàrrega, Valls o Figueres. Todas las sociedades tiene sus problemas, sus contradicciones y sus sombras pero de eso a la imagen de una Catalunya en permanente estado de excepción nacionalista dista un mundo. Hay periódicos en Madrid que se burlan de que José Montilla sea un President de la Generalitat que habla mal el catalán o de que Johan Cruyff sea un "seleccionador nacional de fútbol de Catalunya" que se expresa en castellano. Ironizan sobre eso cuando tal circunstancia lo que demuestra es el carácter integrador del nacionalismo catalán, justo lo que esos mismos periódicos niegan.
Encajar esta fuerza independentista en España, ser capaces de reconducir la dinámica hacia la conllevancia es, o era, posible pero no es sencillo. Lo sencillo es echarle gasolina al fuego, avivar el incendio de Catalunya para recoger votos en España. Es un cortoplacismo suicida, el paso del tiempo juega contra esta estrategia. La conveniente sería la contrario: explicar desde España y para España la realidad de Catalunya, procurar entenderla. Pero, claro, eso no da votos inmediatos, es más, incluso puede restar. En estas disyuntivas es cuando los políticos se ponen a prueba.
En este momento, la cuestión catalana es, políticamente, mucho más compleja que la vasca.
En Catalunya no hay un polo de división nacionalista, como es el terrorismo en Euskadi, nadie asesina, nadie mata. Desde el propio independentismo vasco se asiste con atención a lo que se podría llamar "independentismo moderado" catalán, pero no moderado por su falta de intensidad independentista sino porque afecta sectores de centro derecha, burgueses, muy lejos de esa caricatura de la "kale borroka" del casco antiguo de Sant Sebastián.
Habíamos quedado que con la palabra se puede reivindicar cualquier cosa, pues ya está aquí la reivindicación, a ver qué hacemos ahora. Aquí no sirven las soluciones policiales, ni las persecuciones. Cuando el vehículo es la palabra, solo se puede vencer convenciendo y, para ello, hay que debatir, ser capaces de entender las razones del otro y hacer entender al otro las propias. Se pedía una vía pacífica, pues bien, ya estamos en ella, por esa vía se acerca un tren a toda máquina y no parece dispuesto a descarrilar.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Los lunes, repaso: PRISA no vende

Que distinto ven nuestros periódicos la boda entre "Tele 5" y "Cuatro". Me voy a detener las ediciones del sábado 19 de diciembre de dos cabeceras con posiciones muy dispares sobre el tema, "El País" y "El Mundo".
"El País", buque insignia de "Prisa", la casa madre de "Cuatro", presenta la noticia como el nacimiento de un gran operador televisivo. El titular de portada es: "Telecinco y Cuatro crean el mayor grupo de televisión en abierto". "El Mundo", por contra, dice en portada: "Prisa vende a su denostado Berlusconi la cadena que le dio Zapatero". Como se ve, planteamientos muy diferentes. "El Mundo" carga las tintas en lo que se podría llamar información complementaria, le añade interpretación en un tono crítico respecto a "Prisa" ya que los presenta como poco coherentes, "vende a su denostado Berlusconi", y cercanos al gobierno, "la cadena que le dio Zapatero". "El País" hace lo contrario, todo asepsia. Nada de juicios. Lo único que aporta son datos que apuntan a la bondad de la operación. Por eso habla de creación de una gran empresa, "crean el mayor grupo", cuando de lo que se trata es de la venta de "Cuatro", cualquier otra cosa es marear. Los dos periódicos solo coinciden en que el tema en portada es un recuadro menor.
"El País" se refiere a la operación como "acuerdo para la integración de actividades" y repite, palabra por palabra, el titular de portada.
Un par de cosas llaman la atención: el artículo, que ocupa una página entera menos un pequeño recuadro, va en la sección de economía cuando "El País" acostumbra a colocar este tipo de temas en "comunicación" y no lleva firma de ningún redactor. Por contra "El Mundo" sí lo ubica en "Comunicación" y la pieza va firmada por Vicente Ruiz, un habitual en estos menesteres.
"El País" dirige el objetivo de su información hacia el futuro. Así destaca que se trata de "el primer gran paso en la consolidación del negocio audiovisual español". Obviamente esto no tiene nada de información ya que puede ser el primer paso o no y puede ser hacia la consolidación o lo contrario. El recuadro que añaden como complemento de la noticia se limita también a especular sobre el futuro; su título es: "Un gigante audiovisual".
El periódico de "Prisa" no aclara en ningún momento que el negocio en cuestión no es otra cosa que la venta de "Cuatro". Se limita explicar que "Telecinco efectuará una ampliación de capital que será suscrita por Sogecable, filial de Prisa, mediante la aportación de su negocio de televisión en abierto". O sea, venta.
"El Mundo" es generoso en la revisión del pasado, cosa que "El País" no hace nio por asomo. Recuerda el diario de Pedro J. Ramírez que "Prisa" ya cerró "Localia" hace un año y que la cadena en abierto que ahora "venden" la obtuvieron hace "solo" cuatro años cuando el gobierno Zapatero se la permutó por la licencia de "Canal+", codificada y de pago. La memoria de "El Mundo" da también para añadir que hace dos meses la directora de Contenidos de "Cuatro", Elena Sánchez, aseguró que "una fusión con T5, en términos televisivos, sería una autentica salvajada".
Sobre la empresa resultante de la compra efectuada por Telecinco, "El País" no va más allá de decir que la participación de "Prisa" será de un 18'4%. "El Mundo" le añade un dato interesante que pone en evidencia que la supuesta fusión o integración es tan desigual que lo pertinente es hablar de venta. Dice "El Mundo" que todos los cargos importantes de la empresa serán decididos por Mediaset, la empresa de Silvio Berlusconi, y que "Prisa" tendrá únicamente dos consejeros, uno de ellos vicepresidente pero sin responsabilidades ejecutivas. También es este periódico el que contextualiza la información en la mala situación económica de "Prisa" que arrastra una deuda de 5.000 millones de euros.
Como datos complementarios lo que añade "El País", en su línea de ofrecer una imagen idílica de la operación, es que se suman la "televisión comercial líder en audiencia y beneficios", por "T5", y "el mejor perfil comercial del mercado", por "Cuatro".
Merece también una mención el editorial que publica "El País". Es sorprendente como se desvía toda la atención de la operación en si hacia el futuro (supuesto) mapa audiovisual español. Abundan las obviedades, las justificaciones y las advertencias: "las fusiones pretenden conformar empresas más fuertes", "era necesaria una reorganización a gran escala", "construir empresas con economías de escala más adecuadas y mayor capacidad para organizar los contenidos". Se permiten el lujo incluso de arremeter contra el gobierno Zapatero por haber concedido una nueva licencia de televisión en abierto a "La Sexta" y nada dicen de la creación de "Cuatro" por decisión del propio gobierno Zapatero hace cuatro años.
Y añaden: "ha quedado claro que no había una plan organizado para ordenar el mercado televisivo. Las fusiones vienen a salvar ese lastre".
En resumen: al margen de algún exceso que "El Mundo" se pemite, cualquiera que quiera saber algo más allá dela información oficial, tipo nota de prensa, de la noticia que nos ocupa es mejor que opte por el periódico de Pedro J. Ramírez. Lo de "El País" es interesante en la medida que explica como se hace para explicar un hecho sin explicarlo de verdad. Es aquello de definir león sin poder utilizar animal, rey, selva y melena. Vamos, un juego.
Se podría mirar lo que hacen otros medios en el tratamiento de la cuestión. Eso se lo dejo a ustedes. Les anuncio que procuraré, semanalmente, detenerme en el tratamiento de la información en los distintos medios. Me molesta que todo el mundo se presente como periodistas profesionales cuando lo habitual es que cada quien arrime el ascua a su sardina, poniendo las más de las veces el negocio por delante de la información. Veremos cómo y cuánto lo hace cada cual. Los matices, las diferencias y las intensidades de las trampas y manipulaciones son muy importantes.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Moderna forma de comprar periodistas

Cuando nadie contesta determinada pregunta es porque la respuesta no nos iba a gustar. Por eso no hay manera de saber cuánto dinero se gastan cada año los poderes públicos en España en ayudas de toda índole a los medios de comunicación: reducciones impositivas, ayudas por papel, por renovación tecnológica, subvenciones por emisiones o publicaciones específicas, patrocinios, publicidad institucional...
Recientemente en Francia, Nicolás Sarkozy anunció que iba a invertir en tres años 600 millones en ayuda a la prensa. Mucho dinero. El proyecto francés, como otros en Europa, es transparente: especifica las condicones para recibir las ayudas y la cuantía de las mismas. En España, ni una cosa ni la otra, el dinero se reparte de forma arbitraria y bajo un manto inescrutable de misterio. Y es mucho dinero.
En tiempos de Pujol, en Catalunya "La Vanguardia" recibía más ayudas que el resto de medios juntos y los datos que lo demostraban no se conocieron hasta que Convergència i Unió perdió el poder. En el País Valenciano, el gobierno del PP de Eduardo Zaplana recibió múltiples sentencias judiciales en contra por discriminar en el reparto de la publicidad institucional a los medios que consideraba hostiles. En Galicia, su Tribunal de Cuentas, en el primer informe que hizo sobre las ayudas que la Xunta daba a los medios, empezó destacando que se habían repartido 14 millones de euros sin ningún criterio específico. Hay mucho más casos. Y simplemente se habla de subvenciones, si a esto se le añade, como en el caso valenciano, publicidad y pago por campañas diversas, las cifras se disparan.
No estamos ante un tema menor. Afecta a la democracia comunicativa, tiene que ver con el derecho de los ciudadanos a recbir una información libre y veraz, gravita sobre la libertad de expresión de los periodistas.
Nuestros días no son los de Alfonso XIII cuando Francesc Cambó cuenta que al entrar como ministro de Hacienda se encontró tal ristra de periodistas a sueldo que "si un día viniesen todos al Ministerio no habría suficiente sillas y mesas". Las cosas han cambiado pero me temo que más en las formas que en el fondo, más en el cómo que en el qué. Es evidente que todo aquel que da algo espera una contraprestación. Entre que los políticos tienen por suyo el dinero de las instituciones que dirigen y lo que menos les gusta son las críticas, que los empresarios de los medios son primero empresarios y luego de medios y que los periodistas suelen entender los negocios de la casa y supeditar a ellos su tarea, el peligro de manipulación informativa es tan claro como que dos y dos suman cuatro. Por eso es tan importante que se haga público cuánto reciben los medios y de quién en cada caso. Hay iniciativas periodísticas que no tienen más sentido que la financiación pública a cambio, claro está, de poner el medio al servicio de quien paga.
El debate sobre si este tipo de ayudas es o no pertinente es grande. Hay quien las niega porque niega toda intervención de la administración en la economía y, sobre todo, están los que interpretan que más subvenciones equivalen a menos independencia de los medios. Por supuesto, desde el lado de los editores las ayudas son constantemente reclamadas y muy bien recibidas. Incluso los medios con una linea editorial más marcadamente liberal, que reclaman el cierre de todas las radio y televisones públicas, hacen una excepción cuando son ellos los que han de recibir dinero de la administración. Al margen de los económicamente interesados, también justifican las ayudas aquellos que consideran que la administración debe velar por el pluralismo informativo y compensar los desequilibrios del mercado. Sea com sea, lo que no tiene debate posible es que los criterios para dar las ayudas han de estar claros y, más allá de esto, saberse muy bien cúanto recibe cada medio y de qué administración.
De la mala salud de nuestra democracia y de nuestro periodismo habla a las claras que ni los gobiernos se ven en la necesidad de hacer públicas todas las ayudas que dan y en base a qué, ni, por su parte, los medios se autoimponen aclarar a sus lectores, oyentes y demás, con pelos y señales, quien les paga y cuánto. ¿ Cuanto recibe "ABC" del gobierno de Murcia? ¿Y "El Mundo", del de Madrid? ¿Y la cadena "SER", del de Andalucía? ¿Y "El País? ¿Y de los ayuntamientos, diputaciones, etc.? Todo, ¿cuánto reciben en total de las administraciones? Si los medios basan su trabajo en la información, si necesitan ser creíbles y si reclaman transparencia a los demás, deberían empezar por ellos mismos. Transparencia, así se entenderían mejor muchas de las informaciones que se publican. Seguro

lunes, 14 de diciembre de 2009

Raimon, de veto en veto

Serán corruptos, pero siguen ganando elecciones. Los indicadores objetivos que describen su gestión son un desastre, pero siguen ganando elecciones. El Partido Popular de la Comunidad Valenciana, con el elegante Francisco Camps al frente, vive inmerso en una ciénaga de corrupción y su tarea gubernamental en la Generalitat está muerta desde que saltó el escándalo "Gürtel"; digo muerta porque lo que es paralizada en la simple oposición al gobierno Zapatero lo está ya desde 2004. Siendo esto así, tengo para mí que cualquier observador mínimamente informado de la realidad política valenciana da por hecho que el PP será el próximo ganador de las elecciones autonómicas en Valencia, tanto si su candidato es Francisco Camps, como si lo es Rita Barberá o lo es el gato de mi vecina. Ganador por mayoría absoluta.
La perpetuación del PP en el poder valenciano no se entiende si no se analiza lo que hay enfrente, si no se revisa el estado de su oposición política. Camps y su gobierno, Camps y su partido tienen delante una oposición inexistente, empeñada en repetir modos y actitudes que se han demostrado inútiles; incapaz de renovar sus caras porque un grupo de 200 profesionales de la política se niegan a irse a casa y buscar algún trabajo lejos del partido; sin estrategia más allá de la crítica improvisada y el lamento permanente; desconfiados hasta el infinito en relación a los que están fuera de sus sedes.
La oposición valenciana tiene un gravísimo déficit de credibilidad porque son, como el PP, maestros en decir una cosa y hacer la contraria, y para eso ya están los que están.
Hoy, el cantante y compositor Raimon, valenciano de Xàtiva, ha recibido la Medalla de la Universitat de València. Ha sido un acto entrañable, con muchas personalidades de todos los ámbitos sociales y culturales entre el público. Raimon es, entre otras muchas cosas, la persona que ha recuperado a los mejores poetas valencianos de los siglos XV: Ausiàs March, Jordi de Sant Jordi, Roís de Corella, Joan de Timoneda... Nadie había del PP, ni como representantes institucionales, ni a título personal. La cultura del PP no va más allá de las fiestas folclóricas, los grandes montajes deportivos y la interpretación del himno regional a cargo de Francisco. En cultura también son zombis.
Ahora viene la otra parte: uno de los que estaba en las primeras filas de butacas era Joan Lerma, hombre fuerte del PSPV-PSOE desde hace 30 años. Lerma fue President de la Generalitat entre 1982 y 1995 y todavía hoy encabeza una familia interna del partido que no se pierde ningún reparto de cargos. Él, de hecho, sigue de senador. Pues bien, durante los años de Lerma al frente de la Generalitat, Raimon, igual que, por ejemplo, Ovidi Monllor, era un cantante vetado en Canal 9, la televisión pública valenciana. El único reportaje y recital de Raimon que ofreció Canal 9 por aquellos años fue a finales de 1994 cuando los socialistas, que ya le veían las orejas al lobo de la derrota electoral, se lanzaron a por el electorado más nacionalistas que ellos creían más sensible a la presencia del cantante. Por eso, que hoy el Canal 9 del PP desprecie a Raimon no es nada nuevo. Y así, todo.

Esto es un ejemplo, para quien pueda no conocerlo, del trabajo de Raimon con los poetas valencianos del Siglo de Oro de las Literatura catalana.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Desinformados pero tranquilos

Una vieja canción de Chicho Sánchez Ferlosio y Joaquín Sabina titulada "Círculos viciosos" se refería a un tal Ramón que, al parecer, estaba pasando un mal momento y decía:

"¿Por qué está tan triste?
Porque está malito
¿Por qué está malito?
Porque está muy flaco
¿Por qué está tan flaco?
Porque tiene anemia
¿Por qué tiene anemia?
Porque come poco
¿Por qué come poco?
Porque está muy triste
Eso mismo fue
lo que yo le pregunté".

Hoy he leído en prensa una noticia ("El Síndic de Greuges respalda de nuevo las críticas a RTVV") que me ha llevado a esa pieza de Ferlosio y Sabina.
Contemplar, como si de una secuencia se tratara, lo que se esconde detrás de la información referida es una lección perfecta de democracia oficial, o sea, virtual, o sea, una broma.
Veamos:
Radiotelevisión Valenciana (RTVV) incumple todos los principios que dieron lugar a su puesta en marcha y no pasa de ser una herramienta de propaganda del PP y del gobierno de la Generalitat de Francisco Camps. Así las cosas, los sindicatos de la casa denuncian el caso al Síndic de Greuges, el Defensor del Pueblo autonómico, un cargo ocupado por un histórico militante del PP, José Cholbi. El Síndic resuelve que es preciso reclamar a la dirección de RTVV el cumplimento de sus principios fundacionales con especial atención al pluralismo informativo. Los sindicatos lo celebran. En breve el Síndic hará llegar a la dirección de RTVV su fallo. Luego, la mencionada dirección, ocupada por una persona puesta a dedo por el propio Francisco Camps, dará acuse de recibo, agradecerá la observación, mostrará interés y asegurará tenerla en cuenta. Punto y final. Todos habrán cumplido con su papel. Todos saldrán satisfechos. Eso sí, en RTVV no cambiará nada, la censura y la manipulación informativa permanecerán inalterables. Como en la canción de Krahe, el final está en el punto de partida: "eso mismo fue lo que yo le pregunté". Continuaremos desinformados pero tranquilos porque las instituciones funcionan.

Les dejo a Sabina cantando "Círculos viciosos". Se trata de una versión en directo en el programa de Televisión Española "Si yo fuera presidente", aquel famoso espacio de los años ochenta, participativo, original, divertido y crítico, imposible en la TV de hoy, que dirigía Fernando G. Tola.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Los políticos no atracan gasolineras

Lo dijo Alfonso Guerra con ocasión de unas excusas que le presentaba el entonces Presidente andaluz José Rodríguez de la Borbolla. El diálogo vino a ser:
Guerra: Ya está bien de reclamar.
Borbolla: Bueno, pues dime dónde está la raya.
Guerra: LA RAYA SE MUEVE.
Ahí está la clave para entender la acción política: "la raya se mueve".
No tienen vergüenza. Piensan nuestros políticos que pueden estar tomándole el pelo a los ciudadanos años y años.
Hoy "día contra la corrupción", eso dicen, como si pudieran existir días que no fueran "contra la corrupción", vuelven a resonar por doquier los compromisos de honradez, ahora les llaman "códigos éticos".
Los códigos éticos son besos de Judas, listados de obviedades que se presentan para encubrir su incumplimiento plenamente cosnciente. Quien no tiene nada que esconder no va a listados, se ajusta la ley y se acabó.
¿Para qué queremos códigos éticos que no son de obligado cumplimiento, si la ley no se cumple?
¿Mariano Rajoy nos toma por tontos a todos cuando nos quiere hacer creer que Carlos Fabra se ajustará a un código ético cuando se pasa la ley por el forro? ¿Y que decir del socialista balear Antich, que pacta su código con aquellos que son perseguidos por la ley? ¿Qué broma es esta?
Para que no exista corrupción política lo más sencillo es que no hubiera políticos corruptos. Algo tan fácil como que todo político que reciba una oferta de compra lo denuncie de inmediato. Una cosa tan simple como que cualquier político que, de la noche a la mañana, haga negocios extraños para el común de los mortales sea apartado por sus propios compañeros de partido. Apelar al sentido común. Dos y dos cuatro. Si hay colillas es que se ha fumado. Y si está mojado es que ha llovido.
Dado que el párrafo anterior es "naif" se precisa pasar a la siguiente fase. Puesto que la política española de hoy está llena de corruptos, puesto que los códigos éticos no sirven para nada, lo que se precisa es legislar. Legislar con dureza. Legislar como legislaría quien no tiene nada que obtener de la corrupción política, ya que aquí está el meollo de la cuestión: los políticos son juez y parte. La leyes que aprueban también les afectan a ellos, luego se las hacen a medida.
En temas de corrupción, imputación debería ser causa inmediata de cese en el cargo y baja en el partido. Cuestiones de aforamiento y tribunales especiales, ni hablar: los políticos con sombra de corrupción quedarían en manos del juez ordinario, así fueran senadores, diputados o presidentes del gobierno. Es más, determinados errores de gestión y perdidas económicas en empresa públicas se debería pagar con la inhabilitación de sus responsables porque tanto despilfarro lo que amaga es latrocinio, puro y duro. Por supuesto, los partidos políticos deberían gastar mucho menos, muchísimo menos.
Se argumenta siempre que hablar de que los políticos son, en general, corruptos es injusto. Yo no estoy de acuerdo. Es posible que no todos metan la mano en la caja, aunque visto lo visto hay muchos que lo hacen, pero eso no puede ser todo. La corrupción política está generalizada porque hay un manto de silencio, de comprensión y de "así son las cosas" que nadie rompe, y eso es también corrupción.
El uso que se hace de las empresas públicas para colocar a los afines, incluso a veces a los contrarios para que se callen; la acumulación de cargos y sueldos; la manipulación de los medios de comunicación afines y los intentos de compra de los contrarios; el reparto de los consejos de administración; las cajas de ahorro como botín de guerra; las sagas familiares enteras con cargo; la organización partidaria por facciones huyendo de todo debate interno; las eternas poltronas y el encadenamiento orgánico de responsabilidades... Todo esto no hay ningún político que se atreva a romperlo y eso es la puerta abierta a la corrupción. Y puesto que lo hacen todos, todos lo esconden. Es simple miseria, son legión los cobardes metidos a políticos, los mediocres que no tienen a donde ir y que callan porque con su silencio compran una nueva legislatura en el Senado, en el ayuntamiento, en la Diputación, en el Congreso o en Estrasburgo. A veces es peor, lo único que defienden es su plaza de asesor del concejal o del diputado, el puesto de trabajo de un hijo o la compra de material en la papelería de la señora. En el mejor de los casos, por tanto, los políticos son cómplices de la corrupción que nos ahoga. Siempre por dinero. Si fueran valientes, atracarían gasolineras. Y acabarían en la cárcel, claro.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Una mierda es una mierda, aunque "El País" se empeñe

No hace ninguna falta que Tomás Delclós aproveche su columna en "El País" para seguir justificándose por haber estado en el jurado que hace unas semanas le concedió a Jorge Javier Vázquez, de "Sálvame" de Telecinco, el premio "Ondas". Ya está. Puede pasar a otra cosa.
Yo no. Yo quiero aprovechar la cuestión, transcurridos ya bastantes días, para hablar, no de Vázquez, sino de quienes le dieron el premio.
En su artículo del pasado martes, Delclós, después de ponernos al día de la cuantiosa y elevada producción intelectual que ha dado de si el análisis de "Los Simpson" arrimó el ascua a su sardina. Delclós llevó su discurso hasta presentar a Vázquez como alguien capaz de conducir un programa banal al nivel que justificaría un estudio erudito. No lo creo. "Sálvame" es telebasura se mire por donde se mire. En "Sálvame", con Vázquez o sin él, no hay ni un milímetro del talento de "Los Simpson". Ni de la capacidad creativa, ni de la originalidad, ni de la intención. "Sálvame" son un grupo de personas sin ningún conocimiento de nada y sin ninguna gracia que no destinan ni un segundo de la emisión a ningún contenido dirigido al cerebro. Todo es víscera; el desparpajo de quien sabe que su éxito depende de huir de todo pensamiento, de todo aquello que pueda mover a la reflexión. Se trabaja con los bajos instintos, con las miserias humanas, se saca punta y se aprovecha toda debilidad que se pone a tiro. Se compran las mentiras para venderlas como verdades. Se insulta, se dramatiza y se exagera, todo como en las riñas callejeras de peor catadura. Esta televisión existe, y tiene su público. De acuerdo, pero que no venga Delclós a decirnos que esta "mierda" es una "ensaimada". Dice que se ríen. También en "Tómbola" se reían.
A los que no les salió carcajada ninguna en su día fue a los directivos de la "Cadena Ser" que tuvieron que recordar al presentador de la gala de los "Ondas", Carles Francino, ante sus reticencias, que era un trabajador de la emisora. "La SER organiza los "Ondas", tú los presentas". Cuestión de leer el contrato. Luego, viendo que Francino se negaba al menos a entregar el premio a Vázquez dejaron la tarea en manos de un actor, Arturo Valls. Desde el periodismo es imposible dar un premio a Vázquez. Lo debería saber Delclós. Estaría bien, por cierto, que aprovechara su columna para contar estas cosas que yo he contado. Lo sabe mucho mejor que nadie.
Tomás Delclós compartió jurado del "Ondas" con un grupo de personas vinculadas al mundo de la comunicación que pasan por ser tan exquisitos y exigentes como él. A saber: Antón Reixa, que estaría bien que explicara como conviven en su interior el látigo de la telebasura que va de bolos a la Menéndez Pelayo y el guante de terciopelo que otorga premios a Vázquez; Francesc Escribano que, visto lo que considera renovador, es una lástima que no se atreviera a renovar en TV3 durante los años que dirigió esa televisión, y Fernando Bovaira, productor de "Mar Adentro" y "Los otros", que parece no distinguir entre "javieres", Bardem o Vázquez, y le de da igual Belén Rueda que Belén Esteban. Bueno, también estaba Daniel Gavela, el director general de "Cuatro". En este caso, nada que decir. Viendo el "Granjero busca esposa" o el "Elígeme" que se emiten en "Cuatro" se entiende que Gavela premie a Vázquez y, por añadidura, a "Sálvame" y a la telebasura.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Ilustrísimos/as diputados/as: ¿jalean o patean?

Hoy que ha habido pleno en el Congreso de los Diputados, el proyecto de ley del gobierno sobre Economía Sostenible ha sido el tema a tratar. Ha sucedido lo de casi siempre, los diputados se han dividido, con algún matiz, entre los que jalean al presidente Zapatero, el grupo mayoritario, los socialistas, que recibían al jefe, y los que pateaban, los demás.
Los partidos políticos se han convertido en una especie de monstruo transversal que hace de la división de poderes un espejismo que ellos mismos se empeñan en alimentar. La sede de la soberanía popular, el parlamento, lo han convertido en una correa de transmisión del poder ejecutivo, del gobierno, que es quien debería ser el controlado. El mundo al revés, y ellos tan campantes, y el ciudadano asintiendo. La máxima responsabilidad tiene nombres: PSOE y PP. A ellos ya les va bien. Unos días son víctimas y los otros verdugos, según estén en el poder o en la oposición en cada caso, pero les funciona. Su balance, atendiendo siempre al partidismo y no al interés general, les da positivo. De cualquier cambio saldrían perdiendo. Por eso no lo hacen, aunque los beneficiados fueran la democracia y el mejor servicio a los ciudadanos. Se diría que la soberanía popular no les importa más allá de que sobre ella edifican su "modus vivendi", sus coches oficiales, sus recepciones reales, sus invitaciones a saraos de tronío, sus palcos en el Bernabeu, sus pasajes gratuitos, sus tratamientos de señor don y sus fotos con Obama, el Papa de Roma o Rafa Nadal.
En distintos artículos recientes me he detenido en lo que me parecen agujeros negros de nuestra democracia: la necesidad de listas abiertas, la falta de democracia interna en los partidos, como promocionan siempre a los peores y el bajo nivel de nuestra clase política.
Anteayer llamaba la atención como, en este caso el PP, presenta un recurso ante un organismo, el Tribunal Constitucional, cuya composición depende de sus votos. Lo peor no es eso. Lo más grave es como han pervertido el papel de los parlamentos. Ningún otro atropello tiene su valor simbólico.
El punto 2 del artículo 66 de la Constitución Española lo dice meridiana claridad: "Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución".
En la práctica algo, tan básico y sencillo, no es cierto. La sacrosanta Constitución, incumplida por quienes más la deberían observar. El espíritu de la soberanía popular no asoma por lugar alguno y el control de los parlamentos lo ejercen quienes deberían ser el objeto de control, los respectivos gobiernos. La democracia de partidos ha desembocado en una partitocracia que lleva a que el grupo parlamentario dominante ejerza de palmero del gobierno. El grupo controla el parlamento y el partido, el mismo que gobierna, controla al grupo. Perfecto. Solamente hay que ver quien está al frente dela bancada socialista, José Antonio Alonso; no debe haber en las filas socialistas nadie más próximo a Zapatero. Y para las minorías no queda otra cosa que el derecho al pataleo. Eso sí, el pataleo lo ejercen, en general, con entusiasmo. Es de lo que mejor les sale, para lo que más dotados parecen. En eso se quedan.
Las minorías parlamentarias tienen una presencia que no va más allá de lo institucional pero ninguna efectividad. Están en los órganos de dirección, pero como si no. Todo se resuelve votando, incluso lo que es puro ejercicio de la necesaria transparencia que se le supone a un parlamento, y la minoría, claro, siempre pierde.
La mayoría parlamentaria puede negar, y de hecho niega reiteradamente, toda la información, datos y documentos que la minoría reclama para poder hacer su tarea de control. No pasa nada. Nuestra democracia lo aguanta.



La distribución de los tiempos de intervención en las sesiones parlamentarias es también desproporcionada hasta la caricatura a favor del gobierno. En las sesiones más importantes, las de más trascendencia pública, el gobierno dispone de turnos de palabra sin límite de tiempo, frete a lo acotado de los grupos parlamentarios.
Además, los debates son falsos ya que todo viene cerrado desde las cúpulas de los distintos partidos. En los escaños, o en las comisiones, se escenifican diálogos de sordos, en el mejor de los casos para disfrute de los periodistas presentes. El colmo del ridículo son las comisiones de investigación que dependen para su puesta en marcha y su funcionamiento de la voluntad del investigado, el propio gobierno. Surrealista pero verdad. Raro es que se ponga una comisión en marcha y, en todo caso, a la que resultan molestas se estacan y se cierran.
Incluso la función legislativa de los parlamentos se ha desplazado hacia el terreno del ejecutivo. En sede parlamentaria el trabajo se limita cada vez más a la ratificación de las iniciativas gubernamentales en detrimento de las proposicione de los grupos. Nadie parece extrañarse de esto, y mucho menos que nadie sus señorías.
Nuestros parlamentarios, por extraño que parezca, son en el ejercicio de su tarea ciudadanos con la libertad de expresión limitada. Su voz está sujeta a la disciplina partidista sin margen ninguno. Hablan los portavoces y los demás se limitan a votar aquello que indican sus respectivos jefes de grupo. Nadie puede tomar la palabra por su cuenta, nadie puede dar su particular versión e aquello que se discute. En las Cortes de Cádiz a esos diputados que se limitan a votar poniéndose en pie y volviéndose a sentar les llamaban “culiparlantes”. Cuentan las crónicas de un diputado de provincias a quien sus votantes recriminaron que no intervenía en las Cortes. Su respuesta fue enseñarles un diario de sesiones y decirles: “miren lo que dice aquí: rumores, gritos, pateos… ¡pues aquí estoy yo!”.
Nada de todo lo dicho se puede justificar con la necesidad de racionalizar el funcionamiento de las cámaras y encauzar el debate. Nada. La creciente complejidad de nuestra sociedad debe reflejarse en la democracia, en sus instituciones y en sus representantes. Para simples y fáciles de gobernar ya están las dictaduras.
A día de hoy, a Zapatero no se le puede exigir que encuentre la salida a la crisis económica en la que estamos metidos pero de aquel del “no nos falles” se podía esperar un intento por “democratizar nuestra democracia”. Al menos un intento. Como diría Carme Chacón, “va a ser que no”.

A continuación unos ejemplos de espíritu parlamentario:






lunes, 30 de noviembre de 2009

En defensa del Tribunal Constitucional, renuncien.

No importa que la ley contemple las anomalías en las que está inmerso el Tribunal Constitucional, es decir, cuatro de sus miembros llevan dos años con su mandato cumplido y un quinto, fallecido hace casi un año y medio, tampoco ha sido sustituido. Estamos ante un tribunal poco más que interino, provisional. Un organismo que, a vueltas con el Estatut de Cataluña, va de boca en boca entre sombras sobre su legitimidad, su sentido, su funcionamiento y su utilización. En estas condiciones lo razonable sería que las decisiones de calado, y el Estatut lo es, quedaran pospuestas hasta que el organismo estuviera en perfecto estado de revista, hasta que se hubiera hecho efectiva la renovación. Así pasaría con la junta directiva de cualquier asociación o, incluso, con un gobierno en funciones. Aquí parece que es justo lo contrario. Los máximos responsables de esta situación son los dos grandes partidos, el PSOE y el PP, que no quieren, no pueden o no saben ponerse de acuerdo sobre los nuevos miembros. Más bien no quieren. Todo lo supeditan a sus intereses partidistas y la renovación del TC, no iba a ser menos.
Bien, la culpa es de los partidos (¡qué cruz!) pero, ¿y los distinguidos señores miembros del TC cuyo mandato caducó hace tres años? ¿Cuándo dirán basta? ¿Hasta cuándo piensan, ellos gente tan prominente, dejarse utilizar de esta burda manera? Llevan dos años en falso, el plazo es más que suficiente, apelar al compromiso o a la razón de Estado ya no cuela, ¿por qué no renuncian y ponen en evidencia y ridiculizan a Zapatero, Rajoy y compañía?
La Ley Orgánica del Tribunal Constitucional contempla en su artículo 23.1 la renuncia como primera posibilidad de cese de los miembros del TC, por tanto no estoy planteando nada que no se contemple en la propia ley. Tiempo y razones suficientes para abandonar, las hay. Yo ya me hubiera ido.
Los ilustres señores Guillermo Jiménez, Vicente Conde, Jorge Rodríguez-Zapata y, a su cabeza, María Emilia Casas, presidenta del Constitucional, amortizados desde diciembre de 2007, no pueden hacer ver que son ajenos a lo que está sucediendo: han pasado de la destacadísima función de evaluar la constitucionalidad de la ley en España a ser los "tontos útiles" de la riña partidista. El bloqueo del TC responde a que el PP piensa que la actual composición del organismo, a efectos de la sentencia del Estatut, es más favorable a sus tesis que la que saldría del proceso de renovación. Sus corifeos también lo saben. El mismo diario "El Mundo", que defiende con tanta vehemencia el valor de la actual composición del Tribunal Constitucional, publicaba en junio de 2007 que la renovación del TC estaba condicionada a la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña.
Que renuncien. No se hundirá el mundo. Si les hubieran dado a los partidos un plazo de, por ejemplo, tres meses y hubieran dimitido en marzo de 2008, hoy el TC estaría compuesto por miembros de pleno derecho, sin su permanencia en entredicho, ni su legitimidad en duda. Su renuncia hubiera beneficiado al Tribunal Constitucional. No pasa nada. Si puede dimitir un presidente del gobierno y la vida sigue, y las instituciones sobreviven, más lo pueden hacer cuatro componentes del Tribunal Constitucional. ¿Qué será lo que les tiene pegados al cargo?

viernes, 27 de noviembre de 2009

La ley del embudo del periodismo

Dos entrevistas. Parecidas voces. En un caso preguntas a favor, en el otro en contra. Así es Canal 9. Lo han dicho todos los comités de la empresa, las asociaciones profesionales, multitud de entidades cívicas que se sienten ignoradas, los muchos que son censurados: los espacios informativos de Canal 9, antes con Pedro García, ahora con José López Jaraba, funcionan como productos desinformativos al servicio de la propaganda del PP. El pasado 15 de octubre estuvo en el espacio informativo matinal de Canal 9 "La Tertúlia" el consejero de Inmigración, y ahora portavoz del grupo parlamentario del PP en Les Corts, Rafael Blasco. Anteayer el entrevistado fue su homólogo del PSPV-PSOE, Ángel Luna, que llevaba dos años como portavoz parlamentario socialista sin haber sido invitado ni una sola vez a los platós de Televisió Valenciana. En el tiempo que estuvo en pantalla, Luna no recibió, ni por casualidad, lo que se entiende como una pregunta amable, de aquellas que facilitan el lucimiento. Bien está, la tarea del periodista no es ponérselo fácil al político. Lo injusto, lo malo, es que con Blasco fue todo lo contrario: ni una pregunta incómoda, todas a mayor gloria de la estrategia de los populares, todas para poder arrearle a los socialistas, todas con la sensación de que quedara claro que no se pretendía molestar. Incluso de fondo podían escucharse los carraspeos aseverativos de los periodistas. ¿Curioso, no? Caña con el que está en la oposición y guante de seda para el que está en el gobierno... valenciano, por supuesto. Sobre los medios representados en ambas entrevistas, es fácil reparar que todos presentan líneas editoriales cercanas al PP y críticas con los socialistas. El día de Rafael Blasco estaban periodistas de los diarios “El Mundo” y Las Provincias” y de la “Cadena Cope”; con Luna, “Las Provincias”, “La Razón” y “Onda Cero”. A continuación pueden una parte de las dos entrevistas, lo que me permite la capacidad de este blog. Contemplarlas deja poco espacio para la excusa.

Entrevista con Ángel Luna, del PSPV-PSOE.



Entrevista con Rafael Blasco, del PP.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Aquí cabemos todos o no cabe ni Dios

Nací en Llavaneres,un pueblo de Barcelona, y mi saludo más habitual es decir "bon día". Así me hablaron siempre en casa. Ahora vivo en Bétera, un pueblo de Valencia, y cuando despierto a mi hija le sigo diciendo "bon dia". En la calle todavía se dice "bon dia". Cada vez menos, pero se dice. Yo no hablo en catalán para molestar, sencillamente es que lo hablaban mis padres, y mis abuelos, y mis amigos, y los padres de mis amigos. Casualidades de la vida. Si hubiera nacido en Senegal sería negro, y tampoco serían ganas de molestar. Ser catalán, valenciano, senegalés o chipriota no me parece ni mejor ni peor que ser aragonés, chino o chileno. Me parece igual de respetable, se trate de grupos inmensos o de un puñado de gente. No soy nacionalista. Contemplo el follón del Estatut de Catalunya sin entender por qué le llaman debate. Por la parte catalana creo que la reforma del Estatut no es más que la continuación de una reivindicación nacionalista que ya está en la Constitución de 1978 cuando se habla de nacionalidades y que explica el Estado de las Autonomías existente. ¿O es que alguien duda que existe la Comunidad Autónoma de Murcia, Madrid, Castilla-La Mancha o La Rioja porque los catalanes, aunque no solo, tenían una decidida voluntad de autogobierno emanada de un nacionalismo político con 150 años de historia? Por el lado español, que ese es el otro bando, lo que hay es el firme propósito de ganar la batalla de la unidad nacional que se empezó a perder en la transición posterior a Franco. Si pudieran recuperarían Cuba. Seguro que con ellos en liza el 98 no hubiera acabado igual. El "Santiago y cierra España" que hace treinta años solamente blandieron los nostálgicos del franquismo hoy lo proclama buena parte de la prensa de ámbito nacional. Ver las portadas de "La Razón", "ABC" o "El Mundo" es leer constantes declaraciones de guerra, descalificaciones, juicios de intenciones; siempre mezclándolo todo, siempre tomando la parte por el conjunto, sin que la realidad les impida jamás sacarse de la manga un buen titular.
No soy nacionalista pero, entre el nacionalismo catalán que pretende que su nación sea reconocida y el español que niega tal posibilidad, me resulta imposible quedarme en terreno de nadie. Como los federalistas del XIX, en este terreno me siento liberal. Es paradójico que los que se dedican a dictar comportamientos ajenos también lo hacen bajo el cartel de liberales. Desde Madrid no se puede decir a los demás como se deben sentir. Tampoco vale aceptar que cada uno piense como quiera con la condición de que no se note. Desde el PP, desde sus medios de comunicación afines, lo que se está haciendo es tirar gasolina al fuego. Una irresponsabilidad. Si solo se puede ser español de una forma, sintiendo la españolidad como la sienten aquellos que no se plantean ninguna otra pertenencia que la pertenencia a España, vamos mal, muy mal. El nacionalismo español del futuro no puede ser otra cosa que tolerante, plural, como es España. O integra todos los posible sentimientos de españolidad o están perdidos. No digo nada nuevo, uno de los padres del nacionalismo político catalán, Valentí Almirall, ya defendía estas posiciones cuando alrededor de 1870 editaba un diario en Madrid que se titulaba "El Estado Catalán". Los de "España se rompe" son el abono de los de "puta ESpaña". A quien perjudica todo lo que está pasando es a aquellos que tienen por posible, deseable o bueno poder ser catalán sin renegar de España. Supongo que los de la gasolina esto lo saben perfectamente, como saben que radicalizando las posturas refuerzan su razón de ser: sin amenazas los profetas del apocalipsis se quedarían sin trabajo. Jamás he entendido como desde el españolismo más militante se defiende el nombre de español para el idioma castellano, es justo lo que hacen los nacionalistas catalanes más extremos. El españolismo plural, aquel por el que clamaba Almirall, nunca reduciría el carácter de español a una sola de las lenguas habladas en España; al castellano le llamaría castellano aunque solamente fuera para que quedara claro que el gallego, el catalán o el vasco también eran idiomas españoles. Esos que piensan que los catalanes hablan raro para molestar deberían leer más a Almirall y menos las editoriales de "La Razón", "El Mundo" o el "ABC".

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Por la izquierda no hay atajos, que le vamos a hacer

Mientras el PP parece convencido de que en la huida hacia adelante encontrará la salida del laberinto de corrupcción en el que vive, el PSOE está nervioso, acojonado, si me permiten. Han perdido la iniciativa. Todo es buscarle fecha al rebrote de los brotes verdes de la economía pero con la mano temblorosa sobre el calendario. Y se les nota. Se les ve el miedo en la cara. Están con un ojo en las encuestas y no pueden tranquilizarse. El acto del pasado fin de semana en Madrid, "Zapatero no estás solo", gritaban entusiastas, fue más en clave interna que hacia fuera. Salió en procesión incluso Felipe González.







Es una cuestión recurrente:la derecha no paga los casos de manipulación en los que se ve implicada y, en cambio, la izquierda sí. Aceptada la máxima no se debería olvidar que la izquierda ofrece una moral, una exigencia ética, mientras que la derecha no lo hace. La derecha promete beneficios, mejoras, avances sin comprometerse a más sometimiento que conseguir lo anunciado. Bien, también se supone que se ajustan a la ley, pero ciertamente si consiguen lo prometido nadie les va a pedir cuentas legales. La derecha no define un camino, simplemente augura un punto de llegada. La izquierda, por contra, además de dirigirse en general a un electorado más exigente a la hora de hacer balance, debe ajustarse a un modo de actuar coherente con su moral general. A la izquierda no solo le vale el qué, cuenta también el cómo. A la izquierda le es propio el espíritu de la democracia; a la derecha, el del capitalismo. Cuando los ideales religiosos que inspiraban la convivencia fueron sustituidos por ideales políticos, la izquierda, de entonces, que era quien los promovía quedó prendida en ellos; la derecha, no.
Ante la realidad de una sociedad plural, la derecha ofrece un discurso único pero con la garantía de que es el bueno . La izquierda no puede hacer lo mismo añadiéndole talante y educación. La pluralidad ha de ser canalizada respetando y fomentando lo diferente porque ahí está lo enriquecedor. Sumar, sumar, sumar.
Un error grave y constante de la izquierda es la cesión del propio terreno. La derecha aprovecha las cartas que tiene, mientras la izquierda, por miedo, las esconde. La izquierda dominaba el lenguaje, ya no. Si la poesía era un arma cargada de futuro, el presente se ha cargado la poesía.
En el reparto de igualdad y libertad, la izquierda se quedó con la igualdad y, luego, esa palabra se ha marginado hacia el terreno de las utopías vanas, de los sueños que acaban generando monstruos de corte soviético. La libertad, para la derecha. Los liberales son de derechas. De libertad, liberal y de liberal, el mercado como solución definitiva. Así estamos. En eso ha quedado la libertad que se proclama a voces. El PSOE ha renunciado a reivindicar la igualdad como si olvidándola se pudiera llegar a una sociedad justa, como si no fuera una prioridad democrática que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades, que nadie se quede en el camino, que el abismo entre ricos y pobres se reduzca. Y, por supuesto, nadie se atreve a decir que ser liberal es mucho más que dejar la economía de un país en manos de sus empresarios. Ser liberal es confiar en el individuo y permitirle que haga lo que quiera con su vida sin persecuciones ni amenazas, sin dogmas, sin la tutela de obispos, capataces o jefes de obra, sin verdades absolutas, que cada uno pueda escoger su manera de estar en el mundo, dejar que el ciudadano esté cerca del poder y pueda participar en él. Todo esto es ser liberal, y todo esto es de izquierdas. Que Esperanza Aguirre, José María Aznar, Eduardo Zaplana o Federico Jiménez Losantos sean los exponentes del liberalismo en España es como para pedir el libro de reclamaciones y que nos devuelvan el dinero.
Este estado de cosas lo debería entender el votante, simpatizante o militante de la izquierda que, con frecuencia, vive con cierta desolación que su contrario ideológico se salga con bien de comportamientos que él jamás consentiría a quien vota. Lo debería entender el votante pero, sobre todo, lo deberían tener muy claro los dirigentes de los partidos de izquierda, y más que nadie, los socialistas. El nudo del problema es que mientras la base de la izquierda sigue con su moral, los dirigentes la han olvidado. En España son los socialistas los que se juegan con la derecha, con el PP, el triunfo electoral, la mayoría de gobiernos en España. Se equivocan de medio a medio cuando creen que pueden derrotar a los populares en su campo. Difuminar las diferencias es un fallo grandioso. La cuenta de resultados solo empeorará: no llegaran nuevos votantes y desertaran una parte de los que se tienen.
La receta para la izquierda es que no hay atajos, que solo lo ético es útil y que lo mejor es más democracia. Si se ofrece trigo se debe dar trigo, si se promete transparencia se debe ser transparente y si honradez, honrado. El camino por la izquierda empieza en esto. Hay que huir como de la peste de los acuerdos secretos y los pactos de caballeros. Explicar los porqués aunque duela. Predicar con el ejemplo. Renovación, autocrítica, tolerancia, cercanía y coherencia. Requiere un poco más de tiempo pero es mil veces más rentable que las trampas. Ya se sabe, entre el original y la fotocopia...


Dejo aquí dos versiones de "La poesía es un arma cargada de futuro", de Gabriel Celaya, cantadas por Paco Ibáñez y Joan Manuel Serrat.




martes, 24 de noviembre de 2009

Primero, afeitarse los "Bigotes"

Los partidos políticos no desfallecen. Siempre piensan que pueden hacerle un nuevo requiebro al ciudadano, asegurarle que lo que está viendo no es cierto y que lo que es cierto es lo que no se ve. No se cansan de alimentar el mundo oficial que venden para esconder el real. Mentira sobre mentira, eso sí, con traje y corbata, semblante serio, elocuencia de manual y sin que les tiemble la voz.
El PP hizo público la semana pasada un listado de medidas para evitar la corrupción política, esa que les tiene sitiados. Se trata de un brindis al sol que recoge una ristra de condiciones a cumplir que ellos incumplen de forma constante y contumaz.
Ahora lo que pretenden es forzar a los demás partidos a firmar un pacto anticorrupción a partir de ese listado. Parece una broma pero no lo es. Sucede que los partidos políticos viven en la infancia permanente, son como niños, dicho sea para tomar de ellos sus peores comportamientos, aquellos que se les pueden perdonar porque tiene dos o tres o cuatro años pero que resultan inaceptables y ridículos en un mayor de edad.
El PP vive instalado en el "no lo volveré a hacer más", "el maestro me tiene manía" y tapándose los ojos les da por creer que nadie les ve. Ya basta, un poco de respeto. Si no se comportan como demócratas al menos deberían no ofender la inteligencia de las personas intentando vender gato por liebre, exigiendo además aplausos.
¿Qué diríamos de un ladrón que cuando es pillado "in fraganti", después de ofrecer las excusas más peregrinas, acaba presentado un listado de compromisos de honestidad pero ni reconoce los hechos ni devuelve lo robado? ¿Y si encima le da por pedirle a los demás que cumplan los compromisos que él, con las manos en la masa, ha redactado? Ese ladrón, entre las carcajadas del personal, acabaría esposado y en la trena sin que nadie se lo tomara en serio. En el caso que nos ocupa, el "ladrón" quiere que se olvide todo y, por si fuera poco, aspira a presidir el gobierno del país. Increible.
El PP carece del mínimo de legitimidad necesaria para pedir nada a los otros. Lo que ellos deben hacer si de verdad quieren acabar con la corrupción es explicar de arriba a abajo todos los casos que les afectan a ellos, todas las irregularidades perpetradas por sus militantes y dirigentes. Y luego, inmediatamente, echar del partido a todos sus corruptos. Solamente en el País Valenciano tienen un ejército que sacarse de encima. ¿Cómo pretende Rajoy que alguien se crea que pretende acabar con la corrupción si su última palabra sobre Carlos Fabra fue llamarle "ciudadano y político ejemplar"?
Lo del pacto general contra la corrupción es de vergüenza ajena. Cuesta creer que los demás partidos entren en él. Hacerlo sería la prueba de que está en marcha un nuevo cambalache para engañar al ciudadano, un pacto para, una vez más, taparse las vergüenzas entre cúpulas partidistas. Si el PP quiere algún acuerdo contra la corrupción que empiece por limpiar su casa, limpiarla a fondo. Solamente después de eso estarán en condiciones de llegar a acuerdos. Solamente después de eso merecerán que alguien se acerque a ellos para hablar de medidas anticorrupción.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Señor juez: contra las filtraciones, publicidad

Resulta que el Consejo General del Poder Judicial está a punto de echar por la borda su nuevo reglamento que ha de regular los nombramientos de los altos cargos judiciales: Todo porque algunos de sus miembros no quieren que salga en los periódicos lo que sucede en el interior del organismo. Es decir, la cúpula de los jueces, el gobierno de uno de los tres poderes de la democracia, no quieren que los ciudadanos sepan más de la cuenta. No crea nadie que sobre lo que pretenden levantar un muro de silencio son debates o deliberaciones internas de alto contenido teórico, no. Lo que no quieren algunos miembros del Consejo General del Poder Judicial es que trasciendan las entrevistas que mantienen con los candidatos a presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia de las distintas autonomías. Parece que quienes han puesto el grito en el cielo han sido algunos de los representantes "conservadores". Y todo porque el diario "El País" publicó hace unos días un fragmento de la entrevista a un juez ideológicamente próximo a ellos, Juan Luis de la Rúa, presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, que pretende renovar su cargo.
La actitud del CGPJ representa negar a los ciudadanos un derecho que está en la Constitución, el derecho a la información. ¿Cómo que el contribuynte, el que paga, el justiciable no ha de saber? Lo responsable, lo democrático, sería que las mencionadas entrevistas fueran públicas. Así se evitan filtraciones, informaciones sesgadas, datos intencionados. ¿O es que hay algo que esconder? Parece que algunos de los componentes del Consejo están por la publicidad, pero están en clara minoría.

Juan Luis de la Rúa.











El Consejo General del Poder Judicial debería revisar como hace las cosas. Por lo que a de la Rúa respecta resulta de difícil comprensión que tanto les preocupe que trascienda su entrevista y que, por contra, nada tengan que decir del hecho de que, como máxima autoridad judicial valenciana, acabara exonerando de responsabilidad por estafa a un "más que amigo suyo", el President de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, contra la opinión de la mayoría de jueces que habían tomado parte en el caso.



El grupo parlamentario de Iniciativa en Les Corts Valencianes denunció ante el Fiscal General del Estado las supuestas irregularidades cometidas por Juan Luis de la Rúa en el caso "Gürtel". La portavoz es Mónica Oltra.

Parece que al CGPJ no le llamó la atención tampoco que de la Rúa no se abstuviera de participar en ese proceso que implicaba a alguien a quien le unía "una palabra más allá de la amistad", según dijo el propio Camps. Representa que tan excelsos, previsibles, dudosos y poco fiables miembros del gobierno de los jueces no repararon jamás en como se le llenaba a de la Rúa la boca de elogios siempre que compartía acto con Camps y, en cambio, cargaba sistemáticamente contra el gobierno Zapatero cuando tocaba denunciar los déficits de la justicia.

Los votos valen lo mismo pero no sirven igual












Muchos votantes del PP, seguro, serían felices si pudieran seguir votando al partido de sus amores pero, a la vez, tuvieran la posibilidad de tachar de la lista a Mariano Rajoy por previsible en la inanidad, por timorato o por falta de liderazgo. Lo mismo vale para el votante socialista que quizás tacharía a Zapatero por decir una cosa y hacer la contraria, por rodearse de los peores, por amagar y no dar, por haberle defraudado.
Uno de los espejismos sobre la democracia que ha hecho fortuna es que la participación es indiscutible, que los votos son los votos y no hay más que hablar. Es la “democracia electoral”, esa forma de participación que empieza y acaba con el voto; esa forma de participación que tanto gusta a la clase política porque los hace “monarcas absolutos” de la representación, al menos durante cuatro años. Según esta tesis, no hay discusión sobre el valor cualitativo del voto. Yo discrepo. Mucho. Un mismo individuo puede votar dos veces a una misma formación sin que ni la ilusión, ni la confianza, ni el entusiasmo sea el mismo. Y eso vale la pena que se sepa. Los únicos perjudicados serían los “aparatos” de los partidos. Ya se que discutir sobre el “peso específico” de cada voto puede ser una disquisición eterna, sobre todo si se plantea desde la mala fe o el interés por justificarse.
Sobre el voto de los ciudadanos, más allá de a quien han votado o dejado de votar, se hacen estudios postelectorales. Cosa de universitarios. De sus resultados se pueden obtener muchas claves sobre el estado de opinión exacto de los ciudadanos. Son trabajos valiosos pero insuficientes. A la clase política estos estudios no les importan un bledo más allá de que los puedan usar en beneficio propio, les traen al pairo porque no tienen ninguna influencia sobre el resultado electoral final. Ante ellos, a nuestros dirigentes les basta una mirada de soslayo y ponerlos a disposición de sus especialistas en marketing político para buscar algún atajo para desactivar, distraer o modular el posible malestar detectado.









Por eso las listas abiertas, aquí, también serían de mucho interés. Tanto interés que precisamente por ello los grandes partidos las citan a menudo pero no tienen ni la más mínima intención de hacerlas realidad, llevarlas a la ley.
Muchísimos ciudadanos no harían uso de la posibilidad de, por ejemplo, tachar nombres en la lista de la formación que hubieran elegido votar, eso ya se sabe. Intervenir en la lista que los partidos presentan supone un grado de implicación, pensamiento propio, compromiso y conocimientos que no está al alcance de todo el mundo. Pero habría otra mucha gente que si las utilizarían: personas con mayor nivel intelectual, más formadas, más informadas. Ya se que distinguir entre votantes está mal visto pero, demagogia al margen, me parece que partiendo de que ningún voto puede valer menos que otros, hay votos que valen más porque indican más.
Un votante del PP podría seguir depositando en la urna la papeleta de la gaviota pero, a lo mejor, tacharía a Esteban González Pons por no haberle escuchado jamás una idea propia más allá de ocurrencias, dislates, exageraciones y salidas de tono; o a Esperanza Aguirre, por limitar su liberalismo a la economía, y así, así; o a Trillo, por utilizar sus conocimientos jurídicos para actuar como un trilero; o a Camps, por sus delirios de grandeza por cuenta ajena, por corrupto y por sectario; o a Fabra, por delincuente; o a Cospdedal, por tener siempre a punto unos principios y los contrarios; o a Javier Arenas, para ver si se decide a trabajar en algo que no sean las instituciones; o a Juan Cotino por integrista de la religión y los negocios, todo junto.
Asimismo, un votante del PSOE, podría seguir apostando por los socialistas pero quizás tachaba a Manuel Chaves para que tuviera tiempo de saber si su hija participó o no en la recepción de ayudas dadas por el gobierno que él presidía; o a Ciprià Ciscar y Joan Lerma, a la vez, para que descubrieran que hay otras formas de ganarse la vida más allá de los partidos políticos; o a Leire Pajín, por tener poco más de 30 años y parecer un dinosaurio partidista; o a José Bono, por populista, meapilas, cursi y poco de fiar; o a Rubalcaba, por haber defendido el terrorismo de Estado con la misma fe que hoy defiende al Estado del terrorismo.
El voto es igual para todos. El más rico y el más pobre se acercan a la urna con las mismas fuerzas, con la misma arma: una papeleta. Es éste un principio básico de la democracia, imprescindible, intocable. Pero la democracia puede perfeccionarse, sumando, no restando. En este sentido, aunque todos los votos valgan lo mismo, algunos servirían para más. Listas con intervención del votante serían una expresión añadida de la voluntad popular. Aumentarían la exigencia sobre la clase política, y eso es beneficioso. Beneficioso para quien es capaz de aprovechar las listas abiertas y, también, para quienes sea por falta de información, confianza o desidia no las utiliza. Los únicos que saldrían perdiendo serían la actual casta política, lo cual también sería bueno.

jueves, 19 de noviembre de 2009

La que necesita un ERE es la democracia

De imbéciles sería aceptar que una vez llegados al hospital, ya sea con un brazo colgando o un tumor como una pelota de tenis, los médicos se embarcaran en una discusión sobre el coste económico del tratamiento que precisamos o los problemas financieros que presenta el sistema sanitario en general. Los políticos son nuestros médicos sociales, los que deben diagnosticar, tratar y resolver nuestros problemas cotidianos, mejorar los servicios que recibimos y procurar el progreso general. Por eso resulta incomprensible que, ya sea por impotencia o por ignorancia, aceptemos que se dediquen más a lo circunstancial que a lo necesario, que nunca afronten la raíz de las contrariedades que nos acechan y se dediquen con denuedo, en cambio, a polemizar sobre lo secundario.
El debate sobre los servicios públicos vive permanentemente instalado en esta locura. Todo es discutir sobre lo que valen y olvidar siempre para lo que sirven. La educación o la sanidad no son caras o baratas, son útiles o no lo son, y lo deben ser, cuesten lo que cuesten. Obviamente, la gestión de esos servicios ha de ser austera, no desaprovechar o malgastar el capital del que se dispone, pero antes que eso la sanidad debe curar y la educación, enseñar.
Este error continuo en el debate sobre los servicios públicos es más evidente que en cualquier otro campo en los medios de comunicación públicos. Todo es hablar del mucho dinero que se pierde con ellos, sin discutir previamente si los objetivos para los cuales se crearon tienen vigencia y, sobre todo, si se cumplen o no.
Anteayer compareció en Les Corts Valencianes el nuevo director general de Radiotelevisió Valenciana (RTVV), José López Jaraba. El resumen que se ha hecho de sus palabras ante los diputados ha sido básicamente que va a implantar “una economía de guerra” en la casa y crear la figura del “Defensor de la Audiencia”.




José López Jaraba, director general de RTVV.



La oposición entró al trapo. “Sanee la empresa”, “deje de perder dinero”. La perla la puso el socialista Vicent Sarrià, un "pata negra" de la familia lermista del PSPV, con plaza de ayudante de producción en RTVE y que lleva encadenando cargos desde ni se sabe. Sarrià le pidió al nuevo directo general que si era necesario hiciera “un ERE”. Es difícil ser más torpe. El socialista facilitó a todos los medios próximos al PP el titular que querían: “la oposición apuesta por el despido de trabajadores”.





Vicent Sarrià, diputado del PSPV-PSOE en Les Corts Valencianes.



El principal problema de RTVV, por más que arrastre una deuda superior a los mil doscientos millones de euros, por más que pierda cada año cerca de 200 millones, no es el económico. El drama de RTVV reside en el incumplimiento de todos los objetivos para los que fue creada: no defiende la lengua propia, no informa, no promueve la industria audiovisual, no fomenta los valores democráticos más básicos, no es plural, ni veraz, ni imparcial. Nada. Esta es la cuestión. Lo que toca es revisar si los objetivos mencionados siguen vigentes (cosa que yo no dudo) y, si la respuesta es afirmativa, procurar su cumplimiento. Ahí es donde se han de gastar todas las energías opositoras, hacia ahí es donde el PSPV, que tan fuerte ha sido para obligar al PP a votar la elección como senadora de Leire Pajín, debe orientar sus baterías. Si no se puede conseguir eso, el asunto no es ver como se pierde menos dinero. El dilema entonces es qué hacer con RTVV que cuesta cada año 250 millones de euros a los valencianos y no les da servicio real alguno a cambio. Claro que para discutir de todo esto es preciso tener un modelo de radiotelevisión público alternativo al vigente y para eso se precisan unas luces que, ni de lejos, se distinguen.
En cuanto al “Defensor de la Audiencia”, me parece un desatino entrar en las discusión de las propuestas como si siempre estuviéramos al principio de todo, como si quien la formula no tuviera una trayectoria en la cual encuadrar sus promesas. López Jaraba presentó su “Defensor” como muestra de voluntad de pluralismo y transparencia. Así lo hizo como si sus pocas semanas en el cargo y sus primeros nombramientos no evidenciaran (es cuestión de sentarse en el sofá y poner en marcha la tele) que llega para seguir en el “más de lo mismo”: RTVV al servicio de la propaganda del PP, manipulación informativa, censura sobre los casos de corrupción que afectan a Francisco Camps y entrenados profesionales de la desinformación en los puestos directivos. Pero aquí también hubo otra discusión estéril sobre la nueva figura anunciada. Estéril porque lo que hay que saber es el nombre de la persona que piensa proponer para el cargo, y poco más. El elegido/a debe tener un currículum contrastado que garantice que no se plegará a otros intereses que no sean los de ala audiencia, si no es así, mejor hablar de otra cosa. ¿Piensa López Jaraba pactar el nombre, por ejemplo, con los sindicatos? ¿Está por la labor de que el Consejo de Administración lo escoja por mayoría cualificada? Si no está dispuesto a ninguna de las dos cosas, el “Defensor” será una nueva trampa. Eso es lo que debería tener claro la oposición.
El problema es que con señores como Sarriá, y son legión, hay bien poco que hacer. Son gente que cuando les señalan el sol no es que miren el dedo, es que bajan la vista y se quedan observando los tobillos. Los suyos propios, por supuesto.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

La entrevista (im)posible a Francisco Camps

Si Canal 9 fuera una televisión pública al servicio de los ciudadanos y no de la propaganda del PP, ésta podría ser la entrevista que, cualquier día a eso de la diez de la noche, se le haría al President de la Generalitat, Francisco Camps, sobre las consecuencias políticas del caso “Gürtel”:

(El cuestionario es en valenciano ya que ese es el idioma que se emplea, o se debería emplear en virtud de su Ley de Creación, en Canal 9. Como todo es latín más o menos evolucionado, espero que sea fácil de entender para cualquier castellanohablante).

President, bona nit.

1. Va assistir vosté en març del 2008 a la festa del casament d’Alvaro Pérez, “El Bigotes”?

2. Li va fer Pérez regals a la seua família el Nadal del 2008?

3. Tanta era la seua amistat que li deia “amiguito del alma” i “lo nuestro es muy bonito”?



4. Aleshores per qué va dir després, en les Corts el 12 de febrer de 2009, que no coneixia a “El Bigotes” , que vosté saluda a molta gent però no sempre li queden les cares ?

5. Davant el jutge José Flors va justificar aquella conversa amb Álvaro Pérez, on este li deia que li devia molt, dient que tot el poble valencià li deu molt? Sr. Camps, creu que el poble valencià està en deute amb vosté?

6. Podria contestar a qué es referia concretament Álvaro Pérez quan li deia que li devia molt?

7. Si la direcció estatal del PP va trencar relacions en 2004 amb el grup d’empreses d’Orange Market, per qué vostés van fer just el contrari i van multiplicar els contractes amb ells?

8. Està vosté en condicions de negar que de l'organització del Congrés Regional del PP de 2002, sent vosté secretari general del partit, es van pagar 150.000 euros en diner negre, tal com apunta l’acte del jutge Baltasar Garzón?

9. Per qué creu que en la comptabilitat incautada a la trama “Gürtel” si apareix un pagament en diner negre que ve del PP regional?

10. Qui li va recomanar a vosté José Tomás, com a sastre, per fer-se trajos?

11. Va aprofitar vosté alguns viatges a Madrid per a que José Tomás li prenguera mides en l' Hotel Ritz?

12. Pot explicar exactament com pagava els trajos que li feien en Milano i Forever Young, José Tomás?

13. Li pareix normal pagar quantitats tant altes en efectiu?

14. I vosté no demana factura d’allò que compra quan és de cost elevat?



15. Qualsevol ciutadà quan li falta la factura d’una cosa que ha pagat, la demana i ja està. Per què no demana vosté les factures que li falten?

16. Siga o no delicte, cóm pot ser que el jutge de l’Audiència Nacional, el jutge instructor del TSJCV i la mateixa sala del TSJCV donen per provat que els seus trajos els van pagar les empreses de la xarcia “Gürtel”?

17. Manté, com va dir fa un temps, que la seua relació amb el president del TSJCV, Juan Luis de la Rua, va més enllà de l’amistat?

18. Qué sent quan, parlant del cas "Gürtel" apareix el nom de la seua esposa?

19. Però va ser vosté el primer en referir-se a ella quan va dir que treia els diners per als trajos de la seua farmàcia i, després, ha sigut Álvaro Pérez qui li ha fet regals i ha dit que la visitava en la farmàcia per contactar amb vosté. No és així?

20. Considera que el valencians han rebut de Canal 9 una informació equilibrada, plural i suficient sobre el cas "Gürtel"?






21. Canal 9 va contractar la cobertura de so de la visita del Papa a una empresa constructora sense cap experiència audiovisual que després va subcontractar el servei per la meitat del que havia cobrat, vosté ho sabia? Ha demanat responsabilitats al respecte?

22. Vosté sempre defensa la gestió del seu col.laborador Ricardo Costa com secretari general del PP regional, si la seua tasca ha sigut tant bona, per qué el van retirar del càrrec?

23. Li va dir vosté que si se’n anava ell, vosté també se’n anava?

24. Que sabia o que havia fet ell que vosté, que era el seu superior, no sapiguera?

25. Per qué ha pagat ell i no vosté?



26. Després de la reunió de l’Executiva regional del PP del dia 13 d’octubre, mentre Ricardo Costa va eixir assegurant que seguia en el càrrec, la direcció nacional va fer públic un comunicat dient que vosté els havia comunicat que Costa havia cessat en les seues funcions, pot explicar esta contradicció?

27. Enmig d’esta tempesta vinculada a la corrupció, quines mesures ha endegat voste per fer arribar a la ciutadania el missatge de que està contra la corrupció?

28. Per què continua en el seu càrrec, Carlos Fabra sobre qui pesen múltiples imputacions?



29. Que li pareix que l’alcalde de Torrevieja i diputat autonòmic del PP, Pedro Hernández Mateo, en menys de dos anys compara un terreny per 180.000 euros i el venguera per 5’4 milions d’euros, un benefici del 3000%, a una empresa a qui havia concedit diferents obres en el seu municipi?

30. Dimitirà vosté si el tornen a imputar?



Moltes gràcies President, bona nit.



La entrevista, como se ve limitada estrictamente al caso “Gürtel”, podría acabar aquí, repreguntas al margen. La cuestión sería no sobrepasar los 45 minutos de duración. Hacerlo más largo acarrearía un peligro evidente: una sobredosis repentina de normalidad democrática en Canal 9 podría provocar efectos secundarios en la audiencia.
En serio, teniendo en cuenta que estamos en democracia, que Francisco Camps dice no tener nada que esconder, que Canal 9 es una televisión pública sin otra obediencia que el servicio a los ciudadanos y que, más o menos, las preguntas aquí formuladas son las que se plantea la gente de la calle, ¿qué está fallando para que imaginar una entrevista así en Canal 9 sea pura ciencia ficción?

martes, 17 de noviembre de 2009

Un oxímoron real: democracia sin debate








¿Debe cualquier ciudadano español renunciar a su derecho constitucional a la libertad de expresión si quiere militar en un partido político? Oficialmente, no, por supuesto. Esto es una democracia. Claro que se trata de una democracia tan particular que, hace 15 días, la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, salió del Comité Ejecutivo Nacional de su partido con el siguiente discurso:

"Hemos considerado inadmisible que se hagan manifestaciones publicas sobre asuntos internos del partido, o que se haga críticas a compañeros de manera pública o a través de medios de comunicación; que se presione públicamente a órganos del partido y que se impongan las obligaciones que a todos nos imponen los estatutos".

Se puede escuchar de su propia voz con mayor extensión:




Esta negativa a que se haga pública toda crítica u observación al funcionamiento del PP, extensible a cualquier otro de los grandes partidos españoles, no se plantea una vez garantizado el debate interno, sino todo lo contrario.
El debate interno en el si de los partidos no existe desde antiguo. Lo que podía darse hasta ahora es que algún militante o dirigente díscolo utilizara los medios de comunicación para hacerse oír; ahora ya ni eso.
El silencio dentro de los grandes partidos españoles se ha impuesto como una ley ineludible, como única vía si se pretenden cargos, sueldos y demás regalías. Prohibido pensar por uno mismo, prohibido ir por libre, prohibido hablar. Como diría Maquiavelo: los neutrales pierden siempre.
Este es el marco en el que la promoción de los peores, la "selección adversa", que rige en los partidos políticos adquiere sentido. Resulta impensable que dirigentes o militantes de un cierto nivel intelectual y ético se avinieran a cerrar constanmente la boca y mirar hacia otro lado.
Los partidos están instalados en una visión pragmática de la política. Por tanto, cuestiones tan propias de una democracia como discutir, llegar a acuerdos o escuchar a la minoría son un engorro. Claro que es este engorro el que sirve para llegar a mejores conclusiones y, no se olvide, para hacer más transparente la toma de decisiones. La inexistencia de debate lleva a que dentro de los partidos no se exijan responsabilidades ni explicaciones más allá de los resultados electorales. No se discuten las órdenes. El fin, ganar las elecciones, puede llegar a justificarlo todo, a esconder cualquier error o irregularidad. Importa ganar, nada más. Y luego, con la democracia ya de cuerpo presente, la llegada de la corrupción es cuestión de tiempo.
Si los partidos políticos pusieran la lucha contra la corrupción como un de sus verdaderos objetivos, fomentarían la democracia interna, que es justo lo contrario de lo que sucede. Si quisieran enfrentarse a la corrupción, alguna vez serían ellos mismos los que destaparían los casos de comportamiento irregular que les pudieran afectar, pero eso no pasa nunca. Siempre se enteran por la prensa. Los partidos conviven con la corrupción hasta que, principalmente jueces mediante, les explota en la cara. En realidad, dado que lo que importa es ganar elecciones, la corrupción es una buena compañera de viaje pues permite mejores campañas publicitarias y, por tanto, mejores resultados electorales.
Obsérvese los casos de Manuel Cobo o de Ricardo Costa. El PP ha suspendido a ambos de militancia por haber hablado más de la cuenta pero no ha mostrado ningún interés por aclarar nilas denuncias de Cobo, ni los supuestos de corrupción que afectan a Costa. Su delito ha sido decir lo que pensaban. No imagino lo que hubiera pasado si hubieran dicho lo que sabían.






En medio de esta tormenta de corrupción que les afecta, el PP celebró el pasado fin de semana una convención en Barcelona. Parece que de lo único que no se trató en ella fue de corrupción. Los partidos tienen una inmensa capacidad para no hablar de aquello que habla la gente corriente. Al PP solamente le importó salir de la reunión de Barcelona "unidos", como si eso fuera lo que sirve al ciudadano.
Esta alienación respecto a las voces de la calle se puso de manifiesto también en el Comité Federal del PSOE del pasado 19 de septiembre. Allá, mientras por doquier arreciaban las críticas a la política económica de Zapatero, todo fueron aplausos y "prietas las filas". Para evitar sustos, en los días previos al Comité, la dirección socialista advirtió a sus dirigentes regionales que tocaba silencio y unidad.
Sin embargo, no toda la culpa es de los dirigentes que saben que el cargo depende de su obediencia, y a ella se aplican. También los militantes de base tienen una alta responsabilidad cuando aceptan su función limitada a ser "personal de servicio", figurantes y palmeros en mítines y demás saraos.
En cuanto a la ciudadanía de a pie, la que no tiene carnet de afiliado pero si papeleta electoral, se le puede achacar un exceso de conformismo y docilidad. Cuando los partidos hablan de "lavar la ropa sucia en casa" están hurtándole a la sociedad el derecho a la información. ¿Qué quiere decir "en casa"? La ciudadanía no puede quedarse fuera del debate ya sea en el PP, en el PSOE, en CiU o en el PNV porque es quien vota, quien paga, quien da sentido al sistema político. El debate interno de los partidos políticos, suponiendo que existiera, es cosa de sus militantes, de acuerdo, pero su conocimiento es de interés general.
Conocer los partidos por dentro es una necesidad democrática y un derecho irrenunciable, aunque solamente sea para darse cuenta de que están peor de lo que pensamos y poder hacer algo al respecto.