lunes, 3 de noviembre de 2008

Reina Sofía, ¿por qué no te callas?

(Copia del artículo publicado el pasado jueves 30 de octubre y que por un error mío desapareció. Disculpas para quienes habían escrito unos comentarios que no he sido capaz de recuperar)

Ya sabíamos donde estaba el límite de la sensibilidad de la monarquía española: una caricatura suya te puede llevar a la cárcel o a la casa de empeños; quemas una foto con sus rostros, y te arriesgas a dar con tus huesos en el infierno. Lo que desconocíamos era el respeto, poco, que tienen ellos por las sensibilidades ajenas. Pensábamos, ya que se las daban de buenos profesionales, que teniéndolos a sueldo como los tenemos, nos corresponderían con una cierta consideración. Pues no. El avance de un libro en el que la reina Sofía se confiesa a la periodista Pilar Urbano nos ha abierto los ojos.
Dice la reina, y se intuye un cierto fastidio, que esas fiestas del orgullo gay son molestas y le desagradan; que una boda entre dos homosexuales de ninguna manera puede dar lugar a un matrimonio; que no es partidaria de la eutanasia porque la vida no está en nuestras manos, y que no es “en absoluto” favorable al aborto. Por orden se le debería contestar que para desfile “coñazo” el de las Fuerzas Armadas; que dos homosexuales conforman un matrimonio porque lo dice la ley y porque no hay nada objetivo que, con ley o sin ella, lo impida; que si no siente su vida en sus manos es su problema pero que no debe hablar por otros, y, sobre el aborto, no entiendo si lo que lamenta es, en general, que se haya de llegar a él o quiere decir que en ningún caso lo considera aceptable. Me parece que la falta de tolerancia que desprenden sus palabras (y mira que deben estar revisadas y corregidas) es fruto de que igual le parecen realidades lejanas. Seguro que sobre el culto a la apariencia, la hipocresía, el adulterio, el divorcio o la investigación con células madre, por poner algunos ejemplos al azar, podría mostrarse más comprensiva.
Dejo para el final aquello que ha dicho de que “se ha de enseñar religión en los colegios, al menos hasta cierta edad: los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida". Qué relación tendrá una cosa con la otra, como si la religión tuviera algo que ver con el origen del mundo o de la vida, como si siguiera creyéndose lo de Adán y Eva.
En fin, bien mirado, qué otra cosa se puede esperar de una reina, de un miembro de una familia real. Hablan como les corresponde, como lo que son, personajes fuera de su tiempo, protagonistas de una institución tan demodé que es imposible que estén a la altura más allá de saludar, repartir besos a los peques y estar callados. Eso, reina, ¿por qué no te callas? Que nos dejaran en paz, que se fueran, quiero decir, ya sería demasiado.

1 comentario:

lara dijo...

dios mio, señor álvaro, es perfecto lo que cuenta...