lunes, 20 de octubre de 2008

Seppuku

En el País Valenciano las noticias de política lleva mucho tiempo siendo malas noticias. La reiteración de abusos, corrupciones y entronizaciones constantes que vemos en el gobernante PP son malas noticias para la política. El reciente congreso de los populares autonómicos, del que pienso ocuparme, políticamente raya en el terreno de las bromas de mal gusto. También los tropiezos constantes de los grupos de oposición son pésimas noticias, y no paran.
La última, de ayer, del recién estrenado líder de los socialistas valencianos: “Alarte acata la orden de Zapatero de no oponerse a los presupuestos del gobierno Camps”. Dice que no votará en contra de las cuentas del PP, que lo hará a favor o se abstendrá. Es lo que le ha ordenado Zapatero en el reciente Consejo Territorial del PSOE. Empieza bien Jorge Alarte. Si de lo que se trataba es de hacerse visible como oposición, de armar un discurso alternativo creíble, de que se visualizara que no se es un satélite a las órdenes de Ferraz, de demostrar que el eje del trabajo del nuevo PSPV es el interés de los valencianos, mal arranca.
Decía Jorge Alarte (El Punt 19/25 de octubre de 2008): “El PSPV no ha de tener sólo un discurso y una posición autónoma, sino una cosa más importante: un proyecto para los valencianos”. Si esto es así, entonces, ¿por qué hace justamente lo contrario?
No es obligatorio, ni mucho menos, que un grupo opositor tenga que votar contra los presupuestos del gobierno, lo que si parece razonable es que el voto se base en los contenidos de los presupuestos y no en una orden recibida desde la metrópoli, ¿qué sabe Zapatero de los intereses de los valencianos? Asegura Zapatero que la decisión se toma para “superar la crisis económica, generar empleo y mantener las políticas sociales”. Claro, lo que sucede es que sus compañeros de Valencia llevan años diciendo que las cuentas de la Generalitat van justamente en contra de todo eso. Es decir, mentían antes o lo hacen ahora, se equivocaban antes o se equivocan ahora. Cómo se puede edificar un discurso creíble sobre el reconocimiento de que, toque de corneta de Madrid mediante, lo que se defiende hoy se olvida mañana.
La solidez democrática que subyace en esta forma de hacer las cosas es tan poca que el texto aprobado por el PSOE en su Consejo Territorial se descuelga con que facilitar la aprobación de los presupuestos allá donde no gobiernan es conveniente porque “los ciudadanos no entenderían que los intereses partidistas puedan estar por delante de los intereses de España”. Esta frase entraña tanta estupidez o mala fe que no parece dicha en serio. Decir eso es reconocer que cuando se oponen lo hacen por partidismo, lo hacen porque no son sus presupuestos, lo hacen aunque eso perjudique al ciudadano. Desde la oposición no se puede hacer mejor servicio a la sociedad que demostrar que se es alternativa y eso es lo que lleva trece años sin demostrar el PSPV. Que la reunión donde el PSOE decidió ese apoyo a las cuentas del PP la dirigieran dos diputadas elegidas en el País Valenciano, María Teresa Fernández de la Vega y Leire Pajín, demuestra el nivel de desorientación o abandono en el que viven; que además el PP valenciano tenga una holgadísima mayoría absoluta y el gesto del PSPV no pase de testimonial lleva la situación casi a la caricatura; que todo esto no tenga otra explicación que servir de munición defensiva al gobierno de Madrid ante las críticas de Rajoy y sus muchachos es, políticamente, vergonzoso. Malas noticias, muy malas.Una oposición en permanente hara-kiri, seppuku, en japonés, no es buena cosa.

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