viernes, 24 de octubre de 2008

Cuando lo que puede pasar no pasa y siguen gobernando los mismos

Hay una frase que he escuchado o leído mil veces en boca de los dirigentes políticos de la izquierda valenciana cuando plantean las posibilidades que tienen de derrotar al PP: “para las elecciones falta mucho tiempo y pueden pasar muchas cosas”. Lo dicen a dos años de los comicios, a uno, a seis meses; cuando interesa. Siempre dicen lo mismo. Sobre el papel tienen razón, en cualquier momento pueden pasar muchas cosas. Pueden pasar, claro, pero no pasan. Y si pasan, no sirven. Llevan más de quince años encadenando derrotas; los resultados, que es a lo que ellos se refieren, no cambian.
Para hacer más evidente que el mapa político valenciano parece esculpido en mármol no hay más que revisar las encuestas que ha publicado desde 2005 el diario “El País” con motivo del 9 de octubre. Los datos de esos trabajos, sin entrar muy a fondo en ellos, demuestran que no sólo se mantienen invariables los resultados electorales, evidencian también que es el conjunto de percepciones y opiniones de los valencianos lo que no sufre modificaciones significativas, y si hay cambios, dicho sea de paso, favorecen más el voto al PP que a los grupos de oposición.
Fijándonos en las valoraciones de los principales líderes políticos valencianos vemos que en el periodio 2005-2008 Rita Barberá, la alcaldesa de Valencia, empieza con un 6’4 y ahora está en 6’5 y el President de la Generlitat, Francisco Camps, cae del 6’1 al 5’8. Los nombres más conocidos de la oposición ofrecen números muy inferiores pero, también, con poca variación: el último secretario general del PSPV, Joan Ignasi Pla va del 5’1 al 4, sin duda la mayor oscilación; Carmen Alborch, pasa del 5’4 al 5’8; la líder de Esquerra Unida, Gloria Marcos, del 4’7 al 4’5, y Enric Morera, máximo representante del Bloc Nacionalista, se mueve entre el 4’9 y el 4’6.
La nota que se pone a la gestión del gobierno autonómico empieza en un 5’9 y acaba en un 5’6.
Conselleria por conselleria la nota media era de un 4’7 en 2005, con solamente tres consellers por encima del cinco; un 4’6 en 2006, con todos suspendidos, de 2007 no hay datos y en 2008 todos menos uno superan el cinco para situar la media en el 5’5.
El porcentaje de población que piensa que el gobierno Zapatero ha perjudicado a la Comunidad Valenciana era del 74% en 2005; 79%, en 2006; en 2007, el 67 % opinaba que la gestión del gobierno Zapatero era entre regular y muy mala, y en 2008 ese porcentaje se quedaba en el 64%.
Sobre el “caso Fabra”, en 2005, un 66% de los valencianos pensaban que el presidente de la Diputación de Castellón debía dimitir; en 2006, un 69, y en 2008, un 46. De 2007 no hay datos.
Cuando se pregunta por lo que hace bien y lo que hace mal el gobierno de la Generalitat, invariablemente aparecen, en lado positivo, el turismo y, en el negativo, la sanidad y la educación.
Sobre inmigración tampoco hay grandes cambios: en 2005 un 38% de la población pensaban que la llegada de inmigrantes perjudicaba la economía valenciana y en 2008 lo cree el 39%.
En resumen, que todo sigue igual; que no sólo parece que no llegan las cosas que se supone que pueden pasar sino que prácticamente nada se mueve y si algo varía parece que quienes han de detectarlo no lo detectan.
La eterna referencia a que “pueden pasar muchas cosas” me parece, al fin y al cabo, una prueba indiscutible de debilidad. En el “pueden” está el reconocimiento de la propia culpa. Lo que “puede” que pase también “puede que no pase”. Más que apelaciones a la fortuna, que es ante lo que estamos, más valdría disponer de un método concreto que llevara las cosas al terreno de la causalidad y no de la casualidad. Lo pertinente sería decidir estrategias concretas y esperar unas determinadas consecuencias, ver si estas se han producido o no y analizar las razones. Quizás es un exceso de rigor, quizás significa demasiado trabajo. Quizás.

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