martes, 9 de septiembre de 2008

Un Consejo Judicial peor para una democracia en retirada

Los partidos políticos nunca decepcionan, a condición de que no te esperes nada de ellos. Si te temes lo peor, ellos cumplen. Son coherentes, constantes en las trampas, los abusos y el desprecio a los ciudadanos. Viven hacia dentro pero con el dinero de fuera. Proclaman negro y hacen blanco. Se han convertido en un fin en si mismos y todavía quieren que les riamos las gracias. En su despotismo, ni les importa el pueblo, ni les importa la ley. Ayer lo vimos con el acuerdo al que han llegado sobre el Consejo General del Poder Judicial. Después de tanto ridículo, de tanta vergüenza, de tanto partidismo y cuotas, tras dos años con un Consejo interino porque unos y otros se arañaban por controlarlo, después de todo, con la justicia peor cada día, van y repiten táctica: el PSOE propone a lo suyos; el PP, a los suyos y los minoritarios nacionalistas, por si quedaba alguna esperanza, colocan a dos exdiputados. Cojonudo, con perdón. Resulta que más de la mitad de los miembros de la carrera judicial no está en ninguna asociación profesional pero no importa, no deben ser gente de fiar ya que ninguno de esos independientes estará en el Consejo. Todos los elegidos militan; los seis del PSOE, cinco en “Jueces para la Democracia” y, uno, en la “Francisco de Vitoria”, y los del PP, todos en la conservadora “Asociación Profesional de la Magistratura”. El Partido Popular coloca incluso viejos militantes propios, como el valenciano Fernando de Rosa, que ya estaba en el partido cuando era Alianza Popular. En fin, que a los tibios, ni agua. Ni prestigio, ni independencia. Tantos lamentos, tantas vestiduras rasgadas con el Consejo saliente y seguimos igual, o peor. Para este viaje, podían haber seguido los que estaban.
El gobierno de Felipe González en 1985 dejó la elección de los miembros del Consejo en manos del Parlamento contra los que opinaban que debía ser la propia carrera judicial quien los eligiera. Se optó por la lógica de que nada tiene mayor legitimidad democrática que la sede de la soberanía popular y por mayorías cualificadas que obligaran al consenso. Bien, de acuerdo. Luego el Tribunal Constitucional avaló el sistema advirtiendo que se debía huir de la politización del órgano. Ni caso. La legitimidad parlamentaria sólo esconde criterios encaminados a que los escogidos sean correa de transmisión partidista y las mayorías cualificadas se han troceado en cuotas que cada formación política gestiona como quiere, sin aceptar vetos y sin dar ninguna explicación.
Luego nuestros padres de la patria fingirán sospresa cuando las decisiones del Consejo se interpreten según el origen de cada uno de los miembros. Son capaces, incluso, de poner cada de inocentes cuando resulte que cada cual vota lo que se espera, que nadie traiciona a quien en su día lo eligió.
También los nuevos componentes del órgano de gobierno judicial se quejaran de que se amplifique su filiación y de que se lean sus decisiones según quien les nombró. No se de qué se extrañan, es como si no miraran a su alrededor y no vieran donde se meten. Si son de verdad independientes, lo mejor que podrían hacer es decir “no, gracias” cuando alguien les propongan formar parte de un Consejo General del Poder Judicial tan penoso.

No hay comentarios: