viernes, 12 de septiembre de 2008

El gran ministerio de Chacón fue Vivienda, no Defensa

“Madre y ministra”. Así se titulaba el reportaje/entrevista que hace unos días publicó “El País Semanal” sobre la titular de Defensa Carme Chacón. Lo leí, sin mucho entusiasmo pero lo leí. Hubo un párrafo que me llamó la atención, porque demuestra que, aunque vivan de proclamar lo contrario, muchos periodistas y gobernantes están en una vieja realidad oficial y solemne pero muy alejada de los problemas cotidianos de la gente. El párrafo en cuestión, sobre la llegada de Chacón a la cartera de Defensa, es este: “Se propuso meterse el ministerio en la cabeza. “Come informes, devora papel”, dicen sus próximos. No era la primera vez. Ya lo hizo con Vivienda, cuando Zapatero la envió en 2007 a reflotar un departamento engullido por la burbuja inmobiliaria. Pero esta misión además de secreta, era imponente”.
Nueve meses estuvo Chacón en Vivienda. No lo reflotó. Nueve meses, y escasos. Esa era la gran apuesta. Pasó por Vivienda como quien simplemente, ahora lo sabemos, se prepara para el ministerio de verdad, el de Defensa. Si Zapatero y ella misma hubieran hecho la primera apuesta en serio, Chacón seguiría en Vivienda. El periodista que firma el trabajo en “El País” demuestra que también cree en el valor superior del ministerio de Defensa. Por eso dice que esta segunda misión es la “imponente”.
Pues bien, yo pienso lo contrario, que la misión imponente era, es, resolver el problema de la vivienda en España y no gobernar el gran ministerio de Defensa. Los galones imponen, los desfiles impresionan mucho, de acuerdo, pero estos pequeños ejércitos nacionales, en pleno siglo XXI, valen mucho menos de lo que pesan.
En el último trabajo del CIS, del pasado mes de julio, los ciudadanos colocan la vivienda como el tercer problema que más les afecta. De la milicia, ni palabra. En nuestro imaginario está todavía el respeto reverencial a ese ejército base de un régimen, el de Franco, impuesto durante 40 años; ese ejército que intentó modernizar Manuel Azaña, cuando al departamento se le llamaba de la Guerra, y con el que no pudo. Así lo vemos pero es un espejismo. Pensemos en un joven de 25 años, cualquiera. Defensa, a no ser que sea militar, ni le afecta, ni le roza, ni le importa; no forma parte de sus días. En cambio, la gestión del ministerio de Vivienda le puede salvar la vida o arruinársela. Gobernantes y periodistas siguen con la mirada en el pasado, viendo el ejército español como un gran agente político cuando es, sobre todo, una gran empresa que necesita una reconversión mucho más que cualquier otra.

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