jueves, 18 de septiembre de 2008

De tristeza en tristeza... Jorge Alarte

Ejercer de profeta del desastre es peligroso porque, en afortunada frase de Zapatero, se puede acabar como “un desastre de profeta”. Por eso, y porque ya están casi todos los malos augurios planteados, no tenía demasiado interés en escribir, directamente, sobre el próximo congreso del PSPV-PSOE. La peripecia de Jorge Alarte me ha hecho cambiar de opinión. Quien al principio del proceso tenía todos los números para ser el próximo secretario general del partido ha jugado tan mal sus cartas que, a poco más de una semana de la decisión definitiva, está más fuera que dentro.
Alarte se estrenó envuelto en la bandera del cambio, cambio de una vez, y diciendo que los Lerma, Ciscar y compañía eran pasado. Su discurso se dirigía directamente a esos militantes del partido que están hartos de cambalaches personalistas y de derrotas electorales. Sus palabras conectaban con la mayoría de ciudadanos que llevan años asistiendo atónicos al viaje al desastre de un partido autista. Hablaba de cambio y parecía representarlo. A partir de ese instante no ha dado ni un solo paso en la dirección que apuntaba y, a día de hoy, el proceso se le ha ido de las manos.
Debía marcar y hacer visible algo parecido al libro de ruta de un proyecto, pero nada.
Debía ir más allá de diagnosticar, una vez más, los males que nos azotan, pero nada.
Debía oponerse a la ponencia del congreso que propone un cambio de nombre del partido. Nada.
Debía negarse al recurso fácil de decir que yendo al centro se ganarán las elecciones, y nada.
Debía enfrentarse a la gestora que propugnaba la ponencia. Todavía menos. El temor a contrariar a la emergente Leire Pajín, Leire Pajín, pudo más.
Debía consolidar su ventaja de salida marcando su posición sobre los distintos debates que se han ido planteando, y tampoco.
Debía mostrar un mínimo de carácter, personalidad y determinación, inspirar confianza, y no.
Debía negarse a aparecer como el señalado desde la metrópoli, desde Madrid, y, muy al contrario, ha dado la imagen de esperar que desde allá le sacaran de los charcos en los que se ha visto sumido.
Después de la espantada de Alejandro Soler, el candidato inicial de Ferraz, no debía aceptar ser plato de segunda mesa, y nada.
Debía huir de que entre sus promotores acabara estando Ciprià Ciscar. Nada.
“De tristeza en tristeza/ caí por los peldaños/ de la vida…” decía Goytisolo en su hermoso poema “No sirves para nada”. De Alarte se puede afirmar que “de silencio en silencio ha caído por los peldaños del congreso”.
Sus rivales se han juntado alrededor de las banderas que él ha abandonado. Las renuncias de Alarte han servido para que los candidatos peor situados tuvieran a que asirse y acabaran armando la imagen de un proyecto coincidente. Su pacto se visualiza como un acuerdo sobre puntos concretos, no como un cambalache de familias, y todo gracias al conservadurismo, el tacticismo y los miedos de Alarte.
Y ahí están: Puig-Romeu-Noguera. Un Presidente, un Secretario General y una Portavoz Parlamentaria, por ejemplo.
Felicidades, Jorge.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Lastima, que a los de la calle Blanqueries como tu bien dices les importamos poco,mas bien nada,así saben que tienen que hacer , nada.
Lastima que no te escucharan a ti,seria una buena renovación.

Anónimo dijo...

Ojala fuera Jorge Alarte, ojalá. De lo contrario estariamos con los lermistas y ciscaristas camuflados de nuevo con sus dogmatico valencianime de progréss y fraternidad a su querida Catalonnia mientras la derecha nacionalcatolicista de Camps seguiría desmantelando la educación pública.

Anónimo dijo...

Et recorde que Císcar està al costat d'Alarte. Em tem que, siga com siga, estem davant de la renovació impossible.

Anónimo dijo...

Que dices Ciscar al lado de Jorge Alarte. Si la caida de Ciscar se empieza a producir cuando Jorge se alía a Carmen Martinez de Quart para fundar el G-$ y quitarle la comarca del Horta Sud. Asesinó al padre hace tiempo.