martes, 23 de septiembre de 2008

Camps o la estrategia de la crispación desde el poder

No le negaré al President de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, su derecho, quizás su obligación, a aprovechar el debate de hoy sobre Política General en las Corts para enumerar todo lo hecho por su gobierno. Aluvión de cifras. Incluidas las que dan cuenta del número de árboles que están creciendo en la Comunidad Valenciana. También puede el President, y seguramente debe, apuntar intenciones, formular deseos, adquirir compromisos y hacer promesas. Cabe hasta algún ataque a la oposición o la denuncia de falta de colaboración de alguna otra administración. Cabe. Cumplió Camps: enumeró, prometió y criticó. Con mucha retórica y poca concreción, con solemnidad y abundantes afirmaciones genéricas, pero cumplió. Enumeró, prometió y criticó.
Siendo así, del debate de Política General cabría esperar alguna cosa más. Por ejemplo que hiciera honor a su nombre y fuera un debate. Camps lo evitó. No respondió a ninguna de las cuestiones concretas que se le plantearon. Entrar en un debate hubiera sido salirse de su guión, y Camps eso no lo hace. Lleva cinco años sin hacerlo, y su partido, bastantes más. Y les va bien. La estrategia está perfectamente planificada y a ella se ajustan como un guante.
Mecido por las 57 interrupciones que sus compañeros de partido le regalaron a golpe de aplauso, uno cada dos minutos, Camps se empleó a fondo en lo que es el diseño estratégico de su política: todo es culpa del gobierno central, todo lo malo es responsabilidad de Zapatero, van a por nosotros. La estrategia de la crispación. La misma que adoptó Aznar a partir de 1989, la misma de Rajoy después de perder las elecciones de 2004. Una manera de hacer política que está muy estudiada como forma de ejercer la oposición pero que resulta inédita usada desde el poder. La crispación busca réditos electorales, y no otra cosa. Por eso es una estrategia que se puede encontrar en grupos opositores, por eso es impropia de quien gobierna. La crispación nada tiene que ver con la gestión política, con el beneficio de los ciudadanos, con la mejora de sus servicios. Se trata de ganar las siguientes elecciones; en este caso, se trata de seguir ganándolas. Crispar para mantener al electorado que ya se tiene y para aburrir y desactivar a la parte más moderada o dudosa de los posibles votantes del rival. El enemigo de Camps no está en las Corts. En las Corts están, como máximo, los cómplices. El enemigo es Zapatero. Todas las descalificaciones van contra él. Hoy, desde la tribuna de las Corts, le ha llamado, entre otras cosas, desleal, fracasado, ignorante de las necesidades de los valencianos, farsante, responsable directo de la crisis y culpable de la subida de las hipotecas. Los temas se mantienen invariables: no se reconoce a un millón de valencianos, se nos niega el agua, aumenta la delincuencia, se nos discrimina, se nos quiere parar. Todo presentado como un legítimo ejercicio de defensa ante las agresiones del gobierno socialista. O sea, quien crispa es Zapatero. De manual.

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