lunes, 29 de septiembre de 2008

Cambio en el PSPV sí, pero ¿hacia dónde?

Cambio fue la palabra talismán que este fin de semana llevó a Jorge Alarte hasta la secretaría general del Partit Socialista del País Valencià (PSPV), “cambio imparable e innegociable”, nada menos. Cambio es lo que supuestamente auspiciaba, Leire Pajín mediante, la dirección federal del PSOE apoyando a Alarte.
El cambio es un slogan de fácil uso pero de difícil definición. A las puertas de ganar las elecciones de 1982, Felipe González aseguró que cambio era “que las cosas funcionen”. En 2008, en Valencia y en boca del nuevo secretario general del PSPV, cambio no puede significar otra cosa que ganar elecciones, algo que no hacen desde 1991. A diferencia de González, Alarte no concretó en todo el congreso que entiende él por cambio, no concretó ni eso, ni ninguna otra cosa, pero si de ganar elecciones se trata a su partido le falta un proyecto definido, actualizado, progresista y pegado al terreno y las personas adecuadas para transmitirlo a la ciudadanía.
De proyecto, el nuevo líder socialista no dio una sola pista. Ni un indicio que pudiera sugerir algo distinto a lo escuchado todos estos años. “Cambio imparable e negociable”, vale, pero ¿hacia donde? En cuanto a los que tienen que hacer el cambio es preciso estudiar con detenimiento la nueva Comisión Ejecutiva para empezar a sacar conclusiones.
Pese a no dejar noticia del proyecto del ganador, el congreso de este fin de semana si arroja un detalle evidente sobre la enjundia del modelo de país y de partido que los nuevos mandatarios del PSPV tienen en su agenda; me refiero a como le ha ido a la ponencia marco redactada por la gestora controlada desde Madrid o, si se quiere ser más preciso, por la secretaria de organización del PSOE, Leire Pajín. Me parece muy significativo lo que ha pasado con esta ponencia.
El nuevo líder de los socialistas valencianos sale triunfador de un congreso donde la ponencia política, promovida por quienes le han aupado al sillón principal, y con la que él debía estar bastante de acuerdo ya que no presentó ni una sola enmienda, ha sido derrotada por goleada. No ha quedado de ella ni rastro. Es decir, la dirección federal del partido, del PSOE, digo, representada por sus números dos y tres, José Blanco y Leire Pajín, tienen fuerza suficiente para llegar al congreso y colocar a quien ellos quieren al frente de la federación valenciana pero no son capaces de evitar que su ponencia política, la que ellos auspiciaron y promovieron, sufra un revolcón de campeonato. Salvan al candidato pero no el proyecto. Será que les importa mucho lo primero y poco lo segundo. Pueden forzar a la mayoría de más de 500 delegados a votar una determinada candidatura, un determinado nombre, pero abandonan el campo de batalla cuando lo que toca es argumentar unas ideas, una estrategia, un modelo de partido y de país; no están cuando de lo que se trata es de debatir, de convencer. Nadie se batió el cobre por esa ponencia. Si no valía nada, por qué la redactaron; si valía, por qué dejan que la destrocen; si a Alarte no le gustaba, por qué no la enmendó; si le gustaba, por qué no da la cara por ella. Para que luego digan que el proyecto es lo primero y los cargos, cuestión secundaria.
En el PSPV, luchar por sillones, cargos y colocaciones olvidando el proyecto, el modelo, el discurso que se ofrece al votante no tiene nada de cambio. Estamos ante un pésimo indicio que apunta en la peor dirección: más de lo mismo, quítate tú que me pongo yo. Lo que resultaría nuevo, nuevo, nuevo, sería ver algún asomo de coherencia.
A los nombres de la Ejecutiva me dedicaré en próxima entrega.

sábado, 27 de septiembre de 2008

¿Alarte es lo mejor que tiene el PSPV?

El PSPV tiene un nuevo secretario general, Jorge Alarte, licenciado en Derecho, 34 años, con dedicación plena a la política desde los 21 y, actualmente, alcalde de Alaquàs. He estado en el Congreso de los socialistas valencianos. He escuchado con atención el discurso de quien después ha resultado elegido. Me interesaba mucho saber si iba a concretar algo de su proyecto, de su modelo de partido, de su idea de país. Tenía curiosidad por conocer cuales son los temas que más le importan y como los aborda. Quería saber que era eso del cambio que tanto repetía, en qué consistía. Después de un año postulándose para la secretaría general sólo le había escuchado lugares comunes, pocos compromisos, afirmaciones de consenso, mensajes transversales y retórica, mucha retórica. Pues bien, me quede con las ganas. En un discurso impropio de quien aspira a dirigir un partido que pretende ser alternativa de gobierno en una comunidad autónoma de cinco millones de personas, no dio ni una sola pista. Decepcionante. Dijo que era de izquierdas y, tamaña obviedad, no supe si tomarla como chiste o como amenaza. Repitió dos mil veces compañeras y compañeros y aseguró que él ni entra en componendas, ni pacta en despachos con nocturnidad, ni había prometido cargos a nadie. Como si un congreso se pudiera ganar sin pactar y ceder y como si no supiera todo el mundo que tras él estaba la Ejecutiva Federal del PSOE, con la secretaria de organización, Leire Pajín, al frente, que, además, ya le había colocado a su íntima Elena Martín como número dos. Bueno.
Durante su discurso Jorge Alarte afirmó que se tenía que ser valiente para elegir como líder del partido a un joven de apenas 34 años. A mi me pareció que para lo que se tiene que ser valiente, mucho más valiente, mejor diría, temerario, es para escoger a una persona que después de hablar media hora no da ni una sola pista de hacia dónde quiere ir, ni cómo, ni de que proyecto tiene. Curioso partido este donde la ponencia oficial recibe tres mil enmiendas y se elige como secretario general al único candidato que no ha presentado ni una. He estado en algunos congresos del PSPV y del de esta mañana he salido con dos sensaciones: primera, esta película ya la he visto y, segunda, ¿dónde está el cerebro de este partido? ¿dónde están los que piensan?

viernes, 26 de septiembre de 2008

La presunción de inocencia no vale para el Presidente de la Diputación

A veces uno siente la necesidad de escribir obviedades. Por ejemplo, que el presidente del PP de Castellón, Carlos Fabra, no es la víctima de ningún juicio paralelo, ni se le niega la presunción de inocencia. Me parece necesario escribir esto, y razonarlo, para poner en evidencia que el presidente de la Diputación castellonense ya debería haber dimitido y, además, como doctrina para casos venideros, porque si bien hoy es el PP el que clama al cielo en defensa de Fabra, en otros tiempos fueron otros; otros que ahora si demandan dimisiones.
Carlos Fabra es, antes que nada, un ciudadano con todos los derechos. Faltaría más. En tanto que ciudadano, ni se merece juicios paralelos, ni que se discuta su presunción de inocencia. Lo que pasa es que Carlos Fabra, porque así lo quiere, sin que nadie le haya obligado a ello, es un importante dirigente político y desempeña distintos cargos públicos destacados. Como político, Carlos Fabra sí puede estar sometido a juicios paralelos y, si alguien pone en duda su comportamiento, como es el caso, es a él a quien le toca disipar esos interrogantes, es cosa suya demostrar que aquello de lo que se le acusa no tiene fundamento. Políticamente la presunción de inocencia no existe.
Llevamos muchos años de "proceso Fabra" pero el principal responsable de ello es él mismo. Fabra está entorpeciendo la resolución de su caso con todas las trabas dilatorias que a sus buenos abogados se les ocurren, y son muchas. Es aceptable que un ciudadano adopte esta táctica de defensa pero no lo es que lo haga un cargo político. El presidente del PP de Castellón, Presidente de la Diputación provincial y concejal de la capital castellonense, Carlos Fabra, desde el primer momento, estaba obligado a mostrar todo su patrimonio y el de sus familiares directos, sus declaraciones de la renta, todos sus intereses, sus cuentas corrientes y dar razón de todos y cada uno de los movimientos que allí constaran. En resumen, colaborar. No lo ha hecho.
Cuando desde instancias políticas o periodísticas se le han pedido explicaciones ha contestado con cajas destempladas y descalificaciones. Mal. Su obligación es responder con todo detalle. No porque pregunte un político o un periodista sino porque, a través de ellos, está contestando a las dudas del ciudadano, de cualquier ciudadano, de todos los ciudadanos; esos a quienes debe sus cargos y a quienes representa. La pregunta que se le debe hacer a Carlos Fabra no es que opinión le merece lo publicado por tal o cual periódico cuando publican, como hace hoy "El País", que entre 1999 y 2004 ingresó seis millones de euros sin justificar. No importa lo que opine al respecto. La pregunta es: ¿Cómo justifica usted los seis millones de euros que ingresó entre 1999 y 2004? Si Carlos Fabra no responde a este interrogante, sea porque no quiere hacerlo o porque no puede, si no resuelve de inmediato la sospecha que implica la pregunta, el presidente del PP de Castellón, presidente de la Diputación provincial y concejal del ayuntamiento de la capital de la Plana debe dimitir. Si no dimite por propia iniciativa, su partido le debe obligar a hacerlo y si nada de esto sucede, ni él ni su partido tienen ningún derecho, ni ninguna razón para decir que se les está persiguiendo, ni que hay un juicio paralelo, ni que no se respeta la presunción de inocencia. Un cargo público que quiera presunción de inocencia, que dimita. Un político está obligado a ser un referente ético para el ciudadano, un sospechoso no puede ser referente ético, luego, un sospechoso no puede ser político. Por eso Fabra debe dimitir.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Cuando una cita textual cambia tres veces: ¿en qué quedamos?

El lunes ETA mató al brigada Luis Conde. En Santoña. Horas después, el hijo del asesinado, de nombre Iván, que también va para militar, estuvo en el lugar de los hechos. Los periodistas se le acercaron y le hicieron algunas preguntas. El muchacho contestó. Lo que no está claro es que contestó. Es imposible saberlo. Cada periódico recoge las palabras de Iván Conde como mejor le cuadran. Las diferencias no son casualidad. Veamos.
“El Mundo”, en portada, publica que Iván dijo: “Pido al gobierno que pare esto”. Dura aseveración que puede hacer pensar al lector que el hijo del asesinado piensa que el gobierno está en disposición de parar los atentados de ETA y, desde esa convicción, le reclama que lo haga. Lo que sucede es que el mismo periódico, ya en el interior, en la página 11, ofrece un titular con otra versión de las palabras de Iván. Lo que ahora se asegura que dijo fue: “A ver si puede parar esto”. Ya es otra cosa. Se introduce el “a ver si puede”. Ya no se sugiere que el chico piensa que el gobierno puede acabar cuando quiera con ETA. Pero todavía hay más. En el texto que sigue el entrecomillado se amplia hasta “Al gobierno lo que le pido es que a ver si puede parar esto, para que dejen de morir personas inocentes por causas que no tienen explicación, por causas que no comprendemos”. Es evidente que el entrecomillado ha cambiado radicalmente. Lo que se dice en portada es una cosa; lo que se publica en páginas interiores, otra. La portada es mucho más impactante, más sensacionalista y, además, deja bastante peor al gobierno de Zapatero. No es casualidad. Es “El Mundo”. Amarillismo y todas las sospechas que se puedan arrojar contra el Gobierno, buenas son.
Seguimos. “ABC” recoge las palabras del joven en un recuadro en páginas interiores. Encabezándolo, en un destacado en negrita, asegura que el hijo de la víctima de ETA pidió al Gobierno “que pare esto”. Las supuestas palabras textuales son “que pare esto”. También sugieren la creencia del chaval en la falta de voluntad gubernamental. Pero en el texto que viene a continuación ofrecen un cambio en el entrecomillado. Dicen que Iván Conde mostró su esperanza de que el Ejecutivo pueda “parar esto para que dejen de morir personas inocentes por causas que no comprendemos”. Vamos, más o menos como “El Mundo”, con la diferencia que “ABC” no lleva esta ceremonia de la confusión a su portada. Algo es algo. Lo que es indudable es que ambos periódicos no tienen empacho en manipular las palabras del hijo del asesinado a su conveniencia hasta convertir en tarea imposible saber exactamente que dijo el chaval. Periodísticamente esto es inaceptable. Cómo es posible que el entrevistado dija tantas cosas diferentes. Resumiría que es propio de malos profesionales, si no fuera porque no estamos ante una equivocación. Es simplemente manipulación informativa. Las dos publicaciones llevan el sentido de lo dicho hasta las inmediaciones de la posible responsabilidad del gobierno, al menos en opinión de quien habla, el hijo del muerto. Lo hacen de forma consciente. No se trata, pues, de un error sino de la voluntad de acercar la sombra de la duda al terreno del Gobierno de Zapatero. En su línea.
Como contrapunto recojo lo publicado por “El País”. Este periódico ofrece las palabras de Iván Conde dentro de un texto mucho más largo, sin presencia en titulares. El entrecomillado de “El País”, que hace pensar que el muchacho está respondiendo a una pregunta del tenor de “¿Qué le pides al Gobierno?”, o al go así, es concretamente: “Al Gobierno…que a ver si puede parar esto, para que dejen de morir personas inocentes por causas que no comprendemos”.
Distintas formas de ver las cosas. Ninguna casualidad.

martes, 23 de septiembre de 2008

Camps o la estrategia de la crispación desde el poder

No le negaré al President de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, su derecho, quizás su obligación, a aprovechar el debate de hoy sobre Política General en las Corts para enumerar todo lo hecho por su gobierno. Aluvión de cifras. Incluidas las que dan cuenta del número de árboles que están creciendo en la Comunidad Valenciana. También puede el President, y seguramente debe, apuntar intenciones, formular deseos, adquirir compromisos y hacer promesas. Cabe hasta algún ataque a la oposición o la denuncia de falta de colaboración de alguna otra administración. Cabe. Cumplió Camps: enumeró, prometió y criticó. Con mucha retórica y poca concreción, con solemnidad y abundantes afirmaciones genéricas, pero cumplió. Enumeró, prometió y criticó.
Siendo así, del debate de Política General cabría esperar alguna cosa más. Por ejemplo que hiciera honor a su nombre y fuera un debate. Camps lo evitó. No respondió a ninguna de las cuestiones concretas que se le plantearon. Entrar en un debate hubiera sido salirse de su guión, y Camps eso no lo hace. Lleva cinco años sin hacerlo, y su partido, bastantes más. Y les va bien. La estrategia está perfectamente planificada y a ella se ajustan como un guante.
Mecido por las 57 interrupciones que sus compañeros de partido le regalaron a golpe de aplauso, uno cada dos minutos, Camps se empleó a fondo en lo que es el diseño estratégico de su política: todo es culpa del gobierno central, todo lo malo es responsabilidad de Zapatero, van a por nosotros. La estrategia de la crispación. La misma que adoptó Aznar a partir de 1989, la misma de Rajoy después de perder las elecciones de 2004. Una manera de hacer política que está muy estudiada como forma de ejercer la oposición pero que resulta inédita usada desde el poder. La crispación busca réditos electorales, y no otra cosa. Por eso es una estrategia que se puede encontrar en grupos opositores, por eso es impropia de quien gobierna. La crispación nada tiene que ver con la gestión política, con el beneficio de los ciudadanos, con la mejora de sus servicios. Se trata de ganar las siguientes elecciones; en este caso, se trata de seguir ganándolas. Crispar para mantener al electorado que ya se tiene y para aburrir y desactivar a la parte más moderada o dudosa de los posibles votantes del rival. El enemigo de Camps no está en las Corts. En las Corts están, como máximo, los cómplices. El enemigo es Zapatero. Todas las descalificaciones van contra él. Hoy, desde la tribuna de las Corts, le ha llamado, entre otras cosas, desleal, fracasado, ignorante de las necesidades de los valencianos, farsante, responsable directo de la crisis y culpable de la subida de las hipotecas. Los temas se mantienen invariables: no se reconoce a un millón de valencianos, se nos niega el agua, aumenta la delincuencia, se nos discrimina, se nos quiere parar. Todo presentado como un legítimo ejercicio de defensa ante las agresiones del gobierno socialista. O sea, quien crispa es Zapatero. De manual.

jueves, 18 de septiembre de 2008

De tristeza en tristeza... Jorge Alarte

Ejercer de profeta del desastre es peligroso porque, en afortunada frase de Zapatero, se puede acabar como “un desastre de profeta”. Por eso, y porque ya están casi todos los malos augurios planteados, no tenía demasiado interés en escribir, directamente, sobre el próximo congreso del PSPV-PSOE. La peripecia de Jorge Alarte me ha hecho cambiar de opinión. Quien al principio del proceso tenía todos los números para ser el próximo secretario general del partido ha jugado tan mal sus cartas que, a poco más de una semana de la decisión definitiva, está más fuera que dentro.
Alarte se estrenó envuelto en la bandera del cambio, cambio de una vez, y diciendo que los Lerma, Ciscar y compañía eran pasado. Su discurso se dirigía directamente a esos militantes del partido que están hartos de cambalaches personalistas y de derrotas electorales. Sus palabras conectaban con la mayoría de ciudadanos que llevan años asistiendo atónicos al viaje al desastre de un partido autista. Hablaba de cambio y parecía representarlo. A partir de ese instante no ha dado ni un solo paso en la dirección que apuntaba y, a día de hoy, el proceso se le ha ido de las manos.
Debía marcar y hacer visible algo parecido al libro de ruta de un proyecto, pero nada.
Debía ir más allá de diagnosticar, una vez más, los males que nos azotan, pero nada.
Debía oponerse a la ponencia del congreso que propone un cambio de nombre del partido. Nada.
Debía negarse al recurso fácil de decir que yendo al centro se ganarán las elecciones, y nada.
Debía enfrentarse a la gestora que propugnaba la ponencia. Todavía menos. El temor a contrariar a la emergente Leire Pajín, Leire Pajín, pudo más.
Debía consolidar su ventaja de salida marcando su posición sobre los distintos debates que se han ido planteando, y tampoco.
Debía mostrar un mínimo de carácter, personalidad y determinación, inspirar confianza, y no.
Debía negarse a aparecer como el señalado desde la metrópoli, desde Madrid, y, muy al contrario, ha dado la imagen de esperar que desde allá le sacaran de los charcos en los que se ha visto sumido.
Después de la espantada de Alejandro Soler, el candidato inicial de Ferraz, no debía aceptar ser plato de segunda mesa, y nada.
Debía huir de que entre sus promotores acabara estando Ciprià Ciscar. Nada.
“De tristeza en tristeza/ caí por los peldaños/ de la vida…” decía Goytisolo en su hermoso poema “No sirves para nada”. De Alarte se puede afirmar que “de silencio en silencio ha caído por los peldaños del congreso”.
Sus rivales se han juntado alrededor de las banderas que él ha abandonado. Las renuncias de Alarte han servido para que los candidatos peor situados tuvieran a que asirse y acabaran armando la imagen de un proyecto coincidente. Su pacto se visualiza como un acuerdo sobre puntos concretos, no como un cambalache de familias, y todo gracias al conservadurismo, el tacticismo y los miedos de Alarte.
Y ahí están: Puig-Romeu-Noguera. Un Presidente, un Secretario General y una Portavoz Parlamentaria, por ejemplo.
Felicidades, Jorge.

martes, 16 de septiembre de 2008

Gallardón habla de coherencia, vamos a ver.

Alberto Ruiz-Gallardón fue entrevistado ayer en “Tengo una pregunta para usted”. Se reivindicó de centro pero se mostró muy de derechas, se mantuvo educado pero resultaba empalagoso. Con la solemnidad que acostumbra soltó que “los ciudadanos no les deberían dar su voto a los políticos que no son coherentes”. A la luz de esta afirmación basta con repasar un poco el contenido de la propia entrevista para llegar a la conclusión de que Gallardón se rechaza a si mismo.

1. Después de ocho años de PP genuflexo ante Bush, de justificar una guerra con miles y miles de muertos y de criticar al PSOE por haber osado contrariar al presidente americano, ayer Gallardón aseguró que “gane quien gane las elecciones en Estados Unidos el cambio ya se ha producido y eso es bueno”. Pues si el cambio es bueno, Bush es malo. A buenas horas.
2. Ante una joven que dijo no confiar en la política y los políticos, espetó que él, de joven, también tuvo dudas. De ser cierto, las debió resolver pronto ya que con 24 años ya era concejal del Ayuntamiento de Madrid y con 27, Secretario General de Alianza Popular.
3. Repitió varias veces que su confianza en las potencialidades de España es enorme y se mostró convencido que el futuro del país está en el conocimiento. Dijo “España no debe ir al crecimiento fácil y rápido sino apostar por el conocimiento”. No está mal en boca de un dirigente de un partido, el PP, que allá donde gobierna, o ha gobernado, lo ha fiado todo a la especulación, la construcción y el ladrillo, mientras ha recortado el gasto en educación.
4. Mantuvo que no se debe tocar la legislación sobre el aborto y apeló a “más educación sexual” para evitar los embarazos no deseados pero, a la vez, calificó la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía, donde, entre otras cosas, se da esa información sexual, de “adoctrinamiento ideológico”.
5. Defendió la decisión de la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, de cargarse a todo el equipo del doctor Luis Montes en el Hospital Severo Ocho ya que “hubo irregularidades administrativas y la comunidad de Madrid actuó en consecuencia”. A continuación añadió que los médicos son grandes profesionales y que desde la administración no se debe juzgar lo que estos profesionales hacen en base a sus conocimientos.
6. También aseguró que un político tiene que ser rebelde. Tan rebelde como él que con 20 años recién cumplidos ya militaba en el partido heredero del franquismo, AP, presidido por un ex ministro de la dictadura, Manuel Fraga Iribarne, y que lo primero que hizo cuando llegó como concejal al Ayuntamiento de Madrid fue, precisamente, criticar la publicación de un cómic sobre Franco.

Así que si se ha de votar a los coherentes y en poco más de una hora Gallardón suelta todas estas incoherencias…

viernes, 12 de septiembre de 2008

El gran ministerio de Chacón fue Vivienda, no Defensa

“Madre y ministra”. Así se titulaba el reportaje/entrevista que hace unos días publicó “El País Semanal” sobre la titular de Defensa Carme Chacón. Lo leí, sin mucho entusiasmo pero lo leí. Hubo un párrafo que me llamó la atención, porque demuestra que, aunque vivan de proclamar lo contrario, muchos periodistas y gobernantes están en una vieja realidad oficial y solemne pero muy alejada de los problemas cotidianos de la gente. El párrafo en cuestión, sobre la llegada de Chacón a la cartera de Defensa, es este: “Se propuso meterse el ministerio en la cabeza. “Come informes, devora papel”, dicen sus próximos. No era la primera vez. Ya lo hizo con Vivienda, cuando Zapatero la envió en 2007 a reflotar un departamento engullido por la burbuja inmobiliaria. Pero esta misión además de secreta, era imponente”.
Nueve meses estuvo Chacón en Vivienda. No lo reflotó. Nueve meses, y escasos. Esa era la gran apuesta. Pasó por Vivienda como quien simplemente, ahora lo sabemos, se prepara para el ministerio de verdad, el de Defensa. Si Zapatero y ella misma hubieran hecho la primera apuesta en serio, Chacón seguiría en Vivienda. El periodista que firma el trabajo en “El País” demuestra que también cree en el valor superior del ministerio de Defensa. Por eso dice que esta segunda misión es la “imponente”.
Pues bien, yo pienso lo contrario, que la misión imponente era, es, resolver el problema de la vivienda en España y no gobernar el gran ministerio de Defensa. Los galones imponen, los desfiles impresionan mucho, de acuerdo, pero estos pequeños ejércitos nacionales, en pleno siglo XXI, valen mucho menos de lo que pesan.
En el último trabajo del CIS, del pasado mes de julio, los ciudadanos colocan la vivienda como el tercer problema que más les afecta. De la milicia, ni palabra. En nuestro imaginario está todavía el respeto reverencial a ese ejército base de un régimen, el de Franco, impuesto durante 40 años; ese ejército que intentó modernizar Manuel Azaña, cuando al departamento se le llamaba de la Guerra, y con el que no pudo. Así lo vemos pero es un espejismo. Pensemos en un joven de 25 años, cualquiera. Defensa, a no ser que sea militar, ni le afecta, ni le roza, ni le importa; no forma parte de sus días. En cambio, la gestión del ministerio de Vivienda le puede salvar la vida o arruinársela. Gobernantes y periodistas siguen con la mirada en el pasado, viendo el ejército español como un gran agente político cuando es, sobre todo, una gran empresa que necesita una reconversión mucho más que cualquier otra.

Gobernar como un perro

Cada cual entiende las cosas como las entiende, es evidente. Menuda la que se ha montado en Estados Unidos con la frase de Sarah Palin comprándose con un pitt-bull con los labios pintados. Yo, en su momento y llevado por mi simpleza, no pasé de pensar que no me gustaría estar gobernado por un pitt bull. Que le vamos a hacer, esos perros tan fieros me dan más miedo que otra cosa.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Pagar para que te mientan no es razonable

Como trabajador que soy de Canal 9, me llegó hace unos días una hoja informativa de los sindicatos de la casa quejándose de que la dirección de la empresa, pese a haberlo acordado, se niega a subirnos el sueldo de 2008. Es un tema muy concreto, sí, pero pone de manifiesto que hay planteamientos laborales y sociales, en definitiva, políticos, que deberían ser revisados. En mi opinión, por eso escribo esta nota, lo mejor sería que no nos subieran el sueldo. No lo merecemos.
Canal 9 es un desastre. La programación no cumple los principios de servicio público recogidos por ley; los informativos desinforman y son una simple herramienta de propaganda del Partido Popular y, sobre todo, de su presidente en Valencia, Francisco Camps; la gestión económica, impropia de una empresa pública, es ruinosa, estamos perdiendo del orden de 180 millones de euros al año; la promoción del valenciano no existe; la supuesta potenciación de la industria audiovisual, tampoco; la audiencia se va reduciendo a pasos agigantados; la política de personal responde más al amiguismo y a las fidelidades partidistas que a cualquier otra cosa. En fin, un desastre.
Con este panorama me parece que reclamarle a la sociedad que nos pague un poco más, a nosotros que laboralmente estamos a años luz de la media de los trabajadores de los demás medios de comunicación, me parece una falta de responsabilidad cercana a la falta de vergüenza. No creo que sea suficiente razón apelar a aquello de que los vasallos no son responsables de los desmanes del señor. Es evidente que la culpa mayor es de nuestros directivos y, al final, del gobierno de Camps. Claro que sí, pero no nos podemos quedar en eso.
Recuerdo que hace cinco años, cuando nos sobrevolaba el fantasma de una posible privatización de Canal 9, la plantilla, viendo peligrar nuestro puesto de trabajo, nos echamos a la calle para hacer ver a los ciudadanos la necesidad social de mantener el carácter público de la empresa. El lema con el que le pedíamos a la sociedad que se pusiera de nuestro lado era por una televisión “pública, en valenciano y de calidad”. Se consiguió la primera parte, Canal 9 se mantuvo como pública, pero de lo demás nada de nada. Pasada la amenaza, a nosotros, a los trabajadores, se nos olvidó lo de “en valenciano y de calidad”. Nuestro compromiso era luchar por los tres objetivos, se suponía que no pedíamos sólo para nosotros; si únicamente nos importaba mantener la faena lo deberíamos haber dicho así.
Canal 9 es una rémora para la sociedad, no le aportamos nada, no cumplimos con nuestro carácter de servicio público, a los ciudadanos no les devolvemos lo que les costamos. Por eso pienso que no se nos debe subir el sueldo. Al menos hasta que seamos útiles, hasta que seamos capaces de hacer una televisión en valenciano y de calidad. Lo que pedíamos. Estoy seguro que con un par de años sin mejoras en el jornal no hay directivo, ni gobierno que aguante la presión que seríamos capaces de hacer. Se nos tiene que tocar el bolsillo. Si nuestro cobro dependiera de la calidad del producto otro gallo nos cantaría. No somos capaces de entender, empezando por los sindicatos, que si no cumplimos con nuestro papel de servicio público no sólo vamos a perder posibles aumentos de sueldo sino que nos vamos a quedar sin puesto de trabajo porque, al final, lo que no sirve para nada acaba desapareciendo. Ese es el verdadero peligro laboral en el que vive Canal 9 y sus trabajadores. Cobrar más por seguir contaminando nuestra democracia no es razonable.

martes, 9 de septiembre de 2008

Un Consejo Judicial peor para una democracia en retirada

Los partidos políticos nunca decepcionan, a condición de que no te esperes nada de ellos. Si te temes lo peor, ellos cumplen. Son coherentes, constantes en las trampas, los abusos y el desprecio a los ciudadanos. Viven hacia dentro pero con el dinero de fuera. Proclaman negro y hacen blanco. Se han convertido en un fin en si mismos y todavía quieren que les riamos las gracias. En su despotismo, ni les importa el pueblo, ni les importa la ley. Ayer lo vimos con el acuerdo al que han llegado sobre el Consejo General del Poder Judicial. Después de tanto ridículo, de tanta vergüenza, de tanto partidismo y cuotas, tras dos años con un Consejo interino porque unos y otros se arañaban por controlarlo, después de todo, con la justicia peor cada día, van y repiten táctica: el PSOE propone a lo suyos; el PP, a los suyos y los minoritarios nacionalistas, por si quedaba alguna esperanza, colocan a dos exdiputados. Cojonudo, con perdón. Resulta que más de la mitad de los miembros de la carrera judicial no está en ninguna asociación profesional pero no importa, no deben ser gente de fiar ya que ninguno de esos independientes estará en el Consejo. Todos los elegidos militan; los seis del PSOE, cinco en “Jueces para la Democracia” y, uno, en la “Francisco de Vitoria”, y los del PP, todos en la conservadora “Asociación Profesional de la Magistratura”. El Partido Popular coloca incluso viejos militantes propios, como el valenciano Fernando de Rosa, que ya estaba en el partido cuando era Alianza Popular. En fin, que a los tibios, ni agua. Ni prestigio, ni independencia. Tantos lamentos, tantas vestiduras rasgadas con el Consejo saliente y seguimos igual, o peor. Para este viaje, podían haber seguido los que estaban.
El gobierno de Felipe González en 1985 dejó la elección de los miembros del Consejo en manos del Parlamento contra los que opinaban que debía ser la propia carrera judicial quien los eligiera. Se optó por la lógica de que nada tiene mayor legitimidad democrática que la sede de la soberanía popular y por mayorías cualificadas que obligaran al consenso. Bien, de acuerdo. Luego el Tribunal Constitucional avaló el sistema advirtiendo que se debía huir de la politización del órgano. Ni caso. La legitimidad parlamentaria sólo esconde criterios encaminados a que los escogidos sean correa de transmisión partidista y las mayorías cualificadas se han troceado en cuotas que cada formación política gestiona como quiere, sin aceptar vetos y sin dar ninguna explicación.
Luego nuestros padres de la patria fingirán sospresa cuando las decisiones del Consejo se interpreten según el origen de cada uno de los miembros. Son capaces, incluso, de poner cada de inocentes cuando resulte que cada cual vota lo que se espera, que nadie traiciona a quien en su día lo eligió.
También los nuevos componentes del órgano de gobierno judicial se quejaran de que se amplifique su filiación y de que se lean sus decisiones según quien les nombró. No se de qué se extrañan, es como si no miraran a su alrededor y no vieran donde se meten. Si son de verdad independientes, lo mejor que podrían hacer es decir “no, gracias” cuando alguien les propongan formar parte de un Consejo General del Poder Judicial tan penoso.

viernes, 5 de septiembre de 2008

El amarillismo de "El Mundo"

Vuelvo de vacaciones con un par de notas sobre cosas que me han llamado la atención estos días. Empiezo por la trágica noticia del verano, el accidente de Barajas. Recuerdo el titular del día siguiente en “El Mundo”: “La crisis de Spanair desemboca en una tragedia con 153 muertos”. Menuda noticia: 153 muertos por culpa de la crisis de una compañía de aviación. Busco los datos que confirmen la relación causa-efecto entre los problemas económicos y el accidente y no los encuentro por ningún sitio. Es más, leo el editorial y me confirman que la portada es un montaje, que no se ajusta a la realidad, que se trata de un ejercicio de manipulación informativa, de mentira. Ajeno a lo dicho por ellos mismos, así titula “El Mundo” su editorial: “¿Fatídica coincidencia o negligencia criminal?” El primer pensamiento es: ¿Si no saben la respuesta, cómo es que en portada utilizan tanta contundencia? El editorial va lleno de afirmaciones en potencial, de supuestas relaciones no demostradas y de insinuaciones del estilo de “…aunque no se ha precisado cual es el fallo que apreció el comandante, la inspección técnica de Spanair pudo cometer un error fatal”, “…la segunda circunstancia que añade interrogantes muy serios a la catástrofe es la grave crisis de viabilidad por la que atraviesa la empresa”, “… Fomento [deberá aclarar] si las dificultades estaban provocando un relajamiento en el mantenimiento técnico de los aviones y, también, si la conflictividad laboral de al empresa tuvo algo que ver en las circunstancias que rodearon el accidente”.
Un pésimo estilo periodístico el utilizado por “El Mundo”. Infraperiodismo indudable, pese a que un columnista de ese periódico, Arcadi Espada, caracterizado a veces por ejercer de fiscal estricto del mal periodismo, lo resuelva diciendo que se trató, de “un titular desdichado” y acompañe la afirmación con una falsa acusación general: “algunos de los que con su habitual hipocresía se desgarran al paso del titular deberían explicar por qué la inmensa mayoría de periódicos incluían en las páginas del accidente pormenorizadas informaciones sobre la crisis de Spanair”. No es cierto. Ese jueves nadie hizo lo que “El Mundo”, ligar crisis y accidente. Hubo quien, porque es indiscutible que era información complementaria de carácter relevante, ofreció datos sobre el estado financiero de Spanair, pero eso es otra cosa, nada que ver con lo del diario que dirige Pedro J. Ramírez. En concreto, “El País”, en la página 19, ocho páginas por detrás de donde informaba de la tragedia, publicaba un artículo titulado. “La puntilla a una compañía en apuros” y para nada vinculaba esos apuros a lo sucedido en Barajas. Y lo mismo se puede decir de “Público” con su información “Otro mazazo para la grave crisis financiera de Spanair”.
La razón que llevó a “El Mundo” a titular como tituló puede ser objeto de múltiples análisis. Yo pienso que incluyo “la crisis”, la situación financiera de Spanair, para apuntar hacia el gobierno de Zapatero, para llevar el accidente a su terreno de responsabilidades directas o indirectas o, como mínimo, para que el lector pudiera llegar a esa conclusión. En estos casos yo no creo en las casualidades, ni pienso que el titular de marras fuera, como decía Espada, “ingenuo”.
En su artículo Espada daba una clave para definir el tipo de periodismo que hace el periódico en el que trabaja. Decía que el titular caía en un práctica indeseable para el periodismo: “expresar en voz alta (en titulares) la reacción emocional, epidérmica, casi supersticiosa del público”. Ciertamente, eso hizo “El Mundo” y eso tiene nombre. El 18 de agosto lo había descrito bien Javier Ortiz en un artículo en “Público”. Escribía Ortiz, tres días antes del accidente: “Lo que distingue al periodismo amarillo es su afán constante por conectar con las pulsiones más primitivas, viscerales e irreflexivas de la opinión pública”. Pues eso, lo de “El Mundo” es periodismo amarillo. Para que luego digan que en España de eso no hay.