viernes, 1 de agosto de 2008

Los Juegos de la vergüenza

Hoy, que me voy de vacaciones y que supongo que parte de este agosto lo pasaré viendo las retrasmisiones de los Juegos de Pekín, me pregunto cómo somos tan cínicos. Es posible que la comunidad internacional tenga poco que hacer ante estados que, como China, encarcelan opositores, persiguen a los críticos, explotan laboralmente a sus ciudadanos, prohiben o censuran cualquier tipo de información, torturan, matan, desaparecen.Puede que sean muy pocas las medidas que los países civilizados pueden poner en práctica para procurar que, por ejemplo, China haga algo tan simple como respetar los derechos humanos. Lo que si me parece es que no se les debería dar categoría de países normales. Se les debería colocar en la misma lista negra que estaba, recuerden, Sudáfrica en los tiempos del apartheid. La lista de indeseables y apestados. Por supuesto jamás deberían poder organizar unos Juegos Olímpicos como los que empiezan en Pekín la semana que viene. Con esto no se favorece el cambio, como no se favoreció en Berlín en 1936. Los regímenes totalitarios usan este tipo de celebraciones como plataforma de publicidad, como vía para homologarse internacionalmente. Lo demás son excusas para congraciarse con los dictadores, siempre y cuado sean ricos. Para apuntalar dictaduras, mejor que no hubiera Juegos. En Pekín por un costado habrá fiesta mientras, escondidos, tras el decorado, los que sólo piden un mínimo de libertad seguirán perseguidos y con la vida en peligro. Ellos y sus familias.