martes, 15 de julio de 2008

Prefiero salvar un niño que tres idiomas

Vivimos en un mundo curioso en el que nos pasamos horas, días, años discutiendo por el riesgo que supone que algunos, los llamados nacionalistas, o sea, catalanes y vascos principalmente, quieran defender en España idiomas distintos al castellano. Aseguran, los sabuesos del peligro, que, en el fondo, lo que quieren aquellos es pintar nuevas rayas en el mapa, que buscan la independencia, vamos. A mí, la verdad, con las que hay de rayas, ya me sobra. Yo las borraría todas. Sobretodo cuando esas rayas funcionan, aunque simulemos no reparar en ello, como barreras invisibles contra las que mueren aplastadas miles de personas que se acercan con la esperanza, el simple deseo, de mejorar su vida.
No queremos inmigrantes. No los queremos porque no son como nosotros, porque nos trastocan el balneario que tenemos montado. No los queremos porque son pobres.
Dicen los sensatos: “sería irresponsable abrir las fronteras”. Irresponsable. Irresponsable, ¿para quién? Que una madre vea como arrojan al mar a su hijo de dos años muerto, deshidratado en una patera, ¿eso cómo se puede definir? Ver como esto pasa hoy, mañana y pasado y permitir que siga pasando, ¿esto es responsable? Cada cinco segundos muere un niño en África. Tan niño como mi hija, una preciosa princesa de chocolate idéntica a ésos que echan por la borda camino de las costas españolas. El pasado fin de semana, que sepamos, medio centenar de personas murieron a bordo de pateras que pretendían desembarcar en nuestra fortaleza. Así llevamos años, lustros. Los que nos hablan de responsabilidad son los mismos dirigentes que no han avanzado ni un milímetro en la solución de lo que está pasando, en la solución de este holocausto silencioso que golpea nuestra puerta mientras, adormilados, estamos haciendo la siesta al fresco. ¿Cuándo será el momento responsable de evitar más muertes?
En esta España de mierda que transitamos vivimos distraídos con estupideces como ese manifiesto en defensa de la lengua castellana. Preocupa más salvar un idioma, al que yo no he oído pedir socorro, por cierto, que a toda esta pobre gente que no sabe que, aunque no se vean, en tierra hay unas rayas que ellos no pueden traspasar, simples rayas fruto de acuerdos administrativos que les condenan a muerte, unas putas rayas que valen más que su vida. Por mi, mientras siga muriendo un niño cada cinco segundos en África, al castellano ya le pueden ir dando; y al catalán, y al vasco, y al chino. Los que mueren son P-E-R-S-O-N-A-S, gente, como nuestra gente; niños, como los nuestros; amigos, como aquellos que invitamos a casa; hermanos, como nuestros hermanos; padres, como nuestros padres; vecinos y compañeros, bebes y abuelos. M-U-E-R-E-N, mueren. Y nosotros, mirando.

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