viernes, 18 de julio de 2008

Que mi madre no sepa que soy periodista

El Tribunal Supremo se acaba de pronunciar sobre los recursos a las condenas por el atentado de 11-M en Madrid. No voy a entrar en lo dicho por el TS, sólo recoger las portadas de los principales periódicos:
El País: “El Supremo respalda todos los datos clave de la sentencia del 11-M”.
La Vanguardia: “El TS también absuelve al Egipcio por el 11-M. La sentencia confirma la raíz islamista del atentado”.
Público: “El Supremo da la puntilla a la conspiración”.
ABC: “El Supremo ratifica el grueso de la sentencia del 11-M y la autoría islamista del atentado”.
El Mundo: “11-M. Golpe de gracia del Supremo a aspectos clave de la versión oficial”.
Así está el periodismo. Antes se hace el ridículo que se abandona la trinchera.
Y más sobre la profesión. Fernando Martín, presidente de Martinsa-Fadesa, la inmobiliaria que acaba de ir a la mayor suspensión de pagos de su sector en toda la historia de España, es hoy el ejemplo de empresario en apuros. Todos los medios hablan de él como un gestor temerario, como un pésimo hombre de negocios. Se pasa lista de todo lo que debe, de todo lo que ha dejado por hacer, de todas las familias que se quedan sin casa, de todos los puestos de trabajo que ha dejado en la calle. Pero esto no siempre ha sido así. Recojo únicamente alguna de las cosas que se escribían sobre Martín cuando, hace menos de dos años, presidía el Real Madrid. El Mundo aseguraba que se trataba del “promotor que mayor número de viviendas entrega al año… Con un patrimonio que asciende a unos 2000 millones de euros… Fernando Martín es un coco de los negocios, sobradamente capacitado para mantener el patrimonio del club saneado”. Por su parte, El País decía. “los que les conocen aseguran que es astuto, tenaz, ambicioso, constante y trabajador, a la vez que cauteloso y muy cuidadoso de las relaciones públicas… Un empresario hecho a si mismo… Martinsa ha tenido un crecimiento espectacular convirtiéndose en la promotora inmobiliaria de referencia… Ha hecho su fortuna gracias a su intuición para comprar en zonas estratégicas para futuras promociones y a la gestión de suelo comprándolo en bruto y convirtiéndolo rápidamente en apto para la construcción… Hombre con gran capacidad para tener buenas relaciones con personas de todas las ideologías”.
No voy a ir más allá de estos dos periódicos. Creo que, como muestra de cómo funciona este negocio, sirve. Siempre estamos con los poderosos, con el que triunfa, ya haremos leña de él cuando caiga. Si en su caída arrastra a miles de pobre gente, eso no es nuestro problema, aunque hayamos sido sus colaboradores en la escalada. Somos así de obedientes, así de pelotas, así serviles, así de irresponsables.
No es casual que haya acabado en clásico aquello de: "no le digas a mi madre que soy periodista, ella piensa que soy pianista en un burdel". Pues eso.

1 comentario:

Fotógrafo dijo...

En el periodismo que llevo vivido: "hoy toca ensalzar a Fulano", y otros días sabes que toca meterse con Mengano.

Y yo me pregunto: "¿y mi opinión?". Yo he estado allí, he visto lo que ha pasado, he hablado con el tal Mengano y he escuchado de primera mano sus argumentos, sin el filtro de periodistas que hacen bien su trabajo (: seguir la linea editorial de su medio), y con esa información he hecho mi trabajo del día: lo que yo creo.
Si hoy lo hace bien: de lo bueno lo mejor, cuando mañana lo haga mal: de lo malo lo peor, así es el periodismo, ¿no?

En una sola foto es lo que hay: un titular que resume la situación actual de Mengano, me falta espacio, quizá en un texto se pueda recordar lo bien que lo hizo ahora que lo ha hecho mal, también es otra forma de hacer leña del árbol caído, la cuestión es que te lean y, como el cine, ser un filtro de opinión para los que lo hacen.

Dile a mi madre que soy periodista, ¡¡y que se lo cuente a sus amigas!!