viernes, 11 de julio de 2008

Por la pendiente de la desfachatez hasta el "frikismo"

No quiero pasar por irrespetuoso pero tengo para mí que no hay mejor manera de definir a Francisco Camps, a su gobierno y, en general, al PP valenciano, que decir de ellos que son “frikis”, “frikis” de la política. “Frikis” a los que la gente se ha acostumbrado como ha hecho suyos a los personajes de la telebasura, a fuerza de no tener otra oferta. Es mucho tiempo atendiendo a lo que hacen, viendo como se erigen en adalides contra el transfugismo y, luego, se sirven de él; como son capaces de blandir la ley contra cuatro sindicalistas que sacan una pancarta en les Corts para acabar de insumisos en la Ley de Dependencia o en Educación para la Ciudadanía; como ponen a las víctimas en el centro de todos sus discursos pero no son capaces ni de recibir a los familiares de los 43 muertos, 43, del accidente del Metro; como hablan de ecologismo a golpe de cemento sobre la huerta; como, hoy, la Copa América vale más que unos Juegos Olímpicos y, mañana, dicen que nos quedamos sin ella y que no pasa nada; como se autodenominan azote de corruptos pero llenan con ellos sus listas electorales; como son capaces de movilizar un par de docenas de directores generales, con sus coches oficiales, sus chóferes, sus jefes de prensa, sus asesores, todo para evitar que un par de ciudadanos puedan sentarse en la tribuna de público de las Corts; como se proclaman los que más en libertad de expresión y pluralismo pero no ponen publicidad en aquellos periódicos que les critican y colocan a sus jefe de propaganda al frente de la televisión pública; como hablan de investigación y desarrollo mientras ahogan económicamente a las universidades; como se les llena la boca defendiendo un idioma valenciano diferente de cualquier otro, eso sí, hablando ellos en perfecto castellano; como se dicen garantía de la cultura valenciana pero están enfrentados con todos los artistas y les da igual cargarse un barrio como el Cabanyal, incluso con los vecinos dentro; como promueven la demolición del Teatro de Sagunto y cuando les dicen que sí, que pueden hacerlo, todo es buscar excusas; como de un día para otro alzan de la nada un circuito urbano fórmula uno mientras tienen desde hace años uno de estable a 30 kilómetros en situación de quiebra económica; como piden agua mientras niegan permisos para construir desaladoras; como utilizan a los agricultores como excusa de sus demandas aunque éstos acaben vendiendo el agua para embotellar; como hablan de austeridad mientras rompen todos los límites de endeudamiento; como hablan de rigor mientras hinchan la administración de cuñados, primas y vecinos; como hablan de tolerancia mientras purgan la administración de rojos, sospechosos y neutrales; como un día se inventan que el AVE ya es un hecho y como, cuatro años después y con las obras a la vista de todos, aseguran que el AVE no avanza.
Lo dicho, no hay mejor manera de definirles que decir que son unos frikis. No es falta de vergüenza, ni cinismo, eso es otra cosa. Con sus veleros, sus cardenales, sus falleras y, ahora, con su bólidos se han convertido en puro-friki y la gente ya ha interiorizado tanta extravagancia. Según el manual los frikis son gente con una obsesión enfermiza, que sólo se relacionan entre ellos, que visten todos igual y que se pirran por salir en los medios. Pues bien, comparemos. La obsesión de nuestros gobernantes tiene nombre y apellidos: Zapatero; todos los males comienzan y acaban en Zapatero. Sobre lo de las relaciones en círculo reducido sólo hay que repasar la agenda de Camps que únicamente va a los actos que organiza o se reúne con gente de su cuerda: con patronales, cámaras de comercio, amas de casa afines, consumidores afines, vecinos afines, inmigrantes afines y con Ramón Luis Valcárcel, por supuesto. Sobre vestimenta, a la vista está, van todos a una, trajes caros para los días de labor y pantalones chinos con cinturón desenfadado y camisa, blanca mayormente, por dentro del pantalón, y, eso si, siempre perfectamente remangada. De su gusto por salir en los medios sólo hay que ver como copan los informativos de Canal 9 y como les da igual salir en carteles ya sea con chupete, abrazando a Obelix o sacando la lengua. Frikis. Nos ha tocado. Y han venido para quedarse.

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