miércoles, 18 de junio de 2008

No dejéis que los periodistas se acerquen a mí

La democracia está llena de paradojas. Repleta de fuerzas enfrentadas que, supuestamente, se neutralizan en beneficio del conjunto de la sociedad. Esta es la teoría. La práctica es otra. Valga como ejemplo el comportamiento de los partidos políticos y de los periodistas. Los unos y los otros, desde distinta posición, deben pretender el máximo de información para el ciudadano. Los partidos deben tener las paredes de cristal para que la sociedad sepa el máximo posible sobre ellos; por eso son, según la Constitución, el vehículo básico de participación política, por eso se les financia con dinero público, por eso reclaman periódicamente el voto de los ciudadanos. Para garantizar ese conocimiento sobre los partidos están, además, los medios de comunicación, los periodistas, que han de compensar y aclarar las zonas de sombra que puedan quedar. Pues no.
El partido con un funcionamiento interno más democrático de España, exponente excepcional del asamblearismo, caracterizado por el hecho de que cada cualquier militante de base le puede dar la vuelta a lo previsto por la dirección, Esquerra Republicana de Catalunya dificultó tanto como pudo la tarea de los periodistas en su reciente congreso del pasado fin de semana. Los periodistas estaban a 500 metros de donde se desarrollaba el congreso, medio kilómetro había entre la sala de prensa y el auditorio donde se debatía. Guardias de seguridad blindaban la puerta detrás de la cual discutían los de ERC. Los periodistas tenían dos alternativas: quedarse en la sala habilitada para ellos y, por tanto, no enterarse de nada o hacer guardia plantados ante la puerta de la sala del congreso esperando que alguien saliera a fumar o tuviera otro tipo de urgencia que permitiera preguntarle alguna cosa. Se dio el caso de que algún periodista que necesitaba perentoriamente pasar al lavabo lo tuvo que hacer acompañado por guardias de seguridad para garantizar que no caería en la tentación de pegar su oreja a alguna pared o, arrebatado por un desvergonzado deseo de saber, pudiera llegar a contactar con algún congresista.
Triste panorama el de un partido tan preocupado por tapar y silenciar, tan entregado a no facilitar información. Y pobre papel el de los periodistas que, en la mayoría de casos, han informado del congreso como si todo fuera normal, cuando explicar la actitud del partido para con ellos tenía una importante carga informativa, era toda una señal del gusto por la democracia que tienen los dirigentes de ERC.
Sólo en dos momentos del congreso se permitió el acceso de los medios: en la proclamación de los resultados de la Ejecutiva y en la lectura del informe del presidente saliente Carod Rovira. Teniendo en cuenta que los teléfonos móviles están extendidos, muy extendidos, ¿dónde está el problema en que, como mínimo, todo lo que pasa en el plenario esté abierto a los periodistas? Lo único que puede pasar es que el ciudadano acabe mejor informado y si los dirigentes políticos en cuestión están seguros de lo que hacen, de lo que proponen y de lo que deciden. No parece que haya nada malo en ello. Es más, no conozco ni un solo caso de que por una información obtenida en “abierto” en cualquier acto de un partido se haya desencadenado una situación de crisis. Lo peligroso, lo que siempre genera tensiones son las filtraciones, las piedras lanzadas escondiendo la mano, los “te lo cuento pero no digas que te lo he dicho yo”. Es así, pero no escarmientan, reman contracorriente y contra la democracia. Les pueden los galones.
Este próximo fin de semana, el PP celebra su Congreso en Valencia, veremos como anda de actitud ante la prensa. Si los asamblearistas se portaron como se portaron, me temo lo peor. Valdrá la pena estar atentos.

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