viernes, 20 de junio de 2008

El PSPV: un ejemplo de la selección negativa

El proceso previo al congreso del Partit Socialista del País Valencià-PSOE se alarga y serpentea por rincones tan tétricos como el ambiente y el paisaje que describe Cormac McCarthy en “La carretera”. La diferencia, claro, está en la brillantez narrativa. Seguir los pasos, los discursos, las propuestas de los tres candidatos que se han presentado a la secretaria general del partido es como ver a la pareja protagonista de la novela de McCarthy deambular por el mundo muerto en el que, no se sabe por qué ni cómo, ellos dos sobreviven de mala manera. Padre e hijo. Sin rumbo preciso. Con un barro de ceniza que les lastra. El siguiente recodo siempre es peor que el anterior. Es decir, lo mismo que sucede con las noticias sobre el futuro del socialismo valenciano. Nunca nada que invite al optimismo. Ni un rayo de luz, ni una sonrisa, ni una esperanza.
Leo hace unos días que José Luis Ábalos, concejal socialista en el ayuntamiento de Valencia y máximo responsable del PSPV en la ciudad, dice que no descarta presentarse a la secretaria general de la formación porque los tres candidatos actuales “no ilusionan”. Cierto, “no ilusionan”, pero ¿qué tendrá eso que ver con que él se presente o deje de presentarse?, ¿estará insinuando que él sí genera ilusión?, ¿ilusión?, ¿Ábalos? Cualquier cosa menos eso.
Los tres hombres que se han postulado a la secretaría general, Francesc Romeu, Ximo Puig y Jorge Alarte, más el propio Ábalos, pese a que biológicamente son jóvenes, políticamente son viejos, representan más de lo mismo de siempre: el prehistórico aparato del partido socialista, el que lleva 15 años perdiendo elecciones, el que se reparten a cachos cuatro familias, el que no ha sido capaz de ofrecer ni una idea nueva, ni un gesto de estrategia brillante, ni un segundo de renovación, ni un instante de generosidad; el que parece pegado a los cargos, el que sólo se mira el ombligo, el que ya nadie se cree.
Repasar las biografías de los tres candidatos, más Ábalos, es clarificador.
Jorge Alarte tiene 34 años. Nació en octubre de 1973. Licenciado en derecho, a los 21 años entró como concejal de Juventud en el ayuntamiento de su pueblo, Alacuás. Cuatro años más tarde resultó elegido alcalde, cargo en el que continúa después de renovarlo en 2003 y 2007. Es secretario local del partido y Presidente de la Comisión de Asuntos Europeos de la Federación Valenciana de Municipios y Provincias.
Ximo Puig, periodista, se estrenó como diputado autonómico a los 23 años en 1983. De 1986 a 1995 fue, primero, director general de Relaciones Institucionales e Informativas de la Generalitat que presidía Joan Lerma y, a continuación, Subsecretario de la Presidencia. Desde 1995 es alcalde de Morella, su pueblo, y desde 1999, de nuevo, diputado autonómico.
Francesc Romeu, nacido en 1974, se inició como concejal en Silla en 1995 con 21 años recién cumplidos. Fue teniente de alcalde, portavoz del grupo socialista, responsable de urbanismo, obras, cultura y comunicación. En 1999, con él como cabeza de lista, los socialistas, pese a ser el grupo más votado, perdieron la alcaldía. Ese mismo año, promovido por su mentor Ciprià Ciscar, a la sazón secretario de organización del PSOE, formó parte de la gestora que dirigió el partido después de la dimisión del secretario general Joan Romero. En el 2000 fue el coordinador del PSPV-PSOE en las elecciones generales y obtuvo acta de diputado. Agotada la legislatura en 2004 fue nombrado presidente de la Fundación Jaime Vera. Hasta hoy. Está licenciado en derecho.
Para acabar, por si acaso finalmente, para ilusionar, según dice, se presenta: José Luis Ábalos. Ábalos, tambien licenciado en derecho, fue en 1983, con 23 años, jefe de la Secretaría del Delegado del Gobierno en la Comunidad Valenciana. Hasta 1988. Entonces pasó a jefe del Gabinete del Conseller de Trabajo de la Generalitat, durante tres años. Desde 1992 al 1999 fue asesor del grupo municipal socialista del ayuntamiento de Valencia. Desde entonces y hasta hoy es concejal en ese mismo ayuntamiento y, desde el 2003, también ejerce como diputado provincial. Ocupa, además, la presidencia del PSPV-PSOE en Valencia y es miembro del Comité Federal del PSOE.
En resumen, les une su militancia en el PSPV y que los cuatro entraron en cargos institucionales con 20 años acabados de estrenar y en ello siguen. Tienen en común que han hecho de la política su profesión y que jamás han trabajado en nada que no sea fruto de su pertenencia al partido socialista. Así son los tres candidatos a la secretaría general de los socialistas valencianos, más el posible cuarto hombre. Es un hecho. Un dato objetivo que pone en evidencia lo poco que se puede esperar de un partido que no es capaz de generar ningún otro tipo de aspirante a su dirección. En ciencia política se habla de la selección negativa como proceso por el cual los partidos expulsan de su seno a los mejores mientras se promocionan los peores. Pues eso. He aquí un ejemplo.

1 comentario:

Andrés dijo...

Siento discrepar, pero creo que Francesc Romeu sí consigue ilusionar, no sé si a las masas o mover "oxidadas palancas internas del cambio en el partido" Pero personalmente, sí puedo asegurar que a mí me transmite confianza, fuerza y renovación por los cuatro costados. Vamos, en román paladín: que me gustaría que fuera nuestro secretario general. Añadir que el sábado en la fiesta de la rosa no había una sola persona que hubiera tenido ocasión de oírle, y no le gustase. No entiendo quien puede decir que no ilusiona. Bueno, quizás sí. Pero desde luego no la militancia.
En cuanto a su trayectoria y que no ha trabajado... supongo que no tendrán que se pagase la carrera trabajando en un bar de silla o haciendo más horas que un reloj. Tampoco conozco a nadie que no se deshaga en halagos de su gestión en la Jaime Vera, multiplicando exponencialmente sus actividades al poco de llegar.
Me parece injusta tu apreciación al equipararlo con los restantes aspirantes, que en cuanto han visto las orejas al lobo, cómo está apretando el paso Francesc Romeu, ya están aliándose para repartirse el pastel, y que nada se mueva. Digo yo, para eso nos quedamos con Pla, que al menos ya lo conocemos.

saludos,