lunes, 30 de junio de 2008

32 millones de españoles no vieron la final, que conste

Con tanto "podemos", tanta comedia y tan poca vergüenza, han conseguido que el futbol me importe un bledo y "esa España" que venden, gritan y proclaman me parezca una miniatura ridícula. Es posible que a "Cuatro" y a "la SER" esta Eurocopa les haya salido redonda pero conste que ha sido al precio de convertir a sus periodistas, o lo que sean, en monstruos de feria, chulos de discoteca o graciosillos de casino, que de todo hubo. Menudo balance. 14 millones de españoles de media vieron la gran final. Mucha gente. Claro que otros 32 millones, pese al bombardeo sufrido, no lo vieron. 32 millones de españoles se mantuvieron al margen aunque eso pudiera convertirles en bichos raros.

martes, 24 de junio de 2008

Los escándalos invisibles

Reconozco que me puede ver como los medios de Madrid “desprecian cuanto ignoran”, como diría Machado. Sucede que me molesta que lo que pasa en Madrid se presente como excepcional mientras se desconoce lo que acontece fuera de la capital. Si el viceconsejero de cualquier departamento de Esperanza Aguirre, incluso viceconcejal de Gallardón, tuviera la ocurrencia de decir que “sigo pensando que detrás del 11-M está el gobierno” se formaría un escándalo inmenso. Se pedirían responsabilidades a su superior inmediato y los mentados Aguirre o Gallardón también deberían acabar dando explicaciones. Pues bien, Gotzone Mora, la número dos de la conselleria de Bienestar Social del gobierno de la Generalitat valenciana, declaró hace unos días en la cadena COPE lo que antes he escrito y ahora repito, dijo exactamente: “sigo pensado que detrás del 11-M están ETA y el Gobierno”. No he oído ni un comentario al respecto. El exceso sale gratis, una vez más. Moraleja: los desatinos en Valencia no tienen repercusión, luego quien la hace no la paga; es decir, impunidad.
Segundo, con motivo del Congreso que el PP hizo en Valencia el paso fin de semana, la Generalitat valenciana organizó un completo programa de actos para los periodistas. Reitero, la Generalitat valenciana organizó; no el PP organizó, no, la Generalitat valenciana. Desde una visita a las obras del circuito urbano de formula 1 a una invitación a presenciar una obra de “La Fura dels Baus” pasando por distintas veladas de copas a la luz de las estrellas. Sin problemas, sin disimular. Faxes con el membrete y el encabezamiento de la Generalitat eran los que convidaban. Tampoco he visto que nadie se sintiera sorprendido por ello. Parece que a ningún medio le extraña esta evidente confusión entre lo partidista, un congreso del PP, y lo institucional, la Generalitat. Es evidente que la Generalitat valenciana no organiza actividades para los periodistas que asisten a Cevisama, la feria de la cerámica; ni para los que van a la entrega de los premios de la cartelera Turia, a los ciclos de conferencias de la semana de los Octubre, a los partidos del Valencia o del Levante, al FIB, o a cualquier otra actividad de carácter privado que se pueda desarrollar en Valencia. ¿Alguien imagina al gobierno de la Generalitat valenciana organizando actividades para los periodistas con motivo de un congreso del PSOE? Yo, no.

viernes, 20 de junio de 2008

El PSPV: un ejemplo de la selección negativa

El proceso previo al congreso del Partit Socialista del País Valencià-PSOE se alarga y serpentea por rincones tan tétricos como el ambiente y el paisaje que describe Cormac McCarthy en “La carretera”. La diferencia, claro, está en la brillantez narrativa. Seguir los pasos, los discursos, las propuestas de los tres candidatos que se han presentado a la secretaria general del partido es como ver a la pareja protagonista de la novela de McCarthy deambular por el mundo muerto en el que, no se sabe por qué ni cómo, ellos dos sobreviven de mala manera. Padre e hijo. Sin rumbo preciso. Con un barro de ceniza que les lastra. El siguiente recodo siempre es peor que el anterior. Es decir, lo mismo que sucede con las noticias sobre el futuro del socialismo valenciano. Nunca nada que invite al optimismo. Ni un rayo de luz, ni una sonrisa, ni una esperanza.
Leo hace unos días que José Luis Ábalos, concejal socialista en el ayuntamiento de Valencia y máximo responsable del PSPV en la ciudad, dice que no descarta presentarse a la secretaria general de la formación porque los tres candidatos actuales “no ilusionan”. Cierto, “no ilusionan”, pero ¿qué tendrá eso que ver con que él se presente o deje de presentarse?, ¿estará insinuando que él sí genera ilusión?, ¿ilusión?, ¿Ábalos? Cualquier cosa menos eso.
Los tres hombres que se han postulado a la secretaría general, Francesc Romeu, Ximo Puig y Jorge Alarte, más el propio Ábalos, pese a que biológicamente son jóvenes, políticamente son viejos, representan más de lo mismo de siempre: el prehistórico aparato del partido socialista, el que lleva 15 años perdiendo elecciones, el que se reparten a cachos cuatro familias, el que no ha sido capaz de ofrecer ni una idea nueva, ni un gesto de estrategia brillante, ni un segundo de renovación, ni un instante de generosidad; el que parece pegado a los cargos, el que sólo se mira el ombligo, el que ya nadie se cree.
Repasar las biografías de los tres candidatos, más Ábalos, es clarificador.
Jorge Alarte tiene 34 años. Nació en octubre de 1973. Licenciado en derecho, a los 21 años entró como concejal de Juventud en el ayuntamiento de su pueblo, Alacuás. Cuatro años más tarde resultó elegido alcalde, cargo en el que continúa después de renovarlo en 2003 y 2007. Es secretario local del partido y Presidente de la Comisión de Asuntos Europeos de la Federación Valenciana de Municipios y Provincias.
Ximo Puig, periodista, se estrenó como diputado autonómico a los 23 años en 1983. De 1986 a 1995 fue, primero, director general de Relaciones Institucionales e Informativas de la Generalitat que presidía Joan Lerma y, a continuación, Subsecretario de la Presidencia. Desde 1995 es alcalde de Morella, su pueblo, y desde 1999, de nuevo, diputado autonómico.
Francesc Romeu, nacido en 1974, se inició como concejal en Silla en 1995 con 21 años recién cumplidos. Fue teniente de alcalde, portavoz del grupo socialista, responsable de urbanismo, obras, cultura y comunicación. En 1999, con él como cabeza de lista, los socialistas, pese a ser el grupo más votado, perdieron la alcaldía. Ese mismo año, promovido por su mentor Ciprià Ciscar, a la sazón secretario de organización del PSOE, formó parte de la gestora que dirigió el partido después de la dimisión del secretario general Joan Romero. En el 2000 fue el coordinador del PSPV-PSOE en las elecciones generales y obtuvo acta de diputado. Agotada la legislatura en 2004 fue nombrado presidente de la Fundación Jaime Vera. Hasta hoy. Está licenciado en derecho.
Para acabar, por si acaso finalmente, para ilusionar, según dice, se presenta: José Luis Ábalos. Ábalos, tambien licenciado en derecho, fue en 1983, con 23 años, jefe de la Secretaría del Delegado del Gobierno en la Comunidad Valenciana. Hasta 1988. Entonces pasó a jefe del Gabinete del Conseller de Trabajo de la Generalitat, durante tres años. Desde 1992 al 1999 fue asesor del grupo municipal socialista del ayuntamiento de Valencia. Desde entonces y hasta hoy es concejal en ese mismo ayuntamiento y, desde el 2003, también ejerce como diputado provincial. Ocupa, además, la presidencia del PSPV-PSOE en Valencia y es miembro del Comité Federal del PSOE.
En resumen, les une su militancia en el PSPV y que los cuatro entraron en cargos institucionales con 20 años acabados de estrenar y en ello siguen. Tienen en común que han hecho de la política su profesión y que jamás han trabajado en nada que no sea fruto de su pertenencia al partido socialista. Así son los tres candidatos a la secretaría general de los socialistas valencianos, más el posible cuarto hombre. Es un hecho. Un dato objetivo que pone en evidencia lo poco que se puede esperar de un partido que no es capaz de generar ningún otro tipo de aspirante a su dirección. En ciencia política se habla de la selección negativa como proceso por el cual los partidos expulsan de su seno a los mejores mientras se promocionan los peores. Pues eso. He aquí un ejemplo.

miércoles, 18 de junio de 2008

No dejéis que los periodistas se acerquen a mí

La democracia está llena de paradojas. Repleta de fuerzas enfrentadas que, supuestamente, se neutralizan en beneficio del conjunto de la sociedad. Esta es la teoría. La práctica es otra. Valga como ejemplo el comportamiento de los partidos políticos y de los periodistas. Los unos y los otros, desde distinta posición, deben pretender el máximo de información para el ciudadano. Los partidos deben tener las paredes de cristal para que la sociedad sepa el máximo posible sobre ellos; por eso son, según la Constitución, el vehículo básico de participación política, por eso se les financia con dinero público, por eso reclaman periódicamente el voto de los ciudadanos. Para garantizar ese conocimiento sobre los partidos están, además, los medios de comunicación, los periodistas, que han de compensar y aclarar las zonas de sombra que puedan quedar. Pues no.
El partido con un funcionamiento interno más democrático de España, exponente excepcional del asamblearismo, caracterizado por el hecho de que cada cualquier militante de base le puede dar la vuelta a lo previsto por la dirección, Esquerra Republicana de Catalunya dificultó tanto como pudo la tarea de los periodistas en su reciente congreso del pasado fin de semana. Los periodistas estaban a 500 metros de donde se desarrollaba el congreso, medio kilómetro había entre la sala de prensa y el auditorio donde se debatía. Guardias de seguridad blindaban la puerta detrás de la cual discutían los de ERC. Los periodistas tenían dos alternativas: quedarse en la sala habilitada para ellos y, por tanto, no enterarse de nada o hacer guardia plantados ante la puerta de la sala del congreso esperando que alguien saliera a fumar o tuviera otro tipo de urgencia que permitiera preguntarle alguna cosa. Se dio el caso de que algún periodista que necesitaba perentoriamente pasar al lavabo lo tuvo que hacer acompañado por guardias de seguridad para garantizar que no caería en la tentación de pegar su oreja a alguna pared o, arrebatado por un desvergonzado deseo de saber, pudiera llegar a contactar con algún congresista.
Triste panorama el de un partido tan preocupado por tapar y silenciar, tan entregado a no facilitar información. Y pobre papel el de los periodistas que, en la mayoría de casos, han informado del congreso como si todo fuera normal, cuando explicar la actitud del partido para con ellos tenía una importante carga informativa, era toda una señal del gusto por la democracia que tienen los dirigentes de ERC.
Sólo en dos momentos del congreso se permitió el acceso de los medios: en la proclamación de los resultados de la Ejecutiva y en la lectura del informe del presidente saliente Carod Rovira. Teniendo en cuenta que los teléfonos móviles están extendidos, muy extendidos, ¿dónde está el problema en que, como mínimo, todo lo que pasa en el plenario esté abierto a los periodistas? Lo único que puede pasar es que el ciudadano acabe mejor informado y si los dirigentes políticos en cuestión están seguros de lo que hacen, de lo que proponen y de lo que deciden. No parece que haya nada malo en ello. Es más, no conozco ni un solo caso de que por una información obtenida en “abierto” en cualquier acto de un partido se haya desencadenado una situación de crisis. Lo peligroso, lo que siempre genera tensiones son las filtraciones, las piedras lanzadas escondiendo la mano, los “te lo cuento pero no digas que te lo he dicho yo”. Es así, pero no escarmientan, reman contracorriente y contra la democracia. Les pueden los galones.
Este próximo fin de semana, el PP celebra su Congreso en Valencia, veremos como anda de actitud ante la prensa. Si los asamblearistas se portaron como se portaron, me temo lo peor. Valdrá la pena estar atentos.

jueves, 12 de junio de 2008

Pregunta inocente 4

¿Por qué en los carteles informativos de las grandes obras públicas es mucho más fácil saber qué gobierno es el promotor que qué es lo que se está construyendo?

martes, 10 de junio de 2008

Ni asesinos, ni demócratas

Recuerdo que, siendo ministro portavoz del gobierno Aznar, Eduardo Zaplana dijo una vez: “en un lado está ETA y en el otro nosotros; en un lado ellos, los asesinos, y en el otro, nosotros, los demócratas”. Pensé, trampa. No ser un asesino, no da categoría de demócrata.
Ayer leí una crónica sobre el negocio de las basuras en Nápoles y también repasé las últimas novedades del culebrón que se vive en Andalucía alrededor de los medios de comunicación públicos. Me reafirmé, cuando estamos ante alguien que no mata, no quiere decir que estemos ante un demócrata.
El gobierno del socialista Manuel Chaves hace cuatro años puso en marcha el Consejo del Audiovisual de Andalucía para entre otras cosas, garantizar la independencia de Canal Sur y favorecer su transparencia informativa. Hace un mes dimitió el presidente de este nuevo organismo, Manuel Ángel Vázquez Medel, por las presiones de los mismos socialistas que no aceptaban que el Consejo criticara el partidismo de Canal Sur a favor del gobierno Chaves. El PP puso el grito en el cielo y calificó a la emisora de aparato de propaganda de los socialistas. El dimitido Vázquez Medel argumentó que el Consejo era ingobernable: unos consejeros, los propuestos por el PP, estaban siempre contra Canal Sur, y los otros, los propuestos por el PSOE, nunca querían que se hablara del canal autonómico. Que casualidad, unos consejeros independientes que siempre coinciden con el argumentario de los populares, precisamente los propuestos por éstos, y otros, también independientes, que comulgan con los socialistas, justamente el partido que les propuso.
Pero hete aquí que quince días después de la dimisión de Vázquez Medel, como si ésta no hubiera existido y pese al cruce de poco menos que insultos, socialistas y populares se ponen de acuerdo en renovar el Consejo de Administración de la Radiotelevisión de Andalucía, la cúpula de la empresa pública que rige Canal Sur, el órgano encargado de dirigir con criterios profesionales y en beneficio de la sociedad los medios de comunicación públicos andaluces. Empecemos por el presidente. Se acuerda el nombramiento como presidente de José Moratalla. ¿Un profesional cualificado como dice la ley? No, ni más ni menos que el presidente del PSOE de Andalucía. ¿Cómo traga con esto el PP que tantas veces ha dicho que Canal Sur trabaja para Chaves? Pues porque el vicepresidente consensuado es Mateo Rísquez, el mismísimo jefe de prensa del PP de Andalucía. Una vicepresidencia, por cierto, de nuevo cuño, inventada como se han inventado una nueva secretaría y una vicesecretaría, todo para dejarlo en manos de los populares. Todos sin voto, pero con voz y con derecho a dieta. Véase el resto de alineación del nuevo Consejo de Administración: los propuestos por el PSOE son, Mercedes Gordillo, ex jefa de prensa del grupo parlamentario del PSOE del Parlamento andaluz; Antonio Ruiz Jiménez, un histórico del PSOE gaditano; Josefa Lucas, secretaria de política municipal del PSOE de Jaén y concejal; Francisco Rodríguez, ex senador del PSOE por Sevilla; Álvaro Vega, ex jefe de prensa de la Diputación de Córdoba, gobernada por el PSOE; Elena Blanco, profesora de la Universidad de Málaga, y la periodista onubense, María José Bayo. Los propuestos por el PP, además de Rísquez, Pilar Ager, ex diputada del PP por Jaén; Pilar Gimeno, miembro del gabinete de prensa del PP de Andalucía; Jorge Moreno, Secretario de Comunicación del PP andaluz; Esperanza Macarena O’Neil, coordinadora técnica autonómica del PP, y Jesús Mancha, ex diputado nacional por Cádiz. Izquierda Unida, sin desentonar, propuso a José Luis Centella, el responsable de política institucional de la coalición en Andalucía. Todos muy profesionales, todos muy independientes. En el ámbito autonómico, con funciones complementarias, funciona además la Fundación Audiovisual de Andalucía y los distintos consejos asesores de RTVE. En fin, un tupida red organizativa.
En Nápoles para acabar con el control mafioso de la recogida de basuras se inventaron la figura del comisario especial que se nombraba directamente desde Roma y a partir de ese momento, según la crónica que leí ayer, “se crearon un gran número de entes, entidades, empresas y consorcios, privados y públicos (…) una inmensa red que significaba contratos de trabajo, éstos significaban clientelismo y votos a los partidos, y eso a su vez significaba corrupción”. Por eso una cosa me llevó. En Nápoles continúa la mafia de la basura y en Canal Sur, la de la televisión, como en tantas otras autonomías. Ni los unos, ni los otros se comportan como demócratas. Eso sí, en Canal Sur no hay asesinatos.

martes, 3 de junio de 2008

El rebaño de altos cargos

Que un gobierno, como hizo recientemente el de la Generalitat Valenciana presidido por Francisco Camps, llene con sus propios altos cargos la tribuna de invitados del parlamento para evitar que tengan sitio allí un grupo de sindicalistas, profesores y artistas es una declaración de principios. Dice mucho de cómo es ese gobierno, de qué se puede esperar de él, de qué confianza merece, de cómo trata a los discrepantes, de hasta dónde puede estar dispuesto a llegar en un momento determinado con tal de conservar el poder. Y habla también muy a las claras de cómo son esos altos cargos; secretarios autonómicos, subsecretarios y directores generales. No diez, ni veinte, ni treinta, treinta y cinco. Los movilizados fueron treinta y cinco. Personas supuestamente valiosas, casi ministros, gente que imaginamos preparada, solvente, de nivel.
Me imagino la escena. 21 de mayo, noche anterior al día de autos. El secretario autonómico, número dos de una conselleria, que maneja millones y millones de euros, con centenares de funcionarios a sus órdenes, con grandes responsabilidades a las que hacer frente, recibe una llamada. Toque de pito. “Mañana, a primera hora, a las Cortes, que hemos dado tu nombre para estar en la tribuna de invitados cuando el Presidente (Camps) comparezca en la sesión de control”. Dudo si preguntaron el por qué de la orden. Supongamos, que es mucho suponer, que algunos lo hicieran. Respuesta: “Vienen unos de la Plataforma de Canal 9 y se tiene que ocupar la tribuna”. “Vale, vale”. Y punto.
Adiós reuniones, adiós agenda, adiós entrevistas, adiós trabajo. Ducha, tarje y a las Cortes. Cómo tiene que ser de prescindible la tarea de todos estos altos cargos si pueden, a la vez treinta y cinco de ellos, abandonar su responsabilidad durante toda una mañana y que no pase nada. Es más, cómo han de ser de conscientes ellos mismos de su superflua condición cuando aceptan el papel de meros figurantes matinales. ¿De qué pasta son? ¿De dónde han salido? Robándole la silla al sindicalista o al profesor; llegar tan lejos, tanto despacho, tanto tanto para acabar en esto. Con un mínimo de personalidad, orgullo o amor propio no habrían entrado en el juego. Si tuvieran un solo gramo de conciencia de la responsabilidad que supone gobernar democráticamente un país; si, aunque fuera por casualidad, alguna vez recordaran que están al servicio del ciudadano y no de quien les ha nombrado; si tuvieran un poco, sólo un poco, de respeto por la gente, en cualquiera de esos casos, habrían contestado que no a esa llamada que los emplazaba a la ocupación de la tribuna parlamentaria. Pero con ese “vale, vale” como respuesta, con esa presencia demuestran que no se tienen respeto ni a si mismos. Poco se puede, pues, esperar de ellos. No son gobierno, son rebaño.
Son: Isabel Vilallonga, Rafael Ripoll, Rafael Miró, David Calatayud, Rafael Peset, Concha Gómez, Gotzone Mora, Ana Brusola, Alfonso Bataller, Ricardo Bayona, Mariano Vivancos, Juana Flores, Gauden Villas, Sonia Morales, Ángel Monpo, José Clerigues, Pilar Ripoll, Sofía Tomás, Paz Olmos, Silvia Caballer, Pilar Vietma, Felipe Codina, Joaquín Vaño, Joaquín Martínez, Pedro Hidalgo, Pedro García, David Barelles, Auxiliadora Hernández, Jesús Marí, Herminio García, Josep Maria Felip, Carmen Dolz, Isabel Manglano, Laura Peñarroya, Amparo Montoro y Marta Valsangiacomo.