lunes, 28 de abril de 2008

Camps y el periodismo rosa

Las anécdotas son, sin duda, divertidas y de fácil recepción pero referidas a un dirigente político dicen bastante menos de él que el repaso de su gestión. No se entiende, por eso, por qué los medios de comunicación gustan tanto de la anécdota y tan poco del análisis. Viene esto a colación por el reciente artículo del diario “El País” de ayer domingo día 27 sobre el presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps; “El virrey espera su turno”, se titulaba. Eran dos páginas. Dos páginas enteras de la edición de “El País” un domingo es mucho, muchísimo. Con este despliegue no se publican demasiadas cosas. Sólo lo muy importante, por tanto, lo muy cuidado, muy elaborado, muy mirado y revisado. Eran dos páginas que describían al personaje Camps, sus supuestas ambiciones políticas, su primer día como militante de AP, sus amigos de tertulia en la Universidad, sus muchos cargos, su apuñalamiento del “pater” político Eduardo Zaplana. Y algunas cosas más. Todo para dar a conocer a este político que, especulaban, puede un día ser el relevo de Rajoy al frente del PP; cosa que a mí, mencionado sea de paso, me parece mucho suponer aunque ahora esté hablando de eso. Lo que no entiendo, y menos en el diario más importante de España, es que se dediquen dos páginas enteras a la descripción de un dirigente político y no se gaste ni una sola frase en analizar su gestión en los cargos por los que ha pasado. Digo yo que más importante que quien le abrió la puerta de la sede de AP el día que fue a afiliarse sería saber, puesto que desde hace cinco años es Presidente de la Generalitat Valenciana, cómo ha gestionado la sanidad en su comunidad, si ha recortado o no las listas de espera, si hay o no camas en los pasillos de los hospitales, si el fracaso escolar ha ido a más o a menos, si los niños estudian en buenas condiciones o no, si los mayores disfrutan de un nivel de ayudas destacable, si apuesta por las inversiones en infraestructuras o destaca por los gastos en publicidad y propaganda, si administra las finanzas públicas con sentido, si su televisión autonómica es sinónimo de calidad y libertad informativa o todo lo contrario, si la gestión que está haciendo del territorio es sostenible, si es transparente en su gestión, si escucha a los ciudadanos que le critican, oposición incluida, o se dedica al rodillo. En fin, estaría bien saber eso y muchísimas cosas más. Por ejemplo, qué nivel de coherencia hay entre lo que dice y lo que hace. El artículo recogía las distintas responsabilidades que Camps ha desempeñado en su trayectoria política pero no decía ni palabra de lo que había hecho en ellas. ¿Destaca algo de lo que hizo como concejal en Valencia, o como Vicepresidente del Congreso, o como Secretario de Estado, o como Conseller de la Generalitat, o como Delegado del Gobierno? Si no destaca nada de nada sería bueno saberlo y si hay aspectos que llaman la atención, también. ¿Cómo se pueden dedicar dos páginas de “El País” a una persona a quien se presenta como posible líder del PP en España y no detenerse ni un instante a ver que ha hecho durante los 20 años que lleva de cargo en cargo? ¿Y la información? ¿Le tenemos que conocer y juzgar por si va a misa o no, por si practica deporte o no? Claro, lo fácil y cómodo son las anécdotas pero los periodistas estamos para otra cosa. Sobre todo los de “El País” y cuando le dedican dos páginas a un tema.

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