miércoles, 27 de febrero de 2008

El periodismo sigue en retirada

El periodismo cede, y cede. Tolera. Va claudicando. El poder avanza, domina, decide, impide, controla. Cada vez más, cada vez mejor. Se buscan todas las excusas del mundo para encubrir que la información, o lo que sea, cada vez llega al ciudadano más maquillada, más manipulada. Maquillada y manipulada por aquellos mismos que la protagonizan, por tanto, cada vez es menos información y más propaganda.
La campaña electoral es un momento solemne en este proceso. Los grandes partidos, PSOE y PP básicamente, ya no dejan entrar cámaras a sus mítines. Ellos tienen sus propios equipos de realización y de ellos dependen las imágenes que llegan a las televisiones. Claro, dicen, "enviamos la señal integra y cada uno que coja lo que quiera". Trasparentes, muy trasparentes. Mentira. Lo que aseguran es que nunca saldrá un mal plano de su líder, que nunca se le pillará equivocándose, o bostezando, o pegando cabezadas. Hacen más, incluso envían cintas con los cortes de voz, las frases, más destacadas. Con las imágenes más espectaculares, con los mejores momentos. Le dan el trabajo hecho a las cadenas. No es muy profesional eso de aceptar que otros, los propios implicados, te digan lo que has de decir que han dicho, pero es mucho más sencillo y más barato.
Hace poco, Gabriel Elorriaga, secretario de Comunicación del PP, decía que se trataba de facilitar el trabajo a los medios. Bueno. Sobre todo de lo que se trata es de facilitarse ellos mismos el control de los medios. Es como si los ladrones, para facilitar el trabajo a los propietarios de casas, se dedicaran a la instalación de cerraduras.

martes, 26 de febrero de 2008

Me declaro perdedor del debate

Parece que la única pregunta que importa es quién ha ganado el debate. ¿Zapatero? ¿Rajoy? Si sólo cuenta el resultado electoral, pues sí, entonces es básico saber quien ha ganado el debate. No vale la pena preocuparse por nada más. Si, por el contrario, lo que preocupa es intuir cómo gobernará quien gane, qué se puede esperar de cada candidato, si son o no de fiar, si tienen la suficiente preparación para regir los destinos del país, si se parecen en algo a nosotros, en ese caso saber quién gana o quién pierde un debate es lo de menos.
Dirigiendo el análisis en esta segunda dirección, el cara a cara de ayer me pareció flojo, muy flojo. Zapatero y Rajoy demostraron que no nos hemos perdido gran cosa estos quince años sin debates. Tampoco el periodismo salió muy fortalecido. El papel del moderador, con sus largas y superfluas introducciones, lo podía haber hecho un mecanismo electrónico un poco bien diseñado. Ese bipartidismo al que se pretende ir se augura indeseable.
Poco debían esperar de Mariano Rajoy quienes tanto han valorado como actuó. Sus intervenciones del inicio y del final, la de la chiquilla, fueron lamentables. Desconozco que buscaba a la izquierda pero la vista se le iba constantemente. No se salió del guión que llevaba y este respondía fielmente a los cuatro años de oposición desplegados. No fue capaz de evitar las continuas interrupciones del moderador anunciándole que no podía seguir hablando. Cuando Zapatero le interpeló directamente, por ejemplo, con el trasvase del Ebro no contestó. La política internacional la limitó a “yo, Sarkozy y Merkel; usted, Chavez y Castro” y sobre política social no dijo nada, más allá de poner como ejemplo el gobierno de Madrid. Los gráficos que enseñó casi no se vieron y no siempre mostraba el que anunciaba. Puso en aprietos a su rival cuando mencionó el “Pacte del Tinell” pero exageró demasiadas veces, por ejemplo cuando dijo que Zapatero había “agredido a las victimas del terrorismo”. En algunos momentos, sus contraplanos como oyente eran la pura imagen de un naufrago.
José Luis Zapatero se pareció más de lo previsto a Rajoy, demasiadas veces ejerció de líder de la oposición del gobierno Aznar del que Rajoy formó parte. Fue como si hubiera vuelto a las elecciones de 2004, olvidó que eso ya es cosa juzgada. No era necesaria tanta fijación. Era lluvia sobre mojado. No es lo que se espera de su personaje. Nunca se le vio desbordado por las intervenciones de su contrincante y, con su actitud contundente y la carga de datos de quien tiene toda la administración a sus órdenes, la mayoría de veces salió más que airoso de las interpelaciones recibidas pero tampoco nunca apareció el Zapatero/político del siglo XXI, el hombre que se inspira en Pettit, en Lakoff y pensadores de este estilo. Fue un previsible participante en un lamentable diálogo de sordos.
Resulta decepcionante que la oposición no tenga más discurso que la demolición de todo lo que ha hecho el gobierno, como lo es que el gobierno se dedique más que a otra cosa a ser oposición de la oposición. ¿No hay otra posibilidad de debate? Sí, la hay. Se puede optar por apelar a los valores que cada uno defiende, a los principios que le dirigen. A las propuestas, y no me refiero a entrar en una tómbola de ofertas. Se pude ofrecer al ciudadano una imagen del país que se quiere, de hacia donde se quiere ir, como y porque. Un dirigente político debería ser capaz de ir un paso por delante de los ciudadanos. Limitarse a tener una discusión del tipo de las que se escuchan en los bares, aunque con más datos, es muy poco. De un gobernante o aspirante a gobernante se esperan reflexiones interesantes, ideas y propuestas que hagan pensar, que sea capaz de marcar un camino, en resumen, que ejerza de líder. Nada de eso vimos ayer.
Se puede acudir a los debates entre Obama y Clinton para percatarse de que hay alternativas. Que no es necesario hacer siempre discursos en negativo, que hay vida más allá del “y tu peor”. Que estos debates pueden ser más atractivos y resultar mucho más útiles para el ciudadano. Que el equilibrio no depende de un segundo de más o de menos en las intervenciones y que los periodistas pueden ejercer de periodistas sin convertirse en cómplices de unos u otros.
El lunes tienen una nueva oportunidad. Ojalá la aprovechen. Y que nos aproveche a los demás perder dos horas ante la tele.

miércoles, 13 de febrero de 2008

El viento en política

En política, como en muchos otros órdenes de la vida, es imposible encontrar vientos favorables si no se sabe en que puerto se quiere fondear, es decir, si no se sabe a donde se va. En cambio, en muchas ocasiones, si un partido político sabe cual es su punto de destino puede aprovechar a su favor vientos que, a priori, le son desfavorables. Es el caso de los socialistas valencianos y del PP en relación al trasvase del Ebro. Los populares escogieron la cuestión como clave de su estrategia electoral y el PSPV-PSOE dudó. El PP les colgó la etiqueta de contrarios al trasvase antes de que ellos hubieran decidido serlo, antes de que tuvieran una alternativa al respecto, antes, incluso, de que tuvieran simplemente una opinión. Como esos pobres jinetes de las películas del oeste que se quedan con el pie en el estribo de un caballo desbocado, los socialistas valencianos se han visto arrastrados por el pedregal a cuenta del trasvase del Ebro, y así llevan cinco años.
Ahora resulta que el PP renuncia a llevar el trasvase del Ebro en su programa electoral para las Generales del 9 de marzo. Podría parecer que los socialistas valencianos han ganado. No es así. Han gestionado mal el proceso y no tienen escapatoria. Los populares siguen detentando la imagen de ser los defensores del trasvase que, a su vez, se percibe como la única posibilidad de traer agua a Valencia. No citan el “trasvase del Ebro” en el programa, ciertamente, pero hablan de trasvases en general o de transferencias a las cuencas deficitarias y logran que el efecto sea el mismo y siga siendo favorable al PP. Me parece que estamos ante un buen ejemplo de lo que decía al principio de este artículo porque ha cambiado el viento pero a los socialistas valencianos tampoco les sirve, mientras, por el contrario, el PP le continúa sacando partido y sigue avanzando.

lunes, 11 de febrero de 2008

El peligroso Galeano

Los ciudadanos somos como gallinas a las que se consulta con que salsa quieren ser comidas. Esta es la democracia que rige el mundo en opinión de Eduardo Galeano, escritor y periodista nacido en Montevideo que, las más de las veces, nada contracorriente. Galeano tiene la mala costumbre de reflexionar sobre las versiones oficiales, detectar que no sólo no son verdades absolutas sino que acostumbran ser mentiras inmensas y, además, lo explica bien. Vamos, un tipo peligroso. Veasé si no, en la columna de la derecha, una muestra de sus opiniones.

martes, 5 de febrero de 2008

Que valiente es el cardenal

Me da bastante igual lo que digan obispos y cardenales pero me molesta que me tomen por idiota. Por eso escribo lo que sigue. Leo al arzobispo de Toledo Antonio Cañizares. Asegura que “la iglesia no callará jamás y no será silenciada por los poderes de este mundo”. ¿Cómo? Lo primero que me asalta es la imagen de Franco. Cuarenta años bajo palio. ¿Le perece eso poco silencio al señor Cañizares?
La iglesia católica me parece un grupo respetable de gente organizada, tan legítimo como cualquier otro. Muy numeroso, ciertamente. No tienen la obligación de ser coherentes, ni generosos, ni caritativos. Deben cumplir la ley, como todos los demás. Sólo eso. Pueden opinar lo que quieran sobre lo que quieran pero deben dejar en paz a los que, dentro de la ley, no piensan como ellos. A la iglesia católica no se la ha de tratar peor que a cualquier otro grupo organizado, ya sea un club de tenis, una ONG o una asociación dedicada a la organización de debates sobre biología. Pero tampoco mejor. Los acuerdos España-Santa Sede deben denunciarse no por las malas relaciones que hoy mantienen la cúpula católica y el gobierno Zapatero sino porque son contrarios al mandato constitucional que proclama que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley. Cada uno que se pague sus aficiones, sus creencias, sus vicios y sus manías. Es lo que se llama autofinanciación. Hay quien asegura que la iglesia católica lleva a cabo actividades de interés social que si dejaran de hacerlas sería el caos. Yo no lo creo. No estamos en el siglo XIX. La red de asistencia social del Estado tiene suficientes posibilidades sin tener recurrir a la caridad. De todas formas, si hay grupos vinculados a la iglesia católica que llevan a cabo actividades socialmente útiles, que se les pague como corresponde. Pero que eso no sea la excusa para que toda una religión se organice a costa de los demás. Lo dicho, cada uno que se pague su fe, su ocio y sus rarezas.