jueves, 31 de enero de 2008

Francisco Camps sólo permite la propaganda

Muy bueno el reportaje emitido anoche en el espacio “Caiga quien caiga” de Tele 5 sobre la negativa del Presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, a contestar a las preguntas de los periodistas. Si existiera la asignatura de “Introducción a la democracia” en las primeras líneas del capítulo dedicado a las obligaciones de los políticos aparecería lo de contestar a los periodistas. Si hubiera exámenes de democracia, Camps suspendería, con un cero. Aunque parezca imposible, la actitud de Francisco Camps es consecuencia de una estrategia decidida en Presidencia de la Generalitat. No responde, no concede entrevistas, no debate, no participa en ruedas de prensa. Nada de nada. Sólo discursos, besamanos, brindis, monólogos, lecturas de comunicados y soliloquios en distinto formato.
Una realidad que no se daría si Francisco Camps cambiara sus comportamientos de dictador bananero por las hechuras de un dirigente institucional de país democrático, pero que tampoco sería posible si los periodistas estuviéramos en nuestro sitio. Un periodista que no pregunta no pasa de ser un pie de micro. Resulta increíble que alguien acepte ese papel, pero se acepta, es evidente. Un plante ante Camps resolvería la situación aunque cuesta imaginar a los simples redactores, habitualmente jóvenes y con contratos en precario, adoptando actitudes de protesta. La culpa no es de ellos, al menos no toda. Los máximos responsables de lo que pasa, de lo que ayer ridiculizaban en Tele 5, Camps al margen, son los responsables de los medios. Y tienen nombres y apellidos. Josep Torrent, de “El País”, Benigno Camañas, de “El Mundo”; Pedro Muelas, de “Levante”; Lola Jonson, de “Canal 9”; Bernardo Guzmán, de la “Cadena Ser”; Eliseo Lizarán, de “TVE”; Pedro Ortiz, de “Las Provincias”, y así todos los directores y jefes de informativos de los medios valencianos. Si boicotearán los actos de Camps mientras este se siga negando a responder a las preguntas de los periodistas, este cambiaría de actitud. Se puede hacer. Es sencillo. Serviría, además, para darse cuenta que si de los periódicos, de las radios y de las televisiones desaparecieran todas las supuestas noticias que recogen la actividad institucional de los gobernantes, no pasaría nada. Es más, desaparecería la propaganda y quedaría más espacio para la información.
Por cierto, en "Youtube" se puede ver, aunque sea por partes, el reportaje de "Caiga quien caiga" que deja en evidencia a Camps.

miércoles, 30 de enero de 2008

Los debates de Zapatero y Rajoy (4): el caso valenciano

Empiezo con una aclaración: este artículo no se refiere al cara a cara entre Zapatero y Rajoy pero es más de lo mismo y creo que vale la pena colocarlo bajo el mismo epígrafe que los anteriormente dedicados a los candidatos a la presidencia del Gobierno.
Ayer martes el Consejo de Administración de Radiotelevisión Valenciana demostró sin dejar espacio para la duda que les importa un higa el pluralismo, el interés de los ciudadanos, el servicio público, la comunicación democrática y todo aquello que no sea servir al partido y a los "señores de los votos" que es a quien deben el puesto que ocupan.
En el Consejo de Administración de RTVV hay seis consejeros a propuesta del PP; cuatro, a propuesta del PSPV-PSOE, y uno, a propuesta de Esquerra Unida. Eso, según la ley. En realidad se trata de seis representantes del PP, cuatro del PSPV-PSOE y uno de Esquerra Unida. Por tanto, el Consejo es un mini-parlamento. Con esta lógica actúan y así son entendidos por los medios de comunicación. Ayer discutían sobre los debates electorales que, de cara al 9 de marzo, deben celebrarse en Canal 9.
Los consejeros hablaban como portavoces partidistas. Y no se ponían de acuerdo. Así el consejero Miguel Domínguez, nombrado a propuesta del PP, o sea, de hecho representante de los populares, criticó que la número 1 por Valencia de los socialistas, María Teresa Fernández de la Vega tiene miedo a un cara a cara con el candidato del PP quien sí quiere el debate. Le respondió la consejera Dolors López, en su papel de portavoz del PSPV, para asegurar que la Sr. de la Vega si está dispuesta a debatir y que de miedo, nada.
En el colmo de la desvergüenza, ante la falta de acuerdo, el Consejo no tuvo mejor idea que trasladar a los comités de campaña de los partidos para que sean ellos quienes decidan el formato y los detalles de los debates a realizar.
Claro, para que disimular. El Consejo no pinta nada. Las decisiones las toman las direcciones de los partidos. Del PP, del PSPV-PSOE y de Esquerra Unida. Deciden sobre los debates, y sobre todo lo demás. Que nadie se engañe. La radiotelevisión pública valenciana la dirigen los partidos. Ni más, ni menos. El Consejo está porque lo dice la ley y, además, porque sirve para arreglar el sueldo a un puñadito de afiliados. Pero puestos a no disimular, para que todo quedara todavía más claro y para ahorrar algún dinerillo, lo mejor sería disolver el Consejo y que, por ejemplo, sus competencias pasaran a la Junta de Portavoces de las "Corts Valencianes" o, directamente, a la ejecutiva del partido gobernante. Sería lo mismo que ahora pero más clarito. Que vergüenza. Y que triste que ni llame la atención.

martes, 22 de enero de 2008

Movilización social a la carta

Buena parte del desánimo general respecto a la política, la desconfianza, el tedio que provoca tienen que ver con el “nunca pasa nada” que acompaña a todos los excesos, contra la democracia e incluso contra el Código Penal, que cometen los poderosos de nuestra sociedad, sean poderosos por el poder político que tienen, por el económico, el mediático, o por cualquier otra vía. El “nunca pasa nada” es motor de desmovilización. Impunidad y desmovilización son dos conceptos claves para entender lo que pasa en el País Valenciano. Sorprende, y escandaliza, hasta que punto en tierras valencianas sale gratis cualquier abuso cometido por los dirigentes políticos, empresariales, deportivos, culturales… Se tiene la sensación de que los ciudadanos no tienen ningún interés, en masa, quiero decir, por lo que afecta a lo trascendental de sus vidas: los problemas de la sanidad, los déficits en educación, la mala gestión de los recursos públicos, la destrucción del territorio, la manipulación partidista de los medios de comunicación. De lo que se preocupan, parece, es de lo anecdótico, de lo superficial, de lo tonto. Recientemente hay hechos que niegan esta idea. Más bien apuntan a que la gente, en masa, recuerdo, no se interesan ni por lo uno, ni por lo otro. Ni lo trascendente, ni lo anecdótico. Únicamente se ocupan de aquello hacia lo que se les dirige. Sea lo que sea. Un ejemplo: existe la imagen de que el gran ámbito de movilización es el fútbol. Miles de personas salen a las calles sea para celebrar un título de Liga, un ascenso a Primera División o la victoria sobre el eterno rival; los políticos temen a enfrentarse a los clubes por la supuesta legión de seguidores que les pueden castigar cuando lleguen las elecciones; una decisión equivocada, o ni equivocada, de un árbitro puede acabar en una quema de coches o de contendores de basura; una no retransmisión de un partido es cuestión de Estado. Creo que todo esto es una verdad a medias, un espejismo. Recientemente el Valencia CF ha apartado del equipo a tres de sus más destacados jugadores: Angulo, Cañizares y Albelda. Nadie sabe por qué han pasado de mitos a marginados, de héroes intocables a parias malditos. Albelda era el capitán del equipo, el jugador más idolatrado, un hombre de la tierra, formado en los equipos inferiores del club que había acabado como indiscutible en la selección española. El club no ha dado explicaciones. No volverán a jugar más y ya está. A la vez, el equipo cae en picado: de luchar por liderar Europa a ver más cerca la Segunda División que ninguna otra cosa. Eso sí, los negocios inmobiliarios del presidente del club, Juan Soler, parecen ir mejor que nunca. Con la colaboración de las instituciones políticas tanto a nivel local como autonómico, todo dominios del Partido Popular, el empresario Soler ha logrado recalificaciones, permisos de obras, permutas y licencias que le garantizan negocios multimillonarios; multimillonarios en euros. Pues bien, no hay ninguna contestación. Los presuntamente temibles aficionados al fútbol que pueden llenar las calles, quemar el mobiliario urbano o hacer caer gobiernos ni están, ni se les espera. ¿Por qué?
Pues porque nadie los moviliza. Porque los medios de comunicación, en su inmensa mayoría, han decidido ponerle sordina a la situación, no hacer sangre con lo que está pasando. Entre los padrinos políticos del Valencia CF y toda la publicidad y capacidad de presión que el propio club tiene han conseguido que los medios reflejen una calma chicha absoluta y eso lleva al negativo de la bola de nieve. No se detecta movilización, luego la gente permanece tranquila, luego no hay movilización, pues tranquilidad; y así hasta donde se quiera. La naturaleza humana, salvo excepciones, tiende a ir donde cree que está la mayoría, no gusta de ir contracorriente, acostumbra a no correr el riesgo de apostar por caballo perdedor, tiende a huir del peligro de verse sola. Es posible, incluso, que una mayoría de gente piense igual sobre un mismo hecho pero acabe siendo actor de justo lo contrario. Desconocedores de estar en mayoría, la falta de movilización puede generar la imagen de que se está en minoría y eso potenciar, todavía más, la inacción. En eso estamos. En eso y en 30.000 personas en el Circuito de Xest viendo las pruebas de Fernando Alonso a los mandos del nuevo Renault. Ni carrera, ni entrenamientos, unas simples pruebas que antes no se sabía ni que existían y que ahora, según parece, son el mayor espectáculo del mundo.

miércoles, 16 de enero de 2008

El cierre de TV3 en Valencia, ¿y el de Canal 9?

Leo estos días en la prensa valenciana multitud de noticias, declaraciones, artículos de opinión, quejas, protestas, denuncias y reivindicaciones contra el cierre de un repetidor de TV3 en Alicante. Se dice que es un atentado a la democracia, a la cultura, a la libertad de expresión, al derecho a la información. Todo es verdad. Es censura, es una muestra de totalitarismo inaceptable por parte del gobierno del PP de Francisco Camps. Es grave. Pero más verdad y mucho más grave, mucho más totalitario es el control absoluto que el PP mantiene de Canal 9, la televisión autonómica valenciana, y de eso nadie dice nada. Cierto que el PP ha cerrado el repetidor de TV3 en La Carrasqueta de Alicante pero es que de Canal 9 no ha cerrado uno, los ha cerrado todos al funcionamiento democrático, a la libertad de expresión, a la información, al derecho a recibir noticias libres y veraces. Todos cerrados y nadie protesta, ni los trabajadores de la propia empresa, ni los sindicatos, ni los partidos políticos, ni las asociaciones sociales, ni la Universidad, ni las agrupaciones profesionales del mundo de la comunicación. Nadie. Nada. Ya se da por perdido. Puede que para el País Valenciano sea negativo que se cierre un repetidor de TV3 pero mucho más lo es el funcionamiento de Canal 9. Luego pasa lo que pasa y se acaba riéndole las gracias al que se le ocurre pintar en una pared que "si los valencianos fuéramos negros, votaríamos al Ku Klux Klan". No aparece, en cambio, por ningún parte seriamente planteada la pregunta de por qué es así, o parecido.