miércoles, 26 de diciembre de 2007

Sarkozy debe dimitir, ¿no?

Me pregunto que opinión tendríamos de un señor como Nicolas Sarkozy si en lugar de ser el presidente de la República francesa lo fuera de la del Congo, Venezuela o Sri Lanka. Sus Ray-Ban, su camisa descamisada, su tupé, su chulería. Su gusto por los fuegos artificiales, su empeño en que su vida privada tape su acción política. En realidad, el abuso que hace de sus muchos gestos para tapar sus pocos resultados políticos. ¿Quién recuerda sus promesas?
Estos días ha decidido pasearse por la pasarela que le brindan los medios junto a su novia, reciente novia, la exmodelo Carla Bruni, carne de prensa rosa. La cosa será muy importante, es la gran foto de la portada de "El País", ese diario tan serio. Van cogidos de la mano. Entrañables tortolitos. Con su madre y con sus hijos. Vacaciones en familia. Que bonito. Nosotros nos lo tragamos todo. Uno queda embobado ante tanto almíbar. Claro que de eso se trata. Y a otra cosa mariposa.
Nicolas Sarkozy consiguió ser elegido Presidente de Francia con una campaña electoral basada en la crítica a un gobierno del que él no solamente había formado parte, sino del que había sido su hombre fuerte.
Ahora viaja a costa de sus amigos millonarios. Uno le deja el avión, otro la casa en América, otro una mansión en el Mediterráneo, el otro un helicóptero o un yate, que más da. Sea para sus vacaciones de verano, para las de invierno o para las escapadas de fin de semana.
Todo esto pertenecería a la vida privada de la persona en cuestión si se estuviera hablando de un actor, un futbolista o un arquitecto. Pero hablamos de un dirigente político y eso es otra cosa. Un presidente que depende de sus amigos multimillonarios para viajar, un presidente que se deja hacer regalos del valor de los que recibe Sarkozy no es de fiar. Nadie da tanto a cambio de nada. Todos los generosos amigos de Sarkozy esperarán, o habrán recibido por adelanto, el pago a sus favores. No es preciso ni que el cambalache se produzca, con que un dirigente político ofrezca la posibilidad de que se pueda dar el “hoy por ti mañana por mi” es suficiente.
En Valencia, un secretario general del PSPV-PSOE dimitió por haber hecho unas obras en su casa y seis meses después aun no haberlas pagado. Alegó que estaba esperando que le pasaran la factura. Pero esta no llegaba. Cuando esto pasó los medios se lanzaron sobre él. Con razón. Pero era una menudencia al lado de lo de Sarkozy.
Con Sarkozy no pasa nada. Su solo atrevimiento es una prueba de hasta donde hemos caído, de hasta donde hemos rebajado el nivel de lo que nos parece normal.
Lo que está pasando con el presidente francés es una buena muestra de como está la democracia. Estamos hablando de la gran Francia. Si nos estuviéramos refiriendo a Sri Lanka, Venezuela o el Congo diríamos, con sonrisa perdona-vidas, que “es una república bananera”.
Pues no, no es ni Sri Lanka, ni Venezuela ni el Congo. Hablamos del primerísimo primer mundo, de una de las democracias más prestigiosas del planeta. No podemos decir que Francia sea una república bananera.
Lo que yo creo es que lo que es bananero es el nivel de democracia al que hemos llegado. En Francia, en Estados Unidos, en España y donde quieran.

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